Capitulo 2. El desarrollo de la Cosmología en la Historia.

Este capitulo forma parte del libro de Willi Sucher, “El Cristianismo cósmico y rostro cambiante de la Cosmología”. Parte I.

En los últimos tiempos se ha establecido, la prueba definitiva de la conexión de los grandes círculos de piedra de los antiguos pueblos celtas con las estrellas. Las piedras en los círculos indican los puntos de elevación del Sol en ciertas épocas del año y muchos otros datos astronómicos que la humanidad moderna ha redescubierto con la ayuda de telescopios y computadoras.

 La antigua humanidad no tenia ninguno de estos artificios modernos, sin embargo, fue capaz de hacer todo esto con unas capacidades mentales que la humanidad actual ha perdido por completo. Esto es particularmente evidente en los monumentos antiguos de Irlanda, en New Grange, la Colina de Tara, y otros.

La humanidad de Oriente tuvo también una estrecha relación con el mundo estelar, principalmente en Mesopotamia. Tenemos una prueba definitiva de estas correlaciones con el descubrimiento y desentrañamiento de los enigmas de los zigurats del llamado valle del Tigris y el Éufrates. Eran enormes edificios que se asemejaban a las pirámides, pero con terrazas, por así decirlo. Tenían en la parte superior algo parecido a un pequeño santuario. Este era, obviamente, el observatorio del sacerdote-pontífice (creador de puentes) que se había delegado y que era capaz de seguir el curso de las estrellas. Esto no se hizo sólo por curiosidad, obedecía a propósitos definidos. Tenemos pruebas de esto, por ejemplo, en algunos documentos donde un rey deja escrito: “Hoy he ido al templo de Ishtar (es decir, al templo de Venus), y ella me dijo que hiciera esto y aquello”… lo que hoy llamaríamos materia de política exterior de Estado.

Obviamente, se consultaba, a través del sacerdote-iniciado, a los Genios de las estrellas. Comunidades enteras se guiaban por el conocimiento de los movimientos de las estrellas, por los ritmos de los planetas, de los que hablamos en el capítulo anterior. Los pasillos de las terrazas de estas pirámides estaban pintados con los colores asignados en esos días a los planetas. Así, tenemos en esos monumentos de Mesopotamia la prueba de la conexión de la humanidad con las estrellas en un sentido altruista. Este conocimiento se utilizaba desde la orientación de las naciones, hasta la esfera de la agricultura, y así sucesivamente.

En Egipto se descubren rastros similares. Los santuarios fueron construidos a lo largo de dos ejes. Allí vemos primero el valle de la esfinge, las estatuas. Entramos en una especie de explanada,  después a una sala interior y, finalmente, al propio templo. En el otro extremo del templo estaba el santuario, la capilla que contenía las esfigies de la deidad a la que estaba dedicado el templo. Es un hecho comprobado que estos largos ejes del templo estaban orientados hacia el punto donde se alza Canopus en la constelación de Argo, que fue llamada la Estrella de Osiris.

El largo pasaje  oscuro, los pasillos y las salas actuaban como un telescopio. Las pirámides tenían pasillos que desde las cámaras escondidas en las profundidades permitían el acceso al exterior. Estos pasillos no estaban destinados a ser utilizados como via de paso porque eran oblicuos. Uno no podría haber caminado a través de ellos. Se orientaban hacia las órbitas diarias de ciertas estrellas. En estas cámaras piramidales se llevaban a cabo las iniciaciones. Durante tres días, se dejaba al neófito en un estado de trance semejante a la muerte, incluso se le colocaba en un sarcófago, en la parte mas profunda de la pirámide, en una posición tal que al despertar el neófito, lo primero que veía a través de ese largo eje, del mundo exterior eran las estrellas  del cielo. Esto debió ser una experiencia tremenda.

Despues llego una epoca,  en Egipto, Mesopotamia y Caldea, en que se despertó la conciencia del yo. Esto se describe, en la historia de Gilgamesh y su amigo Eabani o Enkidu. Por lo que cuenta la historia, los dos mataron un toro que pertenecía a la diosa Ishtar. Estos son profundos misterios del templo. Este Toro de Ishtar estaba conectado realmente con la constelación de Tauro, el Toro. Ishtar es la misma deidad que se introdujo en la mitología griega como Venus. Venus, como se dice a veces en la astrología tradicional tan a la ligera, está en su casa en el signo de Tauro. ¿Por qué el toro, y por qué la conexión con Ishtar-Venus? Esto está conectado con las experiencias de una humanidad anterior, en un pasado muy lejano de la Creación. El Toro, que la humanidad experimentó en los cielos se les apareció como una imagen de la Palabra Creadora, del Logos que se propagaba en el mundo y creó el mundo de los objetos físicos a nuestro alrededor.

Ahora, se nos relata en esta historia, que Gilgamesh y Enkidu mataron a ese toro. ¿Qué significa esto? Ellos se replegaron en si mismos a costa de la disminución de la conciencia de la presencia de lo divino en la naturaleza. Se afirmó el egoísmo. Tuvieron que afirmarse la causa de la libertad interior del ser humano. Los humanos comenzaron a romper sus relaciones con los seres divinos, con el mundo de las estrellas. Finalmente los dioses “murieron” para la conciencia de la humanidad.

En este sentido podemos entender cuando oímos decir a Gilgamesh: “En cuanto a ti Ishtar, te  abajaré también. Te tratare como he tratado al Toro”. Esta es una descripción imaginativa del alejamiento de esa conciencia ancestral que finalmente llevó a la expresión que hemos escuchado en los tiempos modernos: “Dios ha muerto”. Él murió para la conciencia de la gente. Después de que Gilgamesh pronunciara esas palabras, que superficialmente, suenan como una blasfemia terrible, Ishtar no se quedó quieta. Se quejó a la divinidad suprema, y ​​Enkidu, el amigo de Gilgamesh, murió poco después de este incidente. Gilgamesh se sintió totalmente destrozado. Había obtenido el primer rastro de individualidad egoísta. Experimentó la muerte como algo inherente a la persona. Antiguamente la  humanidad era muy consciente de que cuando un ser humano moría  sólo se dejaba de lado el cuerpo físico, en tanto que el alma seguía más viva y residía en el mundo divino. Hablar a los seres humanos en esos tiempos de la vida después de la muerte o la reencarnación habría sido inútil. Ellos habrían respondido que ya lo sabían, que de todos modos era una realidad, una experiencia interna para ellos.

Pero Gilgamesh, después de la muerte de su amigo, experimentó la muerte como destino, como destino individual. El destino estaba golpeando duro, por así decirlo, a este hombre que había dado los primeros pasos de la emancipación del mundo divino. Y así oímos entonces en la historia cómo Gilgamesh va en busca de su amigo.

Gilgamesh es conducido a través de muchas aventuras, y nos damos cuenta por las descripciones que sale al mundo cósmico. Sin embargo, se encuentra con terribles monstruos, es un mundo temible. Hay escorpiones, leones y toda clase de terribles criaturas que lo amenazan. Así, el mundo cósmico que alejó de él, lo vio como un mundo extraño, terrible e incluso fatídico. La historia de Gilgamesh y Eabani describe la actitud en la cual la astrología decreció lentamente hasta llegar a nosotros. Es la astrología que habla de la conexión de los seres humanos con el mundo de las estrellas como algo complejo que provoca inexorablemente su destino y los mantiene sin piedad en la dependencia.

En otras partes del mundo, particularmente en Occidente, las antiguas conexiones con las estrellas seguían evolucionando correctamente durante el primer milenio DC. Incluso aún se pueden encontrar rastros en el segundo milenio. Lo vemos representado en la historia del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. La infancia de Arturo se describe en poderosas imágenes cósmicas (Ver Fiona Macleod). De niño, Arturo fue invitado a subir una escalera enorme a los cielos. Llegó a las siete estrellas que conforman la efigie de la Osa Mayor. Allí fue recibido por siete reyes. Se lo llevaron con ellos, y se le educó e inició en los secretos cósmicos de la Mesa Redonda, que es una imaginación víva del Zodíaco.

Después de esta experiencia, descendió de nuevo como el Rey Arturo e inauguró la Mesa Redonda sobre la Tierra. A continuación escuchamos, las historias del Rey Arturo y sus caballeros que fueron enviados al mundo para ayudar en todos los lugares donde se les requería, para proteger a las personas que estaban en peligro, y así sucesivamente. Vemos en esto una perfecta realización de lo que estaba en los cielos como un gran y maravilloso orden cósmico realizandose en la Tierra en los asuntos prácticos, referidos a toda la comunidad humana. El Rey Arturo también fue llamado el labrador, porque se asoció a través de su iniciación, con los misterios de la Osa o Plough. Como rey tenía que alimentar adecuadamente a su pueblo. Esto significaba que tenía que ser educado en la vía de una agricultura eficiente, una agricultura que todavía vive y trabaja en plena armonía con los ritmos cósmicos, que interactúa con los ritmos de la vida vegetal en la Tierra. Por lo tanto, se vio como una necesidad primordial tener un perfecto conocimiento de las correlaciones entre el cosmos y la Tierra. El nombre de Arturo parece tener su origen en las palabras galesas, Arth Uthyr, que significa Osa Mayor. Por lo tanto “Arthur” probablemente no era un nombre. Era originalmente un título, un grado de iniciación, en este caso de los secretos místicos de la Osa Mayor.

Esto sucedió en el Oeste. En el Oriente la sabiduría estelar  tomo un camino diferente. Llego a su ocaso a consecuencia del egoísmo humano. Las personas querían saber su destino personal de las estrellas. Empezaron a preguntar: ¿Cómo hacer esto o aquello?, ¿cómo me afecta lo que sucede en los cielos? ¿qué van a hacer conmigo?. Por supuesto, esta actitud se desarrolló lentamente, pero en el transcurso del tiempo se hizo más y más dramática. Muy a menudo uno se encuentra cara a cara en la humanidad actual con la siguiente pregunta: ¿Qué me dicen las estrellas?, ¿qué me tienen reservado las estrellas?. Desafortunadamente, esto puede degenerar en una actitud de impotencia y miedo total. Sin embargo, esto no fue el final de la relación de la humanidad con el cosmos.

Pasó el tiempo y llegó la era de Copérnico. Copérnico, que vivió durante los siglos XV y XVI, propuso una astronomía heliocéntrica, que en realidad no trabajó detalladamente. Ahora es el Sol, no  la Tierra, quien está en el centro del sistema solar. Los que vinieron después de él trabajaron esto con detalle, Kepler, Newton y muchos otros. Este paso fue, en cierto sentido, una consecuencia del egoísmo que se apoderó de la sabiduría estelar de Egipto, etc, hasta convertirla en la astrología. La astronomía copernicana se alejó aún más de las estrellas, hasta que el cosmos llegó a definirse como un gran mecanismo, como un ordenador. Con la debida reserva, se puede decir que el copernicanismo es una especie de modificación de la  sabiduría estelar egipcia. Por supuesto, con el tiempo se descartó radicalmente la astrología, considerándola como una simple locura. Sin embargo, el concepto de destino se elevó a proporciones extremas. La Tierra fue destronada. Se consideró que no es más que un pequeño planeta dando vueltas alrededor del sol.

Se puede decir, por supuesto, que esto que sucedió entonces en la astronomía, no nos afecta necesariamente en la vida práctica. Si el Sol está en el centro, o la Tierra está en el centro,  es un asunto para los científicos, para los astrónomos en sus observatorios, y no tiene por qué  preocuparnos en la práctica. Sin embargo, esto no es así. El copernicanismo ha trabajado profundamente en las formaciones sociales y las fundaciones que se han desarrollado desde entonces.

En la antigüedad se hablaba de la Tabla Redonda del Rey Arturo, en Mesopotamia del poder de las Torres del Templo. Existía una Cosmología, o Sabiduría de las Estrellas, jugando directamente en la vida social. Comunidades enteras fueron dirigidas de acuerdo a ese conocimiento estelar. Sin embargo, la misma conciencia que formuló el copernicanismo también ha organizado la vida social de la humanidad moderna. Maquiavelo, contemporáneo de Copérnico en el comienzo del siglo XVI, escribió el libro “El Príncipe”. Allí, el monarca se describe como alguien que tiene un poder absoluto y sin restricciones. Haga lo que haga, todo es correcto. Solo él es responsable de sí mismo y nadie más. ¿Por qué tiene esto relación con la concepción el mundo astronómico que llegó  al mismo tiempo? El “rey” en la antigüedad se consideraba un representante en la tierra del Sol en los cielos. Sin embargo, con todo su esplendor el Sol no fue considerado como el centro del universo, ni su representante el Rey. Así, la forma misma de la Mesa Redonda era también una imagen de la negación de las prerrogativas. Arturo fue uno de los de Caballeros de la Mesa.

Se puede objetar que ya mucho antes de Cristo, el despotismo oriental había ganado un gran impulso. La verdad es que las enseñanzas secretas de los Antiguos Misterios del Templo ya habían proclamado una cosmología heliocéntrica, mientras que en las concepciones populares se fomentaron puntos de vista geocéntricos. Existen evidencias de que este era en realidad el caso, por ejemplo, en Egipto. Debido a que los reyes, faraones, y así sucesivamente, fueron originalmente iniciados en los misterios, surgió la tendencia a construir el orden social terrenal de acuerdo a la “ordenación” de los arquetipos cósmicos, heliocéntrico, como rey o faraón, centrado en las comunidades.

Y ahora, al mismo tiempo, con la popularización de la visión heliocéntrica de Copérnico, somos testigos del hecho de que Maquiavelo crea el concepto filosófico del monarca como el centro absoluto e indiscutible de cualquier orden social. Y, en efecto, muy pronto, Luis XIV, el rey de Francia, entró en la escena histórica y proclamó: “L’état c’est moi” , “El Estado soy yo”, yo, el rey. El “Sol”, en un sentido social, había entrado en el centro. Él y todos los monarcas de Europa que podían permitírselo siguieron su ejemplo y construyeron sus palacios en una forma que era perfectamente “heliocéntrica.” Por lo general estos palacios fueron construidos de tal manera que había una torre redonda central o una estructura similar, con alas a ambos lados. Todos los caminos y calles de la ciudad irradiaban desde este punto central en el medio ambiente como los rayos del sol. Todavía se pueden ver muchos de esos palacios en las capitales europeas. Este fue “el copernicanismo,” o el sistema heliocéntrico, que se implantó en la formación social.

La humanidad moderna ha cambiado todo esto considerablemente. Nos enfrentamos ahora a algo parecido a una explosión atómica en el lugar del viejo universo. Por la perfección cada vez mayor y el poder del telescopio que penetra en las profundidades del espacio. Distancias fantásticas y mundos más allá de nuestro propio sistema solar han sido descubiertos. Nuestro mundo ha reducido a lo insignificante nuestro sistema solar. Nuestro concepto del universo ha crecido hasta hacerse inmenso. De hecho, era y sigue siendo, difícil formarse una idea de lo grande que es el universo. No sabemos si es finito o infinito. El concepto de infinito es doloroso para una ciencia construida sobre la cantidad. Hemos descubierto sistemas solares que se supone que son  mucho más grandes que el nuestro. Los soles centrales de estos sistemas, según los cálculos, se mueven a velocidades enormes. Además, se están alejando de una especie de centro en el gran espacio cósmico a velocidades tremendas, inimaginables para la mente de la gente común. Así, el universo más grande de hecho se parece a una explosión atómica

La mentalidad humana que nos ha llevado a pensar en esos términos cosmológicos ha tenido su impacto correspondiente en la vida social moderna. Si observamos objetivamente, debemos admitir que las formas de vida social, las instituciones, y así sucesivamente, se enfrentan constantemente el peligro de la atomización. ¿Cuál es la solución? La humanidad occidental se inclina fácilmente a pensar que la mecanización y la informatización completa es la respuesta. De nuevo, esto parece coincidir con los conceptos de la cosmología moderna de que el universo es un vasto mecanismo. Y de esto pueden surgir fácilmente la sugestión de que la solución mejor y más conveniente en la vida en la comunidad es la completa mecanización y la informatización de todos los problemas e instituciones humanas.

Este camino no nos  lleva a ninguna solución, solo nos conduce a la indefensión y la abdicación de la raza humana. De ninguna manera podemos esperar que toda la humanidad vaya a aceptar esto, y en ello tenemos algo de esperanza. Sobre todo Oriente, es decir, el este y Asia, no pueden seguir esta tendencia, y muchos de los problemas que han surgido entre Oriente y Occidente tienen sus raíces en este hecho. El Este vive con las oscuras sombras de un glorioso pasado que habla, aunque débilmente, en las imágenes del espíritu del cosmos, en el ser humano, en los reinos de la naturaleza. Si nosotros, en Occidente tenemos la intención de establecer una relación sana con Oriente, no pensemos que podemos hacerlo imponiendo el comercio y la tecnología. Solo podremos hacerlo presentándonos al Este, como humanidad global, como una humanidad espiritual digna e integra. Y podemos lograr los medios para hacerlo.

Si estamos buscando un arquetipo para ello tenemos que ir a “la búsqueda del Grial.” Entonces nos daremos cuenta de que Parsifal, el que va en busca el Grial, es nuestra propia imagen. Parsifal es llevado al Castillo del Grial. Es testigo de todos los eventos misteriosos, pero no hace la pregunta. Por lo tanto es expulsado del castillo. Esta es la imagen del ser humano moderno, esta sólo, en esta era de la ciencia, frente a los enigmas del universo y de la Tierra. Pero no preguntamos, como Parsifal, que se pasea durante años a través del mundo en una profunda desesperación y desesperanza. Por último, se encuentra con Trevrizent, que trae la Búsqueda del Grial de nuevo a su conciencia. Ahora, entra en el castillo por segunda vez y puede llegar a los nuevos misterios, a las respuestas relativas a la naturaleza espiritual de la humanidad, su tarea dentro de la configuración de todo el universo, y así sucesivamente. Porque este es el recipiente y el contenido espiritual del Grial. Durante los años sesenta y setenta, del presente siglo XX, la humanidad occidental, pasó por el profundo y oscuro valle creado por sus propias acciones en ciencia y tecnología. Pero ahí radica también la esperanza de que lo podamos superar, si podemos mirar hacia el sentido arquetípico de la figura de Parsifal.

En lo que concierne a nuestros estudios, las consecuencias modernas del copernicanismo constituyen un abismo profundo y oscuro. Sin embargo, no ayudaría a nadie volver a las antiguas buenas maneras de la visión geocéntrica del mundo, por ejemplo, de los celtas o  Ptolomeo. Es necesario pasar por el abismo y encontrar nuevos portales y caminos a los conceptos espirituales del universo. Rudolf Steiner, señaló que en las escuelas Rosacruces originales de la Edad Media, se le enseño al alumno por primera vez la perspectiva geocéntrica del universo. Después se le dijo que así es como debe ser, pero que en realidad no es así. A causa del gran pecado de la Tierra y sus habitantes, podemos pensar que con la Caída del Paraíso, la Tierra perdió su posición central. Sólo después de un largo y extenuante esfuerzo la Tierra, en el futuro, una vez más se pondra en su posición correcta. Esto será posible sólo con la aceptación del impulso de Cristo. El Cristo entró en el reino terrenal como representante de todo el sistema solar. A pesar de que el ser humano lleva en su cuerpo un yo que da sentido y orientación a la existencia, por lo que es el universo solar, impregnado por un Yo, y este Yo es el Ser de Cristo. En el Gólgota se unió con la Tierra, por lo que la Tierra puede convertirse en “Sol” en el futuro lejano. En este proceso está involucrada toda la humanidad, independientemente de su raza, nación, religión, y así sucesivamente.

Así, este punto de vista de la Tierra en el centro, es una perspectiva que debe ser realizada por el desarrollo interior, por el sufrimiento, por la elevación de los más grandes poderes cósmicos. Para lograr esto, no debemos dudar en recorrer el valle oscuro del copernicanismo. Tenemos que arrancar a través de él a nuevos horizontes espirituales. El copernicanismo y la astronomía moderna nos han dado, después de todo, un preciso conocimiento matemático de los cielos, en términos modernos. Podemos calcular los movimientos de los planetas y muchos otros fenómenos teóricamente miles de años hacia delante o hacia atrás en el pasado. Este es uno de los logros de la astronomía moderna. Se han descubierto muchos detalles de los movimientos de los planetas que la antigua humanidad había comprendido en una especie de clarividencia, casi de ensueño. Anteriormente, dicho conocimiento se había conservado en los secretos de los templos de misterios y no estaba abierto a toda la humanidad.

En contraste, la astronomía moderna es una ciencia que está abierta a cualquier persona que haga el esfuerzo de estudiar. Y en esto la astronomía aunque este fundada matemáticamente, nos puede dar una manera de mirar el universo solar con nuevos conceptos, incluso espirituales. En los tiempos antiguos, todavía en Grecia, la humanidad por percepción clarividente era capaz de mirar hacia arriba, al cosmos y ver no sólo los planetas visibles, sino también las esferas de los planetas. Los griegos no experimentaban el planeta como una entidad en movimiento, sino en el ámbito global que indicaba la órbita del planeta. Todas estas esferas de los planetas fueron concebidas  concéntricamente alrededor de la Tierra. Entraban en rotación por los seres divinos que trabajaban en ellos, y por tanto también los planetas se mueven a lo largo de sus órbitas. El movimiento en el cosmos era causado por los seres divinos, de acuerdo con este punto de vista.

Hemos perdido por completo, el concepto de las esferas. El astrónomo moderno no se preocupa ya por las esferas. El movimiento es causado, de acuerdo con puntos de vista modernos, por factores puramente mecánicos en el universo. Sin embargo, es con la ayuda de la astronomía moderna que podemos continuar a través de nuevos conceptos por unos ámbitos que ofrecen grandes posibilidades. Las órbitas de los planetas no están dispuestas en círculos perfectos, ni tampoco se encuentran exactamente en la eclíptica, en el plano del sistema solar. En primer lugar, tenemos el Sol en el centro de acuerdo con el copernicanismo, pero fue Kepler quien descubrió que los planetas no se mueven en círculos, sino en elipses alrededor del Sol (ver Fig. 2.2.).

Esta trayectoria elíptica del planeta trae en ciertos momentos el perihelio (perigeo) ( (distancia más cercana al sol), y en otros en el afelio (apogeo) (es decir, mas lejanía del Sol). Estos elementos, como se les llama, son los medios para evaluar la vida interior de la esfera. A medida que el planeta se mueve a lo largo de su órbita, con el tiempo entra en su perihelio, lo que significa que estará más cercano al sol. En el afelio tendrá la distancia más larga. Estas posiciones indican el estado en que vive la esfera en un momento dado. Los planetas visibles son entonces como “lunas” que reflejan la vida de las esferas. (Las esferas son el espacio de volumen dentro de las órbitas.)

En el perihelio el planeta tiene una estrecha relación con el Sol y por lo tanto una conexión positiva con todo el sistema solar. En el afelio (perigeo) se expresa, por así decirlo, el deseo de desvincularse de este último, para volar lejos de él en el espacio exterior, a pesar de que no se puede lograr esto debido a que el Sol, aún así, mantiene unida a la familia planetaria. Así, podemos abrirnos paso a los nuevos conceptos de un universo viviente. Justo lo que parecía promover la idea de un cosmos puramente mecánico ofrece una mano para entrar en nuevos horizontes de la cosmología.

Hay otros aspectos descubiertos por la astronomía moderna. Estos constituyen otros elementos de los planetas. Se han establecido de forma muy precisa con la ayuda de métodos de cálculo modernos. Tomamos de nuevo el Sol en el centro (Fig. 2.3). Vemos que los planetas se mueven alrededor de él, junto con la Tierra. En el diagrama hemos insertado la órbita de la Tierra, y de otros planetas. Si tomamos los planos en los que se encuentran estas órbitas, es posible que a primera vista parezcan idénticos. Parece que se mueven en un disco común, por así decirlo. Sin embargo, una inspección más cercana revela que hay ligeras diferencias angulares. En otras palabras, las órbitas de los planetas están inclinadas, una respecto de la otra. Ahora puede tomar el plano en el que se mueve la Tierra en el curso de un año e investigar las inclinaciones de los planos planetarios en relación con el primero. Así obtenemos los pasos fronterizos, o líneas de corte entre estos planos. Estos son los nodos de los planetas con la órbita de la Tierra, o plano de la eclíptica, por lo tanto en cada planeta se establece un nodo ascendente y un nodo descendente. El nodo ascendente es el lugar relacionado con el zodiaco, donde el planeta sube por encima de la eclíptica, el nodo descendente donde se desciende por debajo. (Hemos utilizado los símbolos que la astronomía emplea comúnmente para los nodos.) Por supuesto, estos son sólo puntos matemáticos. No podemos verlos. (Tampoco podemos ver los perihelios y afelios de los planetas.) Sólo se puede calcular. Sin embargo, son realidades de gran importancia, que se refieren a la vida de las esferas en relación con la Tierra. Indican que en estos lugares las esferas tienen la posibilidad de contacto con la Tierra y sus habitantes. De este modo el copernicanismo moderno nos ofrece una vez más los medios para llegar al concepto de un universo viviente. Podemos obtener las tablas astronómicas que nos dan las posiciones exactas de los nodos, las posiciones precisas de las líneas afelio- perihelio, y así sucesivamente.

Trabajar y vivir con estos elementos, junto con ciertas ampliaciones que la visión geocéntrica puede proporcionarnos -que eventualmente puede canjear el sistema copernicano, el sistema heliocéntrico, ya que podemos introducir en ella un elemento de vida en contra de la visión del universo como un gran máquina. Y esto llegara a sentirse como una necesidad urgente.

Hemos investigado muy a fondo las posibilidades que se ofrecen por el hecho de los nodos y las líneas del afelio-perihelio (las líneas de los ápsides). Y hemos encontrado de hecho que en los tiempos en que los planetas se intensifican en estas líneas, los mecanismos característicos de las esferas planetarias y sus seres pueden discernir en los asuntos terrenales y los acontecimientos históricos. Sin embargo, nos gustaría subrayar también que en tales ocasiones es una cuestión de la conciencia humana y participación si estos eventos se pueden emplear en la Tierra de manera constructiva, o si, a causa de la negligencia o el rechazo,  van a trabajar en tono de reproche y de manera destructiva. Esto también es parte, y no menos importante, de la comprensión y la nueva relación de la humanidad con el mundo cósmico.

Traducido al español por Gracia Muñoz.

©Astrosophy Research Center 2012 – ISBN 1-888686-13-8

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