GA98c5. Pentecostés – La Festividad del esfuerzo del alma

Los festivales y su significado – III. Ascensión y Pentecostés

Rudolf Steiner – Colonia, 7 de Junio de 1908

 

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En diferentes ocasiones ya fue expuesto que el desarrollo espiritual, tal como lo aspira el movimiento de la Ciencia Espiritual, precisa poner al hombre en una viva relación con todo el medio ambiente. Muchas cosas, del medio ambiente, que todavía llenaba a nuestros antepasados de veneración, se volvieron muertas y apagadas para el hombre. Un gran número de personas adopta una postura ajena y fría, por ejemplo, ante nuestras fiestas religiosas anuales. La población urbana, en particular, sólo tiene un escaso recuerdo de lo que significan en realidad las fiestas de Navidad, Pascua y Pentecostés. Aquel poderoso contenido sentimental que ligaba a nuestros antepasados en las épocas festivas, dado que ellos conocían la relación con los grandes hechos del Mundo Espiritual, la Humanidad de hoy no lo posee más.

Los hombres, hoy, se comportan de manera fría e indiferente ante de las fiestas de Navidad, Pascua y, particularmente, Pentecostés. El descenso del Espíritu se volvió, para muchas personas, una abstracción.

Las cosas solo cambiarán, solo habrá vida y realidad, cuando los hombres lleguen a un verdadero conocimiento espiritual del mundo. Mucho se habla, hoy en día, de fuerzas naturales; pero de las “entidades” situadas detrás de esas fuerzas naturales se habla bien poco. Cuando se habla de entidades naturales, el hombre de hoy considera el asunto como el reavivamiento de una antigua superstición, el hecho de que las palabras que nuestros antepasados usaban se basaban en la realidad– cuando alguien afirma que gnomos, ondinas, silfos y salamandras significan algo real solo valen como antigua superstición. Lo que los hombres poseen en teorías y en ideas es, de inmediato y en cierto sentido, indiferente; por ende, si a través de esas teorías los hombres son tentados a dejar de ver ciertas cosas y a emplear sus teorías en la vida práctica, entonces el asunto comienza a ganar pleno significado. Tomemos un ejemplo grotesco: ¿quién cree en entidades cuya existencia está relacionada con el aire, o corporizadas en el agua?. Cuando, por ejemplo, alguien dice: “Nuestros antepasados creían en ciertas entidades -en gnomos, ondinas, silfos, salamandras- todo esto es una cosa ¡fantástica!”, tenemos ganas de responder: “pregunte, entonces, a las abejas”. Y si las abejas pudieran hablar, responderían :”Para nosotros los silfos no son supersticiones, pues sabemos muy bien lo que recibimos de ellos”. Ahora, la persona cuyos ojos espirituales están abiertos consigue observar la fuerza que atrae a la abejita hasta la flor. “Instinto, tendencia natural”, como el hombre responde, son palabras vacías. Son estas entidades las que conducen a las abejas al cáliz floral, para allí buscar alimento; y en el enjambre de abejas que revolotea en busca de alimento, hay entidades activas que nuestros antepasados denominaban Silfos.

En todo lugar donde los diferentes reinos naturales se tocan, se ofrece una oportunidad para que ciertas entidades se manifiesten. Por ejemplo, en el interior de la Tierra, en el punto donde la piedra toca la veta metálica, se sitúan entidades especiales. Donde el musgo recubre a la piedra y, en consecuencia el reino vegetal toca al reino mineral, se establecen tales entidades. Donde el reino animal y vegetal se tocan –en el cáliz floral, en el contacto de la abeja con la flor– se corporizan determinadas entidades, del mismo modo donde el hombre entra en contacto con el reino animal. No en el transcurso de la vida ordinaria. No, por ejemplo cuando el carnicero descuartiza una res o cuando el individuo come carne animal; tampoco en el transcurso común de la vida (ahí no es el caso). Pero sí en los procesos extraordinarios, cuando los reinos se tocan como a través de un exceso de vida, como en el caso de las abejas y de la flor, se corporizan entidades. En especial donde la índole (cualidad) del hombre, su intelecto, está particularmente empeñado en relacionarse con los animales, en una relación como la que tiene, por ejemplo, el pastor con las ovejas –una relación cualitativa–-, ahí se corporizan tales entidades. Estas relaciones más íntimas del hombre con los animales, las encontramos más frecuentemente remontándonos a tiempos antiguos. En épocas culturales anteriores se tenía, a menudo, una relación como la que el árabe tiene con su caballo, y no como la del propietario de un hipódromo con sus caballos de carreras. Ahí encontramos aquella índole fuerzas que actúan entre reino y reino, como entre el pastor y las ovejas, o donde se desarrollan y se irradian, las fuerzas del olor o del sabor como entre la abeja y la flor. Ahí se crea la oportunidad para que entidades bien determinadas puedan corporizarse.

Cuando la abeja liba la flor, el clarividente puede observar que se forma un pequeño aura en su borde. He aquí el efecto del sabor: la libación de la abeja en el cáliz floral se torna un cierto agente de sabor —la abeja siente el sabor— e irradia como una especie aura floral, que alimenta a las entidades sílficas.

De igual modo, el elemento del sentir que actúa entre el pastor y las ovejas es alimento para las Salamandras. La pregunta siguiente no es válida para quien comprende el mundo espiritual: ¿Por qué, entonces, las entidades están ahí y no en otros lugares?. Al respecto de su origen no podemos preguntar, pues su origen se sitúa en el Universo. Por ende dándoles la oportunidad para que se alimenten, las entidades surgen. Por ejemplo, los malos pensamientos que el hombre derrama atraen entidades nocivas para su aura, porque ahí ellas encuentran alimento. Entonces ciertas entidades se corporizan en su aura. En todas partes donde los diferentes reinos naturales se tocan, se ofrece la oportunidad para que determinadas entidades espirituales se corporicen.

En el lugar donde el metal abraza a la piedra, en el interior de la Tierra, cuando el minero corta el suelo, el vidente ve, en diferentes lugares, seres singulares encogidos, juntos, acurrucados en un espacio muy pequeño. Ellos se dispersan, se diseminan cuando la tierra es removida. Ellos son entidades singulares, que por ejemplo, en cierto sentido no son, de modo alguno diferentes al hombre. No tienen, en efecto, un cuerpo físico, mas tienen inteligencia. Lo que les diferencia del hombre, es que tienen inteligencia pero sin responsabilidad. De ahí que tampoco tengan el sentimiento de algo errado. Estas entidades que llamamos Gnomos y numerosas especies de ellos son cobijados por la tierra, encontrándose en el hogar, en los lugares donde se junta la piedra con el metal. Antiguamente servían muy bien al hombre en las antiguas minas, no en las de carbón, pero sí en las minas de metales. La manera de construir las minas en los tiempos antiguos, el conocimiento de cómo estaban depositadas las camadas, fue aprendida a través de estas entidades. Y las vetas mejor dispuestas eran conocidas por esas entidades que sabían cómo estaban depositadas las camadas en el interior de la tierra y por consiguiente, podían dar la mejor instrucción sobre cómo deberían ser trabajadas. En el caso que no se quiera trabajar con las entidades espirituales, confiando sólo en lo sensorial, se llega a un callejón sin salida. Precisamos aprender, con estas entidades espirituales, una cierta manera de proceder para explorar la Tierra.

 De la misma forma, en una fuente tiene lugar una corporización de entidades. En el lugar donde la piedra toca a la fuente, se corporizan los seres ligados al elemento del agua: las Ondinas. Donde el animal y el vegetal se tocan, actúan los Silfos, ligados al elemento aire. Ellos conducen a las abejas a las flores. Así, debemos casi todos los conocimientos útiles de la apicultura a las antiguas tradiciones, y justamente en el caso de la apicultura podemos aprender mucho de ellas. Lo que hoy existe como ciencia acerca de las abejas, está lleno de errores, y la antigua sabiduría, que se propagó por la tradición, se confunde por causa de esto. La ciencia prueba que es inaprovechable. Los antiguos manejos, cuyo origen es desconocido apenas son útiles, pues en aquella época el hombre usaba el mundo espiritual como hilo conductor.

Los hombres de hoy en día conocen también a las Salamandras, pues cuando alguien dice: “algo viene a mi encuentro, mas no sé de donde viene”, esto constituye, la mayoría de las veces, el efecto de las Salamandras. Cuando el hombre entra en íntima relación con los animales, como el pastor con sus ovejas, recibe conocimientos emanados de las entidades espirituales que viven en su medio ambiente. El pastor posee, a través de lo emanado por las Salamandras, el conocimiento acerca de su rebaño. Hoy en día esos antiguos conocimientos han desaparecido, y deben ser nuevamente recuperados por medio de conocimientos ocultos bien probados. Si continuamos pensando acerca de estas ideas tendremos que decirnos: ¡estamos totalmente rodeados por entidades espirituales!. Andamos a través del aire, que no es sólo sustancia química: cada soplo de viento, cada corriente de aire es manifestación de entidades espirituales. Estamos rodeados y totalmente permeados por estas entidades espirituales. Si el hombre no quiere experimentar, en el futuro, un destino triste y devastador en su vida, precisa tener conocimiento de aquello que vive a su alrededor. Sin ese conocimiento, no podrá proseguir. Habrá que preguntarse: ¿de dónde provienen esas entidades?, ¿de dónde vienen? Estas preguntas nos conducen a un conocimiento importante y, para formarnos una opinión al respecto, necesitamos tener en mente cómo, en los mundos superiores, se desarrollan ciertos hechos por cuyo intermedio lo que es nocivo y malo es metamorfoseado en bueno por una sabia dirección.

Tomemos como ejemplo las deyecciones, el estiércol: es descartado y actúa en la economía, a través de una utilización sabia, como base para la posterior germinación de vegetales. Cosas aparentemente desechadas por el desenvolvimiento superior, son recogidas por fuerzas superiores y metamorfoseadas. Esto se observa de modo muy particular en las entidades de las cuales hablamos, y lo reconocemos especialmente al ocuparnos del origen de estas entidades. ¿Cómo se originan entonces las entidades salamandrinas? Expliquemos esto. Las Salamandras son entidades que necesitan de una cierta relación del hombre con los animales. Los animales no poseen un Yo, tal como el hombre lo posee. Tal entidad, Yo, sólo existe en el hombre de hoy, en la Tierra. Esos “Yo” humanos son de tal naturaleza que cada hombre tiene un Yo dentro de sí. En el caso de los animales es diferente: los animales tienen un Yo grupal, un alma grupal. ¿Qué significa esto? Un grupo de animales de la misma especie y de configuración idéntica tienen un Yo en común; por ejemplo, todos los leones individuales tienen un Yo en conjunto, también todos los tigres, todos los peces, etc. Los animales tienen su Yo en el mundo astral. Es como si un hombre estuviese detrás de una pared con diez orificios, y a través de estos, introduce sus diez dedos. No sería posible ver al hombre, pero cualquier cabeza sensata concluiría: ahí atrás hay un poder central que pertenece a los diez dedos. Así ocurre con el Yo grupal. Los animales individuales son apenas los miembros. Aquello a lo que pertenecen está en el mundo astral. Estos Yo animales no son semejantes a los humanos, aunque considerados espiritualmente se puedan comparar, pues un Yo grupal animal es una entidad muy sabia. El hombre, como alma individual, está lejos de ser tan sabio. Consideremos, por ejemplo, determinadas especies de pájaros: ¡que sabiduría debe haber ahí contenida, para que migren hacia altitudes y dimensiones bien determinadas a fin de escapar del invierno y, en la primavera, retornen por otros caminos! En ese vuelo de los pájaros reconocemos las fuerzas sabias de actuación de los Yoes grupales. Podemos encontrarlas en todas partes en el reino animal. Los hombres son muy mezquinos cuando tienen que registrar los progresos humanos. Recordemos nuestras clases en la escuela, cuando aprendemos cómo, en la Edad Media, poco a poco surgió la corriente de la época Moderna. La Edad Media, seguramente, tiene cosas significativas para ser registradas, como el descubrimiento de América, la invención de la pólvora, el arte de imprimir libros y finalmente, también el papel de lino. Fue, sin duda, un progreso significativo usar ese producto en lugar de pergamino; entretanto, el alma grupal de las avispas ya habían hecho lo mismo hace millares de años, pues el avispero está hecho del mismo material que el papel producido por el hombre: se compone de papel. El hombre descubrirá gradualmente cómo ciertas combinaciones de su espíritu se relacionan con aquello que las almas grupales elaboran dentro del mundo. Las almas grupales están en movimiento constante.

El vidente ve, a lo largo de la espina dorsal de los animales, un centellear continuo. La espina dorsal queda como encerrada en un centellear luminoso. Los animales son traspasados por corrientes que, en número infinito, fluyen en todas las direcciones alrededor de la tierra y actúan sobre ellos fluyendo en torno a la médula espinal. Esas almas grupales de animales están continuamente en movimiento circular, en todas las alturas y direcciones, en torno a la Tierra. Son muy sabias, pero les falta algo que todavía no tienen: ellas no conocen el amor, tal como es en la Tierra. El amor ligado a la sabiduría sólo existe en el hombre, en la individualidad. El alma grupal es sabia, pero el animal individual posee amor en la cualidad de amor sexual y amor paterno. El amor, en el animal, es individual, pero la organización es sabia y la sabiduría del Yo grupal todavía está vacía de amor. El hombre tiene la sabiduría y amor unificado; el animal tiene el amor en la vida física y en el plano astral, tiene la sabiduría. Con tales conocimientos, se encienden, para el individuo, un número colosal de luces. El hombre sólo llegó a su Yo actual gradualmente. Anteriormente él también tuvo un alma grupal, y sólo gradualmente se desenvolvió el alma individual. Hagamos una inspección retrospectiva del desarrollo de la Humanidad hasta la Antigua Atlántida, un continente que ahora está cubierto por el océano Atlántico. En aquella época, las amplias superficies siberianas estaban cubiertas por grandes mares. El mar Mediterráneo estaba dividido de manera bien diferente. También en nuestras regiones europeas había amplias superficies marítimas. Cuanto más lejos retrocedemos, en la antigua época atlántica, tanto más se modifican todas las condiciones de la vida, y tanto más se modifican el estado de vigilia y de sueño en el hombre. Hoy, cuando el hombre duerme, permanecen en el lecho el cuerpo físico y el cuerpo etérico. El cuerpo astral y él Yo se retiran. La conciencia se apaga, todo se torna oscuro, negro y mudo. En la época atlántica, la diferencia entre sueño y vigilia todavía no era tan grande. En estado de vigilia el hombre no veía contornos firmes, perfiles nítidos, colores intensos, unidos a las cosas. Cuando despertaba, por la mañana, buceaba en una masa nebulosa. No había nitidez mayor que cuando, por ejemplo, vemos luces pasando a través de la neblina, como un aura. En compensación, su consciencia no cesaba completamente durante el sueño, y entonces él veía las cosas espirituales.

A medida que el hombre avanzaba, el mundo físico ganaba cada vez más sus contornos, pero, en compensación, perdió su clarividencia. Entonces la diferencia pasó a ser cada vez mayor: por encima, el mundo espiritual se volvió cada vez más oscuro; abajo, el mundo físico se fue aclarando cada vez más. Es del tiempo en que el hombre todavía percibía las cosas de allá arriba, del mundo astral, de donde derivan todos los mitos y leyendas. Ascendiendo al mundo espiritual él conocerá a Wotan, Baldur, Thor, Loki (personajes de la mitología germana) y entidades que todavía no habían descendido al plano físico. Esto se vivenciaba en el pasado; y todos los mitos son recuerdos de realidades vivas. Todas las mitologías son recuerdos de este tipo. Estas realidades espirituales simplemente desaparecieron para el hombre. En aquellos tiempos, cuando por la mañana buceaba en el cuerpo físico, él tenía la siguiente sensación: “tú eres una unidad, algo único”. A la noche, por ende cuando buceaba de vuelta en el mundo espiritual, le venía el siguiente pensamiento: “tú no eres único, eres apenas un miembro de una gran totalidad; formas parte de una gran comunidad”. Tácito cuenta que los antiguos pueblos (los hérulos, los queruscos) se sentían más como tribus que como individuos separados. A partir del sentimiento de que el individuo era parte del grupo tribal, de que él se atribuía a la comunidad tribal, se originaron ciertas costumbres como la venganza de muerte basada en la sangre. Todo era un cuerpo que pertenecía al todo del alma grupal de la tribu. En la evolución, todo acontece gradualmente. Sólo a partir de esa conciencia grupal-tribal absoluta se desarrolló, poco apoco, la conciencia individual. También, en las descripciones de la época de los patriarcas, tenemos vestigios del pasaje del alma grupal al alma individual. En el tiempo de Noé, la memoria era bien diferente: ésta alcanzaba más allá de aquello que el padre, el abuelo, o el bisabuelo habían vivenciado. La frontera del nacimiento no era frontera. En la misma sangre fluían los mismos recuerdos, provenientes de generaciones alejadas en el tiempo. Hoy en día, a las autoridades les interesa saber el nombre del individuo. En aquella época, en que el ser humano recordaba lo que su padre y su abuelo habían hecho, esto era caracterizado por un nombre colectivo. Aquello que en esa época estaba relacionado por la misma sangre y por el mismo recuerdo, era designado colectivamente. Se llamaba “Adán” o “Noé”. Nombres como Adán y Noé no designaban la vida entre el nacimiento y la muerte de un individuo, sino el flujo de los recuerdos. Los nombres antiguos abarcan comunidades completas de personas que vivieron en la época. ¿Qué es lo que ocurre entonces, cuando comparamos ciertas especies (los monos) con el propio hombre? La prodigiosa diferencia está en el hecho de que los monos tienen un alma grupal y el hombre un alma individual, o por lo menos, una disposición para desarrollar tal alma.

El alma grupal de los monos se encuentra en una situación muy especial. Imaginemos la Tierra (se hace un dibujo). Aquí arriba, en el mundo astral, flotando como en una nube, están las almas grupales de los animales, esparciéndose sobre nuestro mundo físico. Tomemos ahora el Yo grupal de los leones y él Yo grupal de los monos. Cada león es un miembro individual en el que el alma grupal instila una parte de su sustancia. Cuando muere un león, se desprende del alma grupal lo físico exterior, tal como en el hombre la uña de un dedo. Entonces el alma grupal toma nuevamente lo que había instilado en aquel cuerpo y lo entrega a otro león que nace. El alma grupal permanece allá arriba. Ella extiende, por así decirlo, tentáculos que se endurecen en lo físico, después se desprenden y vuelven a ser substituidos. Por esto el alma grupal animal no conoce nacimiento ni muerte. Lo individual animal es algo que se desprende y se vuelve a adherir. El alma grupal permanece inmodificable por la vida y por la muerte. En el caso de los leones, cada vez que uno de ellos muere, todo lo que había sido transmitido por el alma grupal retorna a ella.

No sucede así en el caso de los monos, pues existen animales individuales que arrancan del alma grupal algo que después no consigue retornar. Cuando el mono muere, la parte esencial retorna, desligándose un pedazo del alma grupal. Es como si el mono agarrara firmemente lo que le es dado, y con su muerte se desligara un pedazo del alma grupal, en cierta manera un pedazo de ella se separa, es arrancada y no puede retornar. Así ocurren desligamientos del alma grupal. En todos los tipos de monos ocurren desligamientos del alma grupal. Algo semejante ocurre con ciertos anfibios, con determinados tipos de aves y, de manera particularmente nítida, con los canguros. Por medio de estos desligamientos, algo del alma grupal queda atrás y, aquello que así queda como remanente de los animales de sangre caliente, se vuelve un ser elemental, un espíritu de la Naturaleza: la Salamandra.

Estos seres elementales, estos espíritus de la Naturaleza, son como restos, productos residuales de los mundos superiores puestos al servicio de entidades superiores. Si estuviesen dedicados a sí mismos, perturbarían el Cosmos. Así la sabiduría superior emplea, por ejemplo a los Silfos para conducir a las abejas a las flores. Así, la gran multitud de seres elementales es puesta bajo la sabia dirección superior, desarticulando lo que ellos pudieran hacer de perjudicial y transformándolo en algo provechoso. Sucede así en los reinos ubicados debajo del hombre. Puede ocurrir también que el propio ser humano se desligue de su alma grupal y no encuentre, como alma individual, posibilidad alguna de continuar desarrollándose. En cuanto a su condición de miembro de su alma grupal era dirigido y conducido por entidades superiores, ahora quedó entregado a su propia dirección. Si no asimila los conocimientos espirituales adecuados, correrá el riesgo de desligarse. Es esto lo que se presenta como cuestión. ¿Qué es entonces, lo que preserva al individuo del desligamiento, de errar sin sentido u objetivo, mientras que, en el pasado, el alma grupal le había dado un sentido?. Precisamos tener en mente que el hombre se individualiza cada vez más, y que, en el futuro, tendrá que encontrar cada vez más, “voluntariamente”, la unión con otros hombres. En el pasado la unión existía por medio de la consanguinidad, por medio de tribus y razas. Pero esta unión llega a su fin. Todo se dirige cada vez más a que el hombre se vuelva un ser individual. He aquí que solo es posible un camino inverso. Imaginemos un número de individuos en la Tierra, diciéndose a sí mismos: “seguimos nuestro propio camino, queremos encontrar en nuestro propio interior el sentido y el objetivo del camino. Estamos todos en vías de volvernos hombres cada vez más individuales”. Aquí existe el peligro de la dispersión. Los hombres hoy tampoco sustentan ya uniones espirituales. Actualmente llegamos al punto en que cada uno tiene su propia religión y pone su propia opinión como el ideal más elevado.

Pero si los hombres interiorizaran ideales, esto llevaría a la unión, a opiniones en común. Reconocemos interiormente, por ejemplo, que tres veces tres es igual a nueve, o que los tres ángulos de un triángulo suman 180°. Este es un reconocimiento interior. No podemos someter a votación conocimientos interiores. No existen diferencias de opinión sobre conocimientos interiores, ellos llevan a la unión. Todas las verdades espirituales son de ese orden. Lo que la Ciencia Espiritual enseña, el hombre lo encuentra por medio de sus fuerzas interiores. Estas lo conducen a una unidad absoluta, a la paz y armonía. No existen dos opiniones sobre una verdad sin que una de ellas sea errada. El ideal es la mayor interiorización posible, ella lleva a la unidad, a la paz. En principio, había un alma grupal humana. Después, en tiempos pasados, la Humanidad fue liberada del alma grupal. Pero en el futuro del desarrollo, los hombres precisan establecer un objetivo más seguro para sí, al cual aspiren.

Cuando los hombres se unen en una sabiduría superior, desciende a su vez, de los mundos superiores, un alma grupal (cuando surgen de las sociedades naturalmente unidas, sociedades libres). El deseo de los dirigentes del movimiento de la Ciencia Espiritual es que en ella encontremos una sociedad en la cual los corazones ansíen sabiduría, tal como las plantas ansían la luz solar. En donde la verdad común une a diferentes Yoes, se da al alma grupal superior, la oportunidad de descender. Al volcarse nuestros corazones conjuntamente hacia una sabiduría superior, acomodamos al alma grupal. En cierta manera, formamos el ambiente en el cual el alma grupal puede corporizarse. Los hombres enriquecerán la vida terrena al desarrollar algo que haga descender entidades espirituales de los mundos superiores. Este es el objetivo del movimiento de la Ciencia Espiritual. Esto fue puesto cierta vez delante de la Humanidad de forma grandiosa, poderosa, para mostrar que, sin este ideal espiritual, el hombre pasaría a una condición diferente. Hay un símbolo que puede mostrar al hombre, con fuerza imponente, cómo la Humanidad puede hallar el camino para, en unión espiritual ofrecer al espíritu colectivo un lugar para su corporización. Este símbolo nos es presentado por la Comunidad Pentecostal, cuando el fervoroso sentimiento colectivo de amor y devoción encendió la llama en un número de hombres que se habían reunido para una acción colectiva. Allí estaban estos hombres, cuyas almas todavía se estremecían por el conmovedor acontecimiento que vivía en ellos. Este sentimiento, al confluir de igual forma en ellos, hizo posible aquello que era necesario para que el alma colectiva pudiera corporizarse. Esto se expresa por las palabras que dicen que el “Espíritu Santo”, el alma grupal, descendió y se dividió como lenguas de fuego. Este es el gran símbolo para la Humanidad del futuro. Si no hubiese encontrado esta unión, el hombre se hubiera vuelto un ser elemental.

Tiziano

Ahora, la Humanidad precisa buscar un lugar para las entidades de los mundos superiores que se inclinan hacia abajo. En los eventos de Pascua le fue dado al hombre la fuerza para acoger en sí tales representaciones poderosas y aspirar a un espíritu. La fiesta de Pentecostés es fruto del desdoblamiento de esta fuerza. Incesantemente, por el confluir de las almas hacia la sabiduría colectiva, se debe efectuar aquello que establece una relación viva con las fuerzas y entidades de los mundos superiores y con algo que hoy todavía tiene tan poco significado para la Humanidad, como la fiesta de Pentecostés. A través de la Ciencia Espiritual, ella volverá a ser algo para el hombre. Cuando las personas sepan lo que significa el descenso del Espíritu Santo en el futuro de los hombres, la fiesta de Pentecostés volverá a cobrar vida. Entonces no será solamente un recuerdo de aquel evento de Jerusalén. Surgirá para los hombres aquella permanente “fiesta de Pentecostés de la aspiración anímica conjunta”. Ella se transformará en un símbolo para aquella futura gran comunidad pentecostal, cuando la Humanidad se encuentre conjuntamente en una verdad común, para dar a entidades superiores la posibilidad de que se corporicen.

De los hombres dependerá cuán valiosa será la Tierra en el futuro, y cuán eficaces pueden ser esos ideales para la Humanidad. Si la Humanidad se esfuerza, de esta manera correcta, en el sentido de la sabiduría, los espíritus superiores se unirán a los hombres.

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GA102c8. La Influencia de las Entidades Espirituales en el Hombre

Rudolf Steiner – Berlín, 16 de mayo de 1908

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Como prometí en el último encuentro hoy estudiaremos algo para los teósofos más avanzados ahora que nuestro grupo se ha desarrollado hasta este nivel.

Esta expresión de “teósofos avanzados”, sin embargo, no significa que implique ningún conocimiento teórico especial de las enseñanzas teosóficas. Podemos entenderlo si tenemos en cuenta que la participación en la vida de un grupo teosófico tiene un efecto definitivo en el alma, a pesar de que durante un tiempo se puede estar simplemente en un período de espera. Durante esta vida en un grupo, no sólo se adquieren conceptos e ideas sobre la naturaleza del hombre, de los mundos superiores, de la evolución, etc.,  y de mucho más de lo que es consciente, se absorben una suma de percepciones y sentimientos que son diferentes a los que se tenía cuando era un recién llegado a la Teosofía.

Estas percepciones y sentimientos están particularmente relacionados con la capacidad de escuchar en silencio y con calma aceptando las descripciones con una cierta credibilidad interna sin mirarlas como sueños fantásticos. Antes de entrar en contacto con la concepción teosófica del mundo probablemente se habrían reído ante tales ideas, y sin duda lo harán la mayoría de nuestros contemporáneos.

Esta suma de sentimientos y sensaciones a las que poco a poco nos acostumbramos es mucho más importante que los detalles de las enseñanzas y teorías teosóficas. Puesto que a través de la adquisición de estos sentimientos sobre esos otros mundos que están pulsando continuamente en el nuestro de manera imperceptible a nuestros sentidos nos vamos transformando. Las personas que tienen este tipo de sentimientos, que tienen esta actitud ante esos otros mundos, son los que en este caso podemos llamar “teósofos avanzados”. De este modo se hace una llamada al corazón, a la naturaleza emocional, y no a los conocimientos teóricos. Lo que el corazón y los sentimientos absorben constituyen el avance que necesitamos si queremos aceptar libremente y sin prejuicios las declaraciones contenidas en las conferencias recientes y, en cierto modo en la conferencia que ahora se está dando.

Si tuviéramos que hablar de teorías generales y abstractas sería una ofensa a la inteligencia humana, sólo podríamos engañarnos a nosotros mismos. Deberíamos desarrollar una verdadera voluntad para desbloquear ese mundo que, poco a poco, debe ser puesto en conocimiento por medio del movimiento teosófico.

Hoy vamos a conocer a los seres que están entre nosotros, si nos consideramos a nosotros mismos como seres espirituales, pero a los que hasta ahora hemos prestado poca atención en nuestros estudios. Tenemos, como ustedes saben, al hombre en el centro de nuestra concepción del mundo, como el microcosmos. Sin embargo, para comprender al hombre y su evolución, debemos prestar atención a otros seres, a los seres espirituales más elevados que realizaron anteriormente esa etapa por la que está pasando actualmente el hombre en la evolución terrestre. Hemos visto que antes de que nuestra Tierra entrara en su etapa actual, existía lo que hemos acostumbrado a llamar la Antigua Luna, y sabemos que ciertos seres espirituales que hoy están en un nivel más elevado que el hombre, pasaron por su etapa humana, aunque bajo diferentes condiciones.

Hemos aprendido que los seres que hoy están dos etapas por encima del hombre, los Espíritus de Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y también que los Asuras (Arkais)  pasaron por la etapa humana en Antiguo Saturno. Sus cualidades, tanto buenas como malas, están muy por encima o muy por debajo de las del hombre. Así, en el transcurso del tiempo hemos revisado toda una variedad de seres que participan en el desarrollo de nuestra vida y en la naturaleza. Hemos llegado a conocer a los seres que están por encima de nosotros, a los que debemos mirar con veneración y que desde la observación clarividente se encuentra una distinción significativa entre ellos y el hombre. Saben que diferenciamos varios miembros de la naturaleza del hombre. La naturaleza corporal —el cuerpo físico, el cuerpo etérico, el cuerpo astral—  y distinta del cuerpo, un alma —alma sensible,  alma intelectual (racional) y alma consciente— y en tercer lugar, un espíritu que está sólo en la etapa inicial de la evolución. En las futuras fases de nuestro planeta el hombre llegará a un desarrollo superior.

Cuando examinamos al ser humano, nos encontramos por lo tanto con que consta de tres partes, un cuerpo, un alma, y ​​una parte espiritual, que en términos generales conforma el triple ser del hombre. Y si ahora miramos hacia arriba desde el hombre hasta los seres más elevados de los que hemos hablado, podemos decir que se diferencian del hombre porque no han desarrollado el cuerpo físico.

Esos seres, por ejemplo, a quien llaman Pitris Lunares, o Ángeles en el esoterismo cristiano, no poseen una naturaleza corporal física, perceptible a los sentidos. Pasaron por la etapa de la humanidad en la Antigua Luna y ahora han ascendido a un grado superior. No podemos atribuirles una naturaleza corporal física tal como la del hombre. Por otro lado, ellos desarrollaron un miembro superior del espíritu que el hombre aún no posee, por lo que podemos decir que son espíritu y alma, en contraste con el hombre, que es un ser de tres miembros —espíritu, alma y cuerpo.

Así pues, hemos estado ocupándonos principalmente de los seres cósmicos que están por encima del hombre y tienen espíritu y alma. Sin embargo, para el observador oculto aún existen otros seres en el mundo, y aunque en la etapa moderna del desarrollo humano se ocultan en gran medida, juegan sin embargo un gran papel en la evolución.

Existen también seres que la visión clarividente no puede reconocer como espirituales, pues lo que estamos acostumbrados a llamar espíritu en el hombre no se puede descubrir en ellos: consisten esencialmente en cuerpo y alma. Es decir, los animales. Tienen cuerpo y alma. Sabemos, sin embargo, que los animales se conectan con su alma grupo que tiene su propia naturaleza espiritual. El reino animal que esta ante nosotros en el mundo físico realmente es un ser que posee sólo cuerpo y un alma que se prolonga, por así decirlo, hacia los mundos superiores y se ligan a la espiritualidad.

 He utilizado a menudo una cierta comparación con respecto al alma grupal de los animales: si hubiera una cortina por la que yo pudiera pasar mis dedos a través de ella sin que se viera el resto, dirían que los dedos deben provenir de alguien que es invisible para vosotros. Es lo mismo con los yo-grupales; son invisibles y ocultos para la percepción física, pero sin embargo existen. El animal pertenece a un alma-grupo y los diversos grupos de animales se conectan con los yoes grupales. Por tanto, cuando nos referimos al animal aquí en el plano físico podemos decir que los animales tienen cuerpo y alma. Lo que vemos tiene una continuación en el mundo astral.

Pero existen otros seres que no son visibles a los sentidos físicos,  seres que poseen cuerpo y alma. En diversas enseñanzas ocultas son llamados espíritus elementales. Llamarlos espíritus elementales muestra la mayor ineptitud posible, porque es justo espíritu lo que ellos no poseen. Es mejor llamarlos seres elementales, y pronto veremos por qué sus cuerpos no son visibles. Mientras tanto aceptemos como una especie de definición que tales seres consisten en cuerpo y alma. Su existencia, por supuesto, esta negada en nuestra época ilustrada, pues el hombre en su fase actual de desarrollo no puede verlos; si alguien desea verlos debe haber progresado hasta un cierto grado de conciencia clarividente. El hecho de que una cosa no sea perceptible no significa, sin embargo, que no esté activa en nuestro mundo. La actividad de estos seres de cuerpo y alma juegan definitivamente mucho en nuestro mundo. Lo que hacen puede ser visto muy bien, pero no lo que ellos mismos son.

Ahora nuestra primera preocupación es hacernos tanto como sea posible, una idea de estos seres elementales que tienen diversas formas y ocupan el mundo que se nos ha dado. También se habla de ellos como espíritus de la naturaleza; de hecho, se les ha dado muchos nombres diferentes. El nombre, sin embargo, no importa; lo que es necesario es que nos creamos un cierto concepto de ellos. Y aquí hago una llamada a sus sensaciones y sentimientos. Quisiera relacionar bastante simple y llanamente cómo se manifiestan estos seres a la visión clarividente.

Estos seres se pueden ver en muchos lugares en las profundidades de la Tierra, especialmente en todo lo que es naturaleza mineral. Si cavamos en vetas metálicas o suelo pedregoso vamos a encontrarlos. Se manifiestan en un principio en forma notable, es como si algo llegara a dispersarlos. Aparecen en cuclillas, muy juntos y en gran número, y cuando cavas la tierra, parecen estallar en pedazos. El punto importante es que no solo se disgregan, sino que su propia naturaleza corporal se hace más grande. Pero incluso cuando llegan a su mayor tamaño, son siempre pequeñas criaturas en comparación con los hombres. El hombre “iluminado” no sabe nada de ellos. Sin embargo, la gente, que todavía conserva un cierto sentido de las antiguas fuerzas clarividentes atávicas, que todo el mundo  poseyó una vez y que tuvo que perder con la adquisición de la conciencia objetiva, podría decir todo tipo de cosas acerca de estos seres. Muchos nombres se les han dado: duendes, gnomos, y así sucesivamente. Aparte del hecho de que su cuerpo es invisible, difieren esencialmente del hombre en la medida en que no se les puede atribuir razonablemente cualquier tipo de responsabilidad moral. Lo que se llama responsabilidad moral en el hombre no la tienen, les falta por completo; lo que hacen, lo hacen de forma automática, y al mismo tiempo no es muy distinto de lo que hace el intelecto humano, la inteligencia. Poseen lo que se llama ingenio en el más alto grado y cualquier persona que entra en contacto con ellos puede observar buenas pruebas de esto. Su naturaleza los lleva a jugar todo tipo de trucos en el hombre, como muchos mineros que todavía conservan algo de una naturaleza saludable pueden comprobar, no tanto los mineros en las minas de carbón, sino más bien  los de las minas de metales.

Los diferentes miembros de estos seres pueden ser investigados por medios ocultos al igual que en el caso del hombre distinguimos sus miembros como cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral y el yo y lo que está evolucionando, como yo espiritual, espíritu de vida y el hombre-espíritu. En su actual fase de desarrollo el hombre consiste esencialmente de estos cuatro miembros, de modo que podemos decir que su miembro más alto es el “yo” y el más bajo es el cuerpo físico.

Pero no debemos sucumbir al engaño de imaginarnos de manera abstracta que el cuerpo físico no tiene nada que ver con el yo del hombre. En el cuerpo físico tenemos el instrumento para el yo humano. Sabemos que el cuerpo humano es una organización muy complicada. En todo lo esencial el yo tiene su instrumento físico en la sangre, el cuerpo astral en el sistema nervioso, el cuerpo etérico en el sistema glandular, el cuerpo físico en los órganos físicos que trabajan de manera puramente mecánica.

Debemos imaginarnos que toda la experiencia interior humana que se desarrolla en el cuerpo astral tiene su expresión material en el sistema nervioso, y todo lo que sucede en el cuerpo etérico encuentra su expresión material en el sistema glandular, el instrumento del cuerpo etérico. Así, el cuerpo físico presenta, por así decirlo, una imagen de las cuatro envolturas del hombre.

Ahora tomemos el cuerpo físico humano, todo lo que este cuerpo físico es como instrumento del yo pensante. Recordemos que el propio yo sigue siendo el mismo de encarnación en encarnación, pero que el cuerpo físico, instrumento del yo se construye de nuevo en cada encarnación.  El hombre tiene una ventaja sobre todo el reino animal al poseer una organización material más fina, es decir, una organización material que se manifiesta como la inteligencia humana real. Y esto ocurre por el hecho de que durante largos períodos de tiempo el yo ha aprendido paulatinamente —aunque inconscientemente— a trabajar sobre el cuerpo astral.

Sabemos que el cuerpo astral humano se compone de dos partes: una en la que hasta ahora no ha trabajado y que recibe del cosmos, y otra parte en la que ya ha trabajado. Estas dos partes están en cierto modo desarrolladas en todo el mundo. En el sistema nervioso superior, sobre todo en el cerebro que se construye de nuevo con cada nueva encarnación, tenemos la expresión material de la labor realizada por el yo del hombre sobre su cuerpo astral. Así, el hombre tiene un cerebro mucho más desarrollado que el animal ya que la parte frontal del cerebro es la manifestación del cuerpo astral trabajado por el yo. Sin embargo el cuerpo astral tiene su expresión externa en el sistema nervioso también.

Podemos fácilmente darnos cuenta de que en el momento en que algún miembro de nuestro organismo se eleva a una etapa más evolucionada, a su vez existe una alteración en el organismo restante. El resto del organismo experimenta un cambio. ¿Por qué no camina el hombre con cuatro patas?. ¿Por qué ha transformado sus extremidades superiores en instrumentos de trabajo?. ¡Porque en su desarrollo terrenal ha trabajado sobre su cuerpo astral!. Pero perfeccionar el desarrollo del cerebro implica perfeccionar el instrumento etérico. Lo exterior es siempre una manifestación real de lo interior. Todo lo que vemos en un estado físico en nuestra fase actual de la evolución es el resultado, de hecho un resultado específico de la evolución espiritual. Ahora comprenderéis que toda materia, toda forma, es el resultado de una actividad interior.

Existen por ejemplo, seres como los que acabo de describir que no son capaces de transformar su cuerpo astral porque carecen de una naturaleza espiritual. No poseen un yo que pueda trabajar en su cuerpo astral. Este cuerpo astral con todas sus experiencias anímicas debe llegar a su expresión en una forma física, material. Sin embargo, la forma material de los seres a través de los cuales no existe el resplandor del yo, no puede ser visible en nuestra fase evolutiva. No pueden ser visibles porque se encuentran en un grado inferior a nuestra materia visible. Les ruego que capten claramente lo que se quiere decir con eso.

Si tratamos de describir lo que constituye un cuerpo físico, podemos decir que lo estamos viendo. Uno no puede ver el cuerpo etérico, porque este se encuentra una etapa evolutiva superior al cuerpo físico. Menos aún podemos ver el cuerpo astral puesto que se encuentra en un nivel aún más elevado.

 Pero debajo de la materia física también hay sub-mundos que no podemos ver. De toda la materia sólo una franja o banda es perceptible, la que constituye la materia física, perceptible para el ojo físico. Así como la sustancia continúa evolucionando como base física, etérica y astral, la que va hacia abajo de nuevo se vuelve invisible.

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Y ahora que hemos considerado los diferentes miembros del ser humano podemos ser capaces de establecer los miembros de estos otros seres.

Lo que llamamos seres elementales carecen de un yo, pero han desarrollado un principio por debajo del cuerpo físico. Podemos decir, por lo tanto, que en ellos se han desarrollado los principios 3, 2, 1 y -1.

Pero no sólo hay seres que comienzan en el tercer principio. También tenemos los que comienzan con el 2, luego tenemos 2, 1, -1, -2.

Existen otros seres cuyo principio más elevado es el físico. Han desarrollado 1, -1, -2  y -3.

Pero entonces, ¿si tienen cuerpo físico, por qué no son visibles?

Podemos decir que si los miembros superiores del hombre no estuvieran presentes, el cuerpo físico sería muy diferente. Cuando morimos el cuerpo físico se desintegra en los átomos de la naturaleza. El cuerpo físico como lo conocemos ahora está compenetrado por el cuerpo etérico, el cuerpo astral, y el yo.

Es cierto que los seres que llamamos gnomos y duendes tienen un cuerpo físico, pero no poseen lo que en el hombre llamamos el Yo. Los gnomos tienen el cuerpo físico como su principio más elevado, pero tienen tres principios inferiores al cuerpo físico. Eso hace que sus cuerpos sean mucho menos visibles que el cuerpo físico del hombre. Las fuerzas que se extienden por debajo del plano físico impiden que incluso lo que es físico en ellos sea visible para el ojo normal. Si se quiere que tengan algo que se acerque a la sustancia física sólo puede suceder bajo una gran presión. Entonces su corporeidad que esta muy comprimida explosionan en la forma espantosa que he descrito anteriormente.

 Y cuando desaparece la presión externa, como sucede con las minas, se genera un proceso de disolución mucho más rápido que la disolución del cuerpo humano después de la muerte. De ahí que nunca se puedan ver a pesar de que tienen un cuerpo físico.

Tienen un cuerpo físico sólo para aquel que pueda ver a través de la Tierra. En ese pequeño cuerpo físico hay algo en su estructura y organización que se parece al instrumento humano del pensamiento. Por lo tanto no está injustificado que las personas que retratan gnomos den a sus cabezas una característica especial. Todos estos símbolos tienen su verdadero fundamento en la realidad. Estos seres tienen una especie de inteligencia automática, ya que realmente actúan automáticamente. Es como si uno se imaginara que le han quitado el cerebro. Entonces no podría ser interpenetrado por sus miembros superiores, y tan pronto como se le quita ya no actúa con inteligencia superior. De esta manera tenemos ante nosotros los seres que llamamos gnomos.

Vamos a arrojar más luz sobre los seres que están por debajo del hombre. Pero primero tenemos que formarnos una idea en cuanto al curso de evolución de estos seres. Esta cuestión es, de hecho, con mucho, la más importante, y está conectada no sólo con nuestra evolución pasada, sino también con la futura. Eso es lo esencial. ¿Y cómo se conectan con nuestra evolución futura?.

Para responder a esto hay que tener en cuenta el desarrollo del hombre. Sabemos que el hombre pasa de realización a realización, de encarnación en encarnación; sabemos que con cada nueva encarnación trae con él los frutos de la anterior. Sabemos que el hombre mismo es en realidad un cocreador en cada nueva encarnación, de su forma, así como de sus capacidades y de su destino. Lo que en él obra como destino son los actos que él mismo grabó anteriormente en el mundo. Esos actos regresan de nuevo como su destino. Lo que ha experimentado en sí mismo a través de su vida vuelve a él como talentos y facultades. Así, el hombre colabora en la creación tanto  de su destino externo como de su organización interna.

Ahora nos preguntamos: ¿De dónde viene esto?. ¿Qué es lo que nos hace ir desarrollándonos a etapas más perfectas?. ¿Qué nos hace avanzar a una etapa superior?. Es el producto de todo lo que hemos obtenido a lo largo de nuestras encarnaciones. No vemos a través de nuestros ojos y escuchamos a través de nuestros oídos sin ningún propósito; después de la muerte asimilamos los frutos de una vida y llevamos con nosotros lo que puede ser eficaz, a partir de lo cual podemos construir la fuerza germinal de la próxima encarnación.

Ahora pueden ocurrir varias cosas. El pequeño puntero de la balanza puede pivotar hacia uno u otro lado. La condición ideal sería que el hombre en cada encarnación hiciera un uso exhaustivo de su vida, que no deje nada sin usar, sin pasar por las experiencias que darán sus frutos en la siguiente encarnación, llevando todas sus experiencias con él.

 Esto por lo general nunca sucede. El hombre sobrepasa ya sea a un lado o al otro. O bien usa su organización insuficientemente y ciertas fuerzas permanecen sin usar, lo que le aportara menos en la nueva encarnación de lo que podría haber conseguido, o penetra muy profundamente en su organización y se involucra demasiado estrechamente en su naturaleza corporal. Hay dos tipos de personas. El tipo al que le gustaría vivir enteramente en el espíritu y no descender a su naturaleza corporal; las personas comunes y corrientes les llaman soñadores y visionarios. El otro tipo desciende demasiado profundamente en el cuerpo. No llevan de la encarnación lo que debe ser extraído, porque les resulta simpático y agradable estar encarnados, no mantienen por sí mismos lo que progresa de encarnación en encarnación, sino que se van hundiendo en lo que sólo debe ser el instrumento para el germen eterno del ser del hombre.

Señalé una vez una leyenda importante de lo que un hombre debe experimentar si desciende demasiado profundamente en la naturaleza temporal, transitoria de la encarnación. Si pensamos en un caso extremo, lo podemos imaginar así: “¿Qué significa lo que tengo que llevar para encarnaciones posteriores?.  Yo vivo en esta encarnación, me gusta, me conviene muy bien. No me preocupo con lo que se supone que debo hacer de ella.” Si este pensamiento se lleva a cabo ¿dónde nos lleva?. Nos conduce a un hombre que se sienta en el borde del camino y cuando ve pasar al Gran Líder que fragua la evolución de la Humanidad él rechaza las ideas del Líder de la Humanidad. Él lo rechaza y piensa: “Yo no sé nada de ti, que te dignes guiar el núcleo de mi ser al futuro donde la humanidad será más perfecta. Yo deseo estar unido con mi forma actual”. Un hombre que ignora a un Líder de la Humanidad tal aparecerá de nuevo en la misma forma. Y si esta actitud se endurece, si persiste en la misma actitud en la siguiente encarnación. Aparecerá una y otra vez con la misma forma.

Imaginemos a los que escuchan al Gran Líder de la Humanidad. Ellos preservan el alma para su vida eterna. La humanidad seguirá hacia adelante, apareciendo en una forma cada vez mas progresada. No obstante, quien rechaza al Líder de la Humanidad volverá a aparecer una y otra vez con la misma forma y en la misma raza. Esa es la leyenda de Ashaver, que rechazo a Cristo, el Líder de la Humanidad. El hombre puede endurecerse o puede desarrollarse a etapas superiores.

Las razas no podrían entrar en decadencia si no hubiera hombres que quieren o se ven obligados a quedarse atrás, ya que no han desarrollado una vida ascendente. Las razas no degenerarían si no existieran almas que no pueden o quieren avanzar hacia formas mejores. Si vemos las razas que se han conservado desde épocas remotas en estado decadente, se debe a que hay almas que no pudieron ascender y se mantienen por inercia en niveles más materiales. Hoy no puedo hablar de toda una serie de posibilidades, en el curso de la evolución terrestre, para que el hombre se adhiera a una raza, para desarrollar lo que es el carácter de una u otra raza. Piensen en la raza Atlante; todas las almas han pasado por ella, pero no todas salieron de ella. Hay dieciséis posibilidades para que alguien se fusione con la raza. Se le llama los “dieciséis caminos de perdición.” En estos caminos el hombre se fusionará con la materia. Al esforzarse en su evolución, sin embargo,  se supera a partir de una raza a otra a etapas cada vez más altas.

Vemos, pues, que en realidad es posible que un hombre pueda actuar en sus sucesivas encarnaciones de tal manera que quede retardado en la evolución. Sus otros hermanos del alma estarán, por tanto, en una etapa más elevada cuando él reaparece en una nueva encarnación. Debe entonces contentarse con una encarnación inferior que se ha fabricado él en una vida decadente. Esto es cierto, cosa que se llevara a cabo de manera positiva. No tiene que asustar a la gente, sin embargo, para la fase actual de la evolución. Nadie está obligado a tomar todas las rutas de dieciséis y por lo tanto quedar retardados de la evolución. Sólo tenemos que ser conscientes de la posibilidad.

Ahora tomemos un caso extremo e imaginemos que un hombre se une también plenamente con lo que ha de constituir el carácter de una encarnación. Supongamos que llega a lo que se ha llegado en dieciséis encarnaciones; él toma los dieciséis falsos caminos. La Tierra no le espera, la Tierra va hacia adelante y este hombre llega finalmente a un punto en que ya no se puede incorporar en un cuerpo humano, ya que no hay ninguno adecuado para su existencia. No habrá más cuerpos para las almas que han crecido demasiado involucradas en su naturaleza corporal. Tales almas pierden la posibilidad de la encarnación y no encuentran otra oportunidad. Piensen lo que han perdido. Es posible, pero sólo en casos excepcionales, que incluso durante el proceso evolutivo de la Tierra estas almas serán incapaces de encarnar porque no hay cuerpos suficientemente malos para acogerlos. Estos hombres han ido tan lejos que ya no tienen la oportunidad de encarnar en el curso normal de la evolución.

Supongamos que tales seres deben permanecer en la Tierra —sólo serán casos individuales—. Y ahora, ya que una vida trae  el fruto de la anterior, entonces no encontraría órganos adecuados para ellos. Son, por así decirlo, demasiado bueno para los cuerpos de un orden subordinado y de los demás órganos están demasiado mal provistos. Por tanto, deben vivir una existencia sin cuerpo. Ellos deben aislarse por completo del progreso de la evolución. ¿Por qué tienen que merecer esto?. Por razón del hecho de que no han hecho uso de la vida! El mundo está a su alrededor;  han poseído sentidos para percibir el mundo, para enriquecer el alma y moldearla a una etapa superior. Ellos no avanzaron con la evolución del mundo, se quedaron rezagados en una determinada etapa. Estos seres que se quedan en tales etapas aparecen en una época posterior con las mismas características que la época anterior. Ellos crecen junto con ella, pero no en las formas de la época posterior. Aparecen en una época posterior como subordinados espíritus de la naturaleza. De hecho, la raza humana proporcionará un número entero de esos nuevos espíritus de la naturaleza en la segunda mitad de la evolución de Júpiter, porque en la fase de Júpiter, el hombre habrá completado totalmente el quinto principio (Manas). Pero aquellos que no han aprovechado la oportunidad en la Tierra de desarrollar el quinto principio no podrán encarnar. Aparecerán como espíritus de la naturaleza con cuatro principios, siendo el cuarto el más alto. Mientras que el hombre que ha evolucionado normalmente tendrá los principios 5, 4, 3, 2 en la fase de Júpiter, estos hombres tendrán 4, 3, 2, 1. Este es el destino de aquellos que no han desarrollado gradualmente sus principios superiores. Se convierten en espíritus de la naturaleza, por así decirlo, de los períodos evolutivos futuros, trabajando de manera invisible. Justo lo mismo ocurrió en el caso de nuestros actuales espíritus de la naturaleza en los períodos anteriores de la evolución, excepto en la medida en que hay, por supuesto, los cambios continuos de acuerdo con el carácter de los diferentes períodos. Ahora todo ha sido calificado, por decirlo así, de acuerdo con la responsabilidad moral, y porque esto es así, los espíritus de la naturaleza que se derivan de la raza humana tendrán una cierta moralidad. En el Nuevo-Júpiter habrá espíritus de la naturaleza que tendrán responsabilidad moral.

Vamos a recordar lo que he dicho en cuanto a la diferencia del Nuevo Júpiter de nuestra Tierra. Hemos descrito la naturaleza de la Tierra como la del planeta del Amor, en contraste con la naturaleza de la Antigua Luna, el planeta de la Sabiduría. Y así como el amor esta evolucionado en la Tierra también lo hizo la sabiduría que encontramos a nuestro alrededor en la Antigua Luna. El amor en su forma más baja se originó en la Antigua Lemuria y ha ido evolucionando a etapas cada vez más elevadas hasta alcanzar la más alta forma espiritual. Cuando en el futuro, el planeta Tierra aparezca como Nuevo Júpiter, sus habitantes dirigirán su mirada hacia el amor de la misma manera que los hombres en la Tierra hacen con la sabiduría. Observamos el hueso del muslo en el que se teje la sabiduría; toda la tierra está en cierto sentido cristalizada de una sabiduría, que se desarrollo paulatinamente en la Antigua Luna. La sabiduría se formo gradualmente al igual que se va desarrollando el amor en la Tierra. Y así como nos preguntamos por la sabiduría en todo lo que nos rodea, los humanos habitantes de  Nuevo Júpiter sentirán el amor fluyendo por todas las partes. Este amor fluirá ante todos los seres y les hablara como en la Tierra nos habla la sabiduría que se fue desarrollando a través de la Antigua Luna.

Como podemos ver el cosmos evoluciona hacia adelante de etapa en etapa. La Tierra es el cosmos del amor, y cada estado tiene su tarea especial. Así como la sabiduría prevalece en nuestra Tierra, será el amor el que prevalecerá en todo Júpiter.

Y a medida que las fuerzas destructivas de la sabiduría están originadas de esos seres que se quedaron rezagados en la Antigua Luna, aparecerán en Júpiter las fuerzas destructivas del Amor de los seres que se han quedado atrás. En medio del tapiz general de la existencia del Nuevo Júpiter se establecerán las formas horribles de los seres rezagados ​​con las demandas egoístas de amor y operaran como fuertes poderes devastadores en la existencia de Júpiter. La estancia  de los seres humanos en encarnaciones individuales creara los destructivos poderes de la naturaleza en Júpiter. Así vemos cómo el mundo se teje, tanto de elementos nocivos, como benéficos;  en el proceso del mundo tenemos un elemento moral.

La siguiente tabla muestra todas las formas de espíritus de la naturaleza:

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Así, los gnomos tienen 3 principios por debajo y 1 arriba, las ondinas tienen 2 principios abajo y 2 arriba, los sílfos tienen 1 por debajo y 3 arriba. Todos ellos son seres rezagados ​​que atraviesan la figura y la forma de la tierra como seres elementales. No han sido capaces de alcanzar el espíritu; consisten puramente de cuerpo y alma. Gnomos, ondinas y sílfides son seres con estos dos miembros.

  Todos los espíritus de la naturaleza, estructurados de modo que tengan un miembro en común con el hombre y tres por debajo de él, lo llamamos “Gnomos”, las “Ondinas” tienen dos miembros del hombre y dos por debajo de él, los “Silfos” tienen tres miembros del hombre y uno por debajo. Todos ellos son seres que han quedado rezagados en épocas planetarias anteriores, no han llegado al nivel del “espíritu” que hoy el hombre está desarrollando y han quedado a un nivel “infraespiritual”, constando solo de cuerpo y alma. ¿Qué pasa con las Salamandras?. ¿De dónde proceden?.

Preguntémonos de donde vienen realmente las Salamandras. En realidad ellas son un cuarto tipo. Si se preguntan —sólo puedo indicar esto como conclusión— de dónde vienen estas tres clases, gnomos, sílfides, ondinas, sólo puedo responder que son seres que han quedado atrás. Pero las salamandras en cierta manera son humanas, ya que han desarrollado parcialmente el cuarto principio. Sin embargo no están lo suficientemente avanzadas, para poder asumir forma humana. ¿De dónde viene esta cuarta especie?. Voy a explicar esto como conclusión. Cuando entiendan esto serán capaces de entender muchos de los secretos de la naturaleza circundante.

Si seguimos al hombre en su evolución llegamos a formas más y más espirituales. El hombre ha progresado poco a poco en la existencia física. Sabemos que las diferentes especies de animales han sido expulsadas ​​poco a poco, por así decirlo, como los hermanos retrasados del avance de la evolución humana. El hombre logró tal grado de desarrollo por ser el último de todos en adoptar una forma física. Las otras criaturas animales están en una etapa retrasada porque no fueron capaces de esperar, y se quedaron atrapados en los órganos terrenales y organización física anteriores.

Los animales tienen almas grupo que existen en el mundo astral, si bien extienden su actividad hacia el mundo físico. La Sabiduría producto de la Antigua Luna, la vemos muy bien distribuida en las formas animales por medio de las almas grupo. El hombre no solo ha de adjudicarse la sabiduría si desarrolla su cultura, la sabiduría se muestra con más fuerza en toda la Naturaleza. Cualquier sabiduría humana no esta solamente en el hombre, sino que está presente de una manera mucho más completa en nuestro planeta Tierra. Aquel que da mucha importancia a la humanidad puede decir: “Qué progresos ha hecho la humanidad a nivel de sabiduría!. Los inventos recientes por ejemplo, son un testimonio de ello”. Piensen en sus días de escuela y los principales descubrimientos que se les dijo entonces. Tal vez puedan recordar el descubrimiento del papel. La sabiduría humana llegó a la etapa de la invención de papel. Sin duda fue un logro de la sabiduría humana. Pero la avispa lo sabía mucho antes todavía! Todos ustedes saben que los nidos de avispas están hechos de la misma sustancia que el papel hecho por el hombre. Podríamos ir a través de toda la naturaleza y encontraremos una sabiduría que gobierna en todas partes. Mucho antes que el hombre el espíritu de las avispas descubrió el papel! La avispa individual no lo hace, es el Yo del  grupo.

Vemos, pues, que lo que constituye la sabiduría humana esta entretejida e impresionada en toda la Tierra. Pero la relación del animal con su alma grupal es sólo parcial para lo que realmente debe ser desde el punto de vista cósmico  —si se me permite decirlo. ¿Cuál es esta relación del alma grupo con el animal?.

Tomemos el alma grupal de una especie de insectos. Cuando un insecto muere,  para el alma grupal es exactamente lo mismo que si se cae un cabello y otro crece. Las formas animales que entran en la naturaleza son sólo creaciones frescas del alma grupal. Puedes seguir las clases de animales y en todas partes se encuentra que lo que está en el plano físico tiene la misma acción como una nube que se forma y se disuelve. El espíritu de grupo se metamorfosea y sus miembros físicos simplemente se renuevan. Eso sucede sin embargo hasta un determinado momento, después algo más tiene lugar en el reino animal. Esto es muy importante sobre todo cuando se llega a los llamados animales superiores. Precisamente allí ocurre algo que ya no parece encajar con lo que he estado describiendo.

Tomemos como caso notable los simios. El mono, por ejemplo, lleva demasiado del alma grupal a su propia existencia individual. Mientras que en el animal toda la forma física se remonta al alma del grupo, el mono mantiene algo en la organización física que no se puede volver atrás. Lo que en el mono se desprende del espíritu de grupo ya no puede volver. En el caso del hombre, tiene el yo que va de encarnación en encarnación y es capaz de desarrollarse y llegar a diferentes etapas. Pero en este caso no hay ninguna posibilidad de volver al espíritu de grupo. El mono tiene algo que es similar al yo humano.

Toda una serie de animales atrae demasiado fuera del alma grupal, otros de nuevo trazan algo fuera de otra manera. Y esto sigue estando en nuestra evolución y trabaja como la cuarta clase de espíritus elementales. Ellos se separan de las almas grupo, y su alma individual no puede regresar, debido a que han llevado su desarrollo más allá del limite normal. De innumerables animales, tales seres en que el yo queda rezagado. Se llaman salamandras. Esa es la forma más elevada, ya que tienen un yo similar.

Con estas observaciones os he introducido a la naturaleza de una serie de seres que vamos a aprender a conocer más exactamente, para hoy sólo hemos aprendido la clase de existencia y las conexiones. Pues trabajan de una manera determinada en nuestro mundo. La clasificación de hecho se puede dar, pero poco; con el transcurso del tiempo, sin embargo, hemos de llegar así a su descripción.

Estos seres-salamandra se producen incluso en la actualidad de una manera extraña, en seres humanos de naturaleza inferior que, sin embargo, al encarnar de nuevo, dejan atrás una parte de su naturaleza inferior. Hay hombres así. Ningún ser humano, hoy en día, por supuesto, puede ser tan malo como para  quedar completamente fuera de la evolución, pero puede dejar parte de su naturaleza detrás. Esta se convierte entonces en un elemento especialmente nocivo para nuestra evolución  —estas naturalezas humanas parcialmente independientes que han permanecido como una especie de espíritu y permean nuestra existencia. Gran parte de lo que interpenetra nuestro espacio espiritual y de los cuales no tenemos la menor idea se manifiestan muy bien en los fenómenos externos. Muchas cosas nocivas en la civilización que hoy parecen naturales sólo se explicarán cuando los hombres sepan con qué molestar, retardando los esfuerzos que tienen que hacer. Los efectos serán evidentes en muchos fenómenos decadentes de nuestra civilización. Es sólo porque está previsto por los que saben cómo leer los signos de los tiempos, que el Movimiento Antroposófico ha venido a la existencia. Quien está en el mundo sin este conocimiento tiene que soportar que las cosas trabajen sobre él. El que tiene entendimiento, sin embargo, estará en condiciones de liberar al hombre de las influencias perturbadoras de estos seres.

Si reflexionamos sobre esto por el camino correcto veremos la naturaleza de espiritualidad y sanación profunda del Movimiento Antroposófico. Su objetivo es liberar al hombre de las fuerzas que quieren retenerlo. Debemos evitar caer completamente en la decadencia si estamos dispuestos a ocuparnos del conocimiento de estas cosas. Vamos a experimentar todo tipo de fenómenos culturales en un futuro próximo. Encontraremos que dentro de ellos se verá a esas personas que llaman a las cosas por su nombre como soñadores. El mundo ha llegado a un terreno de juego donde los que conocen la realidad son llamados soñadores y visionarios, mientras que los visionarios verdaderos son aquellos que desean aferrarse sólo a lo externo. El progreso de la civilización descansa sobre el hombre que penetra con el conocimiento en el carácter de los poderes hostiles. El conocimiento, cuando se entiende en el sentido expresado a menudo aquí, es algo que va a llevar la corriente espiritual antroposófica a la verdadera realización. Es la respuesta que hemos aprendido en el esoterismo cristiano, y que el Líder de la vida cristiana proclama a sus seguidores: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” El conocimiento de la verdad y de la realidad puede hacer al hombre completamente libre y enteramente humano.

Traducido por Gracia Muñoz, en Julio de 2017.