GA232C4. Los Misterios Efesios de Artemisa

Dornach, 30 de noviembre de 1923

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La continuación de los estudios que hicimos aquí en la última ocasión nos conducen hoy ante algo que servirá de preparación para las próximas dos conferencias. Nos lleva a mirar la conexión del hombre y de hecho del hombre en su totalidad, con nuestra Tierra. A menudo he dicho en varios encuentros que el hombre está sujeto a una especie de engaño si se atribuye a sí mismo una existencia totalmente separada, si se atribuye a sí mismo, como ser humano físico, una existencia separada e independiente. Él es de hecho independiente e individual como un ser psíquico y espiritual; pero como hombre físico de la Tierra pertenece a la Tierra en su totalidad orgánica, y esto también se aplica en cierto sentido a su cuerpo etérico.

Os describiré hoy cómo esta conexión del hombre con la existencia terrenal puede aparecer a la visión suprasensible, y lo haré en una forma más narrativa como preparación para las dos conferencias que seguirán a esta. Supongamos que alguien que posee la conciencia imaginativa  —que he descrito a menudo— emprende un viaje por los Alpes primitivos, entre aquellas rocas y piedras que consisten principalmente en cuarzo, es decir, en rocas que contienen silicatos y otros minerales similares. Cuando entramos en esta región montañosa primitiva, caminamos sobre las rocas más duras de la Tierra, las cuales, cuando aparecen en su propia forma característica, tienen algo virgen en ellas, podría decirse, algo que no ha sido tocado por la vida cotidiana ordinaria de la Tierra. De hecho, podemos comprender bien a Goethe cuando, en una de las hermosas declaraciones que hemos citado aquí, habla de su experiencia entre estas montañas primitivas. Habla de la soledad que sentía al sentarse entre estas montañas de granito recibiendo impresiones de aquellas rocas duras y severas que se elevaban desde la Tierra. Goethe se dirige al granito como “el eterno hijo de la Tierra”, el granito que consiste en cuarzo, es decir en silicatos, en mica y feldespato.

tiza,silice, cuarzo

Ahora bien, cuando un hombre se acerca a estas rocas primitivas con su conciencia ordinaria, puede admirarlas desde fuera. Puede quedarse impresionado por sus formas, por el maravilloso arte plástico primitivo, que es, sin embargo, extraordinariamente elocuente. Cuando, sin embargo, se acerca a estas rocas, las más duras de la Tierra, con la conciencia imaginativa, penetra por sus medios directamente en las profundidades del reino mineral. Entonces él es capaz de crecer junto con la roca como ser pensante. Podría decirse que su ser anímico se extiende por todas partes en las profundidades de la roca, y realmente entra en espíritu como en un santuario de los dioses. La naturaleza interna de estas rocas se revela como permeable a la cognición Imaginativa, mientras que las superficies exteriores aparecen como las paredes del templo de los dioses. Pero al mismo tiempo tiene el conocimiento de que dentro de esta roca vive un reflejo interior de todo lo que está en el cosmos. Una vez más el mundo de las estrellas se coloca ante el alma del hombre reflejado en esta dura roca. Finalmente, recibe la impresión de que en cada una de estas rocas de cuarzo hay algo como un ojo de la Tierra para todo el cosmos.

Recuerden los ojos de los insectos, esos ojos de muchas facetas que dividen todo lo que se les acerca desde fuera en muchas partes separadas. Uno quisiera imaginar, y de hecho no puede dejar de hacerlo, que hay un sinnúmero de cuarzos y formaciones similares en la superficie de la Tierra que son tantos ojos de la Tierra, para que el ambiente cósmico pueda ser reflejado y la Tierra pueda percibirlo interiormente. Poco a poco se adquiere el conocimiento de que cada forma cristalina existente en la Tierra es un órgano sensorial cósmico de la Tierra.

Éste es el hecho maravilloso, majestuoso, de la cubierta de nieve, y aún más de la caída de los copos de nieve, donde en cada uno de estos copos hay un reflejo de gran parte del cosmos, que con la cristalización del agua reflexionan en la Tierra partes de los cielos estrellados. No necesito mencionar que las estrellas también están allí durante el día solamente que la luz del sol es por supuesto demasiado fuerte para que las percibamos. Las estrellas nos se ven durante el día, pero si tienen en cualquier momento la oportunidad de bajar a una bodega profunda sobre la cual haya una torre abierta en la cima, entonces, porque están mirando fuera desde la oscuridad y la luz del sol no les confunde, pueden ver las estrellas incluso por el día. Hay una cierta torre en Jena, por ejemplo, desde la cual uno puede ver las estrellas durante el día. Sólo menciono esto de pasada para dejar claro que este reflejo de las estrellas en los copos de nieve y por lo general, en todos los cristales está por supuesto presente también durante el día. Y no es una reflexión física sino espiritual. La impresión que uno recibe de esto es comunicada interiormente.

Pero esto no es todo. Del sentimiento espiritual, de la impresión que se recibe así, surge en el alma el sentimiento de que así como vivimos imaginativamente en la cubierta cristalina de la Tierra, así crecemos junto con todo lo que la Tierra experimenta del cosmos en esta cubierta cristalina.

De esta manera, extendemos nuestro propio ser hacia el cosmos. Nos sentimos uno con el cosmos. Y sobre todo lo que ahora se convierte en una verdad, una verdad profunda para el observador imaginativo, que lo que llamamos el cuerpo de la Tierra con todas sus diversidades fue una vez en el curso del tiempo nacido del cosmos; entonces la relación de la Tierra con el cosmos aparece más intensamente ante los ojos del alma. Así, a través de esta experiencia de vivir nosotros mismos en los millones de ojos cristalinos de la Tierra, nos preparamos para sentir toda la relación interior de la Tierra con el cosmos, experimentándola en el Alma Sensible.

montañas del jura

De este modo, nos sentimos como hombres más unidos a la Tierra —explicaré este punto más adelante. Porque este proceso de la Tierra que nace del cosmos tuvo lugar cuando el hombre mismo era todavía un ser primordial, no un ser físico sino un ser espiritual. Pero el proceso por el que pasó entonces la Tierra después de salir del cuerpo cósmico, el hombre mismo lo vivió en su propio ser junto con la Tierra. Es realmente el caso de que la Tierra una vez en un tiempo tenía la misma relación interna con el cosmos vecino que lo rodea como el embrión humano lo tiene al cuerpo de su madre antes del nacimiento. Más tarde, sin embargo, el niño comienza a ser independiente. De modo similar, la Tierra misma desarrolló la independencia, mientras que en el primer período del Antiguo Saturno estuvo más unida con el cosmos. Este proceso de independizarse fue compartido por el hombre de tal manera que aprendió a decir: “El dedo que llevo sobre mí es un dedo sólo mientras sea parte de mi organismo; en el momento en que lo corte ya no es un dedo, se descompone”. De la misma manera, si imaginamos al hombre como cuerpo físico separado a pocas millas del cuerpo de la Tierra, se pudriría como lo hace el dedo cuando es cortado del cuerpo del hombre. El engaño del hombre de que como un ser físico es independiente de la Tierra surge sólo del hecho de que puede moverse libremente sobre su superficie, mientras que el dedo no puede moverse sobre el resto del organismo. Si el dedo pudiera caminar sobre el resto del cuerpo, se engañaría con respecto al hombre como él, como un ser físico, se engaña con respecto a la Tierra. Es sólo a través del conocimiento superior donde la conexión del hombre físico con la Tierra queda clara.

Ese es el primer conocimiento que el hombre adquiere por medio de la cognición imaginativa cuando se aplica a la parte más dura de la superficie terrestre.

Podemos avanzar más en este conocimiento si entramos más profundamente en la Tierra y aprendemos a conocer todo lo que está en su interior como venas o vetas de metal, o cualquier cosa de naturaleza metálica en general. Aquí penetramos bajo la superficie de la Tierra; pero aquí, cuando encontramos lo metálico, llegamos a algo muy especial, a una existencia separada del resto de la Tierra. Los metales tienen algo de una naturaleza independiente en ellos, pueden ser experimentados como algo independiente; y esta experiencia tiene mucho, mucho que ver con el hombre.

Incluso aquel que ya ha alcanzado un cierto conocimiento superior por medio de la visión imaginativa todavía no está muy cerca cuando experimenta el cuarzo y otras rocas de las montañas de tal manera que al convertirse en uno con el millón de ojos de la Tierra él mismo vive, siente y se proyecta en la totalidad cósmica. Cuando, sin embargo, ese hombre se acerca al interior de la Tierra, llegan a él los primeros impulsos que acompañan una experiencia tan maravillosa y profunda como la que puede tener en el estímulo que se puede alcanzar en una mina. Sin embargo, una vez que estos impulsos han llegado a él, sólo requiere visión espiritual para poder en todo lugar entrar en relación con lo que es metálico, incluso si no baja a los pozos mineros.

Pero el sentimiento del que estoy hablando puede adquirirse con especial intensidad en las minas de metal. Incluso los mineros de metal (aunque esto no es tanto el caso como lo fue hace unas décadas) que han crecido interiormente con su llamada demuestran algo de lo que podríamos llamar un profundo sentido del elemento espiritual de los metales; porque los metales no sólo perciben el ambiente del cosmos, sino que hablan. Hablan espiritualmente. Relacionan cosas, nos hablan. Y hablan de tal manera que este lenguaje que pronuncian es muy parecido al que se recibe como una impresión propia.

Cuando conseguimos establecer una conexión psíquica con los seres humanos que están pasando por el desarrollo entre la muerte y el renacimiento (he mencionado a menudo este punto antes) necesitamos para ello un lenguaje especial. Los enunciados de los espiritistas son realmente infantiles en este dominio por la razón de que los muertos no hablan el lenguaje del hombre terrenal. Los espiritistas creen que los muertos hablan de tal manera que uno puede escribir lo que dicen, tal como uno puede recibir una carta de un contemporáneo, viviendo aquí en la Tierra. En su mayor parte eso es una extravagancia que proviene de las sesiones espiritistas, porque incluso entre nuestros contemporáneos que viven en la Tierra también se escriben cosas altisonantes. Pero esa no es la cuestión. La primera necesidad es encontrar el enfoque correcto del lenguaje que hablan los muertos, que no tiene semejanza con ningún idioma en la Tierra. Ciertamente tiene un carácter vocal-consonántico, pero no como el del habla terrenal. Este lenguaje que sólo puede ser percibido por los oídos espirituales es también utilizado por los metales en el interior de la Tierra. Y este lenguaje a través de la cual el hombre puede acercarse a las almas que viven entre la muerte y el renacimiento nos relata los recuerdos de la Tierra, las cosas que la Tierra ha experimentado en su paso por Saturno, Sol y Luna. Debemos dejar que los metales nos relaten cuáles fueron las experiencias de la Tierra. Las experiencias de todo el sistema planetario (ya he hablado de esto) nos son contadas por lo que Saturno tiene que comunicar al sistema cósmico planetario en el que vivimos. Lo que la Tierra ha sufrido en el proceso, de esto hablan los metales de la Tierra.

La lengua hablada por los metales de la Tierra puede asumir dos formas diferentes. Cuando este lenguaje tiene la forma ordinaria, por así decirlo, aparece ante nosotros lo que la Tierra ha atravesado durante la evolución que comenzó en el período de Antiguo Saturno. Lo que encuentran en mi  libro “La Ciencia Oculta, un Esquema” en relación con esta evolución se originó en su mayor parte, de la manera que he descrito a menudo, a través de la percepción espiritual directa de los acontecimientos. Ese es un modo de adquirir conocimiento de estos procesos de la Tierra que es algo diferente del modo al que me estoy refiriendo ahora. Pues los metales hablan más —si puedo expresarme así; es, por supuesto, algo extrañamente expresado— los metales hablan más de las experiencias personales de la Tierra. Hablan de lo que la Tierra ha experimentado como una personalidad cósmica. Así, si tuviera en cuenta las narraciones de los metales, a los cuales se puede escuchar penetrando espiritualmente en la parte interior de la Tierra, tendría que añadir muchos detalles a lo que he escrito sobre los períodos de Antiguo Saturno, el Antiguo Sol y la Antigua Luna etc.

Lo primero, por ejemplo, sería que esas formas de Antiguo Saturno que encontraréis descritas en mi libro “La Ciencia Oculta, un Esquema” como formas que consisten en diferenciaciones de calor, aparecerían como poderosos seres gigantescos consistentes en calor; Seres de calor que, incluso en el período del antiguo Saturno, habían alcanzado una cierta densidad. Si tal cosa pudiera ser (por supuesto, es imposible, pero supongamos que podría suceder) que un hombre terrenal fuera a encontrarse con estos seres, podría tomar conciencia de ellos, sería capaz de apoderarse de ellos. En cierto momento, a mediados de este período de Saturno, estos seres no eran meramente seres espirituales, sino que también mostraban una existencia física; si el hombre los hubiese tocado, se habría llenado de ampollas. Sin embargo, sería un error suponer que estos seres tenían una temperatura de millones de grados de calor. Ese no es el caso, pero tenían una temperatura interior tal que si se pudiera tocarlas el contacto habría causado ampollas.

En lo que respecta al período solar, deberíamos relacionar cómo en estas formaciones descritas en mi “Ciencia Oculta” como presentes en el período del Antiguo Sol aparecen otros seres que muestran transformaciones maravillosas, metamorfosis maravillosas. De la observación de estos seres auto-transformadores se da la impresión, por ejemplo, de que las metamorfosis descritas por autores clásicos como Ovidio tienen algo que ver con estas comunicaciones que nos imparten, indirectamente, los metales. Ovidio ciertamente no era capaz de comprender directamente el lenguaje de los metales, y lo que describe en sus Metamorfosis no se corresponde perfectamente con la impresión que uno recibe; pero en cierto sentido transmite la correspondencia.

Paracelso de nuevo era una personalidad que vivió mucho más tarde que aquellos a los que acabo de referirme. Lo más importante que Paracelso quería aprender no lo aprendió en la Universidad. No puedo decir que Paracelso no asistió a la Universidad, porque lo hizo y no voy a presentar objeciones contra ir a la Universidad, pero Paracelso no fue allí para aprender las cosas más importantes que quería saber. Se fue por todas partes donde los hombres le podían contar cosas más importantes; se dirigió a hombres como los mineros del metal, por ejemplo, y de esta manera adquirió gran parte de su conocimiento.

Ahora bien, cualquiera que conozca la forma correcta de adquirir conocimiento por sí mismo, sabe lo extremadamente esclarecedoras que son las sencillas observaciones del agricultor por ejemplo, un hombre que tiene que sembrar y cosechar y  hacer todo lo que está relacionado con ese tipo de trabajo. Usted dirá, sí, pero él no entiende la importancia de lo que está diciendo. A usted no le importa si el hablante entiende o no, siempre y cuando usted mismo entienda cuando le escucha. Eso es lo importante. Ciertamente en muy pocos casos el propio hombre entenderá lo que dice; habla por instinto. Y aún más cosas fundamentales se pueden experimentar en el caso de aquellos seres que no entienden nada de lo que nos dicen —de los escarabajos y mariposas, de los pájaros, y así sucesivamente.

Lo que se podía aprender en las minas de Asia Menor a través del lenguaje de los metales fue estudiado muy profundamente por Pitágoras, por ejemplo, en sus peregrinaciones, y desde allí muy penetrado en lo que se convirtió en la civilización griega y romana. Luego aparece en forma debilitada en escritos como las Metamorfosis de Ovidio. Que entonces es una forma del lenguaje de los metales en el interior de la Tierra.

La otra forma  —suena como grotesca, pero sin embargo es cierto— la otra forma es aquella en la que este discurso de los metales comienza a desarrollar la poesía cósmica, cuando pasa a la forma poética. En realidad en el lenguaje de los metales aparece la fantasía cósmica. Entonces resuena de esta poesía cósmica lo que constituye las relaciones más íntimas entre los metales y el hombre. Estas relaciones íntimas entre el hombre y los metales existen. Las relaciones ordinarias de las que la fisiología es consciente sólo se refieren a unos pocos metales. Se sabe, por ejemplo, que el hierro juega un papel importante en la sangre humana; pero el hierro es el único metal de este tipo que hace esto. Un cierto número metales, como el potasio, el calcio, el sodio, el magnesio, también desempeñan un papel determinado, pero un mayor número de metales importantes, importantes para la estructura y el funcionamiento de la Tierra, no desempeñan aparentemente ninguna función en el organismo humano, para la observación superficial. Pero esto es sólo aparentemente. Cuando bajamos a la Tierra y aprendemos a conocer el color de los metales también aprendemos que los metales no están de ninguna manera confinados al interior de la Tierra, sino que están en todas partes en los alrededores de la Tierra, aunque ciertamente en un ambiente extremadamente diluido —debo usar aquí la expresión— en una dilución superhomeopática que se distribuye por todas partes en el medio ambiente de la Tierra.

En términos generales, no podemos tener plomo en nosotros, pero hablando con mayor precisión, no podemos existir sin el plomo. ¿Qué sería del hombre si el plomo no operara desde el cosmos, desde la atmósfera; si en un estado infinitamente dividido, el propio plomo no penetrara por el ojo con el rayo nervioso; si el plomo no penetrara en el cuerpo a través de la respiración y en un estado infinitamente finamente dividido entrar en nosotros a través de la comida? ¿Qué sería el hombre si el plomo no funcionara en él?.

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De hecho, el hombre podría tener percepciones sensoriales sin plomo. Percibiría colores, percibiría sonidos; pero en sus percepciones de colores y sonidos sería como si, con cada percepción, se volviera ligeramente inconsciente. No sería capaz de retirarse de sus percepciones y reflexionar en el pensamiento, ni formarse conceptos de lo que ha percibido. Si no tomamos plomo, como ya he dicho, en la dilución súper homeopática en nuestro sistema nervioso y, sobre todo, en nuestro cerebro, abandonaríamos completamente nuestras percepciones de los sentidos como algo exterior a nosotros. No seriamos capaces de meditar sobre nuestras percepciones sensoriales, ni podríamos conservarlas en la memoria. Esta capacidad nos es dada por el plomo finamente diluido en nuestro cerebro. Si el plomo se introduce en el cuerpo humano en grandes cantidades resulta en el terrible envenenamiento por plomo. Pero el que conoce la conexión puede ver de este envenenamiento por plomo que, mientras que el plomo cuando se introduce en el cuerpo del hombre en grandes cantidades produce un daño excesivo, en esta fina dilución súper homeopática es algo que causa un morir en cada momento como es necesario para que pueda llegar a ser un ser consciente, y no sufrir inconsciencia a través del continuo crecimiento, brotar y crecer. Porque en la germinación y brotación, en la sobrepresión de las fuerzas puras del crecimiento, el hombre se vuelve impotente.

Es así que el hombre está conectado con todos los metales, incluso con aquellos sobre los cuales nuestra fisiología grosera no habla. El conocimiento de estas conexiones es la base para una auténtica y verdadera terapia; pero la instrucción acerca de estas conexiones entre los metales y el hombre sólo puede darse en ese lenguaje que es el discurso poético de los metales en la Tierra. Así puede decirse que, respecto a las experiencias pasadas de la Tierra misma, el lenguaje ordinario de los metales instruye al hombre; pero los metales instruyen al hombre acerca de sus propiedades curativas cuando se vuelven poéticos, cuando su lenguaje se convierte en poesía.

Esto es ciertamente una conexión notable. Desde el aspecto cósmico, la medicina es la poesía cósmica; indicando cuántos secretos del mundo están contenidos en el hecho de que algo que en un nivel del mundo es dañino y provoca la enfermedad, en otro nivel es el más beneficioso, el más perfecto, el más hermoso. Esto se nos muestra cuando la cognición inspirada penetra en las venas de metal en la Tierra y en todo lo que es metálico en la Tierra.

Podemos entrar en otra relación con los metales, esa relación que se hace evidente cuando se someten a las fuerzas de la naturaleza, por ejemplo, al fuego o fuerzas naturales similares. Observen la notable forma asumida en la Tierra por el antimonio, un metal. Se compone de picos individuales, lo que demuestra que cuando se está formando sigue ciertas direcciones de fuerza que operan en el cosmos.

antimonio

 

Este antimonio gris tiene también la propiedad de que si se calienta y se esparce sobre el vidrio se forma un espejo. El antimonio tiene también otras características, por ejemplo, la de explotar si se trata eléctricamente de una cierta manera y después se lleva al cátodo (el polo negativo). Todas estas características del antimonio muestran la relación de tal sustancia metálica con las fuerzas de la Tierra y su entorno. Esto sin embargo, se puede observar en el caso de todos los metales. Podemos observar todos los metales cuando son sometidos al fuego, y vemos cómo, si alguna vez se desarrolla una temperatura más alta, pasan a esa condición súper homeopática y en esta alta temperatura toman una forma completamente diferente. En este sentido, las ideas de nuestros físicos modernos son las más limitadas que uno pueda imaginar. Por ejemplo, se imaginan que cuando se derrite el plomo se vuelve más y más suave, y por supuesto que es bastante correcto en esa medida. Se hace más suave a medida que la temperatura aumenta; El plomo se vuelve más y más caliente. Se vuelve más líquido hasta que emite vapores de plomo. Pero todo el tiempo algo está siendo lanzado ya que no va más allá de una cierta temperatura. Esto no lo saben. Es precisamente esta parte superior, esa parte súper homeopática del plomo que pasa continuamente a lo que yo llamo la vida invisible universal, y esto es algo que actúa sobre el hombre.

El asunto puede presentarse así. Abajo, en la Tierra hay varios metales, pero estos metales también existen en un estado finamente dividido por todas partes. Puedo decir que son metales vaporizados. Allá abajo en la Tierra tenemos los metales con sus contornos afilados, con sus formas rígidas, y aún más abajo estarán ciertamente en una condición fluida ardiente. Pero también existen en el ambiente de la Tierra en ese estado finamente dividido; Allí se revelan en continuas radiaciones, de modo que una radiación constante sale al cosmos. Los metales entran en el espacio; Pero hay una cierta elasticidad en este espacio cósmico, y las fuerzas que salen de esta manera no irradian sin límite al espacio como los físicos imaginan ser el caso con los rayos de luz. Proceden a una determinada frontera y luego regresan. Se puede observar esta parte trasera radiante de los metales que vuelven en todas direcciones desde la periferia del cosmos como si vinieran de todas partes. Se nota que estas fuerzas de retroceso actúan en esa esfera de la vida humana que es realmente la más maravillosa y bella, es decir, cuando, en los primeros años de su vida, un niño aprende a caminar, a hablar y a pensar. La forma en que un niño se levanta de la posición de arrastramiento hasta conseguir su orientación en el mundo es realmente lo más maravilloso que podemos observar en la vida terrenal —esta realización de sí mismo como ser humano. En el interior, en estas fuerzas que he descrito tan a menudo trabajan las fuerzas de retroceso de los metales. Mientras el niño aprende a levantarse verticalmente desde su posición de arrastre horizontal, es permeado por estas fuerzas metálicas que vuelven como reflejo. Son estas fuerzas las que realmente elevan al niño. Si uno puede interiormente percibir y comprender esta conexión, entonces al mismo tiempo se tiene otra experiencia. Uno aprende en sus acciones y en su ser la conexión del hombre como él vive aquí en la Tierra con sus vidas anteriores de la Tierra.

Se requiere la misma capacidad de percibir el funcionamiento de los metales en el cosmos como lo hace para percibir la conexión kármica de sucesivas vidas terrenales. Estas capacidades son las mismas, la una surge con la otra, y la una no existe sin la otra. Por esta razón dije en una conexión diferente que en el poder de la orientación, el levantarse del niño del arrastrarse al caminar a pie, en aprender a hablar y en aprender a pensar la posición que viene de las vidas terrenales anteriores. Cualquiera que tenga un sentimiento por estas cosas puede ver en la forma en que un niño da sus primeros pasos, en la forma en que camina, si tiene la inclinación de presionar más sobre los dedos o el talón, si dobla las rodillas más o menos fuerte —en todo esto cualquiera que tenga ojo para estas cosas puede ver una tendencia kármica de una anterior vida terrenal. Esto se revela principalmente en el andar y ahora se puede percibir porque la capacidad de ver las fuerzas de retroceso de los metales y el poder de observar la conexión del hombre con su vida anterior de la Tierra se pertenecen.

Cuando la gente dice que la antroposofía no se puede demostrar que cualquier aserción realmente no tiene fundamento. La gente está acostumbrada a probar las cosas de tal manera que la percepción de los sentidos siempre tiene que presentarse como prueba. Eso es como si alguien dijera: Si me dices que la Tierra se mueve en el espacio cósmico sin apoyo es imposible; La Tierra debe tener algo para descansar, de lo contrario se caería. Ahora los cuerpos cósmicos se apoyan mutuamente, y sólo con respecto a las cosas de la Tierra se puede decir que todo debe tener algo sobre lo que descansar. Para las verdades que conciernen a la conciencia cotidiana exigimos pruebas. Las verdades que se relacionan con el espíritu se apoyan mutuamente. Pero uno debe ser capaz de rastrear este apoyo mutuo.

Hace unas semanas dije cómo, observando la manera en que un niño o un hombre camina —si primero levanta los dedos de los pies o el talón, si pisa ligera o firmemente, si dobla las rodillas o las sostiene tiesamente, etc.— que en todas estas cosas se puede ver la realización de su karma como el resultado de su vida anterior en la Tierra. Hoy les he mostrado cómo las fuerzas reflejadas de los metales permiten reconocer cómo las varias vidas en la Tierra están conectadas entre sí.

Aquí percibimos dos verdades que se apoyan mutuamente. Siempre es el caso que debemos primero oír una verdad, entonces intervienen otras cosas, y volvemos a oírs de nuevo la misma verdad desde un punto de vista diferente, quizás una tercera vez. Así las verdades de la Antroposofía se apoyan unas a otras, como los cuerpos celestes en el cosmos se sostienen y se apoyan mutuamente. Esto debe ser así cuando ascendemos de las verdades que son válidas para la conciencia ordinaria a aquellas verdades que subsisten por sí mismas en el cosmos. Y el auto-subsistir en el cosmos es aquello que debe ser comprendido a través del conocimiento dado por la Antroposofía.

Así que debemos reunir todas las verdades que se han dado en diferentes momentos, verdades que realmente se apoyan unas a otras, se atraen unas a otras y algunas veces también se repelen, mostrando así la vida interior del conocimiento antroposófico; porque el conocimiento antroposófico vive de su propia inspiración. Otros sistemas que se obtienen hoy en día dependen de los soportes sobre los que descansan, pero el conocimiento antroposófico es autosuficiente.

Traducido por Gracia Muñoz en Junio de 2017.

 

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El Conocimiento imaginativo y la imaginación artística

Rudolf Steiner – GA96. Conferencia IX: 21 de octubre 1906

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Entre las diversas reglas que el maestro da al alumno, la Imaginación es la segunda. Consiste en que no pase por la vida como por inercia, sino en el sentido del decir de Goethe: “Todo lo que es transitorio es solo una semejanza”, en todo momento debe surgir en él algo de lo que se encuentra en cada animal o en cada planta.

Por ejemplo en el azafrán de la pradera podrá descubrir la imagen de un alma melancólica, ,

azafran

en las violetas la imagen de una calma piadosa

GA96

en el girasol la imagen de una vida fuerte, vigorosa, llena de  autonomía y de ambición.

ga96a

Cuando un hombre vive en este sentido, se eleva al conocimiento imaginativo. Y podrá ver que una llama asciende de la planta, una imagen en color, que le eleva al plano astral. Así, es guiado a ver en todo lo que se le presenta a los seres espirituales de otros mundos. Ya he dicho, sin embargo, que el alumno debe seguir estrictamente al maestro oculto, pues solo el  puede decirle lo que es subjetivo y lo que es objetivo. El maestro oculto puede dar al alumno la estabilidad que necesita en el mundo sensible, de tal manera que uno mismo pueda corregir continuamente los errores.

Pero en el mundo astral es muy fácil caer en engaños y se necesita del apoyo de alguien más experimentado. El maestro debe dar una serie de instrucciones al que desea seguir el camino Rosacruz. En primer lugar, le dará las instrucciones precisas cuando llegue a la etapa del desarrollo imaginativo. Le dirá: esfuérzate sobre todo en amar no simplemente a un solo animal, ni formar una relación particular con un solo animal, o experimentar esto o aquello con uno u otro animal. Busca más bien la sensación vital de todo ese grupo de animales. Entonces a través de esa idea, recibirás lo que es un alma-grupo. El alma individual que los hombres, poseemos en el plano físico convive en el plano astral con el alma grupo de los animales. El animal no puede decirse “yo” a sí mismo, aquí en el plano físico.

La pregunta que a menudo se plantea es: “¿Tiene el animal un alma, como el hombre?” Tiene un alma, pero el alma del animal está en el plano astral. El animal es para el alma-grupo, lo que los órganos individuales  son para el alma humana. Si nos duele un dedo, es el alma el que lo experimenta. Todas las sensaciones de los órganos individuales pasan por el alma. Esto mismo ocurre con el alma-grupo de los animales. Todo lo que son experiencias individuales de los animales, las experimenta el alma-grupo. Tomemos, por ejemplo, a todos los leones: las experiencias de los leones, se llevan al alma común. Todos los leones tienen un alma grupo común en el plano astral. Si se inflige un dolor a un solo león o si experimenta placer, esto continúa hasta el plano astral, como el dolor de un dedo llega al alma humana. El hombre puede elevarse a una comprensión del alma-grupo si es capaz de crear una forma que contenga a todos los leones individuales, como concepto general, que guarda las imágenes individuales que le pertenecen.

Las plantas tienen su alma en la región Rupa del plano devakánico. Al estudiar un grupo de plantas y obtener una clara relación con su alma-grupo, el hombre aprende a penetrar en el alma-grupo de las plantas, en el plano Rupa. Cuando el lirio o el tulipán ya no son algo especial para él, sino que cuando ve crecer a todas las plantas, densificando la imagen de tal manera que la convierte en Imaginación, entonces el alumno experimentará algo totalmente nuevo. Lo importante es crear una imagen muy concreta formada individualmente en la imaginación. Entonces el hombre experimentara la planta, como un revestimiento de la Tierra, de tal manera que los prados cubiertos de flores, se conviertan en algo totalmente nuevo para él, que las flores se convierten en una manifestación real del espíritu de la Tierra. Esa es la manifestación de estas plantas en diferentes almas-grupo. Así como las lágrimas humanas son en la expresión de la tristeza interior del alma, así como la fisonomía de un hombre se convierte en una expresión del alma humana,  el ocultista aprende a mirar en el verde de la cubierta vegetal la expresión de los procesos interiores, de la vida espiritual real de la Tierra. Así, algunas plantas se convierten para él en las lágrimas de la tierra, donde brota su dolor interior. Y así vierte un nuevo contenido imaginativo en el alma, al igual que alguien puede temblar y conmoverse ante las lágrimas de un compañero.

Uno tiene que atravesar estos estados de ánimo. Si él sufre un humor tan vis-à-vis del mundo animal, se eleva al plano astral. Y cuando se sumerge en el estado de ánimo del mundo de las plantas, se sitúa en la región inferior del plano devacánico. Y allí observara en la forma-flama que asciende de las plantas que cubren la Tierra antes velada por una suma de imágenes, las encarnaciones de los rayos de luz que descansan sobre las plantas.

Uno también puede acercarse a la piedra inerte de esta manera. Hay una experiencia fundamental en el mundo mineral. Tomemos una montaña de cristal, resplandeciente de luz. Cuando uno la contempla, se dirá a sí mismo: En cierto modo esto representa la materia física, la piedra es materia física. Pero hay una perspectiva de futuro a la que el maestro conducirá al alumno. El hombre de hoy está atravesado por instintos, deseos,  pasiones. Esto satura su naturaleza física, pero ante el ocultista se presenta un ideal. El se dice a sí mismo: la naturaleza animal del hombre poco a poco se puede purificar y llegara un momento en que el cuerpo humano se nos puede presentar interiormente casto y libre del deseo, como este mineral que nada anhela, en el que no se agita ningún deseo ante lo que se le acerca. La naturaleza interior del mineral es casta y pura. Esta castidad y pureza es la experiencia que debe impregnar al alumno cuando contempla el mundo mineral. Estos sentimientos varían pues el mundo mineral se manifiesta en diferentes formas y colores, pero la experiencia fundamental que impregna el reino mineral es la castidad.

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Nuestra Tierra actualmente tiene una configuración y forma muy particular. Si nos remontáramos a etapas anteriores de la Tierra podríamos ver que tuvo una configuración completamente diferente. Vamos a sumergirnos en la Atlántida y aún más atrás: llegaremos allí a temperaturas cada vez más altas, en las que los metales fluyen como lo hace el agua actualmente. Todos los metales se han convertido en venas de la Tierra, ya que una vez fluyeron como arroyos a lo largo de ella. Así como ahora el plomo es duro y el mercurio es líquido, en tiempos lejanos el plomo era fluido y el azogue algún día se convertirá en un metal sólido. Así, la Tierra va transformándose y el hombre siempre está participando en estas diferentes evoluciones. En las épocas de las que estoy hablando, el hombre no existía como ser físico. Pero sus cuerpos etérico y astral estaban allí, dado que podían vivir en esas altas temperaturas. La envoltura física del hombre comenzó a formarse gradualmente con el proceso del enfriamiento.

Y así como siempre  se está formando en el hombre algo nuevo durante la evolución de la Tierra, algo nuevo se forma también en el exterior en la Naturaleza. Los rudimentos del ojo humano se  planearon por primera vez en la evolución del Antiguo Sol. Primero se formó el cuerpo etérico que a su  vez formó el ojo físico humano. Y asi como se congela un pedazo de hielo a partir del agua,  igualmente se forman los órganos físicos del sutil cuerpo etérico. Los órganos físicos se formaron en el hombre, a la vez que la Tierra se iba solidificando. En cada época, la formación de un órgano humano es paralelo a la formación de una configuración particular en la Naturaleza. A la par que en el ser humano se formaba el ojo en el reino mineral se formó la crisolita. Así, podemos pensar que las mismas fuerzas que articularon la naturaleza de la crisolita formaron el ojo en el hombre.

crisolita

No podemos quedarnos satisfechos cuando generalizamos diciendo que el hombre es un microcosmos y el mundo es el macrocosmos; el Ocultismo tiene que demostrar la relación real entre el hombre y el mundo. En la época Atlante, cuando se formó el órgano físico que hace posible la facultad de razonamiento,  el plomo se solidificó, en el mundo exterior, pasó del estado fluido al estado sólido. Las mismas fuerzas que hacen posible la solidificación del plomo son las creadoras del órgano de la inteligencia. Un hombre sólo puede comprender, cuando puede reconocer las conexiones entre el ser humano y las fuerzas de la Naturaleza.

Hay un grupo particular dentro del movimiento socialista, un grupo que se ha distinguido por su moderación a partir del socialismo. Se trata de los impresores, los que trabajan en la imprenta, que siempre han conservado una buena parte de las facultades de razonamiento. Este grupo especial del movimiento socialista lo componen los impresores, y esto es así porque los impresores trabajan con el plomo. El primer convenio sindical entre los trabajadores y los empresarios salió de los impresores. El plomo produce este estado de ánimo si se toma en pequeñas cantidades.

Puedo citar otro caso a partir de la experiencia en la que, de una manera similar, pude observar la influencia de la naturaleza de un metal en un hombre. El tenia una sensibilidad especial para descubrir fácilmente las analogías con todo lo que era posible. Se podría concluir que eso tenía  mucho que ver con el cobre, y ese fue el caso. El tocaba la corneta en una orquesta, un instrumento que contiene mucho cobre. Cuando algún día se estudie la relación entre el inerte mundo externo y el organismo humano, se encontrara que existe una relación entre el hombre y el mundo circundante en las formas más variadas: por ejemplo, la relación de los sentidos con las piedras preciosas.

Existe una relación de los sentidos con las piedras preciosas basados en la evolución de los sentidos. Ya hemos encontrado la relación entre el ojo y el topacio. También hay una relación entre el ónix y el órgano de la audición. El ónix mantiene una extraordinaria relación con las oscilaciones del sentido del yo y los ocultistas siempre lo han reconocido. Representa, por ejemplo, la vida que sigue a la muerte. Así, en el “cuento de hadas”, de Goethe,  el perro muerto se convierte en ónix a través de la lámpara del anciano. En esta intuición de Goethe, encontramos el resultado de un conocimiento oculto. Ahí está la relación del ónix con el órgano de la audición.

onix

 

 También podemos ver una relación oculta entre el órgano del gusto y el topacio, el sentido del olfato y el jaspe, la piel como el sentido del calor del hombre y la cornalina, el poder productivo de la imaginación y el carbunclo (zafiro). Este fue utilizado como símbolo del poder productivo de la imaginación, que surgió en el hombre, en el momento mismo en que el carbunclo apareció en la naturaleza.

topacio-jaspe

Los símbolos ocultos se extraen de la verdadera sabiduría, y si penetramos en ese simbolismo oculto encontraremos allí un genuino conocimiento.

 El que conoce el significado de un mineral encuentra la entrada a la región superior del plano devakánico. Cuando uno contempla una piedra preciosa y se impregna del sentimiento de lo que la piedra preciosa nos tiene que decir, entonces encontramos la entrada a la región Arupa del Devakán. Así, la mirada del alumno se va ampliando y más y más mundos amanecen para él. No debemos quedarnos satisfechos con una indicación general,  poco a poco debemos encontrar la entrada en la totalidad del mundo.

En la literatura alemana encontramos como una intuición instintiva las fuerzas minerales, que nos muestran  poetas que eran mineros, por ejemplo, Novalis había estudiado ingeniería de minas. Kerning escogió a muchos mineros como arquetipos de sus personalidades ocultas. También está el poeta, Ernst Theodor Amadeus Hoffman, ese espíritu extraordinario que de vez en cuando se sumergía artísticamente en los secretos de la naturaleza, sobre todo en su cuento, “Las minas de Falun.” Ahí encontraremos muchos ecos de la relación oculta entre el reino mineral y el hombre, y muchas indicaciones de cómo los poderes ocultos se apoderan de una manera notable de la imaginación artística.

Los Centros de Misterio son la cuna de la esencia del arte. En el reino astral los Misterios son reales y vivientes. Allí uno puede conseguir la síntesis de la verdad, la belleza y la bondad. Esto era así en gran medida en los Misterios Egipcios y los de Asia, así como en los Misterios Griegos, especialmente en los de Eleusis. Los alumnos realmente podían contemplar cómo las Potencias Espirituales se sumergían en las diversas formas de existencia. En aquellos tiempos no había ninguna otra ciencia como la que se podía contemplar allí. No había otra bondad que la que surgía en el alma cuando uno contemplaba los Misterios. Tampoco había ninguna otra belleza que la que contemplaba como los descendían los Dioses.

Vivimos en una época bárbara, en una época caótica, en una época carente de estilo. En todas las grandes épocas el arte surgía de lo más profundo de la vida espiritual. Si uno observa las imágenes de los dioses griegos podrá distinguir claramente tres tipos diferentes: en primer lugar estaba el tipo Zeus, al que pertenecen Palas Atenea y Apolo. En este tipo, los griegos caracterizan su propia raza. Tenían un modelado definido del óvalo del ojo, la nariz, la boca. En segundo lugar, se puede observar el grupo que puede ser llamado el tipo Mercurial. Allí, las orejas y la nariz son completamente diferentes, el pelo es lanoso y rizado. Y en tercer lugar estaba el tipo Sátiro, en el que encontramos una forma completamente diferente en la boca, la nariz, los ojos, y así sucesivamente. Estos tres tipos están claramente configurados en la escultura griega. El tipo Sátiro es el representante de la antigua raza, el tipo Mercurio la raza siguiente y el tipo Zeus la quinta raza.

tres tipos griegos

  En los tiempos antiguos, la visión del mundo espiritual lo impregnaba y saturaba todo. En la Edad Media todavía llegaba a expresarse en el arte manual, cuando cada cerradura de la puerta era una especie de obra de arte. En la cultura exterior todavía podíamos encontrarnos con lo que el alma había creado. La edad moderna es totalmente diferente, ella presenta un solo estilo, es decir, el almacén. El almacén será tan característico de nuestro tiempo como los edificios góticos —por ejemplo, la catedral de Colonia— lo fueron en la Edad Media, en los siglos XIII y XIV. La historia cultural del futuro tendrá que contar con los almacenes como se cuenta con los edificios góticos de la Edad Media. En estas formas llega a su expresión una nueva vida.

 El mundo se llenará de nuevo con un contenido espiritual a través de la difusión de las enseñanzas de la Ciencia Espiritual. Entonces más adelante, cuando la vida espiritual llega a expresarse en formas externas, vamos a crear un estilo que exprese esa vida espiritual. Lo que vive en la Ciencia Espiritual podrá estamparse posteriormente en las formas externas. Por lo tanto tenemos que buscar la misión de la ciencia espiritual como una misión cultural.

Traducido por Gracia Muñoz