GA107. Las Cuatro Almas Grupo humanas (León, Toro, Águila, Hombre)

Rudolf Steiner. Berlín 29 de Octubre de 1908

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Hoy consideraremos desde otro punto de vista algunas cosas ya conocidas. Pues las cuestiones teosóficas, sólo podremos penetrarlas plenamente cuando las iluminamos desde diferentes aspectos. Y dentro de la corriente teosófica aquí en nuestras regiones centroeuropeas, se discuten cosas que se extraen de investigaciones ocultas muy avanzadas, y que pueden ser fácilmente incomprendidas. Por otro lado tampoco podremos avanzar si no nos aventuramos a hablar de una vez por todas de tales cosas con toda claridad. Si repasamos la evolución humana, a través de las diferentes épocas de la era post-atlante hasta la Atlántida, y luego retrocedemos a períodos más antiguos, incluso de la Atlántida y volvemos la mirada espiritual sobre los acontecimientos de ese tiempo, encontraremos formas muy diferentes de la humanidad.

En el último tercio de la época atlante, el cuerpo etérico estaba todavía, en cierta medida, fuera del cuerpo físico. La cabeza del cuerpo etérico aún no estaba unida con las fuerzas del cuerpo físico, que son las fuerzas del Yo, de la autoconciencia. Si observamos el proceso que está detrás de esto, podemos decir: la evolución progresiva consiste en que la cabeza etérica que estaba ampliamente extendida se sumerge en la cabeza física. Si hoy miramos un caballo, la cabeza etérica del caballo se extiende más allá de la cabeza física. Ya les he hablado de la gigantesca organización que forman las partes etéreas del elefante, que se extienden mucho, mucho más allá del cuerpo físico, —casi del tamaño de una casa, por así decirlo. Así era también con el hombre en la era atlante, el cuerpo etérico estaba todavía fuera, y poco a poco fue introduciéndose más y más en lo fisico. Esta entrada de un miembro más enrarecido en uno más denso produce, al mismo tiempo, una densificación de lo que es físico. Por lo tanto la cabeza física del hombre antes del último tercio de la era atlante era muy diferente de lo que se hizo más tarde. Y si volvemos aún más atrás a los últimos tiempos lemurianos, entonces se vería muy poco de la cabeza física. Existía, pero de una materia muy suave y transparente. Sólo a través de la gradual entrada de la cabeza etérica, a través de la asimilación gradual de las sustancias, las partes de la cabeza se fueron densificando y separándose de su entorno. Incluso en la posterior Atlántida el hombre todavía estaba dotado, en un grado extraordinario, de lo que se hoy retenido, —pero ya como un estado patológico— como agua en el cerebro, como un cerebro acuoso. Además de esto tenemos que pensar en un ablandamiento de los huesos, un completo ablandamiento de los miembros superiores del hombre. Eso suena terrible para el hombre moderno. Lo que hoy forma la cabeza humana y la rodea se endurece de esta sustancia acuosa. La comparación que a veces doy no es del todo inepta: la cristalización de la sal, de una solución salina en un vaso. Esta cristalización de una solución en sal acuosa da una idea bastante correcta. Lo que sucedió en un tiempo posterior con respecto a la cabeza, ya había ocurrido con el resto del hombre en una etapa mucho más temprana.

Todos los demás miembros se desarrollaron gradualmente a partir de una masa suave, de modo que podemos decir: ¿Dónde estaba entonces el Yo humano, en realidad? ¿Dónde estaba el Yo actual? En ese tiempo realmente no estaba dentro del hombre, sino en su entorno. Podemos decir: los miembros superiores del hombre se endurecen por la entrada de los Yoes. Debido a que el Yo estaba fuera el hombre estaba dotado de una cualidad que más tarde se transformo. Por el hecho de penetrar en el cuerpo físico, el Yo fue capaz de convertirse en un yo individual, mientras que antes era una especie de alma grupal.

Aquí voy a dar una imagen de todo este asunto. Imagínense un círculo de doce hombres sentados en alguna parte. Estos doce hombres están sentados en un círculo. A través de la evolución actual, cada uno de estos hombres tiene su yo dentro de sí mismo. Así, podemos imaginar doce yoes que están sentados en un círculo. Consideremos este círculo de hombres en la época atlante; entonces los cuerpos físicos siguen sentados así alrededor, pero el Yo está ubicado en el cuerpo etérico que está fuera. El Yo se encuentra así sobre a cada uno. Este yo, sin embargo, tiene otra característica, no esta tan centralizado. Desarrolla, por decirlo así, sus fuerzas y se une con los yoes de los otros hombres formando una especie de anillo que concentra sus fuerzas hacia un centro. Así tenemos aquí un cuerpo etérico circular que forma una unidad en sí misma, y dentro de ella, los yoes. Así, hay un círculo de cuerpos físicos, y dentro de la superficie circular etérica se forma una unidad de yoes que están atrapados en ella y se forma un solo Yo. A través de esta imagen podemos hacernos una idea pictórica de lo que es el alma grupo.

Si retrocedemos en el tiempo podemos mantener esta imagen, pero no debemos imaginarnos un círculo tan regulado de hombres; estos seres humanos pueden estar dispersos por el mundo de la manera más diversa. Imaginémonos a uno en el oeste de Francia, otro en el este de América, etc., —es decir, no están sentados juntos—. Cuando las leyes del mundo espiritual están en cuestión, los yoes pueden estar conectados, aunque los seres humanos estén dispersos por el mundo. Estos seres humanos forman, entonces, una “ronda”. Lo que se forma a través del flujo de sus yoes no es de hecho un cuerpo etérico perfectamente formado, pero es una Unidad. Así, en ese tiempo existían grupos de personas que se unificaron porque sus yoes formaron una unidad —y de hecho, hubo en realidad cuatro grupos unificados por sus yoes. Deben imaginar a estos seres humanos de acuerdo con las leyes del mundo espiritual. Las almas grupales de los cuatro grupos pasaron de una a otra. No estaban íntimamente unidas, sino que se unían una a otra. A estas cuatro almas grupales se les denomina con los nombres de las bestias apocalípticas: Toro, Águila, León y Hombre. El Hombre, sin embargo, estaba en una etapa evolutiva diferente a la del hombre actual. Los nombres que se dieron a esta organización de las almas grupales. ¿Por qué se les denomino así? Hoy quisiera aclarar esto desde otro aspecto.

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Coloquémonos tan vívidamente como sea posible en los primeros tiempos de la vida lemuriana. Las almas que hoy están encarnadas en cuerpos humanos no habían descendido todavía hasta los cuerpos físicos. Todavía no tenían la tendencia a unirse a la materia física. Incluso los cuerpos que más tarde se convertirían en cuerpos humanos eran muy, muy animales. Los seres espirituales más grotescos estaban en la Tierra, lo que incluso parecería grotesco en comparación con lo que hoy llamamos a las criaturas más grotescas actuales. Todo estaba en una forma suave y resbaladiza —hirviente, acuosa, o ardiente— tanto los seres humanos como el medio ambiente. Entre estas formas grotescas ya estaban, por supuesto, los antepasados de los cuerpos físicos humanos, pero éstos aún no estaban tomados por los yoes. Los cuatro grupos, que ya hemos caracterizado como almas grupales antes de la entrada del espíritu en la organización física, representaban en realidad a cuatro grupos de yoes que esperaban para encarnar, tales yoes se adaptaron a formas muy especiales que estaban allí abajo. Una categoría se adaptó para entrar en las organizaciones ya existentes físicamente, en formas bastante definidas, otra categoría se adapto a otra. Las formas que estaban abajo, de cierta manera se correspondían en su formación, a los tipos de yoes que esperaban. Existían formas que estaban especialmente adaptadas para recibir los yoes León, otros los yoes Toro, etc. Esto fue en una época muy temprana de la evolución de la Tierra. Ahora consideremos que el alma grupal que hemos denominado Toro entra en formas bastante definidas que están allí abajo. Con un aspecto muy definido. Del mismo modo, el alma León fue atraída por otras formas especiales.

Así, lo que es físico en la Tierra se nos muestra en una imagen cuadruple. Un grupo desarrolla especialmente los órganos cuyas funciones coinciden más con las del corazón. Estaban organizados unilateralmente en la naturaleza del corazón; en ellos había un elemento especialmente agresivo, valiente y atacante. Eran valientes, autoafirmativos, buscados para vencer a los otros, eran ya como conquistadores, nacidos como naturalezas conquistadoras incluso en su forma. Eran aquellos en quienes el corazón, el asiento del Yo, se había hecho fuerte. En otros se desarrollaron especialmente los órganos de la digestión, de la nutrición, de la procreación. En el tercer grupo, fueron especialmente los órganos del movimiento. En el cuarto grupo, estas tendencias fueron compartidas por igual  —tanto la valentía, la agresividad como la tranquilidad que deviene a través del desarrollo de los órganos digestivos. Ambos se fueron desarrollando. El grupo en el que la cualidad agresiva perteneciente a la organización del corazón se desarrolló especialmente, formó a los seres humanos cuya alma grupal pertenecía al León. El segundo grupo al del Toro. El tercer grupo, con el elemento móvil que no deseaba conocer gran parte de la Tierra, pertenece al alma grupal del Águila. Ellos son los que pueden elevarse por encima de lo que es terrenal. Y aquellos en los que todos estos elementos estaban en equilibrio pertenecían al alma grupal “Hombre”. Así tenemos, en la debida forma, la proyección de las cuatro almas grupales en lo físico. En ese momento se habría ofrecido al observador un espectáculo bastante peculiar.

Uno habría encontrado una especie de raza, de la cual alguien con un don profético podría haber dicho: Son seres físicos que recuerdan un poco al león, que reproducen el carácter del león, aunque parezca diferente del león actual. Eran personas de corazón de león, gérmenes humanos agresivos. De nuevo había un grupo de Toros como todo un pueblo, todo adaptado al plano físico. Ustedes puede completar fácilmente la tercera y cuarta razas. La tercera raza ya era muy visionaria. Mientras que la primera era combativa y la segunda cultivaba todo lo relacionado con el plano físico y lo hacía funcionar y también se  encontraba el tercer alma grupo de personas que eran muy visionarias. Por regla general, tenían algo que, en relación con los otros cuerpos, estaba desordenado. Les habrían recordado a personas que tienen mucho psiquismo y creen en visiones, y por el hecho de no preocuparse mucho por lo físico, tienen algo seco, algo atrofiado comparado con la abundante fuerza de los otros dos grupos. Les habría recordado a la naturaleza de las aves. “Retendré mi Espíritu”, esa era la tendencia de los hombres del Águila. Los demás tenían algo que, por así decirlo, estaba mezclado de los otros tres grupos. A esto voy a agregar algo más.

Si volvemos tan atrás como para encontrarnos con estas condiciones en la Tierra, debemos tener en cuenta que todo lo que sucedió en el curso de la evolución de la Tierra, ocurrió de tal manera que los asuntos terrestres estaban regulados desde fuera del mundo espiritual. Fue todo un desvío para llegar al hombre de hoy. Aquel que hubiera podido ver más profundamente estas cosas, podría haber hecho la experiencia de que estas naturalezas de león (que recordaban lo que vemos hoy de otra manera en el cuerpo del león) desarrollaron una fuerza atractiva especial para las formas masculinas de los cuerpos etéricos. Estos se sintieron especialmente atraídos por los hombres León, de modo que estos seres que tenían exteriormente un cuerpo de león —estaban, sin embargo revestidos interiormente por un cuerpo etérico masculino. Tenían un poderoso ser etérico con un carácter masculino, y una pequeña parte de este ser etérico se densificó en el cuerpo físico del León. La raza del Toro, sin embargo, tenía una fuerza de atracción especial por el cuerpo etérico femenino. Así, el cuerpo del Toro tenía la fuerza especial de atraer al cuerpo etérico femenino y unirse con él. Y ahora vamos a avanzar más: los cuerpos etéricos continúan trabajando, penetrando y transformándose continuamente. La relación de los hombres parecidos a los leones y a los toros era especialmente importante en los tiempos antiguos. Los otros dos estaban menos considerados. Los cuerpos etéricos masculinos que cristalizaban un cuerpo físico de león desde fuera tenían el poder de fructificar el cuerpo físico del león mismo, de modo que la procreación de la humanidad estaba especialmente cuidada por la raza del león. Era una especie de fructificación fuera de lo espiritual, una procreación no sexual. La raza del Toro, sin embargo, también hacia lo mismo. Lo que se había vuelto físico trabajó aquí en el cuerpo etérico femenino. En el transcurso de la evolución, el proceso se fue modelando en modos diferentes.

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Mientras que la naturaleza del León retenía este modo de procreación, donde la fuerza fructificante provenía de arriba, fuera de lo espiritual, y el proceso se intensificaba, el otro proceso se retrotraía cada vez más. La  humanidad Toro devino paulatinamente improductiva. El resultado fue que por un lado había una humanidad que se mantenía por fructificación y por el otro lado,  la otra mitad se hacía cada vez más infructuosa. El uno se convirtió en el sexo hembra el otro en el macho. La naturaleza física femenina actual tiene de hecho un cuerpo etérico masculino, mientras que el cuerpo etérico del hombre es femenino. El cuerpo físico de la mujer procede de la naturaleza del León, mientras que el cuerpo físico del Toro es el antepasado del cuerpo masculino.

Lo espiritual en el hombre tiene un origen común, es neutral, y entró por primera vez en el cuerpo físico cuando los sexos ya se habían diferenciado. Sólo entonces el espíritu se apoderó de lo físico y la cabeza se endureció. El cuerpo etérico de la cabeza se unió por primera vez con el cuerpo físico; le era indiferente si se unía a un cuerpo masculino o femenino, ya que para él ambos sexos eran iguales.

Debemos decir que la mujer, siempre y cuando desviemos la mirada de lo que en general trasciende esta diferenciación, tiene, a través de su evolución, algo de león en su naturaleza. Uno seguramente encontrará este valor oculto. La mujer puede desarrollar el valor interior; p.ej. en la guerra, en el cuidado de los enfermos, en el trabajo al servicio de la humanidad. El cuerpo físico masculino tiene lo que en el verdadero sentido podemos llamar la naturaleza Toro. Esto está relacionado con el hecho de que el hombre, tal como está organizado, ejerce su actividad basándose en la creación física. Estas cosas consideradas ocultas, se nos revelan precisamente así, aunque parezca extraordinario. Pueden ver cómo estas Almas Grupo han trabajado juntas. Trabajan de tal manera que las almas grupos de Leones y Toros colaboran en su trabajo. Estos seres divinos cooperan y en el hombre de hoy, está oculto el trabajo de las diferentes alma -grupo divinas.

Estas imágenes que he esbozado aquí ante vosotros, ciertamente tendrán su efecto. Si seguimos a la humanidad atrás en el tiempo, hasta el momento en que aún no era posible la procreación, debemos decir: El cuerpo físico de la hembra se va transformando en algo parecido a un León, mientras que el cuerpo macho es como un Toro. Sin embargo tales cosas si las entendemos bien, deben tomarse en un sentido sagrado y con seriedad. Sería fácil para aquellos que han estudiado la anatomía humana, deducir las diferencias anatómicas entre los cuerpos físicos del hombre y la mujer de estas naturalezas del león y del toro. La ciencia física será completamente infructuosa y sólo describirá hechos externos mientras no penetre en el espíritu de estos hechos.

Ahora ya no les parecerá tan extraño entender que existió una raza de seres que tenían un cuerpo parecido a un león. Éstos tomaron la naturaleza del Yo, y con esto la naturaleza del león fue transformándose más y más en el cuerpo femenino. Los que no recibieron nada de este elemento espiritual se transformaron de manera diferente; es decir, en el león actual y todo lo que está relacionado con él.

En otro momento acordaremos la razón de por qué estos animales también son bisexuales. Aquellos que no compartieron ninguna espiritualidad formaron el león actual, mientras que los que lo hicieron desarrollaron el cuerpo femenino moderno. Con el transcurso del tiempo muchos, muchos otros aspectos de este asunto podrán ser mostrados. El aprendizaje teosófico no es como el matemático. Primero se demostró, por ejemplo, que existen cuatro almas grupo de las cuales en principio sólo se dan los nombres. Luego se elige un aspecto u otro, y la materia se va iluminando desde el exterior. Y así nos vamos acercando continuamente desde otro lado. Primero vamos a por lo que se presenta, y lo iluminamos desde los más diversos aspectos. Quien quiera comprender esto nunca podrá decir que las cuestiones teosóficas se contradicen entre sí. Este es también el caso, incluso en las cosas que consideramos más elevadas. Las diferencias provienen de los diversos puntos de vista desde los que se observa un asunto. Llevemos con nosotros de esta reunión lo que podríamos llamar tolerancia interior. Que tengamos éxito en nuestra especial corriente teosófica para llevar este espíritu de tolerancia interior al movimiento teosófico. Tomemos eso en nosotros como contenido sentimental y tratemos de trabajar externamente de tal manera que este espíritu de comprensión íntima pueda llegar a ser efectivo.

Traducido del ingles por Gracia Muñoz

 

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5ª CARTA – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco (continuación)

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher.

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Agosto 1944

En las Cartas anteriores hemos desarrollado algunas de las doce constelaciones del Zodiaco en relación con los acontecimientos evolutivos del Antiguo Saturno. Ahora finalizaremos esta imagen describiendo el séptimo gran ciclo de esta existencia planetaria de nuestro universo.

Durante los seis ciclos anteriores se creó un ser consistente en calor, que tiene la apariencia de la vida, de animación, de individualización y que muestra los primeros vestigios de una vida interior. Ahora, en el último y séptimo ciclo, este ser parece haber llegado a una cierta finalización de la gran ronda de la evolución.

Sus acciones son automáticas y acordes con los eventos y actividades que tienen lugar en su entorno. Una vez más, diferentes Seres Espirituales tienen la posibilidad de penetrar con sus fuerzas en estos seres de calor.

Estos son los Espíritus de la Voluntad que ya hemos mencionado en relación con el inicio de la evolución del Antiguo Saturno. En el principio sacrificaron su sustancia-Voluntad, y esta sustancia volitiva se convirtió en la base de las actividades de los otros Seres Espirituales. Esta sustancia se convirtió en el fundamento de la sustancia física de calor creada en el Antiguo Saturno. De hecho, es el origen de todas las sustancias físicas creadas en las etapas posteriores de la creación.

Después de que esta sustancia-Voluntad se transmutara en calor, los Espíritus de la Voluntad fueron capaces de trabajar en estos seres de calor, origen del cuerpo físico humano actual.

De esta forma el inicio de esta gran ronda cósmica de la creación está conectado con su finalización, y, por lo tanto, los acontecimientos revelan el significado interior de toda la existencia del mundo en medio del cual nos encontramos. Durante el último ciclo del Antiguo Saturno, los Espíritus de la Voluntad crean, dentro de estos cuerpos de calor, las capacidades que incluso actualmente el ser humano no puede desarrollar conscientemente, ya que están dormidas y tendrán que esperar a un futuro lejano de la evolución cósmica. Para describir esto, tenemos que empezar desde el otro extremo.

Hemos descrito esta fase de la evolución en las cartas 3ª y 4ª, tal y como podemos leerlas en relación con las constelaciones de Aries, Tauro, Géminis, Sagitario, Capricornio y Acuario, con Cáncer y Leo en el trasfondo. Encontramos además sus huellas en la forma humana, en la cabeza o el cerebro, la laringe o los órganos del habla y el sonido, y en la parte superior del brazo, el codo y el antebrazo.

Así llegamos de nuevo al principio del Antiguo Saturno, donde encontramos escrito el sacrificio de los Espíritus de la Voluntad, y ahora nos reencontramos con su actividad en Piscis durante el último ciclo indicado.

En la forma humana, Piscis está representado en las manos. Las manos son una imagen de los dos peces que nadan en el cielo en direcciones opuestas, y que sin embargo, están conectados por una cinta de tenues estrellas.

Con nuestras manos trabajamos en el mundo. Todos los logros del arte, la ciencia, la construcción, así como millones y millones de pequeñas acciones que hacen que sea posible la vida humana en la Tierra, en última instancia, son hechas por las manos. Estas fuerzas han estado y están constantemente fluyendo de la cabeza a las manos.

Si tratamos de imaginar la gran cantidad de trabajo humano de todo tipo que se ha hecho en el pasado y que se hará en el futuro, podemos mirar con admiración y reverencia la mano humana.

Sin embargo, no sabemos cómo es que nuestros pensamientos se realizan mediante nuestras manos o cómo es posible que podamos manejar la sartén o la pala. Eso todavía está oculto a nuestra conciencia diurna. Pero podríamos imaginar una condición futura del ser humano en la que fuésemos conscientes de lo que sucede cuando movemos los brazos, las extremidades y trabajamos con nuestras manos. Incluso podemos imaginar que en algún momento el ser humano será capaz de utilizar las facultades ocultas de las manos para irradiar las fuerzas que hoy sólo se indican por la forma de las manos.

De hecho, encontramos el destino con nuestras manos. Las manos son la parte del organismo con las que constantemente nos confrontamos con el mundo. Enfrentar al mundo con el trabajo de nuestras manos es encontrarnos con el destino. El destino es lo que a la mayoría de los seres humanos se les aparece como algo que se cierne sobre ellos, y que, ajeno a ellos, les lleva por sorpresa, de una dirección a otra. Lo experimentamos como una poderosa voluntad sobrehumana. El poder de la Voluntad.

Así como hemos encontrado la conexión entre las manos y Piscis, y hemos leído tras Piscis los hechos de los Espíritus de la Voluntad, ahora podemos ver tras Piscis, también en nuestras manos, las fuerzas cósmicas de la Voluntad cósmica que llamamos las fuerzas del destino. En la forma en la que hoy experimentamos esa fuerza de Voluntad se oculta el último rastro, a modo de espejo, de las fuerzas de Voluntad de nuestro Antiguo Saturno, tal como se describió anteriormente.

También podemos imaginar que un día, en un futuro muy lejano, seremos capaces de ser uno con las fuerzas de Voluntad que todavía nos son extrañas e incompresibles; y que, con plena consciencia, podremos cumplir con lo que la Voluntad cósmica desea hacer a través nuestro. Entonces seriamos «como Dios». Queremos estar unidos con la Voluntad del Dios-Padre. Esta capacidad, que sólo puede madurar en nosotros en el futuro, se depositó como una semilla espiritual en aquellos seres calóricos de Saturno por la actividad de los Espíritus de Voluntad. Rudolf Steiner lo llama el germen del Yo Espiritual u Hombre Espíritu.

Esto lo podemos encontrar escrito en la constelación de Piscis: la sustancia-Voluntad de los Espíritus de la Voluntad al comienzo de la evolución del mundo, su cristalización en “Tierra” y “destino” que experimentamos más directamente con nuestras manos y el germen de la unión con la Voluntad del Padre de una manera plenamente consciente y activa.

Ahora hemos encontrado la imagen etérea de la humanidad, creada por los dioses y su conexión con el universo estelar. Es una imagen del ser humano superior, la cabeza con el cerebro, la organización del habla y el sonido, y los brazos —bajando hacia las manos. Es también una imagen del destino del mundo y del ser humano (como la Voluntad de las jerarquías cuando se creó el mundo), del pensamiento y del testimonio de los pensamientos de los Dioses en todo lo que nos rodea y su realización en la existencia terrestre hasta que la Voluntad del Padre se despierte y active en la voluntad del ser humano.

Esta imagen etérea de la parte superior del humano es una imagen de nuestro Ser Superior. No entra, en realidad, en el ser corporal, sólo crea una apariencia dentro del cuerpo. En la Edad Media aún se podía vivenciar de esta manera como el ser humano experimentaba débilmente a los seres angélicos en el mundo espiritual; Seres sólo con cabeza, sin cuerpo, y con alas en lugar de brazos. Raphael Santi, por ejemplo, los pintó así en su Madonna Sixtina. Es una imagen de cómo será la voluntad de los seres humanos en el futuro, cuando se hayan adquirido formas más sutiles y etéreas de existencia.

Como se muestra a continuación, hemos logrado una imagen de la relación entre el ser humano, el universo estrellado, y la evolución del mundo:

 

ANTIGUO SATURNO

 

I       Reflejo de la vida                                                                Aries                  Cabeza—Cerebro

II     Reflejo de la animación                                                    Tauro                Habla—Sonido

III   Reflejo de la individualización y la Personalidad     Géminis            Brazos—simetría

IV    Antepasados de los seres humanos                             Sagitario           Parte superior de los brazos

V     Órganos sensoriales primigenio de los Sentidos    Capricornio      Codos

VI    Metabolismo primigenio                                               Acuario              Antebrazos

VII   Voluntad                                                                              Piscis                  Manos

 

La pregunta que surge es: ¿qué ha pasado con las otras cinco constelaciones del Zodiaco: Cáncer, Leo, Virgo, Libra y Escorpio?.

 Como ya hemos visto en relación con la creación de los órganos de los sentidos y del metabolismo primigenio, con la ayuda de los Ángeles y Arcángeles, estas constelaciones son una imagen de la «vida interior», pero, ya que sólo hay una apariencia de vida dentro de esos cuerpos de calor en Antiguo Saturno, las cinco constelaciones de Cáncer a Escorpio siguen estando, por así decirlo, en segundo plano. Están veladas en las nubes de los ciclos de la evolución que siguen al Antiguo Saturno. Se manifestarán más tarde, cuando el ser humano sea capaz de adquirir vida y animación. Debemos imaginar que están «en el trasfondo» de los acontecimientos del Antiguo Saturno, revelando los más altos motivos y las experiencias más íntimas de los Dioses.

En la siguiente descripción de las características de las doce constelaciones del Zodíaco, según la evolución del Antiguo Saturno, debemos, sin embargo, comprometernos a describir estas cinco constelaciones «perdidas» con el fin de que podamos tener una imagen más o menos completa. En las siguientes cartas se darán las explicaciones.

Las constelaciones del zodiaco son la crónica o la memoria de la creación. Las impresiones que se han plasmado en esas esferas del universo todavía trabajan a través de las constelaciones visibles. El destino del mundo se muestra allí, en la forma en que los planetas se mueven ante las constelaciones. El ser humano puede ser testigo de lo que es la expresión externa de la Voluntad del mundo, así al tratar de entender y comprender esa voluntad, o, si no se quiere llegar a ser testigo, se convierten en objeto del significado de la Voluntad, sujetos a las fuerzas del destino.

Tratar de entender y comprender la Voluntad del mundo significa dar un paso en el camino que conduce hacia la libertad. Por lo tanto, será cada vez más necesario escuchar el lenguaje de las estrellas con el fin de escuchar la voluntad del mundo, la Voluntad del Padre, que tiene su expresión visible en los movimientos de los astros. De esta manera no vamos a escuchar nuestro «destino» o nuestro destino inmutable, sino que vamos a escuchar nuestras tareas espirituales en la Tierra. Consecuentemente podemos percibirlas en el ámbito de un pensamiento activo o actividad espiritual. Es el ámbito en el que podemos alcanzar la libertad, o «freehood», en nuestro tiempo actual de civilización.

Trataremos de leer la escritura de las estrellas en la medida en que los planetas van moviéndose a través de las constelaciones del zodiaco. Por supuesto, sólo podemos encontrar indicaciones generales ya que los planetas no siempre tienen la misma «lectura» cuando van pasando delante de las constelaciones. Cada uno de los planetas modifica su carácter dependiendo del carácter y la actividad especial del planeta que está ante una determinada constelación.

Constelación de Aries

Si algo pasa por la constelación de Aries —si uno o varios planetas están en esta constelación—, significa que un nuevo impulso quiere venir al mundo. Se nos recuerda que abramos los ojos a algo nuevo, a una nueva era de la humanidad, nuevos aspectos de la vida, o tal vez nuevos inventos que traerán un cambio a nuestra vida terrenal. Todavía pueden estar ocultos y puede que tengamos que buscarlos, pero podemos tomarlo como un mensaje del mundo espiritual a los seres de la Tierra para que estemos atentos a nuevas condiciones, para hacernos nuevas preguntas y emprender nuevas tareas. Esto, por ejemplo, sucedió en los tiempos anteriores al nacimiento de Cristo, cuando los profetas del pueblo hebreo hablaron de la venida de Cristo. En los siglos VIII-IX AC, cuando el profeta Elías vivió como el gran precursor del acontecimiento de Cristo, el punto vernal estaba en el centro de Aries.

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Constelación de Tauro

Los acontecimientos en Tauro hablan, por así decirlo, de una «animación» cósmica. En su mayoría son un recordatorio de que tenemos que romper las paredes de la tradición y la rutina que podemos haber acumulado en tiempos anteriores. Los nuevos impulsos y aspectos, que pueden haber nacido en el silencio y la soledad humana, pugnan por llevarse a la realidad. Es como si las vocales y consonantes de un nuevo lenguaje, que hasta ahora no se conocían, tienen que ser aprendidas y practicadas en la vida. Si la humanidad o el ser humano no responden a la llamada de Tauro, entonces las fuerzas cósmicas «animaran» la evolución por medio de catástrofes; por ejemplo, la Guerra de los Treinta Años comenzó cuando Saturno estaba en la constelación de Tauro, y finalizó cuando Saturno retornó de nuevo allí. En aquellos tiempos, incluso todavía hoy, la humanidad tenía que hacer una cierta tarea y no lo quiso entender, y el resultado fue la Guerra de los Treinta Años. Acerca de esta tarea especial hablaremos más tarde.

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Constelación de Géminis

Los acontecimientos estelares en Géminis indican que la humanidad debe despertar para tareas y misiones en relación con el desarrollo de las fuerzas del Yo. Cuando Jesús nació ([medianoche] del 24 de diciembre, 1 AC), Saturno estaba en Géminis, y 30 años después, en el momento del Bautismo en el Jordán cuando el «YO SOY» encarnó en el cuerpo de Jesús, Saturno retornó de nuevo a Géminis. Entonces la tarea de la humanidad fue ser testigo de la vida de Cristo en la Tierra. Sólo unos pocos lo hicieron, pero fueron suficientes como para llevar adelante la corriente de la evolución humana.

Justo en estos días (agosto de 1944) Saturno ha entrado de nuevo en la constelación de Géminis. Una vez más la humanidad se enfrenta a la tarea de la percepción del «YO SOY del mundo», a un nivel superior. Esperemos que suficientes seres humanos escuchen la llamada del mundo espiritual.

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Constelación de Cáncer

En las descripciones anteriores hemos visto que Cáncer está conectado con la creación de los órganos de los sentidos dentro de la evolución del Antiguo Saturno. Fue una interacción entre los Espíritus del Amor y los Arcángeles, o en el lenguaje de las estrellas, de Cáncer y Capricornio. Así los eventos en Cáncer están reclamando «la vida en los sentidos». Luego se nos pide que dirijamos nuestra atención hacia lo que podemos percibir con nuestros sentidos en el mundo de la materia. Si podemos hacer esto sin ningún prejuicio, podremos ser capaces de percibir los misterios más profundos del universo. Podremos percibir el misterio de la muerte y del renacimiento en todas las esferas de la vida.

Esto sucedió en el tiempo en el que Cristo vivió en la Tierra. En ese momento, incluso en el momento del Misterio del Gólgota, Saturno estaba en la constelación de Cáncer. Allí, el Reino de los Cielos estaba abierto al mundo de los sentidos humanos, porque Dios estaba presente en un cuerpo físico, visible a los ojos, y la Palabra de Dios se podía escuchar con los oídos —la Deidad podía ser abordada no sólo desde el mundo espiritual. De este modo, con el misterio de la muerte y la resurrección en el Gólgota, pudo ser percibido el rejuvenecimiento de todo el universo por algunos que estaban despiertos. Los que no estaban despiertos en sus sentidos sólo pudieron ver la muerte y la destrucción. Esto sucede si no se escucha la llamada de Cáncer, tal como ocurrió en el caso de la destrucción de Jerusalén (70 dC) cuando Marte estaba en Cáncer.

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Constelación de Leo

Los eventos en Leo piden la apertura del corazón humano hacia el lenguaje del universo. Encontramos a Leo relacionado con el metabolismo primigenio en el Antiguo Saturno, donde los Espíritus de Armonía junto a los Ángeles establecieron la digestión del calor en aquellos seres de calor. Eran como corazones cósmicos a través del cual los Dioses podían percibir las armonías de los mundos.

Hoy en día, Leo sigue actuando de esa manera. Insta al ser humano a que se trasforme en un gran corazón, en una especie de instrumento musical cósmico a través del cual pueda fluir la corriente de la existencia universal y crear una nueva armonía de las esferas. Este es el lenguaje de Leo: que todos los seres existentes quieran ser despertados y renacer en el «órgano de percepción del corazón» humano.

Muchas grandes individualidades en la historia espiritual de la humanidad, cada una a su manera, respondieron a esta llamada con la que se conectaron a Leo por su nacimiento. Entre ellos se encuentran el famoso poeta Novalis, H.P. Blavatsky y Rudolf Steiner. Todos ellos tienen a Saturno en Leo en el momento de su nacimiento.

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Constelación de Virgo

Virgo se encuentra frente a la constelación de Piscis. El sacrificio de la sustancia-volitiva por los Espíritus de la Voluntad, que fue el fundamento de toda la materia física, está conectado con Piscis. Por lo tanto, si nos fijamos en la constelación de Piscis —y más aún en Virgo— entramos en el portal de los misterios de la sustancia y la materia. En la medida que estos misterios no están aún al alcance del ser humano, los acontecimientos en Virgo exigen mucho de los seres humanos. Piden la mayor devoción y amor hacia el mundo espiritual y al mundo de la existencia física. Allí tiene que desarrollarse una actitud interior; por ejemplo, la que tenía Goethe cuando miraba el mundo que se presentaba a los sentidos y que le permitieron experimentar el «Urpflanze» —la protoplanta. Debemos encontrar la actitud correcta, como la que desenvolvemos en la meditación o en los sacramentos religiosos. De este modo podemos encontrar el misterio de la sustancia y la transubstanciación. Los misterios de la transubstanciación, que se llevan a cabo con el funcionamiento de los poderes del destino, pueden revelarse si el ser humano cultiva las capacidades ocultas del alma.

La Última Cena tuvo lugar cuando la Luna estaba en Virgo. Esto no quiere decir que las obras de Cristo dependan de las constelaciones o de las estrellas, pero revela la nueva actitud hacia las estrellas que viene al mundo por medio de Cristo. Hoy todavía estamos lejos de esta actitud; sólo podemos aprender paso a paso.

constelacion-de-virgo

Nuestro universo estrellado se ha convertido en un mecanismo, cuyos movimientos podemos calcular como la estructura y movimientos de una máquina. Sin embargo, cuando Cristo anduvo en la Tierra escribió obras y palabras en los acontecimientos de este universo mecánico de tal manera que los rejuveneció. Así, Cristo dejó impreso en esta posición de la Luna en Virgo, el nuevo misterio de la transubstanciación que fue fundado por Cristo para el bien del futuro de la humanidad. Desde entonces, la Luna puede haber pasado miles de veces por esta Constelación y puede que no haya sucedido nada importante en la familia humana. Sin embargo, el que haya ocurrido una vez puede dar a la humanidad del futuro la posibilidad de llenar esta Constelación con un nuevo contenido espiritual de una voluntad que no será producto de un cálculo sino el resultado de la imaginación moral de las acciones humanas.

En las anteriores descripciones de las constelaciones del Zodíaco, se han mencionado algunos planetas ─Saturno, Marte, Luna─. Esto sólo debe considerarse como ejemplos. El significado y las actividades de los planetas todavía han de ser resueltos en las siguientes Cartas. Hasta el momento, sólo deben tomarse como indicadores, como las manecillas del gran reloj de nuestro universo. Ellos están actuando como mediadores entre el zodíaco y la Tierra.

El carácter de cómo influye el zodiaco se modifica de acuerdo a los diferentes planetas que se encuentran en estas constelaciones. Saturno tiene un poder de modificación muy diferente que, por ejemplo, Marte o la Luna. Pero estas modificaciones aún tenemos que elaborarlas en detalle.