20ª Carta. Nuestra conexión con las estrellas. Un ejemplo: Tycho de Brahe

 

Noviembre de 1945

 

English version

 

Ahora que nuestra descripción de la naturaleza de los planetas ha llegado a su conclusión, comenzaremos con la delineación de algunas natividades históricas [mayormente la de Tycho de Brahe]. A tal propósito nos serviremos preponderantemente del conocimiento que hemos adquirido en las primeras diecinueve Cartas, y también habremos de desarrollar algunos puntos de vista nuevos, en pos de lograr nuestra tarea.

La natividad sobre la que quisiéramos trabajar es la de TYCHO DE BRAHE, el famoso astrónomo dinamarqués; nació el 14 de Diciembre de 1546 [calendario juliano], en Knudstorp, en el condado de Shonen (sur de Suecia) a las 10:00 AM. Descendía de una familia de la nobleza sueca.

Ahora requeriremos trabajar sobre la posición del cielo en ese preciso momento, en relación al lugar de nacimiento y la hora. Esto se hará con la ayuda del conocimiento astronómico sobre los ritmos planetarios, etc. No es para nada una tarea fácil con respecto a la fecha histórica, porque los ritmos planetarios no son tan simples como esperamos que sean; numerosos detalles y los así llamados “disturbios astronómicos”, deberán ser tomados en consideración. Con lo cual no podremos detenernos aquí en los detalles de estos cálculos astronómicos (para las fechas modernas podemos utilizar las tablas modernas como lo son las efemérides, que brindan las posiciones de los planetas y demás detalles).

Al nacer Tycho de Brahe, la constelación de Sagitario había emergido a pleno por el Este, y le continúo Capricornio durante las horas posteriores al nacimiento. Así que las constelaciones de Sagitario, Escorpio, Libra, Virgo, Leo y Cáncer se hallaban por encima del horizonte; desde el lugar de nacimiento se vería al sudoeste. Cáncer estaba emplazado en el Oeste, y Géminis ya se había puesto. En ese momento del día, el Sol se ubicaba al sudeste del cielo. Al producirse su nacimiento en invierno dentro de una latitud norte elevada, el Sol se encontraba muy bajo, justo por encima del horizonte en Sagitario. Detrás de este se ubicaba Mercurio, en conjunción superior, y Saturno por detrás de ambos. La Luna ingresaba justo en la constelación de Virgo, probablemente apenas visible aun, en la parte sudoeste del cielo. Los planetas restantes se hallaban en ese momento por debajo del horizonte este. Júpiter y Venus se ubicaban en la constelación de Capricornio, y Marte en la de Piscis.

En pos de hallar la proporción correcta de la natividad dentro de la complejidad de las conexiones humanas con el universo estelar, debemos considerar ahora un instante, el significado del nacimiento con respecto a la totalidad de la existencia humana. Al momento de nacer, la criatura es separada del organismo materno. Se le deja a sí mismo con la condición particular del cuerpo que ha adquirido hasta ese momento. Todos los procesos creativos que se dieron durante el desarrollo embrionario llegaron a su fin en ese instante, y si bien continuamos observando un crecimiento y un desarrollo luego del nacimiento, esto dependerá en cierto modo de la forma en que se arribo a la limitación rígida en el instante del nacimiento. Así como este momento remarcable en la vida de un ser humano se genera a causa de la separación de la criatura de su madre, también se genera un momento similar cuando el ser humano es separado de su Madre celestial, cuyos rasgos externos se ven grabados en el cielo estelar; antes de nacer, el embrión humano estaba inmerso en el vientre de la Madre celeste, en los movimientos de las estrellas en el cielo, y especialmente en los de la Luna, así como el embrión físico estaba rodeado y protegido por el vientre de la madre física. Al nacer, esta Madre celeste se retira y muestra en un último cuadro fijo, todo lo que ha creado previamente al nacimiento. Esta es la natividad. Consiguientemente, debemos ver en la natividad algo semejante a la marca de cierre del desarrollo prenatal.

Y lo vemos en su proporción real si lo consideramos como una clave de los eventos prenatales. Pero es la clave justa solo si el nacimiento no ha sido forzado a perseguir propósitos egoístas, lo cual es una práctica bastante usual hoy en día; el caso es diferente en donde la vida de la madre o de la criatura se ve en peligro y cuando se hace necesaria la ayuda médica.

c20f1

Si ahora consideramos el cuadro de la natividad de Tycho de Brahe con respecto a la coordinación espacial, entonces tendremos una imagen real del bebe con sus peculiaridades etéreas e inclusive las físicas.

Imaginemos la rotación cotidiana del cielo de Este a Oeste del hemisferio por encima del horizonte; por supuesto que en la región polar es distinto -debajo del horizonte, esta rotación cotidiana va de Oeste a Este. Más aun, imaginemos a un embrión humano deviniendo a la existencia sobre el globo terrestre. La esfera sobre el plano del horizonte, en donde el movimiento se da de Este a Oeste, nos recuerda a la bóveda del cráneo humano. Desde esta esfera provienen aquellas fuerzas concernientes a la formación de la cabeza durante el desarrollo embrionario, justo cuando las estrellas surgen por el Este y tocan -digamos- a la Tierra en su movimiento cotidiano hacia el Oeste, la cabeza es la parte predominante del embrión y a partir de ella se generan en dirección contraria el cuerpo y los miembros. De todos modos, no podemos ver a las estrellas que están por debajo del horizonte; si somos buenos matemáticos, podemos calcular sus posiciones para un determinado momento y situarlas en la dirección en la que deben estar por debajo de la Tierra, así como nuestros miembros apuntan más o menos hacia el centro del globo. En consecuencia, esta esfera está conectada con la creación de los miembros. Entre estas dos esferas, en la dirección del plano del horizonte, debemos buscar a las fuerzas que se manifiestan a sí mismas en la creación del sistema rítmico. Entonces debemos buscar la coordinación del espacio terrestre y celeste que encuentra su expresión en la natividad, la cual brinda la imagen fija del ondular constante de la forma corpórea durante los nueve meses del desarrollo embrionario, llegando hasta el cuadro que hemos dado arriba.

Cuando nace Tycho de Brahe, la constelación de Capricornio se elevaba por el Este; podemos ver esto como un cuadro fijo de aquellas fuerzas que han formado la cabeza de este ser humano durante el estado embrionario; luego, cuando las estrellas  se mueven hacia el Oeste y descienden por debajo del horizonte, indican cómo -desde la cabeza- se fueron formando hacia abajo los sistemas rítmico y metabólico. Así es como llegamos a tener el cuadro del embrión completo. Si a este cuadro le agregamos los movimientos de los planetas durante el desarrollo embrionario, obtendremos una ilustración muy iluminativa de la conexión de Tycho de Brahe con el mundo estelar y de cómo su destino estaba reflejado allí.

Ahora consideraremos los movimientos y gestos de los planetas dentro de este cuadro. Miraremos primero al Sol. Pocos días antes del nacimiento ingreso en la constelación de Sagitario, si bien según su propia orbita, justamente ha ingresado en el signo de la eclíptica de Capricornio (desafortunadamente, estas divisiones de la eclíptica llevan los mismos nombres y símbolos que los del zodiaco de las estrellas fijas; deberían tener nombres diferentes, porque poseen una calidad diferente y se podría evitar mucha confusión. Hemos tratado esta diferenciación entre signos y constelaciones en la 13ª Carta). El Sol en el signo de Capricornio nos da una imagen de la constitución física de Tycho. Como ya hemos señalado en la Carta 13ª,  Capricornio está relacionado con la formación de las rodillas, pero también existe una estrecha relación entre las rodillas y el ojo en el cuerpo humano; si tomamos a la posición del Sol con respecto  a la imagen de este cuerpo humano en el diagrama de arriba, percibiremos rápidamente que este Sol en Capricornio está fuertemente relacionado con su cabeza. Por lo tanto, en este caso la constitución ha de haber estado eminentemente organizada hacia la manifestación de las “fuerza de las rodillas” en la cabeza, que no son otra cosa que los ojos.

Si consideramos ahora el hecho de que Tycho de Brahe fue un astrónomo en la época que el telescopio no había sido inventado aun, y fue -ni más ni menos- el primero en realizar un número considerable de observaciones respecto de las posiciones y particularidades de las estrellas, nos vemos forzados a sacar la conclusión de que fue realmente capaz en un modo extraordinario, de utilizar todo su cuerpo como si fuese un ojo; él ha debido ser capaz de subordinar su organismo completo bajo la acción de sus ojos. Esto requirió una actitud  y una disciplina corporal totalmente diferente a la de nuestros días. Esta extraordinaria capacidad de Tycho de Brahe está indicada por el Sol en el signo de Capricornio, en conjunción con Mercurio y Saturno.

Otro aspecto que podemos considerar de esta posición del Sol, es aquella del “espacio abierto” que hemos descrito en la 15ª Carta. También hemos mencionado a Tycho de Brahe allí, con lo que no hará falta reiterarlo. De todos modos, podemos agregar que el planeta Tierra aparece en el espacio abierto iluminado por Júpiter. De haber podido mirar por sobre la Tierra desde el espacio cósmico, mientras estuvo en esa parte de la eclíptica que no fue tocada por el Sol durante el periodo prenatal de Tycho, hubiéramos observado al planeta Júpiter detrás de la Tierra, en la constelación de Capricornio. Esto indica que en lo profundo del sistema rítmico de Tycho, en su corazón, estaba asentada la búsqueda de ese cáliz del cosmos, dentro del cual debe afluir la substancia espiritual de la Tierra como la Santa Hostia del universo. Estaba tan hondamente anclada en su ser, que pudo volverse realidad solamente en su vida post-mortem, cuando esta gran imaginación ya no estuvo sujeta por las fuerzas de su cuerpo; en el hecho de que Júpiter se hallase por detrás de la Tierra, tenemos a la revelación de que esta Tierra realmente pertenece de un modo secreto al más lejano futuro de nuestro planeta, casi podríamos decir al “futuro Júpiter” de nuestro planeta Tierra, cuando la Tierra se transforme en el nuevo “anfitrión solar”, en el Santo Grial de un nuevo universo. Más adelante diremos más acerca de este Júpiter en esta natividad.

La Luna se ubicaba en la constelación de Virgo al nacer Tycho de Brahe; en la posición del Sol hemos visto  las indicaciones sobre esas fuerzas etéreas universales que construyen el marco físico de un ser humano, entonces en la posición de la Luna podremos experimentar la imagen del “otro lado” del éter cósmico que labora en el organismo y finalmente lo prepara para ser el instrumento de la consciencia,  para el Alma Consciente. Hemos detallado esto en las Cartas 16ª y 17ª. En este caso, la Luna estaba en la parte superior de la Virgen cósmica; aquí tenemos una indicación de que Tycho de Brahe era capaz de ingresar en el reino de los secretos de la creación gracias a las fuerzas de su consciencia. Estas estrellas en Virgo fueron percibidas de distintas maneras en la antigüedad. Una de las maneras era percibir al Padre y Madre cósmicos como unidos en un ser; otra imaginación era la de un gigantesco atelier o laboratorio en donde los poderosos seres jerárquicos dieron los impulsos iniciales de los numerosos pasos evolutivos. Como sea, esta imaginación varía según  las regiones de esta constelación. La imaginación de este misterio de Virgo fue implantado en el ser de Tycho, desde el aspecto de las “fuerzas de la cabeza” que representan la esencia espiritual del mundo estelar.

Debemos recordar que la mujer que es descrita en el capítulo 12º de la revelación de San Juan, lleva una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Es el reino de la manifestación de las jerarquías, a través de las estrellas visibles. Entonces podemos ver cuán profundamente conectado estaba Tycho de Brahe con el mundo estelar; ya desde los 13 años, consideró a la ciencia estelar como la revelación de lo divino.

La Luna al momento de nacer es, desde otro punto de vista, un portal para las fuerzas del Alma Consciente o, podríamos decir, el reino del pensar. En la Carta 14ª, hemos descrito los nodos lunares y sus ritmos (ver diagrama correspondiente); allí también hemos desarrollado el hecho de que los nodos lunares se mueven a través del punto en donde se halla el Sol durante el nacimiento, sea un tiempo antes o después del nacimiento.

Del mismo modo, podemos considerar el hecho de que los nodos lunares se mueven a través del punto en el zodiaco en el que se ubica la Luna en la natividad. Esto también puede ocurrir un tiempo antes o después del nacimiento, sin requerir que coincida con este. Como ya hemos señalado en la Carta XIV, estos nodos lunares son los portales entre las esferas solar y lunar. Si ahora relacionamos estos portales con la Luna de la natividad, entonces ganaremos un cuadro que nos muestre como las fuerzas superiores de la esfera solar despiertan en la esfera de la Luna -o en su reflejo humano- a la actividad del pensar. En otras palabras, tenemos la descripción de la influencia de los pensamientos de los Dioses que habitan en la esfera solar y más allá, en el pensar humano.

Como el pensar de los Dioses emerge en la gente como su propio pensar, a modo de filosofía propia, puede hallarse en la distribución individual de los planetas en el zodiaco en el momento en que esos portales -los nodos lunares- se mueven a través de la posición en que se ubico la Luna en la natividad.

Le debemos este descubrimiento a ciertos indicaciones que Rudolf Steiner dio en su ciclo de conferencias “El pensamiento humano  y el pensamiento cósmico ” (en donde  define estas filosofías y matices); allí habla acerca del hecho de que aparte de la natividad en sí, puede hallarse otra “natividad espiritual” que muestra la filosofía de un ser humano y que puede ser inclusive de mayor importancia que la natividad física.

Investigaciones en conexión a personalidades históricas han conducido a la confirmación del hecho de que esta natividad espiritual, es aquella que surge cuando los nodos lunares se mueven a través de la Luna de la natividad. La pregunta es: ¿Cómo podemos leerle a esta natividad espiritual su filosofía individual?. Esto fue indicado claramente por Rudolf Steiner; describió como podemos distinguir entre los temples hacia las tendencias filosóficas. Estas son:

  • GNOSIS: la más alta forma del temple hacia la concepción filosófica, que brilla como una capacidad supra-pensante en el alma humana. En el cielo estelar, corresponde a Saturno.
  • LOGISMO: la tendencia de comprender al universo por medio del pensamiento lógico, filosófico. Su contraparte cósmica es Júpiter.
  • VOLUNTARISMO: el temple filosófico que se empeña en comprender al universo como el resultado de las actividades de las fuerzas volitivas. En el cosmos se relaciona a Marte.
  • EMPIRISMO: el temple filosófico de aprender la verdad a través de la experiencia sensoria y la experimentación. Su origen cósmico es el Sol.
  • MISTICISMO: el empeño de llegar a la verdad filosófica por medio de la contemplación mística. Esta filosofía corresponde cósmicamente a Venus.
  • TRANSCENDENTALISMO: un temple que toma en cuenta la existencia de un mundo mas allá de los sentidos, a manera de mundo metafísico. Se relaciona a Mercurio.
  • OCULTISMO: considera al mundo “oculto” como al verdadero. Su imagen cósmica es la Luna.

Cada uno de estos siete temples filosóficos puede aparecer bajo doce “matices” diferentes, así como los planetas se mueven a través de doce constelaciones  del zodiaco. Estos doce matices filosóficos son:

  1. IDEALISMO: experimenta al universo sobre el trasfondo de ideas divinas activas; esto se encuentra relacionado con la constelación de Aries.
  2. RACIONALISMO: un matiz que percibe la presencia de ideas en el universo, no como entidades activas sino como conceptos que han sido colocados en los objetos existentes mucho antes y que no pueden seguir evolucionando. Su equivalente cósmico es Tauro.
  3. MATEMATICISMO: el experimentar del universo como la expresión de grandes leyes matemáticas, como si hubiesen sido creadas por un gran matemático. Su reflejo cósmico es Géminis.
  4. MATERIALISMO: considera que el universo consiste solo de materia que puede ser pesada, medida, y contada. Cáncer se relaciona a este concepto del mundo en el cosmos.
  5. SENSUALISMO: comprende al universo como si existiese solamente dentro del campo marcado por el compás de los sentidos. En el zodiaco corresponde a Leo.
  6. FENOMENALISMO: acoge a los “fenómenos” en el universo como las bases esenciales de un aspecto filosófico del mundo. Su contraparte es Virgo.
  7. REALISMO: se esfuerza por lograr el matiz de la comprensión de lo real como cimiento de cualquier tendencia filosófica. Su origen cósmico es Libra.
  8. DINAMISMO: un matiz filosófico que porta el concepto fundamental de los poderes o fuerzas, pero sin ser aun seres espirituales individuales, de cualquiera de las siete tendencias espirituales. Su manifestación cósmica es Escorpio.
  9. MONADISMO: acoge al mundo de seres espirituales individuales (las monadas) que están más allá de los lazos del ser humano. Estas monadas son aun incomprensibles, con lo cual este mundo de seres monádicos es todavía una realidad abstracta. Su manifestación cósmica es Sagitario.
  10. ESPIRITUALISMO: toma al universo como la labor y manifestación de los seres espirituales individuales de un orden jerárquico definido. El carácter y la actitud de estos seres jerárquicos pueden ser distinguidos y reconocidos. Su manifestación cósmica es Capricornio.
  11. PNEUMATISMO: reconoce al espíritu como la base del universo, si bien aun no distingue entre seres espirituales individuales. El espíritu es según esta visión, una unidad mayor o menormente indivisa. Corresponde a Acuario.
  12. PSIQUISMO: un matiz que no reconoce al espíritu como base del universo, pero en cambio, propone algo semejante a un alma del mundo como la esencia de la existencia universal. Está relacionado a Piscis.

concepciones del mundo

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

18ª Carta – La naturaleza del mundo Planetario: Venus

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

 

Septiembre 1945

English version

La esfera del planeta Venus

Un estudio de la naturaleza astronómica de los planetas Venus y Mercurio implica tremendos problemas que aún no han sido resueltos. Vamos a tratar de dar una imagen esquemática de los movimientos de Venus en el marco de la lemniscata Sol-Tierra. Hay que destacar que esta no es la solución definitiva, pero podemos considerarla como una posibilidad, un camino imaginativo, de acuerdo a las indicaciones dadas por Rudolf Steiner. Sin embargo, a pesar de que estas indicaciones dejan abierta la duda, esperemos que un día sea posible demostrar la totalidad de la nueva concepción del sistema planetario de una manera verdadera y completa.

Podemos imaginar que la lemniscata, o mejor el cuerpo-lemniscatorio de la trayectoria de Sol-Tierra, ha llegado a existir a través de dos polaridades en el universo: una actividad radiante del Sol que tiene la tendencia a dejar un “agujero” hacia el centro y la actividad de contracción de la Tierra que tiende a “abombarse”, por así decirlo, en el agujero.

Un día podríamos incluso ser capaces de ver en la oposición de estas dos fuerzas la causa de la forma lemniscatoria en el universo. En el cuerpo humano estas dos fuerzas se manifiestan en la polaridad de las actividades que forman la cabeza y el cuerpo: la cabeza, una contracción, una entidad de mineralización y el cuerpo, una energía radiante y de dispersión. Sin embargo, cada uno penetra al otro. El poder adjudicador también está presente en el cuerpo y del mismo modo la actividad de dispersión funciona en la cabeza, a pesar de que se ve considerablemente obstaculizada en estas regiones. El resultado es la forma de lemniscata, que de múltiples maneras está escrita en la organización humana.

Ahora tenemos que imaginar los planetas Venus y Mercurio como moviéndose en pequeñas lemniscatas, tal vez fijados por sus puntos de cruce sobre la lemniscata Sol-Tierra, pero con la posibilidad de movimiento desde la parte derecha del Sol a la izquierda y también a la inversa. Así encontramos una razón al hecho de que el planeta Venus este a veces  delante del Sol (visto desde la Tierra) y en movimiento en contra de la dirección del movimiento del Sol (es decir, retrograda o realizando un bucle), y en otro momento (unos 10 meses más tarde) estará detrás del Sol o en conjunción superior (ver la posición b en el diagrama).

c18f1

Los planetas Venus y Mercurio están fuertemente relacionados con el Sol; Están íntimamente cercanos, por lo tanto, también participan en la tendencia radiante del Sol. Si nos fijamos ahora en las posiciones A y B en el diagrama, podemos ver al mismo tiempo que tiene que haber una gran diferencia entre la condición de la esfera de Venus durante una conjunción inferior o bucle y una conjunción superior (b). En la posición (a), la esfera radiante de Venus, donde debemos imaginar el planeta y el espacio que penetra hasta la Tierra, se presiona en el espacio que está más o menos lleno de la actividad de contracción de la Tierra. Podemos imaginar que las fuerzas de la esfera de Venus tienen que luchar duro para mantener su posición en contra de las fuerzas de la Tierra.

La actividad radiante de Venus se ve entonces forzada en ese reino del universo que se manifiesta en el ser humano como las facultades organizativas de la cabeza; por lo tanto, las fuerzas de Venus pueden debilitarse en esta posición.

En caso contrario, la conjunción superior indicada por la posición b en el diagrama, las fuerzas de Venus parecen estar más en su propio elemento, en el entorno de radiación de la esfera Solar, por lo que las fuerzas de la esfera de Venus están relativamente fortalecidas en el momento de una conjunción superior. Sin embargo, el universo ha proporcionado un equilibrio para esto. En el artículo, “los acontecimientos en el Cielo” en la carta 13ª, ya se ha señalado que cada bucle o conjunción inferior de Venus esta seguida por una conjunción superior en la misma posición zodiacal cuatro años más tarde. Por lo tanto la influencia de debilitamiento, que está conectada con la conjunción inferior siempre se restablece de nuevo por el fortalecimiento de la conjunción superior en la misma posición. Estos ritmos de Venus, sobre todo el ritmo de cuatro años, pueden en el futuro ser de gran importancia para el trabajo de investigación científica; por ejemplo, en relación con las metamorfosis de los insectos y escarabajos y también en otros ámbitos.

Estructura poligonal de las órbitas de Mercurio y Venus

Ahora tenemos que tratar de crear un conocimiento de la calidad espiritual de las fuerzas que emanan de la esfera de Venus. En las cartas anteriores, hemos desarrollado el tema de que la esfera de la Luna es la esfera de los Ángeles. La esfera que tiene su “centro” en el planeta Venus es el reino de los Arcángeles; por lo tanto, la “biografía” espiritual de los Arcángeles se manifiesta todavía hoy en la influencia de esta esfera, cuyas condiciones siempre cambiantes se indican en los movimientos y gestos del planeta.

Dentro de la evolución del Antiguo Saturno, los Arcángeles estaban en un estado de conciencia que podría compararse con la del reino animal actual. En este estado recibieron la colaboración de los elevados Espíritus del Amor, que sacrificaron sus majestuosas visiones sobre los acontecimientos del Antiguo Saturno. Así juntos crearon los primeros gérmenes etéreos de los órganos de los sentidos en nuestro ancestro humano. Los Arcángeles durante la evolución del Antiguo Sol alcanzaron el estado de conciencia que el ser humano ha adquirido sólo con la evolución de la Tierra. El precursor de la humanidad en el Antiguo Sol tenía un cuerpo que se dividió en dos partes. Consistía en una parte avanzada compuesta de sustancias que se habían condensado a la condición de “aire”, y otra parte de esta sustancia corporal no había evolucionado más allá del estado alcanzado en el planeta Antiguo Saturno. Constaba de calidez o de calor que rodeaba la parte de aire como una funda y también penetrándolo como si fuera un esqueleto.

 Los Arcángeles trabajaron entonces dentro de este elemento de calor aportando los gérmenes de los órganos sensoriales humanos en un paso más hacia la perfección. Cuando la evolución de la Antigua Luna hubo alcanzado una cierta etapa de su desarrollo, los Arcángeles habían alcanzado la capacidad de la cognición imaginativa. Así fueron capaces de participar activamente en el cuerpo etéreo del antepasado de la humanidad. Ellos estuvieron activos en las funciones de la vida interior que encontraba su expresión física en la circulación de los fluidos dentro del cuerpo de la humanidad y también en los fenómenos del crecimiento.

Se produjo un tipo de actividad, que estaba entre la nutrición y la respiración. Por otro lado, los Arcángeles seguían conectados con el desarrollo de los órganos de los sentidos humanos, que utilizaban como órganos para su propia percepción. Dentro de la evolución de la Tierra, los Arcángeles llegaron a la etapa de la conciencia que la Ciencia Espiritual llama “Inspiración”. Estuvieron especialmente relacionados con ese período de la evolución de la Tierra durante la cual la sustancia se condensó de nuevo en aire o  luz. Esto fue una especie de recuerdo, o recapitulación de los acontecimientos realizados durante la evolución del Antiguo Sol. También se manifestaron en la parte aérea del cuerpo humano y la Humanidad lo experimentó como un ajuste psíquico. La humanidad se hizo consciente de ello en el alma racional-intelectual, que fue preparada para convertirse en el futuro en el “alma de Inspiración”.

Ahora podemos entender que los Arcángeles están conectados con la Humanidad de una doble manera. Anteriormente se manifestaron en la creación y el desarrollo de los órganos de los sentidos humanos. En esas etapas anteriores de la evolución, los órganos de los sentidos eran algo muy distinto de lo que son actualmente. Eran mucho más sutiles y etéreos. Poco a poco su actividad se fue retirando cada vez más, por así decirlo, a la vida del alma de la Humanidad, sobre todo en el alma racional, de la que Rudolf Steiner dice en el capítulo I de la Teosofía: “El hombre forma pensamientos acerca de sus sensaciones. Por lo tanto se ilumina a sí mismo en relación con el mundo exterior. El niño que se ha quemado piensa y alcanza el pensamiento ‘el fuego quema’. También el hombre no sigue ciegamente sus impulsos, instintos y pasiones; su pensamiento acerca de ellos provoca la oportunidad a través de la cual puede satisfacerlos. Lo que se llama la civilización material se mueve en su totalidad en esta dirección… También se podría llamar pensamiento del alma emocional”.

Por otro lado, los Arcángeles están conectados con ciertos procesos en el sistema rítmico de la humanidad. Por ejemplo, un día podremos ser capaces de demostrar que la esfera marcada por el planeta Venus, muestra el estado de los órganos respiratorios del organismo humano a través de los movimientos y gestos del desarrollo embrionario, pero debemos diferenciar estrictamente la Esfera de Venus, de la forma física del planeta y no confundir su influencia sobre el desarrollo prenatal con su efecto sobre la vida humana después del nacimiento. Estos hechos no se pueden desarrollar aquí en detalle. Ellos son un tema para la investigación médica y esto es más allá del alcance previsto de estas cartas.

Así pues, tenemos dos movimientos o actividades en la Humanidad como la expresión de las actividades de la esfera Venus-Arcangélica. Una tiende más hacia la consecución de capacidades racionales en relación con la función de los sentidos, y la otra se encuentra, por así decirlo, en las funciones corporales del sistema rítmico y respiratorio que están más allá del umbral de la conciencia diurna del ser humano. Si ahora nos imaginamos una evolución de la conciencia humana por la que se pudiera contemplar las facultades más profundas del alma racional, entonces el alma intelectiva se transformaría en el alma de la Inspiración, que sería capaz de “inhalar” o incluso de “comer”, por así decirlo, el lenguaje oculto de los objetos y de los seres espirituales. Sería una especie de evolución de la “percepción sensorial” de la que la percepción por los sentidos físicos es sólo una sombra. Por ejemplo, al igual que se habla de la audición en el mundo físico, también podemos hablar de un estado de “audición” en el mundo espiritual, donde los seres espirituales se revelan en su propio “lenguaje”, y este es el estado que la Ciencia Oculta llama Inspiración.

Con el fin de comprender el carácter de la esfera del planeta Venus, ya que esta penetrado por las diferentes regiones del Zodiaco, tendremos que concentrarnos un poco más en los eventos de la segunda gran etapa de la evolución cósmica, el llamado Antiguo Sol. Fue dentro de este gran ciclo de la evolución donde los Arcángeles adquirieron una condición igual a la actual conciencia del Yo humano. Por lo tanto, es más esclarecedor estudiar este período en relación con los seres de los Arcángeles. Como ya hemos indicado, el cuerpo de los antepasados de la humanidad dentro de la evolución del Antiguo Sol consistía en dos sustancias diferentes. Allí estaba “rezagada” la sustancia de calor, como un “residuo” de la evolución del Antiguo Saturno, y formó una especie de “capa” en torno a la otra sustancia —el aire— en la que se había densificado una parte del calor. En los cuerpos de los antepasados de la humanidad, también había calor rezagado alrededor, como una especie de segundo reino de la naturaleza. Los Arcángeles trabajaron en los órganos primitivos de los sentidos de la humanidad que se construyeron en la parte de calor de los cuerpos, y de ese modo se creó la posibilidad de una conexión entre este segundo reino, más bajo y el de la humanidad.

Esta actividad de mediación de los Arcángeles es una de sus características más destacadas. Ahora debemos imaginar que los acontecimientos de la evolución del Antiguo Saturno fueron impresos en la parte de calor. Llevaban, por así decirlo, la fisonomía de los siete grandes estados de la evolución planetaria del Antiguo Saturno que hemos esbozado en las cartas 3ª, 4ª  y 5ª.

La parte aérea mostraba la huella de las siete grandes rondas de la evolución del Antiguo Sol, de las que hemos hablado hasta ahora, sin entrar en detalle, pero que se describe en el libro “La Ciencia Oculta, un esquema” de Rudolf Steiner. Los órganos de los sentidos primigenios que fueron creados por los Arcángeles actuaron como mediadores entre los dos mundos: el del calor y el del aire. Así, se manifestaron los contornos, las imágenes etéreas, de los doce sentidos y después fueron apareciendo con más y más claridad en los ciclos posteriores de la evolución cósmica.

Cuando describimos las siete grandes rondas de la evolución de Antiguo Saturno, fuimos capaces de relacionarlas con las doce constelaciones del Zodíaco que percibimos hoy en el cielo. Podríamos hacer lo mismo con respecto a la evolución del Antiguo Sol. Si decimos que la fisonomía de aquellos rasgos del Antiguo Saturno fue impresa en las sustancias de calor rezagado y que esta sustancia de calor era el fundamento de los órganos de los sentidos, entonces podemos suponer que los sentidos mediante sus órganos también deben tener una relación con las constelaciones del Zodíaco.  Ahora vamos a desarrollar esto en más detalle. Los siete grandes pasos de la evolución del Antiguo Saturno fueron los siguientes:

  • El poderoso “Verbo de Dios” fue expresado en el Antiguo Saturno. El planeta en sí, que todavía estaba en estado inerte, no pudo asumir esto. Sólo descansó sobre él una reflexión y esta es la imagen primigenia de Aries.
  • La fuerza del alma cósmica, la expresión más alta de lo que es el Pensamiento Divino, trato de penetrar en el planeta, pero tampoco pudo asumirlo, sólo pudo reflejarse. Este fue el origen de Tauro.
  • El reflejo de las fuerzas cósmicas portadoras del “YO SOY” crearon la división de la sustancia planetaria en muchos cuerpos individuales. Este es el poder primigenio que está detrás de Géminis.
  • Los órganos de calor individualizados se convirtieron en espejos del impulso hacia la Personalidad. Esta fue la profecía de Sagitario.
  • Dentro de los cuerpos de calor se crearon los gérmenes etéreos de los órganos de los sentidos. Esto formó el fondo espiritual de Capricornio.
  • Una especie de calidez, de metabolismo se estableció dentro de ellos, esta es la expresión de Acuario.
  • Ahora apareció el Hombre-Autómata como una imagen absoluta de las Intenciones de los Dioses y que actuaba precisamente de acuerdo a los impulsos que venían del entorno espiritual. Esto tuvo lugar en la región de

Estas diferentes etapas de desarrollo se imprimen de nuevo sobre la sustancia de calor rezagada en el Antiguo Sol, y como los órganos de los sentidos, que un día fueron dignos de reflejar el mundo, fueron llevados un paso más hacia la perfección; estuvieron preparados para contemplar estas impresiones. Así, la actividad de los sentidos que son las fuerzas formativas dentro de los órganos de los sentidos originaron esos acontecimientos en la evolución del Antiguo Saturno en Géminis, o las fuerzas que se encuentran detrás de Géminis, que dan el poder de evolucionar en la capacidad de percepción de los sentidos que, en la etapa de la evolución de la Tierra seria contemplado como “yo”— el sentido de la percepción del “yo”. De Tauro vino la capacidad de percibir el pensamiento. Las fuerzas espirituales de Aries dotaron a la humanidad con el sentido de la percepción de la Palabra. En Piscis se creó la posibilidad de la percepción a través del sentido de sonido absoluta receptividad que es la condición fundamental para el funcionamiento de este sentido. Acuario y su fondo espiritual dieron la posibilidad de la percepción de calor. En Capricornio se creó el sentido de la vista, a pesar de que la creación de los órganos de los sentidos en general está relacionada con éste área. En el sentido de la vista vive la herencia del sacrificio de sus visiones entregadas por los Espíritus de Amor en el planeta Antiguo Saturno.

De Sagitario viene el sentido del gusto. Esto es muy difícil de entender desde el punto de vista del cuarto ciclo de evolución del Antiguo Saturno, pero encontraremos una base más amplia para la comprensión de este hecho más adelante. Por supuesto, no podemos decir que estos sentidos ya estaban allí dentro de la evolución del Antiguo Sol, pero existían entonces sus imágenes cósmicas. En las sustancias aéreas de los antepasados de la humanidad, durante el ciclo de evolución del Antiguo Sol fue impreso lo que reflejaron previamente como sustancia de calor. Estos ciclos aparecen también en relación con las constelaciones del Zodíaco, pero no podemos ahora desarrollar esto en detalle. Sólo podemos describir los efectos que tenían sobre la formación de los sentidos.

El orden que se da aquí no corresponde, sin embargo, a la secuencia de los acontecimientos dentro de esa evolución planetaria. Los eventos que se reflejaron en Géminis desarrollaron una especie de propagación primitiva. El ser derivaba su existencia de una “madre-ser” a través de un simple acto de separación. De allí más tarde evolucionó el sentido de percepción del “hermano-ser”; una nueva evolución del sentido de la percepción del “Yo”. Cáncer está conectado con los eventos del ser dotado con una forma fija temporalmente dentro de una especie de piel sentando las bases para el posterior desarrollo del sentido del tacto. Leo es la imagen del paso en la evolución donde experimentó en su propio organismo el reflejo de los movimientos y las actividades anímicas de la circunferencia cósmica. Estas experiencias fueron el origen del sentido para la percepción de la vida.

Virgo es la constelación en la que los eventos grabados dentro la evolución del Antiguo Sol efectúan un cambio fundamental en la naturaleza humana. Dentro del planeta Antiguo Saturno los cuerpos de calor aún estaban sin vida, pero ahora en las etapas iniciales de la nueva evolución planetaria se les doto de fuerzas vitales. Esta fue la base para una futura comprensión y percepción dentro del ser mismo, de su propio movimiento. Libra refleja el estado de evolución donde el ser entró en una condición de completo equilibrio interior con respecto a su entorno de forma que incluso podía expresar sus experiencias en una especie de “lenguaje primitivo”. Este fue el origen primigenio del sentido del equilibrio.

Escorpio preserva la imaginación de un evento que podemos llamar un proceso de “desmaterialización”. A través de la disolución de la forma física, las fuerzas de la vida llegan a ser libres, y crean el germen del órgano para el conocimiento de las conexiones de la vida con la sabiduría cósmica que se incorpora en las formas físicas. El sentido del olfato no es más que una imagen débil y distorsionada de la capacidad original relacionada con Escorpio.

Por último, Sagitario recuerda acontecimientos dentro de esta etapa de la evolución, donde se implantaron los gigantescos procesos cósmicos del metabolismo y de la transubstanciación en la organización humana. Aquí nos acercamos al hecho de que el sentido del gusto está conectado con Sagitario, aunque no hay que olvidar que la capacidad original pasó por muchas metamorfosis antes de que se manifestara como lo que hoy llamamos el sentido del gusto. Entre el Antiguo Sol y la evolución de la Tierra, ocurrió la evolución de la Antigua Luna, que trajo un mayor desarrollo. De hecho, esto es cierto para todos los sentidos.

Vemos pues, en la creación primigenia de los órganos de los sentidos la actividad de los Arcángeles. Los órganos de los sentidos son la expresión de la existencia de los sentidos internos, y los sentidos también participan en la actividad de los Arcángeles. Además, esta conexión también debe estar escrita en la esfera cósmica de esta Jerarquía, la esfera que tiene su indicador visible en los movimientos del planeta Venus, y de hecho podemos encontrarlo allí. Esto se ha comprobado en un gran número de casos de los llamados niños deficientes mentales; Sin embargo, no es posible hablar de estos casos aquí. Vamos a desarrollar estos hechos en la siguiente carta en relación con ejemplos históricos.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

3ª CARTA – La naturaleza espiritual de las estrellas fijas del zodiaco

Del libro Isis Sophia I, de Willi Sucher

English version

 

 Junio de 1944

El universo de nuestro sistema solar con sus planetas girando alrededor de un centro común es un organismo bastante complicado. De acuerdo con la opinión de Ptolomeo, la Tierra está en el centro de este organismo; de acuerdo con Copérnico, el Sol está en el centro y ejerce un firme control para que los planetas no se desvíen de sus órbitas. (Rudolf Steiner ha indicado el movimiento lemniscatorio como base de la futura concepción del universo planetario. Tengo la intención de volver a estos temas a su debido tiempo, sobre todo cuando tengamos que hacer frente a la naturaleza de los planetas).

El sistema ptolemaico y copernicano del universo tiene la forma de un plano circular, con las órbitas de los planetas dentro del mismo como los anillos concéntricos de un disco. Este plano circular está rodeado por un cinturón de doce constelaciones de estrellas fijas, que identificamos como las constelaciones del zodiaco. Los nombres de estas doce constelaciones se han dado en la primera Carta.

Ahora vamos a hablar de la naturaleza de estas doce constelaciones del zodiaco. Forman el mundo «externo» de nuestro sistema solar, y se relacionan con él asi como nuestro mundo exterior se relaciona con nosotros.

¿Cómo nos relacionamos con nuestro mundo exterior? Encontramos a nuestro alrededor sustancias sólidas, líquidas, gaseosas y calor. Todo esto también lo encontramos en la forma humana, pero en condiciones transformadas. El origen de estas sustancias lo encontramos en nuestro entorno. Son la base de nuestra existencia física. Las llevamos dentro, y las tomamos continuamente durante nuestra vida en la Tierra, al respirar y al comer. Al observar estas sustancias y encontrarlas de nuevo en una condición transmutada en nuestro cuerpo, podemos leer la historia de la creación y organización del ser humano. Por supuesto, no sólo tenemos que mirar estas sustancias desde el punto de vista del pensamiento materialista para aprender la historia de la creación de nuestro cuerpo, sino también será necesario encontrar sus cualidades espirituales.

Podemos imaginar que la relación entre las estrellas fijas del zodiaco y el mundo solar se constituye de una forma similar. Nuestro sistema solar tiene que haber llegado a existir en un tiempo que no podemos juzgar de acuerdo a las condiciones terrestres. ¿De dónde procede? Del mismo modo que las sustancias que encontramos en el cuerpo humano, en algún momento han sido parte del mundo que nos rodea, el ser esencial de nuestro universo pudo haber tenido origen en el mundo circundante de las estrellas fijas. Así tendríamos que considerar este mundo de las estrellas fijas, no sólo desde un punto de vista puramente cuantitativo, sino también desde un aspecto cualitativo.

Si aceptamos esto, entonces podemos mirar a las estrellas fijas, y entre ellas especialmente a las estrellas fijas del Zodíaco, como el reino donde podemos aprender algo sobre el origen y la creación de nuestro universo solar.

Buceando en las huellas de la creación puede sernos revelada la naturaleza interna del Zodíaco. Rudolf Steiner nos ha dado la clave para la comprensión de la evolución de nuestro universo en su libro «La Ciencia Oculta». Allí se describen las diversas etapas de la creación hasta el universo en el que actualmente vivimos y percibimos con nuestros sentidos. Describe este proceso, tal como se presenta a la percepción espiritual del clarividente que ha recorrido el camino de la iniciación occidental moderna. Podemos seguir sus explicaciones, en el libro mencionado anteriormente, porque también da los métodos para la obtención de la clarividencia moderna.

Lo que dice acerca de la evolución del mundo no es una hipótesis que no pueda ser probada; cualquier persona puede obtenerla si está dispuesta a seguir el camino de la iniciación tal como se describe. De esta manera, el Dr. Steiner describe tres grandes etapas de la evolución de nuestro universo, que a su vez conducen a una cuarta etapa, a la creación del mundo en el que vivimos.

Estas tres grandes etapas de la evolución, según la tradición oculta, se denominan: evolución del Antiguo Saturno, evolución del Antiguo Sol y evolución de la Antigua Luna. La cuarta etapa se llama la evolución de la Tierra, que en realidad significa la evolución de nuestro universo solar actual. Estas cuatro etapas de la evolución representan la condensación de algo en la materia sólida con todos sus estados intermedios y que en su origen es de carácter puramente psíquico; indicios que todavía se encuentran en la naturaleza como sustancias gaseosas, líquidas y sólidas. (La idea de la materialización de los «pensamientos» como un proceso de evolución se ha considerado incluso por la ciencia natural moderna).

La etapa de la evolución que denominamos como Antiguo Saturno es el estado en el que el ser psíquico puro (en el sentido de la ciencia natural moderna, el «pensamiento») se condensó en calor. Así se alcanzó el primer paso de la creación de la sustancia física. (Puede ser que, de acuerdo con la ciencia moderna, el calor no se considere fácilmente como sustancia física sino como un estado bajo el que se presenta la sustancia física. Más adelante hablaremos de esto).

La evolución del Antiguo Sol es el estado en el que la sustancia calórica creada anteriormente se condensa hasta el estado gaseoso. Continuando el ciclo evolutivo, llegamos a la etapa de la Antigua Luna, donde las sustancias gaseosas anteriormente creadas se condensan hasta el estado líquido; y en la cuarta etapa, ya en la evolución de la Tierra, tiene lugar una nueva condensación, donde las sustancias líquidas se transforman en materia sólida.

Esto es, por supuesto, sólo una muy breve reseña de estas cuatro etapas de la evolución, y ahora nuestra tarea será la de dar una explicación más detallada y encontrar la conexión con las estrellas fijas del zodiaco.

La Evolución en el Antiguo Saturno

Si nos remontamos a los inicios de la creación, por medio del conocimiento de la iniciación moderna, no encontraríamos ninguna sustancia física. Todo se hallaba en una condición psíquica y espiritual. Así como no se puede, por ejemplo, imaginar pensamientos que no estén conectados con la existencia psíquica individual del ser humano, solo encontraremos este estado psíquico del universo existiendo en la vida interior, no física, sino de seres espirituales.

Y así como podemos distinguir en el ámbito de la vida del pensamiento humano entre seres humanos que tienen la capacidad de crear ideas y otros que son capaces de realizarlas y ponerlas en práctica, también podemos distinguir entre las jerarquías de seres espirituales las que tienen diferentes capacidades para materializar lo psíquico, la sustancia arquetipica creada por ellos mismos.

Por lo tanto, en el inicio encontraríamos a los seres espirituales que, en un momento determinado de su evolución intemporal interior, habían alcanzado la capacidad de derramar la sustancia psíquica original; la «idea» o el «pensamiento» o sea lo que fuere. Aquella sustancia, a su vez, pudo ser asumida por otros seres.

Si nada existía en un sentido físico, lo primero que emergió fue la «voluntad (física) de existir» y así sucedió. Excelsos seres espirituales, a los que el Dr. Steiner llama Espíritus de la Voluntad, alcanzaron la capacidad de derramar Voluntad como una sustancia psíquica. Esta voluntad se convirtió en el fundamento de todo lo que, en el curso de la evolución, se transformaría en algo físico. Estos Espíritus de Voluntad sólo fueron capaces de transmitir su sustancia volitiva después de una larga evolución interior.

Lo que supuso aquel principio, desde el punto de vista de la creación de nuestro universo, para estos Espíritus tuvo que haber significado el final de un desarrollo interior. Este primer acto de la creación es una conclusión y a la vez un nuevo comienzo.

¿Puede la «Madre Tierra» de nuestro universo solar, las estrellas fijas del Zodiaco, contarnos algo acerca de aquel evento, como si contuviera un tipo de memoria cósmica? Podemos encontrarlo escrito en la constelación de Piscis, tal como se presenta hoy en el cielo. (Rudolf Steiner, en «La Ciencia Oculta» no indicó ninguna conexión entre los acontecimientos durante las diversas etapas de la evolución de nuestro universo y las constelaciones del zodíaco, como lo haremos aquí. El cómo se describe en estas Cartas, es totalmente la responsabilidad del autor).

Piscis, como lo vemos hoy en día de acuerdo a la imaginación de nuestros antepasados, se compone de dos peces nadando en direcciones opuestas, y sin embargo están unidos por una especie de cinta de estrellas. Piscis está entre Acuario y Aries. Forma la duodécima constelación zodiacal. Ahí finaliza el zodiaco y comienza de nuevo la constelación de Aries. Así Piscis es la imagen del final de una evolución que tuvo lugar en el ser de los Espíritus de la Voluntad, antes de que fueran capaces de derramar la sustancia original de nuestro universo, y también la imagen del comienzo de nuestro ciclo evolutivo.

La constelación de Piscis está nadando en el agua que Acuario vierte en el universo. En ese agua podemos percibir, con los órganos del conocimiento superior, la imagen de la sustancia creativa de todo el universo espiritual el torrente sanguíneo creador del mundo espiritual. Que tiene todas las posibilidades de manifestarse en sí mismo. Los arquetipos de todas las cosas existentes en el mundo físico y anímico están como disueltas en esa corriente. Ni siquiera han llegado a una forma psíquica aún, pero ahora, en este agua celestial, aparece Piscis. Surgen las primeras huellas de una solidificación psíquica de objetos individuales. Los arquetipos de la voluntad como fundamento de la existencia física se consolidan en un mar de posibilidades creativas.

En ese momento, una vez creada la sustancia primigenia, comienza la evolución del Antiguo Saturno. Otros Seres espirituales desplegaron su actividad y la dirigieron hacia esa sustancia volitiva primigenia. El Dr. Steiner los llama Espíritus de la Sabiduría. Para entonces ya han alcanzado otra capacidad. Son capaces de derramar Fuerzas de Vida, y dirigen estas fuerzas hacia este «planeta de Voluntad», que ha llegado a la existencia. Este planeta, que ahora llamamos Antiguo Saturno, no es capaz de recibir la vida. No ha avanzado hasta el punto de volverse vivo.

Aún es como una sustancia inerte que sólo puede reflejar lo que está pasando en su entorno, por lo que solo irradia fuerzas vitales que proceden de los Espíritus de la Sabiduría. La vida reflejada es sabiduría, porque la naturaleza interior de la vida es sabiduría. Así, sucedió que estas fuerzas cósmicas de sabiduría formaron algo así como una esfera en el medio ambiente del planeta.

Podemos encontrar el recuerdo de esta etapa de la evolución, por así decirlo, en la constelación de Aries. Aries lleva un velo blanco. La cabeza de la imagen del animal está coronada con cuernos enrollados como dos espirales invertidas.

Este proceso cósmico puede experimentarse como un gigantesco desarrollo embrionario de nuestro universo. En sí mismo lleva la imagen arquetípica de todo lo que es un proceso embrionario en las distintas etapas de la evolución, y también dentro de los seres individuales de este universo; por ejemplo, el desarrollo embrionario del ser humano. Sabemos por la ciencia de la embriología que durante las primeras etapas de la condición embrionaria, la cabeza es predominante, y el tronco y las extremidades son apenas una especie de apéndice con la cabeza.

Incluso se podría decir que durante las primeras semanas, cuando el cerebro del embrión todavía no se ha desarrollado en detalle, todo el organismo embrionario se asemeja a un cerebro, ya que esta enrollado como una espiral. Fuera de él, las restantes partes del organismo van creciendo paulatinamente.

La primera etapa de la evolución del Antiguo Saturno es la creación del arquetipo del cerebro. Actualmente, el cerebro humano no es más que una débil copia de aquel cerebro cósmico; y sin embargo, aún conserva las huellas de su forma espiritual. Tiene que estar inanimado en un alto grado ―sin sangre―, porque sólo así puede funcionar. Opera de tal manera que la vida en el entorno del ser humano se refleja en él. Esta reflexión, siendo sólo una sombra de la verdadera vida, es capaz de producir el pensamiento y el conocimiento de los objetos del mundo exterior.

Así podemos encontrar en la imagen del Carnero en reposo, mostrando la etapa en la que los Espíritus de la Sabiduría entraron en actividad, la sustancia volitiva aún sin vida, la reflexión (expresada en la cabeza del Carnero, que se vuelve mirando por encima de sus hombros), y la creación de la lana blanca de la Sabiduría. Incluso, en los cuernos del Carnero podemos ver la imagen de las curvas del cerebro, o la espiral del embrión, como un «cerebro» primigenio, que refleja y reproduce la forma como en un acto recordatorio.

La siguiente etapa de la evolución del Antiguo Saturno está conectada con una afluencia en el planeta de fuerzas anímicas o fuerzas de conciencia. Estas fuerzas provienen de los Seres a los que el Dr. Steiner llama «Espíritus del Movimiento».

Ellos son capaces de derramar las fuerzas del movimiento interior, el movimiento del alma. Así pudo ser animada la sustancia del planeta, pero al no ser capaz de recibir la vida de los Espíritus de la Sabiduría, estaba aún menos preparado para ser animado. Por lo tanto, aquellas fuerzas solo pudieron ser reflejadas en el medio ambiente del Antiguo Saturno, y como reflejo, penetraron la esfera de Sabiduría representando el reflejo de la vida emanada previamente por los Espíritus de la Sabiduría. Así pudieron las fuerzas de animación ―del alma consciente― penetrar en el halo de la Sabiduría que rodeaba Saturno.

Se trataba de un proceso de alguna manera similar a lo que sucede cuando en la vida anímica del ser humano se refleja el mundo objetivo por la función del cerebro penetrado por las fuerzas de la conciencia; así creamos los conceptos del mundo que nos rodea. Por ejemplo, el hecho del desvanecimiento de la luz del día, percibido por nuestros sentidos, reflejado por nuestro cerebro, y penetrado por la conciencia, puede crear el concepto de la noche. Este proceso es el fundamento del lenguaje humano.

De hecho, hoy en día, el ser humano expresa los mismos hechos con diferentes sonidos y palabras de acuerdo a los diferentes idiomas, pero hubo un tiempo muy lejano en el que el ser humano a través de sonidos y palabras pudo expresar e indicar la verdadera naturaleza interna de los objetos.

Podemos experimentar algo similar en aquel período de la evolución del Antiguo Saturno pero en una escala gigantesca y mucho más potente. Por la interpenetración de las fuerzas de la Sabiduría con las fuerzas del alma, que se originaban por la actividad de los Espíritus de Movimiento, se crearon los conceptos arquetípicos, los sonidos arquetípicos y las palabras, aunque no como la naturaleza pasiva y reflexiva del lenguaje humano actual. Un tipo de lenguaje cósmico arquetípico entró en la existencia, que es creativo en su naturaleza y es un poder mágico en el universo. Es la Palabra de Dios, a través de la cual fueron creadas todas las cosas.

Podemos encontrar esta etapa de la evolución escrita en la constelación de Tauro. Se puede encontrar entre las constelaciones de Perseo (arriba) y Orión (abajo). Solo se ve la parte frontal del cuerpo del toro, pero en conjunto se asemeja a un animal de gran fuerza; el símbolo de la fertilidad. Este proceso primitivo de la evolución también ha dejado su huella en el organismo humano. Si nos fijamos en la constelación como está mayormente representada, sólo con la cabeza del toro y unos cuernos enormes que salen hacia el espacio universal, entonces tenemos una imagen de la laringe humana y el oído interno. La cabeza es la laringe, y los cuernos son los canales de conexión que conducen al oído medio, donde los pequeños huesecillos conectan la parte externa con las partes más internas del oído.

Durante el siguiente periodo evolutivo del Antiguo Saturno, inician su actividad los Seres Espirituales denominados «Espíritus de la Forma». Ellos irradian fuerzas en el universo que desean dividir e individualizar lo que todavía está unido en un solo gran cuerpo planetario. Sin embargo, el planeta es incapaz de tomar estas fuerzas. Sólo puede reflejarlas. Esta reflexión afecta al planeta de una manera tal que la sustancia se divide en muchos cuerpos individuales, y el planeta, que hasta ese momento era un solo cuerpo, aparece como una enorme mora.

Como resultado de la influencia individualizadora que emana de los Espíritus de la Forma, las pequeñas bayas no pueden lograr la individualización interior durante este período de la evolución, solo reproducen una especie de imagen externa; la división en organismos individuales. Estos cuerpos individuales se convierten en la formación de toda la posterior multiplicidad de seres de nuestro universo; en todos los diferentes reinos de la existencia. Podemos encontrar este acontecimiento evocado en la constelación de Géminis, que se encuentra en el cielo al este de Tauro y encima del pequeño perro de Orión. Muestra dos seres, similares a los seres humanos, que están estrechamente relacionados entre sí y sin embargo, son seres individuales.

Este proceso de división dentro de la evolución del Antiguo Saturno también lo podemos encontrar como una especie de recuerdo aún hoy en día en la naturaleza. Es el proceso de la división celular. Sabemos que es la base física del crecimiento.

En primer lugar nos encontramos con la célula original. Tan pronto como es alcanzada por las fuerzas del crecimiento, se divide en dos.

La unidad es destruida; sin embargo, se crea una dualidad y ahí tenemos la imagen de Géminis.

Entonces, por supuesto, esta dualidad se divide en cuatro como proceso de crecimiento, y así sucesivamente. De este modo se creó esta multiplicidad que también toma la apariencia de una mora, después de algún tiempo.

Este evento se recuerda también en la forma humana, pero de una manera muy peculiar. Está presente en la simetría de la forma humana. El que nuestro cuerpo tenga dos lados, dos oídos, dos ojos, dos manos, dos pies, y así sucesivamente, se debe a esta influencia.

Esta dualidad nos separa del resto del mundo. Hace que sea posible que existamos en un cuerpo que es la base de la individualidad. Esta simetría muestra los últimos vestigios de una larga evolución, en la que la forma humana se separó de las formas vecinas para que en ella pudiera habitar una individualidad. También los otros gemelos –la cabeza y los pies separados de la forma humana, ya que una está por encima y otro por abajo. Esto también era necesario para el libre desarrollo de la individualidad.

Hemos llegado a la mitad de la evolución de Antiguo Saturno, donde tienen lugar importantes cambios y mutaciones. Hasta ahora todo Saturno se encuentra aun en una condición más o menos psíquica. Hemos estado hablando de la sustancia, pero esta sustancia es la Voluntad emanada por los Espíritus de la Voluntad. La Voluntad se encuentra todavía en una condición psíquica. En la siguiente Carta veremos cómo se transmuta esta sustancia psíquica en sustancia física en el período medio de la evolución del Antiguo Saturno.

Traducido al español y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.

2ª. CARTA – En relación con las estaciones

Del libro Isis Sophia I de Willi Sucher

English version

 

– Mayo 1944

En la 1ª Carta hablamos de los tres componentes de nuestro universo solar. Ahora nuestra tarea será la de explicar los detalles de la estructura de nuestro universo, en especial la del Sol y la órbita de la Tierra.

Como ya hemos dicho la Tierra se traslada alrededor del Sol en el transcurso de un año. Desde nuestra posición en la Tierra, se nos muestra como el movimiento del Sol a lo largo de la trayectoria del Zodíaco. Este movimiento no es solo un hecho astronómico, ya que está conectado en el tiempo con definidos eventos rítmicos en la Tierra. Este es el ritmo de las estaciones. Vamos a considerar este ritmo de las estaciones, desde el punto de vista del hemisferio norte de la Tierra.

Cada año, el 21 de marzo comienza la primavera en el hemisferio norte. Esto no cambia en el transcurso del tiempo. No ocurre que de repente la primavera comience el 21 de abril; es el 21 de marzo. Decimos que en ese momento tiene lugar el equinoccio de primavera o que el Sol está en el punto vernal, -de acuerdo con el modelo de Copérnico- cuando la Tierra ha terminado su órbita alrededor del Sol y comienza una nueva ronda.

La primavera dura hasta el 21 de junio. Durante esta estación en el mundo vegetal que nos rodea, tienen lugar los procesos de germinación, crecimiento, expansión y florecimiento. Es la temporada en la que la creación se vuelca principalmente en la naturaleza. Entonces, el 21 de junio, comienza de verano. En ese momento la Tierra se ha trasladado un cuarto de su órbita.

Visto desde la Tierra, el Sol se ha movido durante los tres meses anteriores a través de los signos de Aries, Tauro, y Géminis. Desde la perspectiva de la Tierra, el 21 de junio, el Sol entra en el signo de Cáncer. La naturaleza que nos rodea nos confronta con los fenómenos de la temporada veraniega. Los procesos de floración han llegado a su punto culminante. El mundo de las plantas se perfecciona. Tiene lugar la fructificación, y hacia el final de esta temporada los frutos maduran. Durante este tiempo, el Sol se ha estado moviendo a través de la eclíptica por los signos de Cáncer, Leo, y Virgo; o de acuerdo con Copérnico, la Tierra ha completado otra cuarta parte de su órbita.

El 23 de septiembre, el Sol entra en el signo de Libra.  Comienza el otoño en el hemisferio norte de la Tierra. La naturaleza entra en una época de crisis. Tiene lugar  la separación entre el fruto y la planta madre. La planta madre (es diferente con los árboles) se marchita. El fruto y con él la semilla, se entierra en el suelo. La luz y el calor disminuyen.

El Sol se ha movido a través de los signos de Libra, Escorpio y Sagitario. Después, el 21 de diciembre, el Sol entra en el signo de Capricornio, y mientras está atravesando Capricornio, Acuario y Piscis acontece la temporada del invierno en la Tierra. Durante esta estación las semillas duermen en el suelo; quizás cubiertas por el hielo y la nieve, pero entonces tiene lugar un gran despertar, un gran milagro, de esas semillas se desarrollan el mismo tipo de formas vegetales de la planta madre que se había marchitado en el otoño anterior. Entonces el Sol entra en el signo de Aries de nuevo el 21 de marzo y comienza una vez más todo el ciclo del año y de las estaciones.

estaciones

Podemos preguntarnos: ¿de dónde vienen las fuerzas que hacen que las plantas crezcan y se marchiten después de haber producido la semilla para el siguiente ciclo de las estaciones?.  Desde un punto de vista materialista, se puede responder que el aumento de la luz y el calor del verano hacen que las plantas crezcan, y la disminución de las mismas en otoño, retira la vida en el mundo de las plantas. Sin embargo, esto se dice con demasiada facilidad, porque hay plantas que crecen incluso si la luz y el calor se desvanecen. Luego ellas no sólo pueden recibir la luz y el calor como la única influencia del Sol, debe haber fuerzas irradiando desde el Sol, que son algo más que el calor y la luz.

Las semillas no germinan si solo están expuestas a la luz y al calor; hay que dejarlas en la oscuridad de la tierra húmeda. La Tierra debe recibir influencias desde las profundidades del espacio cósmico, que penetran  la Tierra con más profundidad que el calor y la luz. Estas fuerzas  ocultas se muestran mediante el movimiento del Sol a través de los signos de la eclíptica, y estas no interfieren en la concepción copernicana de nuestro sistema solar.

Incluso si nos imaginamos a la Tierra moviéndose y al Sol fijo en el centro, todavía podemos imaginar el globo terrestre recibiendo ciertas influencias cósmicas a través del Sol desde las diferentes direcciones del Zodiaco. Podríamos imaginar al Sol como una gran lente óptica que recoge las actividades de las distintas partes de la eclíptica y las envía a la Tierra. También podríamos imaginar a los planetas interiores dedicados a esta actividad solar de recogida y transformación. Sólo la superstición materialista haría imposible imaginar que, además de la luz, calor y ciertas influencias magnéticas, el Sol no irradiara nada más.

Si estamos de acuerdo con esto, entonces podríamos imaginar una actividad diferenciada y cuádruple del Sol durante el transcurso del año en función de las cuatro estaciones. La posición relativa del Sol en los diferentes signos de la eclíptica provocaría los cambios. La posición del Sol entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano enviaría a la Tierra las fuerzas de  creación. Entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño, el Sol recogería las fuerzas zodiacales que se manifiestan en la Tierra como  perfección y la maduración. Entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, recibimos del Sol las fuerzas que dan lugar a la katarsis en la naturaleza, y las fuerzas reunidas por el Sol a través de sus posiciones zodiacales durante el tiempo del solsticio de invierno y el equinoccio de primavera provocarían el milagro del nuevo nacimiento de la naturaleza en la Tierra.

Todavía podemos explicar más sobre la actividad diferenciada del Sol que se nos muestra por su posición en la eclíptica. Así llegaremos a la actividad duodécuple solar de acuerdo con su posición a través de los doce signos.

En abril el Sol se encuentra en la dirección del signo de Aries. Desde allí, el mundo de las plantas recibe el poder de moldear siempre de nuevo las mismas formas. Nunca sucederá, por ejemplo, que de repente los ranúnculos o margaritas tomen una forma diferente de la que tuvieron en el pasado. Las fuerzas de recordación, por así decirlo, irradian de esa parte de la eclíptica y conectan el pasado con el presente y el futuro.

En mayo, cuando el Sol está en el signo de Tauro, vemos el crecimiento de las plantas y su expansión en el espacio. Todo se precipita hacia la existencia y quiere mostrarse lo más grande posible. En este desarrollo podemos reconocer la fuerza y el poder de aumento y propagación procedente del signo de Tauro.

Luego, en junio, el Sol entra en el signo de Géminis. La planta alcanza los límites de su expansión en el espacio y desde el universo -por medio del Sol- recibe el poder para desarrollar dos tendencias: con las raíces quiere alcanzar hacia abajo la oscuridad de la tierra tan profundamente como sea posible, y por el otro lado las ramas quieren alcanzar la esfera de luz y calor. Ahí se crea la flor. En esta actividad dual vemos la polaridad de Géminis; el gemelo celestial en la flor y el gemelo terrestre en la raíz. Polaridad en todo tipo de formas y metamorfosis irradia desde la región de Géminis en la eclíptica.

En julio, el Sol está en el signo de Cáncer. Ahora la planta está saturada en sí misma. Ya no tiene la tendencia a expandirse; los procesos de floración han llegado a su punto culminante. La planta no aspira a nada más.

Ahora recibe del universo el impulso para ofrendar sus propiedades. Esto lo hacen las flores a través del aroma y de la multiplicidad de colores que irradian en el mundo. Es la actitud de servicio del escarabajo, que porta encima de su cabeza una enorme bola de tierra como signo del Sol y el corazón. El escarabajo es la antigua imagen del signo de Cáncer. La transformación de las fuerzas hasta entonces más terrenales se alzan al sol que irradia sus fuerzas desde el poder dinámico del signo de Cáncer.

Luego, en agosto nos encontramos con el Sol en el signo de Leo. Ahora la planta recibe el impulso de sacrificarse. Ha llegado el momento de la cosecha y tiene lugar los procesos de fructificación. Al igual que los rayos del autosacrificado Sol, la planta llena el espacio alrededor de sí misma. La unión con la totalidad del universo solar es la tendencia del signo de Leo.

En septiembre, cuando el Sol se encuentra en el signo de Virgo, los frutos y las semillas están madurando. La luz y el calor del verano se transforman en el dulzor de la fruta que lleva la esperanza del futuro en la semilla; como la santísima Virgen, que lleva con el Niño la esperanza del mundo. La fecundidad como resultado de la unión con el universo, es el poder que irradia desde el signo de Virgo.

En octubre, cuando el Sol aparece en el signo de Libra, se lleva a cabo la separación entre la planta madre y la semilla. Del universo llegan fuerzas que parten el mundo de la planta en dos: la que fue y la que será en el futuro. Es un momento de paz en la naturaleza; un equilibrio entre el pasado y el futuro, como una balanza en equilibrio. El cuidado por el Niño de la Virgen y la retirada de las fuerzas creadoras de la Madre hacia los reinos celestiales es la influencia del signo de Libra.

Después, el Sol entra en el signo de Escorpio. Ahora, desde las profundidades del universo, entran en juego las fuerzas de destrucción y desintegración. Las plantas se marchitan. La imagen del escorpión con el aguijón mortal es, de hecho, una imagen real de las fuerzas que actúan en la naturaleza durante esta época del año. Esto sucede, más o menos, en noviembre, cuando la luz también está disminuyendo y el calor del verano es superado por la frialdad invernal.

En diciembre, el Sol está en el signo de Sagitario. Es la época del año en la que los seres humanos en la Tierra encienden las velas de Adviento y esperan el nacimiento de la luz del alma del mundo. En la naturaleza, las semillas descansan en el suelo. Si uno se imagina las innumerables semillas en el suelo, se puede tener la impresión de millones y millones de pequeñas llamas de esperanza esperando pacientemente un nuevo nacimiento de luz y calor. Estas fuerzas de esperanza están bien expresadas en la imaginación de Sagitario / Arquero. Él apunta a una meta que todavía está muy lejos. La espera y la búsqueda de la luz del alma es el mensaje del signo de Sagitario.

En enero, cuando el Sol entra en el signo de Capricornio, la luz aumenta de nuevo. Tiene lugar el nuevo nacimiento de la luz. Es el tiempo durante el cual el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo, que ha venido al mundo como el poder renovador en toda la naturaleza y la humanidad. La semilla puede estar enterrada en el suelo, tal vez cubierta por el hielo y la nieve, pero ha sobrevivido a la oscuridad y al frío; se ha salvado de la destrucción. La luz creativa del mundo espiritual irradia desde el signo de Capricornio.

Después, el Sol entra en el signo de Acuario. Desde esta región fluyen a la tierra corrientes que son las fuerzas de la renovación y el despertar. Ahora es cuando sentimos que las fuerzas ocultas de la actividad del Sol entran en la esfera de la Tierra; fuerzas que no son solo de luz y calor, si no que, como el agua que dona la vida, son fuerzas vitales invisibles. La imagen de Acuario derramando el agua celestial desde los espacios cósmicos es realmente una imagen de estos eventos que acontecen en febrero. El influjo de las fuerzas renovadoras y acumuladoras del cosmos proviene de la región del signo de Acuario.

Luego, a finales de marzo, el Sol entra en el signo de Piscis. En la naturaleza se llevan a cabo los procesos de germinación. Las semillas en el suelo nadan como peces en un mar de agua cósmica portadora de vida. Se abren a sí mismas y  saborean este agua; germinan. Y al beber el agua, se dibuja la actividad de las fuerzas que vienen de la dirección de Piscis, que quieren crear el evento de la escritura en la naturaleza, en este caso, el evento del nuevo comienzo del ritmo del año. La incorporación de las leyes cósmicas y los objetivos espirituales del mundo en el ser terrenal es la influencia del signo de Piscis.

Así, la posición del Sol ordena el ritmo de los acontecimientos que tienen lugar en el ámbito de la vida orgánica en la Tierra. Esto es especialmente evidente en el reino vegetal, pero no es solamente una ordenación. Podemos hablar de fuerzas verdaderas que irradian desde el Sol hacia la Tierra, al igual que la Tierra también recibe luz y el calor del sol. El Sol es como una gran lente óptica que recoge las actividades ubicadas en las diferentes esferas de la eclíptica; por ejemplo, si en la Tierra percibimos el Sol en el signo de Aries, podemos imaginar al Sol recogiendo la actividad de la región de Aries y después enviándola a la Tierra.

Si los doce signos de la  eclíptica –alrededor del Sol y dentro de la órbita de la Tierra- son una realidad dinámica, tendríamos que pensar en la posibilidad de que los otros planetas, especialmente los que están dentro de la órbita de la Tierra, sean capaces de recoger e irradiar igualmente las fuerzas de los signos de la eclíptica de una manera similar a la del sol. Esto afectaría principalmente a los planetas interiores Mercurio y Venus, y en cierta medida también a la Luna.

De hecho, encontramos este tipo de actividades de los planetas interiores de acuerdo con sus posiciones en los diferentes signos de la eclíptica. Sólo los reinos en los que estas actividades se manifiestan en la Tierra son diferentes de los de la actividad solar, como se describió anteriormente. La actividad del Sol se hace visible en la vida de la planta durante el año dentro del mundo de la materia física, pero no sería posible que solo el Sol pudiera crear la vida de la planta; la Luna tiene que ayudar, y ayuda actuando a través del elemento líquido; por ejemplo, actúa en la savia de la planta. Y al mismo tiempo la Luna tiene que estar necesariamente en fase creciente. En otras palabras, sólo si la luna creciente, después del 21 de marzo, cuando el Sol entra en Aries, y se mueve a través de los signos creadores de Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, puede tener lugar en la naturaleza la fiesta de la Pascua y la Resurrección.

Esta es la razón por la que la Pascua sólo puede celebrarse después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

Pero las actividades combinadas del Sol y la Luna no son suficientes. También los otros planetas de nuestro universo deben contribuir con su parte, especialmente los planetas interiores, Mercurio y Venus, en relación con el crecimiento de las plantas. Traen la variedad de eventos en la naturaleza en las diferentes estaciones del año. Ellos están más conectados con la esfera de luz y calor.

La actividad de los doce signos de la eclíptica, que se manifiestan a través de una actividad diferenciada de Sol durante el año, es un tipo de lenguaje fundamental, sólo que se expresa en una forma transformada por medio de la Luna, Venus y Mercurio. Puede suceder, por ejemplo, que Venus en el signo de Tauro reúna las fuerzas de expansión de Tauro y las exhale a la atmósfera de la Tierra.

El resultado, en determinadas condiciones, puede ser terribles tormentas en algún lugar de la Tierra. Mercurio puede hacer algo similar en la esfera termostática terrestre. Pero también puede ocurrir que los dos planetas intercambien sus actividades, es decir, que Venus ataque la termosfera y Mercurio la atmósfera de la Tierra. Por lo tanto en lo que se refiere a Venus y Mercurio, el lenguaje de los doce signos de la eclíptica tiene que traducirse en los términos de las actividades y eventos dentro de la esfera de la luz y el calor, si se quiere vivir y leer la influencia dinámica de estos planetas.

Lo mismo se aplica a la Luna. La Luna trabaja en las sustancias líquidas de la Tierra. Sabemos de la influencia de la Luna sobre el ritmo de las mareas, y también sabemos que las mareas son más fuertes en el comienzo de la primavera y el otoño cuando la Luna recibe la luz del poder creativo del Sol en Aries. (La elaboración de estos hechos sería objeto de investigaciones, principalmente en relación con la agricultura. Dado que estas Cartas tienen una tarea diferente, sólo daré algunas indicaciones).

Hasta ahora hemos estado hablando acerca de las fuerzas que se tejen entre la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas.

La diferenciación de estas fuerzas es en parte debida a la diferencia de la naturaleza de los planetas y de los doce signos de la eclíptica. De acuerdo con el sistema de Ptolomeo, -donde la Tierra está en el centro del universo y todos los planetas, incluso el Sol, se mueven alrededor de la Tierra-  el Sol y los planetas cambiarían su carácter a través de su propio movimiento, pero de acuerdo con el sistema de Copérnico sería la propia Tierra quien se expone por su propio movimiento a cualquier aspecto especial con la actividad del Sol. La órbita de la Tierra estaría entonces creando la realidad de la eclíptica con sus doce signos en nuestro universo. Sería una realidad relativa que sólo afectaría a la Tierra, pero la manera en que nuestro universo está construido en realidad, si la visión de Ptolomeo o Copérnico es correcta o si tenemos que buscar una perspectiva totalmente nueva, es una mera cuestión astronómica.

Lo que hemos descrito hasta ahora en esta Carta acerca de la influencia de los planetas, la Luna y el Sol sobre la vida orgánica de la Tierra, está conectado con la eclíptica. Si miramos nuestro sistema solar desde el punto de vista de Ptolomeo o Copérnico, la eclíptica con sus doce signos es una realidad dentro de nuestro universo solar; debemos imaginar que se lleva a cabo bien por el movimiento del Sol o por el movimiento de la Tierra.

Sin embargo, hasta ahora no hemos conectado esto con el círculo de las estrellas fijas del zodiaco, que están más allá de nuestro sistema solar. Dentro del zodiaco de las estrellas fijas tenemos doce constelaciones, que ya han sido mencionadas en la Carta anterior. Esta es una realidad que empieza donde nuestro universo llega a su fin. Tendremos mucho que decir sobre ello en las siguientes Cartas. Tenemos que tener absolutamente claro el hecho de que, además de las estrellas fijas del zodiaco, existe la eclíptica, que es la otra la realidad, dentro de nuestro sistema solar. Se ha indicado anteriormente como funciona en relación con el año solar. Como se relaciona con las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco, se expondrá en las siguientes descripciones.

calendario

La dificultad, que puede crear confusión, es que se utilizan los mismos nombres para las doce constelaciones de las estrellas fijas y para las doce divisiones de la eclíptica. Esto incluso tiene una cierta justificación, pero puede crear confusión. En estas Cartas las doce constelaciones de las estrellas fijas del zodiaco se distinguirán de las doce divisiones de la eclíptica como constelaciones; por ejemplo, la constelación de Aries o Tauro significa la constelación de estrellas fijas con este nombre más allá de la circunferencia exterior de nuestro universo, y  para las doce divisiones de la eclíptica -las doce partes de la órbita del Sol o la Tierra-  utilizaremos la nominación signo, [utilizaremos el nombre en latín] como el signo de Aries que es la parte de la eclíptica a través del cual el Sol parece moverse entre el 21 de marzo y el 21 de abril.

 Traducido y elaborado por Linda R. Gámez, Julián Ponce y Gracia Muñoz.
ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC.
P.O. Box 13
Meadow Vista, CA 95722
ISBN 1-888686-01-4
These Cartas were originally published as monthly astronomical Cartas fromApril 1944 to March 1946.
© ASTROSOPHY RESEARCH CENTER, INC. 2007
All rights reserved. No part of this book may be reproduced in any form without the written permission of the publisher, except for brief quotations embodied in critical reviews and articles, or for copies that are not for sale but for private use.
Printed in the United States of America by the Astrosophy Research Center

C1. Nueve Lecciones sobre las abejas .

Rudolf Steiner – Dornach, 3 de febrero de 1923 – GA351

English version

Buenos días, caballeros! desde nuestra última reunión, ¿tienen alguna pregunta?

(Se formuló una pregunta en cuanto a los efectos de la absenta, también se preguntó sobre la diferencia entre las abejas y las avispas.)

Dr. Steiner:

La pregunta formulada por el caballero de la audiencia, como especialista-maestro en abejas, llama la atención sobre la diferencia entre la vida de las abejas y la de las avispas. Es mucha su semejanza y ya he descrito recientemente la vida de las avispas. La vida de las abejas es muy parecida, pero, por otro lado, en la colmena hay una vida muy especial y notable. ¿Cómo podemos explicar esto?.

Ya ven, esto no se puede explicar completamente sin la facultad de percepción espiritual. Quien haya observado alguna vez  la vida de la colmena no podrá negar que está organizada con extraordinaria sabiduría. Naturalmente, no se puede decir que las abejas tienen el mismo tipo de inteligencia que los hombres, que usan el instrumento del cerebro, mientras que las abejas no tienen nada de eso, por lo que la sabiduría del Universo no puede irradiar en los cuerpos de la misma manera. Pero las influencias que vienen del universo que nos rodea, trabajan en la colmena, con un inmenso poder. De hecho, sólo se puede llegar a un entendimiento correcto de lo que es en realidad, la vida de las abejas si se tiene en cuenta que todo el entorno de la Tierra tiene una gran influencia sobre la vida de la colonia.

Esta vida en la colmena se basa en el hecho de que las abejas, en un grado mucho mayor que las hormigas y avispas, trabajan totalmente unidas, de manera que su actividad se organiza en una perfecta armonía.

Si uno entiende cómo sucede esto, tendría que decir: En la vida de la abeja todo lo que en otras criaturas se expresa como vida sexual, está, en el caso de las abejas, reprimido, notablemente suprimido, tanto, que en gran medida se impulsa hacia el fondo. Pueden ver que, en el caso de las abejas, la reproducción se limita a unas cuantas excepciones, hembras -la abeja reina- y unos pocos machos elegidos y en el resto, la vida sexual está mas o menos suprimida.

reina

Pero es el amor lo que está presente en la vida del sexo y el amor pertenece a la esfera del alma, y además, por el hecho de que ciertos órganos del cuerpo trabajan con las fuerzas del alma, estos órganos son capaces de revelar, de expresar amor. Y debido a que todo lo que esta reprimido en la naturaleza de las abejas se reserva solo para la abeja reina, la otra parte de la vida sexual de la colonia se transforma en la actividad que desarrollan las abejas.

Esta era la razón por la que en los tiempos antiguos, los hombres sabios, que tenían un conocimiento de todo esto bastante diferente del  de los hombres de hoy, podían relacionar la maravillosa actividad en la colmena, esta vida de amor, con la parte de la vida que se relaciona con el planeta Venus.

venus2

Si describimos las avispas y las hormigas, podemos decir que son criaturas que, en cierto sentido, se retiran de la influencia de Venus, mientras que las abejas se entregan por entero a Venus, desarrollando una vida de amor comunitario en toda la colmena. Esta vida está llena de sabiduría; ustedes pueden observar cuánta sabiduría se encuentra en ella.

Ya he hablado varias veces sobre el proceso reproductivo y la inconsciente sabiduría que contiene. Esta sabiduría inconsciente la despliegan las abejas en su actividad exterior. Lo que experimentamos cuando surge el amor en nuestros corazones, es lo que se encuentra como sustancia, por así decirlo, en el conjunto de la colmena. La colmena entera está en realidad impregnada de amor. Las abejas individuales renuncian al amor de muchas maneras, y así se desarrolla el amor a lo largo de toda la colmena. Sólo se empieza a entender la vida de las abejas cuando se sabe que la abeja vive en un ambiente totalmente impregnado de amor.

Por otra parte la abeja sale muy favorecida, especialmente por el hecho de que se alimenta sólo de aquellas partes de las plantas que están totalmente impregnadas de amor. Las abejas succionan el alimento -que luego convierten en miel- exclusivamente de las partes de las plantas que se centran en el amor, por lo que llevan, por así decirlo, la vida amorosa de las flores a la colmena.

Por lo tanto podemos decir que la vida de las abejas debe ser estudiada mediante el uso del alma.

Esto no es tan necesario cuando se estudia a las hormigas o las avispas porque aquí vemos que a pesar de que se retiran hasta cierto punto, todavía se entregan a la vida del sexo. Con la excepción de la reina, las abejas en realidad son seres que, como me gusta describir se dicen a sí mismas “Vamos a renunciar a la vida sexual individual para transformarnos nosotras mismas en seres portadores de amor”. Así han podido llevar lo que vive en las flores a la colmena, y cuando comenzamos realmente a pensar todo esto, llegamos al misterio de la colmena.

flores

La vida que brota, el amor en ciernes que está en las flores también está allí, en el cosmos. También podemos estudiar lo que hace la miel cuando se consume. ¿Qué hace la miel? Cuando consumimos miel se promueve la conexión correcta en el hombre entre los elementos aéreos y los elementos acuosos. No hay nada mejor para el hombre que añadir la parte correcta de miel en su alimentación  Porque lo que podemos ver de una manera maravillosa en las abejas, el hombre aprende a trabajar con el alma en los órganos de su cuerpo. En la miel de la abeja se le da al hombre lo que necesita para impulsar la actividad de las fuerzas del alma en el cuerpo. Por lo tanto, cuando el hombre añade un poco de miel a su comida, si así lo desea, puede prepararse anímicamente para trabajar correctamente en su cuerpo – la respiración correcta.

La apicultura es por lo tanto algo que ayuda mucho a avanzar a nuestra civilización, ya que hace a los hombres fuertes.

abejita

Cuando uno se da cuenta de que las abejas reciben influencias de los mundos estrellados, ve también cómo se puede transmitir al hombre lo que esta provisto para él. Todo lo que está vivo, cuando se combina acertadamente, trabajan juntos de la manera correcta. Cuando uno se encuentra ante una colmena de abejas tendría que decirse con solemnidad: “Por medio de la colmena el Cosmos entra en el hombre y le hace fuerte y capaz.”