GA110.c4, Las Jerarquías Espirituales y su reflejo en el mundo físico.

Steiner – Dusseldorf 13 de abril de 1909

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La mirada retrospectiva sobre lo que se dijo esta mañana, nos permite comprender que las condiciones de Saturno, relativamente transparentes y no tan opacadas por maya e ilusión nos suministran mayor claridad sobre cómo se realiza la redención o la continuada atadura de ciertas entidades que conocimos ayer al ocuparnos del profundamente significativo y, a la par incisivo pasaje del Bhagavad Gita.

Recuerden lo que les dije, si los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno hubieran absorbido esos cuerpos calóricos de forma ovoide sin dejar nada atrás, al final de su evolución, la totalidad de Saturno se habría reabsorbido en el mundo espiritual. Pero como he señalado, esto no fue así, pues los Espíritus de la Personalidad imprimieron sus huellas en el conjunto del Antiguo Saturno con mayor intensidad de lo que hubieran debido, y no lo reabsorbieron en su totalidad, es decir, dejaron fuera de si esos cuerpos de calor exteriormente perceptibles.

¿Cuál es el poder que late en los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno?.  No es otro que lo que conocemos en el hombre moderno como el poder mental, el pensamiento. Porque en realidad, los Espíritus de Personalidad no hicieron otra cosa en el antiguo Saturno que ejercer el poder mental y lograr la formación de esos huevos calóricos, suscitando en sí mismos la idea de ellos. Así ese poder representativo de los Espíritus de la Personalidad tiene una potencialidad mucho más superior que en el caso de la humanidad moderna. ¿Cual es el poder que está detrás de la fuerza de las ideas, o conceptos, en la humanidad moderna?. Cuando se formula una idea hoy en día, se forma la representación sólo en el cuerpo astral, no se proyecta más allá del cuerpo astral. Y así la permanencia de esa forma no puede distinguirse en el mundo físico externo. En el antiguo Saturno los Espíritus de Personalidad eran magos poderosos. Formaron los huevos de calor en Saturno por la fuerza de sus pensamientos, y a través de esa misma fuerza también los dejaron atrás. Así que en realidad fue el poder de los Espíritus de la Personalidad los que causaron el residuo del antiguo Saturno, residuos que reaparecen una y otra vez, incluso durante la evolución del Antiguo Sol.

Es perfectamente comprensible que una entidad, que es realmente humana debe tomar forma a partir de su entorno, (pues los huevos que se formaron allí se construyeron del medio ambiente de Saturno) y los huevos se quedaron encantados, o encadenados a una existencia posterior. Esto se presenta en un sentido más abarcante de las condiciones de las que hablamos ayer pues aún no había llegado a ser tan complicado.

En este punto se puede decir: He aquí el fuego de Saturno, he aquí lo que siempre se espiritualiza de nuevo por ese fuego antiguo, que se retira de nuevo como el fuego interior del alma, como un calor confortable que se eleva hacia arriba a los mundos superiores. Pero si hubiera ocurrido sólo esto, Saturno se habría disuelto en los mundos superiores. Lo que se percibe como calor externo, que se ha condensado en calor externo es necesario que nazca de nuevo, debe reaparecer de nuevo, y reaparece de nuevo en el Antiguo Sol, como ya describí.

Ahora vamos a echar un vistazo a lo que hemos descrito en la conferencia anterior. Hemos dejado claro que esos seres de las jerarquías espirituales que llamamos Arcángeles, o Espíritus del Fuego, pasaron por su etapa humana en el Antiguo Sol, y que el elemento de calor se condenso por un lado, en humo o gas, por lo que el sol se convirtió en una esfera de gas, y por el otro lado el gas se combustionó de tal manera que la luz sale al espacio universal, y son los Arcángeles o Espíritus de Fuego los que viven en esa emanación de luz, quienes la inhalan y  la emiten y en esa actividad tienen su Ser. Como ya he dicho, si se hubiera viajado entonces por el universo, habrían visto al Antiguo Sol brillando en la distancia. En el interior de este sol hubieran registrado las distintas corrientes de gas, y lo habrían percibido como el proceso de la respiración de todo el cuerpo solar.

Vamos ahora a traer una vez más a nuestra mente este antiguo Saturno y el antiguo Sol. Hemos visto que en la vida de estos cuerpos planetarios reinan la vida y la actividad y que algo está ocurriendo allí. Hemos sido capaces de describir en el antiguo Saturno, las formaciones ovoides, que fueron construidas apareciendo y disolviéndose  de nuevo, con la excepción de aquellos restos que quedaron atrás. Cualquiera que observara la actividad interna del Antiguo Saturno se hubiera dicho a sí mismo: “Saturno es realmente un ser viviente. Es exactamente como si fuera un ser vivo. Vive: vive en sí mismo, y continuamente acumula formas de vida propia y así sucesivamente”. En un grado aún más alto ocurre con el antiguo Sol. El se presenta como una unidad, como una totalidad en las condiciones cambiantes de su noche Solar y su día Solar, de la inhalación y la exhalación de la luz. Si se le hubiera podido observar habría dado la impresión de ser un cuerpo celeste lleno de vida.

Ahora todo lo que vive, que tiene ese tipo de actividad, que vive interiormente debe su vida y movilidad interna a los seres espirituales que gobiernan y guían ese movimiento. Es cierto que hemos dicho, que los Espíritus de Personalidad construyeron esas formas ovoides a través de su poder mental. Pero primero tiene que existir algo que suministre la sustancia de esos huevos. Los Espíritus de la Personalidad, los primigenios “principios” o Arkai no pueden producir esa sustancia. Eso es lo primero que debemos poner en nuestras mentes, que algo debe estar allí que proporcione la sustancia, es decir la calidez indiferenciada, el fuego mismo. Los espíritus de la personalidad sólo pueden moldear esa sustancia. Pero el calor lo deben recibir de otros lugares. ¿De dónde consiguen los Espíritus de Personalidad, la sustancia de calor, ese elemento de fuego?

Viene de Espíritus superiores esencialmente, seres espirituales que ya pasaron por su evolución humana hacia mucho tiempo, y que en el antiguo Saturno ya estaban mucho más allá de esa etapa.

Con el fin de formarnos una idea de tales seres sublimes, y por qué eran necesarios para dar el calor ardiente del antiguo Saturno, debemos por medio de una comparación, recordar el desarrollo del hombre mismo, pues el hombre  también, algún día se convertirá en un ser divino.

Sabemos que el hombre de hoy, integra su naturaleza humana en cuatro miembros constitutivos que son la clave de toda la ciencia espiritual: el hombre se compone de los cuerpos físico, etérico, astral y el yo. Sabemos cómo continua el desarrollo del hombre, su “yo” trabajando desde el interior empieza por remodelar el cuerpo astral para ponerlo por completo bajo su dominio.  Y, cuando el cuerpo astral este lo suficientemente transformado para que el yo tenga pleno poder sobre él, se puede decir que se ha configurado de modo que contiene el Yo Espiritual o Manas. Yo Espiritual o Manas es pues, un cuerpo astral supeditado al Yo.  Lo mismo sucede con el cuerpo etérico. Cuando el ‘yo’ intensificando aun mas su esfuerzo, vence también las fuerzas de resistencia del cuerpo etérico, este se transmuta en el Espíritu de Vida o Budhi. Y por último, cuando el ‘yo’ se enseñorea del cuerpo físico, cuando vence las fuerzas más reacias que son las fuerzas del cuerpo físico, entonces el hombre ha desarrollado dentro de sí al Hombre–Espíritu o Atman. Así queda constituido el hombre septenario con su cuerpo físico transformado en Atman u Hombre–Espíritu. Externamente, el cuerpo físico se muestra como tal cuerpo físico,  pero internamente, se halla totalmente supeditado a la incandescencia del yo, siendo cuerpo físico y  Atman, al mismo tiempo.

Análogamente el cuerpo etérico es a la vez cuerpo etéreo y Espíritu de Vida o Budhi, y el cuerpo astral es cuerpo astral y Yo Espiritual o Manas, el “yo” se ha convertido en soberano. Así, es como el hombre asciende a grados superiores en su propio desarrollo, con lo que se transforma, y trabaja en su propia divinidad, en su propia deificación, como diría Dionisio, el Areopagita, el amigo y discípulo del apóstol Pablo.

Sin embargo aquí no termina la evolución. Cuando el hombre este tan avanzado que ya ha conquistado por completo y absolutamente el cuerpo físico, todavía tiene por delante otras etapas superiores de desarrollo. Miremos las alturas espirituales, más y más elevadas, y a entidades suprahumanas mas y mas portentosas. ¿En qué consiste el continuo aumento de poder en estos seres?. Consiste en que en primer lugar se encuentran menesterosos y necesitan de algo, quieren algo, demandan algo del mundo, en tanto que después de su desarrollo, podrán entregarle algo. Fundamentalmente, todo el sentido y el espíritu de la evolución se apoya en el hecho de que pasamos del recibir, al dar. Vemos la analogía con la evolución humana en nuestra vida aquí entre el nacimiento y la muerte: el niño  nace desamparado y depende totalmente de quienes le rodean. Poco a poco se sobrepone a ese desamparo hasta que finalmente, el mismo se convierte en auxiliador de quienes le rodean.  Así sucede también con la gran evolución humana en el Universo.

En el antiguo Saturno, el hombre existía sólo como primer germen físico humano. Allí tuvo que contentarse con recibir las primeras bases de su humanidad, y así continuó durante toda la época solar y la lunar. En la Tierra adquirió su Yo, y ahora poco a poco se prepara para dejar que su Yo actúe sobre su cuerpo astral , etérico y  físico y así convertirse cósmicamente en un ser capaz de dar. Poco a poco se va introduciendo del estado de recibir, al de dar cósmico universal. Otro ejemplo de este hecho, nos lo ofrecen los Arcángeles o Arcangeloi. Ya en el Sol, su desarrollo les permitió darle la luz al espacio universal.

Repito, la evolución progresa del recibir al dar. En el caso de dar, la cosa tiene mayor alcance. Tomemos un ser que sólo puede dar sus pensamientos, que hablando con franqueza, no es todavía mucho lo que da por muchos que sean, pues el dador de pensamientos, seguirá siendo igual a como estaba. No ha dado nada visible o tangible, nada de efectivo en sentido superior. Pero llega un momento en que las entidades pueden dar no sólo pensamientos o especies mentales, sino mucho mas, por ejemplo, aquello que los Espíritus de Personalidad necesitaban en el antiguo Saturno: la sustancia del fuego calórico.

¿Quién estaba en un grado tan elevado de su propio desarrollo que pudiera emitir de su propio cuerpo esa sustancia calórica?. Eran los seres a quienes llamamos Tronos o Espíritus de la voluntad.

Así vemos que el antiguo Saturno se origina a través del hecho de que, desde determinado punto del Universo se concentran los Tronos y realizan en gran escala lo que a nivel inferior hacen los gusanos de seda, cuando con la materialidad de sus cuerpos hilan las hebras de seda. Los Tronos expelen e hilan la sustancia calórica y la ofrendan en el altar del antiguo Saturno.

Tenemos que considerar la vida de los Espíritus de la Personalidad en Saturno de tal manera, que estos Espíritus de la Personalidad o Arcai realmente impartían personalidad a ese calor dotándolo de autoconciencia. La sustancia del fuego calórico afluye desde el Universo  emanada de las sublimes entidades espirituales que son los Tronos.

¿En qué consisten esos huevos que se encuentran en Saturno?. En hilados del cuerpo ofrendado de los Tronos.

Pero eso no hubiera sido suficiente, la operación conjunta de los Espíritus de Personalidad tenía el poder de dar forma a la sustancia de calor, pero no podían hacerlo solos. Para producir esa vida interior y actividad, fueron necesarios otros seres espirituales que también habitaban en el antiguo Saturno, seres de una jerarquía inferior a los Tronos, pero mayor que la de los Archai o Espíritus de la Personalidad. Entidades a quienes les incumbe prestar ayuda a estos últimos. Podemos hacernos una idea de esa ayuda si pensamos en los ángeles que son los que están inmediatamente por encima de nosotros, y luego los Arcángeles, y los Principados o Espíritus de la Personalidad – arkai. Estos seres pertenecen a la Jerarquía que se encuentra inmediatamente por encima de nosotros. Los Tronos no son contiguos a los Principados sino que entre los dos existen grados intermedios, a lo que Dionisio el Areopagita; denomina Potestades o Exusiai (también Espíritus de la Forma) superiores en un grado a los Principados (Espíritus de la Personalidad). Las Potestades tenían con los Principados la misma relación que los Angeles tienen con nosotros. Otro grado superior a las Potestades lo ocupan las Virtudes (en griego Dynamis). Éstos se relacionan con los Espíritus de la Personalidad en el antiguo Saturno de la misma forma que los Arcángeles se relacionan hoy en día con nosotros.  Luego en ascenso le siguen las Dominaciones (Espíritus de Sabiduría) en griego Kyriotetes cuya relación con los Principados corresponde a la que estos tienen con nosotros. Solo después siguen los Tronos o Espíritus de la Voluntad.

Así, el antiguo Saturno tenemos una gradación ascendente de seres: los Espíritus de la Personalidad que estimulan y ejecutan la conciencia del “yo”, luego los Tronos, o Espíritus de la Voluntad, que son superiores en cuatro grados, y que donan la sustancia ígnea  y entre estos dos coros para que pueda regularse y dirigirse toda la vida en el Antiguo Saturno, tenemos, en ascenso: las Potestades, o Espíritus de la Forma, las Virtudes o Espíritus del Movimiento (Dynamis); y las Dominaciones o Espíritus de la Sabiduría (en griego Exusiai y Kyriótetes). Estos eran, si se puede llamar así los habitantes del antiguo Saturno.

Mientras que el antiguo Saturno está evolucionando hacia el antiguo Sol -como se ha descrito en la última conferencia- los seres que acabo de enumerar también evolucionan hacia una etapa superior y los Arcángeles entran en la etapa humana. Externamente -podríamos decir físicamente- el calor se condensa en gas. El Antiguo Sol es un cuerpo gaseoso. Mientras que el Antiguo Saturno era todavía un cuerpo calórico oscuro, el Sol ya empieza a brillar pero alternando, por así decirlo, entre lo que podríamos llamar días solares y noches solares, alternancia de particular importancia, pues existe una enorme diferencia entre la vida solar diurna y la nocturna. Si no se hubiera producido otra influencia que la que señalé en mis dos conferencias anteriores,  los Arcángeles, que realizaban su condición humana en el antiguo Sol viajarían hacia el Universo en alas de los rayos luminosos, por el se difundirían y en las noches solares, tendrían que regresar al seno del Sol. Sería una inhalación y exhalación de la luz, y con ello también de los seres que hayan su medio vital en esa luz. Pero no fue así.

Permítanme ahora caracterizar la naturaleza de estos Arcángeles, de una forma sencilla, también podría decir trivial.

Cuando ellos se escapan, les gusta más esa expansión en la espiritualidad del Universo que la posterior concentración, existencia oprimente y de menos categoría. Les gusta más la vida en el éter lumínico. Pero no podrían jamás extender su vida en el éter lumínico mas allá de cierto límite, si nada hubiese acudido en su auxilio. Si los Arcángeles hubieran dependido totalmente de sí mismos, no hubieran podido hacer otra cosa que regresar dócilmente al Sol durante las noches solares. Sin embargo, ellos no lo hicieron, sino que prolongaron por mas y mas tiempo su estancia en el Mundo Espiritual. ¿Quién les ayudó a hacer esto?.

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Imaginemos que el círculo pequeño es esfera del Antiguo Sol, los Arcángeles tienden en todas direcciones hacia fuera, extendiendo su esencia espiritual en el Universo. Lo que favoreció esta expansión fue la circunstancia de que ciertos seres del Universo salieron a su encuentro. Así como en el Antiguo Saturno el elemento ígneo de los Tronos, afluía desde el Universo, así también los Arcángeles en su emigración se encontraron con otras entidades, incluso superiores a los Tronos, y ellas les ayudaron a permanecer en el mundo espiritual más tiempo del que hubiera sido posible por si solos.

Estas entidades que desde el espacio espiritual salen al encuentro de los Arcángeles, son los Querubines (Espíritus de la Armonía) coro particularmente egregio de entidades espirituales dispuestas a recibir a los Arcángeles con los brazos abiertos. Cuando los Arcángeles se propagan hacia el exterior, los Querubines acuden a su encuentro desde el Universo y  así toda la esfera del Antiguo Sol se hallaba rodeada del reino de los Querubines que se les acercaban. Del mismo modo que nuestra Tierra esta rodeada de su atmósfera, así el antiguo Sol se hallaba rodeado por el reino de los Querubines, en beneficio de los Arcángeles. Por lo tanto, al salir estos a los espacios universales, contemplaban a sus grandes ayudantes.

¿De qué manera se les acercaban? ¿Cómo se veían?.  Solo la conciencia clarividente que puede leer los Anales Akáshicos puede comprobarlo. Estos Grandes Auxiliadores Universales adoptaron figuras etéreas bien determinadas. Nuestros antepasados que, a través de sus tradiciones, todavía eran conscientes de estos significativos hechos, los representaban como peculiares animales alados, con sus cabezas configuradas de manera diferente: el león alado, el águila, el toro, el hombre alado. En efecto, los Querubines se acercaban por de pronto desde cuatro lados, mostrando precisamente los aspectos que corresponden a su posterior popularización. De ahí que las Escuelas de los primeros iniciados en la época post-Atlante designaron a los  Querubines que desde cuatro lados, se  acercaban al Sol con nombres que posteriormente se transformaron en el Toro, el León, el Águila y el Hombre. Oportunamente nos ocuparemos de ello en mayor detalle; por hoy nos limitaremos a estudiar los cuatro tipos de Querubines que se acercaron a los Arcángeles.

He ahí pues el aspecto presentado por el antiguo Sol, cuando sus auténticos moradores humanos, también llamados Arcángeles, se desplazaron al espacio universal, se les acercaron los Querubines desde cuatro lados y de cuadruple manera. Y esto les permitió permanecer en la región espiritual que rodeaba al antiguo Sol por más tiempo de lo que, de otra manera les hubiera sido posible. Y es que la influencia de los Querubines ejercía sobre los antiguos Arcángeles un efecto sumamente vivificante en el más alto grado, en el sentido espiritual. Pero como sea que esa influencia entró en la vecindad del Sol, esa influencia no podía quedar restringida únicamente a los Arcángeles, tenía que hacerse valer de otra manera. Pues así es siempre; lo que existe en alguna parte, ejerce efecto múltiple, no único. Pongamos el caso de dos personas que se hallan en una habitación; una de ellas desea un calor fuerte pero no la otra; sin embargo quedara afectada por el excesivo calor. Lo mismo sucedió con los Querubines que irradiaban desde el espacio cósmico: ejercían el efecto descrito sobre las entidades del antiguo Sol que se habían encumbrado hasta el elemento luminoso y podian vivir en el, acción que, sin embargo solo era posible durante el día solar, cuando la luz emanaba hacia el espacio cósmico.

Pero también había noches solares  cuando no emanaba luz alguna, los Querubines entonces también estaban en el cielo. En esa fase de oscurecimiento, el planeta solar era tan solo gas y calor, sin resplandor, los gases calóricos circulaban entonces dentro de la esfera solar. En esta etapa, los Querubines que de todos modos continuaban enviando sus efectos hacia el Sol, no podían ejercer normalmente su influencia sobre los Arcángeles,  sino que la ejercían sobre el oscuro humo del Sol, sobre el oscuro gas. En tanto que en el antiguo Saturno los efectos procedentes del cosmos se producían sobre el calor como tal, ahora, en el Sol, se ejercían sobre el calor condensado, esto es, sobre el gas. A esta acción de los Querubines hay que atribuir el hecho de que en el antiguo Sol a partir de la neblina solar se formaran los primeros rudimentos de lo que hoy llamamos el reino animal.  Al igual que sobre el Antiguo Saturno se genero a partir del calor, el primer rudimento del reino humano, o sea su cuerpo físico, asimismo en el Antiguo Sol se genera el primer rudimento del reino animal a partir del humo o gas, gracias a las figura de los Querubines reflejadas en los gases solares.

Estas figuras querubínicas que se extienden por toda la periferia del Sol, integran pues el conjunto de elevadas entidades que, por un lado se abren a los Arcángeles, y por el otro en las noches solares hacen surgir del gas o neblina solar, como por magia, los primeros rudimentos físicos del reino animal. De ahí que los antiguos conocedores de la cosmología espiritual le dieran el nombre de Zodiaco, esto es, circulo de animales a esas entidades que desde diferentes direcciones del espacio universal obraban sobre el antiguo Sol. He ahí el significado del zodiaco. En el antiguo Saturno los Tronos  derraman y sacrifican la sustancia precursora del cuerpo físico humano; en el Sol, se empieza trazando las primeras formas del reino animal, gracias a que los Querubines que se reflejan en el gas, es decir, en la sustancia calórica condensada, las evocan de ella. Inicialmente, los animales son, pues, trasuntos solares del zodiaco, existe una autentica relación interna entre el zodiaco y los animales que están en trance de devenir en el Sol.

En verdad, hubo buenas razones para dar semejantes nombres, y no se crean que, en aquellos tiempos los nombres se inventaron porque si. Uno nunca debe pensar que en aquellos tiempos antiguos los nombres fueran escogidos al azar. Hoy en día, cuando se descubre un nuevo planeta en la cadena planetaria, ¿qué dice el astrónomo que haya tenido la suerte de descubrirlo?. Abre el diccionario y buscan algún nombre tomado de la mitología griega que de casualidad todavía está desocupado, y se lo cuelga a su estrella.  En los tiempos en que en los nombres debían expresar la esencia de las cosas, es decir, en los tiempos en que los Misterios se hallaban en todo su apogeo, los nombres nunca se daban así; las denominaciones de antaño denuncian siempre un significado profundo del objeto. Las formas de nuestros animales, aunque hoy se hallen desfiguradas en caricatura, se extrajeron de la periferia del Universo, de la configuración del zodiaco, tal como existía entonces.

Puede que les haya llamado la atención el que aquí solo se apuntaran cuatro de los nombres zodiacales. Si bien estos son las expresiones principales para los Querubines, cada una de las figuras querubínicas tiene un descendiente o acompañante a la izquierda y a la derecha. Imaginen a cada Querubín escoltado de dos acompañantes, y así tendrán doce potencias en la circunferencia del Sol, que tienen que cumplir su misión cósmica conforme acabo de describir.

 Ahora se puede preguntar: ¿Qué relación tiene esto con los nombres comunes del Zodiaco?. A ello dedicaremos un comentario durante los próximos días, pues la secuencia de nombres ha cambiado un poco. En general se empieza a contar con Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo. Luego siguen Virgo y Libra. El Águila, por cierta transformación posterior tuvo que aceptar que la rebautizasen como Escorpión, por buenas razones. Siguen los dos acompañantes: Sagitario, Capricornio. El Hombre, por causas que oportunamente conoceremos se llama ahora Acuario. Finalmente Piscis. Así pues, la figura primordial de la que ha surgido el zodiaco, ya no trasluce sino en Tauro y Leo y un poco en el Hombre, que en ordinaria terminología exotérica, se llama Acuario. En los próximos días veremos el porqué de estas transformaciones.

Sintetizando, en el antiguo Saturno, elevadas entidades espirituales, los Tronos, segregan de su propia sustancia la materia ígnea. Otras entidades aun superiores, los Querubines recogen en su propio ser, la luz que nace de esa materia ígnea y transfiguran y enaltecen su condición luminosa. Sin embargo, cada enaltecimiento en el Universo, clama porque se produzca un rebajamiento para crear la necesaria compensación. Así, para que, de día, los Arcángeles encuentren la oportunidad de expandir su existencia espiritual, los Querubines tienen que continuar actuando de noche, y objetivar, en la sustancia calórica condensada a neblina, humo y gas, los entes y formas animales inferiores al hombre.

Con ello, hemos adquirido en sentido de la sabiduría primordial, una primera visión de la acción concertada de ciertas entidades espirituales del Universo con nuestro propio cuerpo celeste; hemos visto, asimismo, que lo que física y externamente sale a nuestro encuentro, siempre puede atribuirse a entidades espirituales. Lo que hoy tan profanamente se llama zodiaco, tiene su oriundez en la ronda de los Querubines que desde la periferia universal, ejercían su influencia sobre el antiguo Sol, cuando este irradiaba hacia el Universo cual energía luminosa, su propia energía.

Así hemos derivado el importante concepto del zodiaco y mañana continuaremos dentro de esta misma línea, podremos paulatinamente ascender a otros conceptos sobre los cuerpos celestes y verter mas y mas luz sobre su relación con las Jerarquías Espirituales.

Traducido por Gracia Muñoz con ayuda del texto de Juan Berlín traducido del alemán.

 

2ª Conferencia – 10 de Enero de 1956

Cuatro conferencias y dibujos dados por Willi Sucher en el Circulo Experimental Biodinámica en Peredur, East Grinstead, Sussex, el 9 hasta el 12 de enero de 1956

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Esta noche quisiera hablar sobre el zodiaco, y quizás se me permita repasar muy brevemente lo dicho la noche pasada con el fin de retomar el hilo de la cuestión. Ayer se habló sobre el Sol como de un ‘agujero’ en el espacio, y sobre el hecho de que el Sol –esta especie de super-vacuum en el cosmos– recibe substancia cósmica, una especie de substancia sideral desde la periferia. Se podría imaginar que allí fuera en la periferia del universo se encuentra una reserva, un trasfondo en el cual pueden hallarse todas las bases constitutivas de todo aquello que ha sido y continúa siendo construido dentro del sistema solar. También fue indicado que el universo solar no ha de considerarse como una esfera sino más bien como un disco plano. Todos los planetas se mueven por ese disco, con sutiles desvíos. Lo que nos cabe descubrir esta noche, es algo que se relaciona con la naturaleza de ese trasfondo desde el cual obtiene sus bases constitutivas nuestro universo solar. Obviamente, el trasfondo es el zodiaco.

Ahora bien, aquí nos confrontamos con un cierto dilema. Quizás pueda hacer una breve referencia sobre los métodos que aplica la Astronomía para investigar el cosmos. ¿Qué es lo que se ha logrado?. La Astronomía moderna ha ganado varios puntos!. Se han hecho magníficos descubrimientos desde que fuera inventado el telescopio. Hemos podido penetrar cada vez más profundo dentro del universo y, como es sabido, el número de las estrellas conocidas –especialmente las estrellas fijas- se incrementó enormemente desde que los telescopios se fueron perfeccionando. Por ejemplo, se ha intentado pesar y –naturalmente– medir las estrellas. Se ha puesto empeño en desentrañar su naturaleza, su supuesta naturaleza, directamente por medio del telescopio. De todos modos, el enorme aparato que constituye a la Astronomía moderna ofrece solamente un aspecto unilateralista. Imaginemos por un momento que somos sordos y lerdos, que carecemos de olfato, de tacto y que sólo poseemos el sentido visual. En tal caso se podría acordar sobre cuán distorsionada sería la cosmovisión resultante. La Astronomía se ha basado completamente en el sentido visual. Es todo lo que ha sido capaz de lograr. Se ha magnificado el potencial de los telescopios. Como sabrán, uno de los últimos desarrollados es el telescopio de 200 pulgadas en Mount Palomar. Se depositaron muchas esperanzas en él. Se esperaba que pudiese penetrar más profundamente en el espacio para así descubrir algo relacionado con la infinidad del mismo o sus límites. Pero todo lo que se halló –de hecho ya había sido hallado con telescopios menos potentes– fue más estrellas. Estrellas nunca vistas anteriormente fueron descubiertas en las profundidades del espacio. Además, se ha llegado a una conclusión un tanto extraña que puede tomarse en un sentido simbólico. Se ha descubierto que todo el conjunto del gran universo se esparce y se aleja del sistema solar en el cual vivimos, en donde las distancias se miden de a millones de años luz.

Las distancias de por sí son ya inimaginables. ¿Podemos imaginar un segundo-luz, la distancia que recorre un haz de luz en un segundo?. Esto equivaldría a unas 19.000 millas por segundo. ¿Podemos imaginarlo?. Ningún ser humano es capaz de hacerlo!. Multiplicando esto por 60 obtendremos un minuto-luz, nuevamente por 60 y obtenemos una hora-luz, etc. Con lo cual al hablar de millones de años luz, nos percatamos de que está más allá de toda imaginación humana. Considero como correcto decir que si hablamos de dimensiones más allá de la esfera espacial imaginable, entonces ya estamos realmente fuera del espacio.

No nos es posible saber si tales distancias son correctas o no, puesto que están basadas en condiciones puramente terrestres. Estas condiciones han sido trasladadas o impuestas, digamos, al cosmos. Se asume simplemente que la luz en el cosmos tiene la misma velocidad a la que se supone aquí en la Tierra y tal es la base de los cálculos. De aquí se desprende que todo este andamiaje basado en el cálculo exacto, sólo sea una ilusión.

Aparte de esta concepción sobre espacio y distancia, algo más fue descubierto. Nos vemos inclinados a imaginar que todas estas estrellas y galaxias distantes se mueven tranquilamente por su trayecto, manteniendo una buena unidad. Pero se descubrió lo contrario. Todo el gran universo se separa a una tremenda velocidad. Si bien las galaxias no han alcanzado aún la velocidad de la luz, no están lejos de lograrlo. Nos confrontamos con un gran universo que semeja a una explosión atómica; sus partículas simplemente se desintegran!. No es mi intención explayarme demasiado sobre esta concepción, pero la idea en sí es simbólicamente muy reveladora. En el intento de penetrar el espacio cósmico, lo único que se logró es un cosmos que aparentemente se aparta de nosotros. Vemos cómo el aplicar solamente el sentido visual conduce a un cuadro atemorizador del cosmos.

Cuando oímos hablar sobre un radar astronómico, y se nos quiere decir que se está ‘escuchando’ al universo, hemos de saber que simplemente no es verdad. Sólo seguimos viéndolo, puesto que lo estamos viendo en una pantalla y eso se logra por el sentido visual. No hay más que esto, todo está basado en el sentido de la vista.

Con lo que tenemos a un universo, o más bien a un aspecto del universo que es en extremo unilateral, y de un universo que además se aleja de nuestro sentido visual. En otras palabras, llegamos a un punto –y esto es admitido por astrónomos que saben razonar– en el cual la Astronomía moderna no puede decir mucho más acerca del universo. Hemos llegado a un punto muerto. No podemos ir hasta las estrellas y tocarlas. Ni podemos aplicar nuestro sentido táctil ni pretender oírlas. El sentido visual es el único aplicable en esta esfera. Naturalmente que los astrónomos se ven en la obligación de mantener su postura, pero para nosotros  debe generarse la cuestión de si no es posible aplicar otros sentidos. Yo lo considero posible, pero desarrollando sentidos internos especiales. Estoy seguro de que en el futuro seremos capaces de aplicar el sentido auditivo astronómicamente, del mismo modo en que aplicamos el visual. Habrá que desarrollar una audición que posea algo de la naturaleza inspirativa, en terminología antroposófica.

Debemos considerar  a qué tipo de enfoque práctico podemos recurrir ahora. ¿Cómo se puede  investigar la naturaleza del zodíaco?. Deseamos descubrir un obrar del zodíaco que nos ayude a comprender lo que fluye constantemente hacia nuestro sistema solar. Obviamente, deberemos confeccionar diferentes instrumentos y hallar otros medios diferentes a aquellos que han sido utilizados hasta el momento por la Astronomía. ¿Cómo se puede lograr esto?. La solución es bastante simple. Existe un excelente y muy fino instrumento a nuestro alcance que puede ser utilizado para la observación de los astros, y éste es el ser humano. El ser humano es por lejos el mejor de los instrumentos, en lo que respecta a su naturaleza corporal y su organización. ¿Cómo es esto posible?.

Ayer se habló sobre la substancia o esencia proveniente desde la periferia de nuestro sistema solar. Fue dicho que posee una naturaleza divisible en  doce partes, dado que se origina en el zodíaco, viéndose éste mismo constituido por las doce constelaciones que nos son familiares. También fue dicho que hallamos rastros de tal substancia o energías provenientes desde más allá de nuestro sistema solar dentro de los reinos naturales. Podemos encontrarlos allí porque todos los reinos naturales fueron construidos gracias a las fuerzas cósmicas que son absorbidas por la super-succión solar, por el ‘agujero’ en el espacio. Más allá de los reinos mineral, vegetal y animal, existe otro ser que reúne a la división doceava y éste es el ser humano!. En el hombre no hay una separación de estos doce grupos diferentes. En nuestra organización corporal somos una manifestación completa de las doce constelaciones. Lo que se ve disperso en los reinos naturales está unificado y forma un organismo integral en el ser humano. Este es el tema a ser tratado. Ya que al estudiar la constitución doceava de la organización humana, encontramos que se trata simplemente de un zodíaco humanizado, al menos en lo concerniente a su forma. No considero que deba elaborar una razón del por qué en este momento. Todos sabemos que el ser humano, el alma humana, desciende desde las alturas cósmicas hasta su encarnación terrestre. Mucho antes de nacer, ciertamente durante todo el tiempo que dista entre dos encarnaciones, el ser humano se ve completamente ocupado en construir la base espiritual de su cuerpo físico, de su futura organización física. Recibimos esta base desde el mundo que se nos aparece externamente como las doce constelaciones del zodíaco. El ser humano trae consigo a esta forma espiritual a la Tierra –o cercano a ella– y al producirse la concepción, esta forma de naturaleza cósmica, hecha de substancia o energía cósmica, queda impresa en el elemento material terrestre. Cada organización humana conlleva la impronta del majestuoso trasfondo de las doce constelaciones del zodíaco.

Por lo tanto, la tarea que nos hemos propuesto es estudiar al organismo humano. Debemos ser capaces de leer sobre el impacto dinámico por parte de las constelaciones del zodíaco. Se trata de una tarea formidable de por sí, y no creo que podamos ir más allá de las generalidades esta noche. De todos modos, espero ser capaz de brindar una indicación acerca de la dirección en la que habremos de investigar, con el fin de comprender estos hechos.

Existe una manera de expresar la naturaleza de las constelaciones del zodíaco por medio de un lenguaje abreviado. Se halla contenido en los símbolos del zodíaco. Sobre ellos sabemos desde tiempos antiguos, y se han ido modificando en el transcurso de la historia de la humanidad moderna. Aún podemos reconocer en las formas dinámicas a la naturaleza del obrar de las constelaciones en la materia. Quisiera agregar que debe considerarse al ser humano desde dos aspectos, y uno de ellos es la cabeza. La cabeza es algo como un cosmos en sí mismo. Más allá de esto, también la totalidad de la organización humana es un cosmos, sólo que ha sido modificada; en cierto sentido, ha sido colocada en la verticalidad. Todo el conjunto del organismo humano deja entrever el impacto de las fuerzas dinámicas del zodíaco.

Veamos cómo se puede hallar la primera de todas las constelaciones, la de Aries, en la cabeza. ¿Dónde encontramos a Aries allí?, ¿dónde está actuando?. Está impresa en la cabeza (Fig. 1a) y éste es el símbolo que se utiliza para Aries. ¿Qué significa este símbolo?. Simplemente que tenemos allí a un gran cosmos, todavía indiferenciado. En ese gran cosmos ingresa un impulso que llevará algo a cabo (Fig. 1b), aportando movimiento y evolución.

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Surge algo que semeja a una acción iluminadora, algo que pretende dirigirse en cierta dirección. Esto puede verse también en el antiguo símbolo del Tao. Arriba, en la línea horizontal, hay algo que reposa. La línea vertical desciende; tiene la tendencia de abandonar la inmovilidad. Ciertamente, tal tendencia se halla presente en la inmovilidad del cráneo (Fig. 1a). En cierto sentido, el cráneo es un cosmos contenido en sí mismo. Pero luego, podría decirse que en la parte inferior de la cabeza tenemos un miembro. La mandíbula es como un miembro, sirve al movimiento. El maxilar se mantiene fijo, pero la mandíbula ha conseguido al menos un cierto porcentaje de liberación o movimiento.

Esto también puede hallarse dentro de la totalidad del organismo humano. ¿Cómo hallar esto?. Bien, aquí tenemos a la cabeza y aquí a los miembros (Fig. 1c). Aquí vemos claramente la tendencia descendente, liberadora, como si abandonase la esfera de la cabeza que representa a la imagen del cosmos. Por ejemplo, el cerebro humano se ajusta a la esfera del cráneo, pero la espina dorsal desciende a lo largo del cuerpo. Esta es una de las manifestaciones de Aries dentro de cuerpo. De este modo es como ingresa un impulso en un universo que tiende al reposo.

El próximo paso nos conduce a Tauro. Este es el símbolo que le adjudicamos (Fig. 2a).

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Tauro

Vemos que ha tenido lugar un cierto proceso. El mundo superior, el majestuoso, maravilloso mundo cósmico aún se reposa en su perfección. Pero a través del impulso dinámico se ha conseguido desarrollar otra cosa. El símbolo expresa tal progreso. Se ofrece una indicación sobre una esfera que se inicia desde una formación córnea. Podría conectarse esto con el cerebro, pero los cuernos superan a la esfera de la cabeza. El círculo más pequeño corresponde al cerebro (Fig. 2b). Con lo cual tenemos dos entidades: una esfera mayor por encima de la cabeza, que es una imagen del reino del pensar cósmico, y una esfera menor –el cerebro– que viene a ser un espejo de la mayor. El mundo del pensar humano, ligado al cerebro, aún permanece estrechamente cercano al pensar cósmico, pero sin ser ya más que un reflejo. El pensamiento humano tiene su origen en el pensamiento cósmico divino, pero fenece en una existencia sombría tan pronto como toca el cerebro humano. Aquí vemos realizarse el impacto de Tauro dentro de la cabeza.

¿Qué hay de Tauro en lo que resta del ser humano?. Allí se manifiesta en la laringe (Fig. 2c) la cual está ligada a Tauro. Desde las alturas hemos recibido la capacidad del habla –se convirtió en humana. ¿Dónde se originó?. En la Palabra cósmica que creó el universo y que hizo nacer a todo lo que vemos a nuestro alrededor como mundo de los objetos. En el primer capítulo del Evangelio de San Juan escuchamos las palabras: ‘En el principio era la Palabra’ y ‘todas las cosas fueron hechas por ella y sin ella, nada de lo hecho estaría hecho’.

Podemos ver al símbolo de Tauro casi de forma literal en la organización humana. Considérese a la laringe como una esfera necesaria para generar el habla. Como es sabido, desde esta laringe se extienden dos tubos que llegan hasta el oído medio. Tal es la impronta de Tauro en el organismo humano.

¿Cómo podemos describir el principio de la constelación de Tauro. Seguramente, se trata de un elemento que ha descendido un paso más por debajo de Aries. Aries no representa más que un impulso inicial; aún no se ha conseguido nada, sólo la tendencia de hacer algo. En Tauro se ha logrado algo, pero todavía está ligado estrechamente a su origen cósmico, el pensamiento cósmico. Puede decirse que este pensamiento cósmico es nuestra gran morada en el espíritu, desde donde hemos descendido al mundo material.

Este principio es llevado hasta la constelación de Géminis. En la cabeza (Fig.3a) tenemos a una manifestación múltiple de esta constelación. Por ejemplo, existen ‘gemelos’ en los dos hemisferios cerebrales, pero también tenemos ‘gemelos’ en la polaridad que existe entre la esfera del cráneo y la parte inferior de la cabeza. Digamos que los gemelos se corresponden pero sin llegar a ser idénticos (Fig. 3a).

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Géminis

Este es el símbolo utilizado para Géminis (Fig. 3b). Vemos dos mundos que se separan. Esta es una tendencia que podemos encontrar por doquier en la cabeza. Un ejemplo de esto es la diferenciación entre izquierda y derecha. Sabemos que el costado derecho del rostro se diferencia del izquierdo. Son ‘gemelos’ y ligados entre sí, pero cada uno está formado de manera diferente. Luego tenemos una diferencia en la vertical y entre el frente y la parte posterior.

¿Qué hay del ser humano como un todo?. También allí existen ‘gemelos’ en muchas direcciones, por ejemplo, entre la cabeza y el resto del organismo (Fig. 3c). Estos gemelos están conectados; son desiguales pero unidos estrechamente por la columna vertical. El uno precisa del otro. También hay gemelos en la dirección izquierda-derecha, especialmente en lo referido a los brazos. Y de tomar simplemente al conjunto del ser humano y contemplamos su organización, nuevamente hallamos gemelos en una dirección diferente, la vertical-horizontal, que queda expresada en los contornos del cuerpo humano (Fig. 3d).

¿Cuál es la naturaleza arquetípica de la función cósmico-dinámica que encontramos aquí?. Es la tendencia a separarse. Ambos mundos se han separado suficientemente, pero todavía están conectados. Tal es el impacto dinámico de la constelación de Géminis. Puede hallarse en innumerables manifestaciones en el mundo. Esto se origina en Géminis, diversificándose a medida en que va pasando a través del mundo planetario, antes de descender finalmente hasta la Tierra y emerger en la materia.

Los símbolos son realmente una especie de lenguaje arquetípico que puede ayudarnos a comprender las actividades fundamentales de las constelaciones.

La constelación que continúa, la de Cáncer, también se manifiesta a sí misma en el ser humano de diversas maneras. Veamos primeramente la cabeza. Sabemos que en el bebé, las fontanelas aún están abiertas. Esto indica que todavía existe una comunicación cordal con el universo. Hasta no pasado cierto tiempo luego del nacimiento, este portal no se cierra (Fig. 4a).

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Cáncer

De contemplarlo desde arriba, podremos ver la ovalación del cráneo humano (Fig. 4b). Primeramente está abierto pero luego se cierra. Aquí podemos reconocer al símbolo de Cáncer. En primera instancia todavía existe una conexión con el mundo cósmico, pero tan pronto como se cierran las fontanelas, ésta queda truncada y el ser humano se aparta del cosmos. Esto queda expresado por el símbolo de Cáncer. En la figura 4 pueden observarse dos curvas, una que expresa al extenso desarrollo pasado, es decir a toda la evolución previa del cosmos que el hombre recapitula antes de nacer y que culmina en ese instante. Ahora debe inaugurarse algo nuevo. El alma que encarna es enviada con el fin de que desarrolle ciertas capacidades en el aislamiento de la Tierra. Estas fuerzas son solamente adquiribles en la Tierra. Sabemos que están directamente conectadas con el desarrollo del Yo. Es así como el hombre es enviado y separado del mundo cósmico, y es en esta separación donde debe hacerse de una nueva evolución y participar en la creación de un nuevo cosmos. La nueva evolución queda indicada por la segunda curva del símbolo (Fig. 4c).

El espacio que queda establecido entre ambas curvas, ¿puede ser superado?. Esto es algo de gran importancia hoy día. Quisiera darles una indicación sobre cuán importante son estas cosas: cuando tuvo lugar el Misterio del Gólgota, el planeta Saturno se ubicaba en la constelación de Cáncer. El Cristo trajo consigo a todas las fuerzas del cosmos a la Tierra, y la Tierra quedó impregnada con las fuerzas que permean y mueven a los astros. Cada ser humano que se une al impulso del Cristo puede participar de aquellas fuerzas celestes que el Cristo ligó a la Tierra. Lo que leemos de un evento tal –Saturno en la constelación de Cáncer– es el hecho de que la Tierra y la humanidad fue imbuida de potencias espirituales cósmicas, las cuales nos permiten puentear el abismo o espacio que hay entre la involución y la evolución. Vemos al pasado de la Tierra y del cosmos como un proceso en involución, y vemos como evolución al desarrollo de un nuevo cosmos que avanza hacia el futuro. Nos percatamos de este modo de que durante el suceso en el Gólgota, estaban obrando fuerzas e impulsos. Sin su incorporación, la Tierra no hubiera sobrevivido.

Dentro del total del ser humano, hallamos a las fuerzas de Cáncer en lo que conforma al tórax humano (Fig. 4d). Si bien han sido modificadas hasta cierto punto, en un sentido u otro mantienen el mismo principio –una actividad de cierre. En la cavidad torácica moramos con nosotros mismos; es la ‘residencia’ en la cual habitamos, donde late nuestro corazón, y donde en cierto sentido nos aislamos del gran hogar del universo.

Vayamos ahora a la constelación de Leo. Ya consideramos que en el tórax el hombre vive en su propia morada, pero escindido del gran cosmos. ¿Dónde encontramos este impulso de Leo?. El cráneo ya ha atravesado por el impacto de Cáncer; a partir de aquí, una nueva evolución habrá de ser impulsada desde el Yo, al cual sólo podrá ser desarrollada dentro del espacio abierto que se ubica entre las dos curvas del símbolo de Cáncer. Este Yo, indicado por un círculo en la Fig. 5a, es algo que fue encapsulado en sí mismo y dejado a su suerte. Está llamado a construir un nuevo cosmos, lo que puede describirse por medio de una curva que desciende y se extiende. De este modo llegamos al símbolo de la Fig. 5a y b.

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Existen dos maneras de representar el símbolo de Leo. Uno parte desde la periferia para arribar al punto (Fig. 5b). Este correspondería a Leo en involución, un movimiento por el cual el cosmos espiritual se contrajo y se densificó hasta ‘abrirse paso’ en la materia. Se pone de manifiesto cada vez que encarna un ser humano, viniendo desde la periferia del cosmos espiritual, encarnando paso a paso, llegando finalmente hasta la esperada simiente en la Tierra, lo cual es un trabajo muy tedioso y que puede llevar muchos años. Una vez encarnados, nos vemos convocados a colaborar en la construcción de un nuevo cosmos. Podemos hacer esto si desarrollamos las facultades mencionadas por Rudolf Steiner: Imaginación, Inspiración e Intuición. Estas se convertirán en los cimientos de un cosmos nuevo.

También encontramos al principio de Leo en el total de la organización humana, particularmente en el tórax. Primero tenemos al espacio cerrado, la ‘casa’. Por dentro late el corazón (Fig. 5c). Aquí tenemos dos acciones, el salir de la circulación y el retorno desde la periferia al cuerpo. ¿Cómo podemos describir el impacto de Leo a través de un concepto simple que nos ayude a comprender, en un sentido universal, a la naturaleza de las fuerzas que actúan desde la dirección de Leo?. Obviamente, el principio consiste en la relación que existe entre el centro y la periferia, y la cuestión se trata más bien de si el centro es activado desde fuera o si adquirió la capacidad de auto-activarse. Puede cobrar variedad infinita. Puede suceder, por ejemplo, que una persona no pueda encontrar el centro y se vea inclinada a vivir en la periferia. Puede parecer que uno viva enajenado de la Tierra, sin encarnar propiamente, o participando plenamente de la vida terrestre. También puede suceder lo opuesto, y uno puede verse demasiado encerrado en su propia celda y no le es posible acceder a la periferia, el entorno, etc.

Un número considerable de investigaciones ha verificado que tales tendencias se encuentran presentes en la naturaleza humana, pero también podemos encontrarlas por doquier en los reinos de la naturaleza, de buscar allí diligentemente. Corresponde tanto a nuestra tarea como a la capacidad de transformarlas y hasta incluso ofrecerles resistencia. Podemos lograr esto desarrollando las facultades mencionadas anteriormente.

Contiguo a Leo encontramos a la constelación de Virgo. En la cabeza humana encontramos su impacto directamente a como se indica en la Fig. 6a. Hasta aquí, el contraste entre periferia y centro sólo ha sido una tendencia, pero en Virgo se inicia una labor real. En cierto sentido, la constelación de Virgo es una especie de laboratorio de los Dioses, la matriz del divino mundo cósmico. Allí se activan las grandes transformaciones. ¿Cómo se lee este símbolo?. Nos habla de una región muy misteriosa, en donde se albergan los secretos de la vida y del devenir. Se hallan cuidadosamente guardados de ser profanados como si fuera un santuario, por detrás de sus tres velos. Si nos preparamos correspondientemente, seremos capaces de atravesar los tres velos y así ingresar finalmente al recinto más íntimo del Templo, en donde están preservados los misterios de la vida y del devenir. Los tres velos quedan expresados por los tres trazos que conforman al símbolo (Fig. 6b).

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Habiéndolos pasado encontraremos a la Divina Sabiduría Suprema, quien es también la vida. Esto queda indicado por la especie de serpiente que vemos al final del símbolo, la Serpiente de la Sabiduría. Es allí donde tienen lugar esas actividades misteriosas dentro del espejo del cerebro, que traducen la percepción en concepto para luego distribuirlo por todo el cuerpo (Fig. 6a). Nadie sabe o comprende todavía cómo un ser humano es capaz de realizar un movimiento. En la mente tenemos a la imagen del movimiento ‘quiero hacer esto’, pero cómo es que se produce la ejecución en nuestro organismo no ha sido descubierto todavía. Aquí nos confrontamos con grandes misterios.

Encontramos misterios similares en todo el ser humano, puesto que la constelación de Virgo está ligada a la misteriosa región del plexo solar y de la digestión, en donde se ubican los órganos en la esfera que está por debajo del diafragma.

Esta región misteriosa, la cual no se llega a comprender muy bien, es aquella en donde –por ejemplo– tiene lugar la desintegración de la substancia alimenticia, pero no sabemos cómo se lleva a cabo. Nuevamente, es una región velada en forma triple (Fig. 6c) y profundamente ligada a los misterios de la vida y el devenir, ofreciendo muchos otros aspectos además del de la digestión.

A Virgo le sigue la constelación de Libra. En la cabeza humana la hallamos encarnada en el complejo organismo de la audición. En el oído interno se encuentra el misterioso órgano del equilibrio. El símbolo representa a una balanza, algo que está en suspensión y debe mantener la horizontal con el fin de permanecer balanceado (Fig. 7a). En la totalidad del organismo humano está conectada a las caderas (Fig. 7b), también una región de equilibrio –la balanza entre el organismo superior e inferior. Sólo podemos comprender a pleno este equilibrio y a su símbolo de entender a la constelación de Escorpio, a continuación de Libra.

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En Escorpio nos confrontamos una vez más con fuerzas provenientes del universo que están veladas tres veces. Pero estos misterios se ven conectados con los estadios cósmicos que apuntan hacia la realización del Yo. Son los misterios del logro, en última instancia es el hecho que surge desde el ego emancipado. Nuevamente tenemos un primer, segundo y tercer portal (Fig. 8a y b) en los tres trazos del Símbolo. Solamente luego de haberlos atravesado podemos ingresar en el terreno dentro de cual buscamos el fundamento para realizar algo, o que al menos pretendemos lograr. Esto queda indicado por la flecha al final del símbolo. En la cabeza encontramos a Escorpio en la región de la laringe (Fig. 8a); de hecho, le atañe toda la región que sirve al proceso vocal. Sabemos que la constelación de Escorpio está opuesta a Tauro, que también está ligada al habla, la laringe y los tubos que llegan hasta el oído medio (las trompas de Eustaquio). De todos modos, en Tauro aún conservamos una fuerte afinidad con el mundo cósmico y que es donde nació la palabra humana. En Escorpio, la Palabra se convierte en palabra humana, emancipada del cosmos. Debe nacer desde la actividad interior del ser humano. En la conferencia VI del ciclo ‘El mundo de los sentidos’, 1 de Enero de 1912, Rudolf Steiner habla sobre el hecho de que la audición irá desapareciendo gradualmente. Esto esta conectado con Tauro y con la antigua creación que ha llegado a su fin. El órgano de la laringe y el habla, todo aquello ligado a Escorpio se encuentra en ascenso. Los seres humanos del futuro tendrán a disposición las bases de una nueva Palabra creativa en Escorpio purificado. En la totalidad del ser humano, Escorpio se manifiesta en toda la esfera reproductiva y de propagación. Aquí también subyacen grandes misterios que, en un cierto sentido, debieron ser profundamente velados.

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Ahora podemos comprender por qué Libra se ubica entre las constelaciones de Virgo y Escorpio. Por un lado están los portales hacia los misterios de la vida y del devenir y por el otro, los misterios de la muerte y del obrar. Con el fin de ingresar en dichas regiones con plena consciencia, deberá alcanzarse un alto grado de equilibrio. De carecer de este máximo alcance, los efectos de Virgo y Escorpio se convertirían en fuerzas destructivas para nosotros.

Seguido a Escorpio está la constelación de Sagitario. Allí, todo se manifiesta al servicio de la acción e irradia hacia afuera. Por ejemplo, podemos hallar esto en los huesos de la mandíbula (Fig. 9a). En la totalidad de la organización humana lo vemos surgir en la parte superior de las piernas y de los brazos. En dichas regiones notamos una tendencia hacia la exteriorización, de salir del encierro que todavía queda expresado por Virgo, de aquello que aún permanece guardado, aislado y velado. Esto queda referido por el símbolo de la flecha. En los miembros, la acción se ve dirigida hacia la Tierra. Esta es la tarea de la humanidad moderna, la de obrar en la Tierra (Fig. 9b) partiendo del impulso de la libertad interior y del amor.

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Por lo tanto, desde la dirección de Sagitario vemos fuerzas que fluyen hacia la Tierra y que tienen la tendencia de surgir en el mundo como impulsos de acción, como si fueran flechas que atraviesan el espacio. Como seres humanos, podría ser incluso nuestra tarea el sopesar y considerar que tales impulsos no se agoten en sí mismos por carecer de un objetivo. Esto puede lograrse de disponer del conocimiento. Nuestra tarea reguladora deberá ser posible de aplicar en la agricultura.

Por supuesto que con el fin de manejar tales fuerzas debemos primero conocerlas, saber cómo y cuándo ingresan a la Tierra. Por ejemplo, si sabemos que el año entrante o dentro de unos años Saturno se ubicará en la constelación de Sagitario, entonces se podrá calibrar el impacto sobre la Tierra. Estos se manifestarán por doquier en la naturaleza. De poseer estos conocimientos, seremos capaces de usar o moldear estas fuerzas como corresponde.

La constelación siguiente es la de Capricornio, Cabra o Pez Cabra. Primero me gustaría explicar el símbolo. Este es el que utilizamos para Capricornio (♑ Fig. 10a). En el continente se utiliza esta figura (Fig. 10b) que es similar. En ambos casos, algo que semeja a una Luna creciente (Fig. 10c), la cual puede extenderse hasta una circunferencia, es sostenida o portada. La parte inferior de símbolo nos recuerda a Cáncer, que en sí se ubica opuestamente a Capricornio.

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 ¿Qué habíamos encontrado en Cáncer?. Un movimiento de separación, hacia la emancipación total. Podríamos decir que Capricornio es completamente lo opuesto. Allí existe una tendencia a reestablecer nuevamente un contacto entre un elemento superior con otro inferior. Una parte de Cáncer, la espiral inferior, se desarrolló en un grado tal que puede elevar a esa esfera hasta las alturas. En un cierto sentido, la flecha de Sagitario que se vería disparada hacia el infinito de no verse retenida, se ve direccionada. Queda transformada y redirigida hacia un objetivo preciso. Porta al cosmos consigo por medio de aquellas facultades adquiridas en crisis previas, por ejemplo en las crisis de independencia que fueron indicadas en la constelación de Escorpio.

En la forma humana se manifiesta como capacidades de sostén. Dibujaré el símbolo aquí arriba (Fig. 10c y d). Fisiológicamente, la cabeza es transportada por el cuerpo. Pero metafóricamente, podemos imaginar a la cabeza llevando al cuerpo. La cabeza es un antiguo mundo, realmente un residuo de la encarnación previa. El cuerpo, separadamente de la cabeza, es el inicio de futuro. En primer lugar, el cuerpo es la simiente de una encarnación futura, pero en última instancia es el germen o la contribución para un universo futuro. La cabeza, que proviene de un viejo mundo y que ha atravesado por estadios de emancipación y materialización, debe ahora servir a un propósito final y portar al cuerpo, la simiente del futuro. Debe trabajar y transmitir su última facultad adquirida como pensar auto-consciente a lo que indica un nuevo cosmos.

Dentro del total de la organización humana, encontramos a Capricornio en las rodillas (Fig. 10c). Aquí también se dispone de la actividad de Sagitario. ¿Podemos imaginar al hombre sin rodillas, con piernas como palos?. Su vida sería completamente diferente. Sería extremadamente difícil adquirir flexibilidad y gracia en nuestros movimientos. Seríamos incapaces de encarnar completamente en la Tierra o de desarrollar un sentido de responsabilidad frente a ella dentro de nuestra labor cotidiana. Además de las rodillas, Capricornio está asociado con todas las articulaciones en el cuerpo humano.

¿Qué tipo de fuerzas son las que se introducen desde Capricornio?. Obviamente poseen un potencial que puede ser aplicado en la reunificación de lo que fue separado en Cáncer -el cielo y la Tierra.

Estas fuerzas pueden ser empleadas en el establecimiento y la aplicación de un nuevo conocimiento de las energías cósmicas que obran en la materia terrestre. Estoy convencido de que de saber cómo, podríamos suscitar milagros con ellas. Muy probablemente, mucho es lo que podría hacerse a partir de estas fuerzas cósmicas de lo que se logra extraer de la física atómica.

Continuemos con la constelación de Acuario. Nos confrontamos nuevamente con todo un mundo nuevo, descrito por un simple símbolo. Aquí, algo fluye y se mueve. Un cierto proceso a sido llevado un paso más allá. Esto comenzó en Sagitario, fue tomado y modificado por Capricornio y aquí en Acuario ha recibido un movimiento armonioso. En Capricornio fue descubierto un mundo nuevo, un cosmos nuevo contenido dentro de una simiente, que es el del cuerpo humano. En Acuario tenemos al subir y bajar del movimiento y el desarrollo hacia el futuro. Pero el punto más importante que representa este símbolo consiste en que la libertad nacida desde las profundidades se ajusta a sí misma –gracias a la decisión propia– al movimiento y la evolución en las alturas. Dicho de otro modo, Acuario irradia fuerzas que desean armonizar con las aplicaciones prácticas de la Cosmología o Astrosofía dentro de los asuntos terrestres. La germinación y el crecimiento de una simple planta son manifestaciones de la cooperación entre el cielo y la Tierra. De todos modos, es la tarea de nuestra individualidad libre el establecer esta cooperación conscientemente. De otra manera, la existencia terrena se desecará espiritualmente y se volverá estéril.

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En la cabeza humana, encontramos indicada una de las manifestaciones de Acuario en los labios (Fig. 11a). Los labios son los órganos que formulan finalmente lo que fluye hacia el mundo como habla. Ellos crean una armonía entre lo que vive interiormente en el ser humano y aquello que recibe a la palabra humana en el mundo exterior. En la totalidad de la forma humana lo hallamos en las pantorrillas (Fig. 11b). Esta es una región que todavía está sin desarrollar completamente en el organismo humano, pero que jugará un importante rol en el futuro. Aquí, el calor interior se encuentra con el exterior. Sabemos que las corrientes sanguíneas alcanzan la periferia del organismo humano en las pantorrillas. Por ejemplo, allí se puede corroborar y regularlas en caso de fiebre. Por lo tanto, aquí también tenemos a un órgano de comunicación entre el mundo exterior de las fuerzas formativas y el mundo interior. Sin embargo, en cierto sentido esta región del organismo humano aún está en su infancia. Atravesará por muchas transformaciones antes de convertirse en un órgano de creación cósmica activa.

Finalmente llegamos a la constelación de Piscis. Aquí se debería esperar un logro definitivo, puesto que es la última constelación del zodíaco. Comenzamos por una estrecha conexión con el cosmos. Esto se mostró aparente en Aries, Tauro, etc. Luego llegamos hasta una tendencia emancipativa del cosmos. Ingresamos en nuestra propia ‘casa’ y nos establecemos a nosotros mismos. Luego de haber ingresado, nos encontramos en una esfera crítica por habernos escindido del sostén cósmico en nombre de la libertad y laindependencia. A continuación llega el impulso del obrar individual y la obra en sí misma. Pero tuvimos que hacer una preparación considerable para que la obra pudiera ser controladay finalmente reestablecemos una conexión con el gran cosmos. Esto fue hecho empero desde nuestra propia libertad y amor por los propósitos cósmicos divinos.

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Llega ahora el paso final, en donde nos encontramos cara a cara con el cosmos del cual nos separamos una vez, y al que rencontramos tras ardua labor. Sólo que ahora hay una diferencia fundamental, una diferencia que se revela gracias al símbolo de Piscis. Este es el símbolo (Fig. 12a). Colocaré el símbolo de Géminis a su lado (Fig. 12b). ¿Cómo vivenciamos a Géminis?. Allí teníamos un cuadro del orden jerárquico. El gran cosmos estaba indicado por la esfera superior, obrando todavía fuertemente sobre el ámbito inferior. Pero inclusive allí había signos de separación, a lo cual se llega en el signo de Cáncer. No obstante, en Piscis las dos esferas se ven sobre una base de igualdad. Están conectadas en la horizontalidad. Al alcanzarse este estadio, la persona ya no es la misma criatura en el orden jerárquico sino que se ha convertido en creadora. Por supuesto que este estadio se refiere a un futuro distante del género humano.

Lo que todavía estaba en un estado de dependencia en Géminis, se pondrá lado a lado con las jerarquías. Esto se nos recuerda por medio de las palabras del Cristo en los últimos capítulos del Evangelio de San Juan, donde dice: ‘a partir de ahora no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hará su amo, sino que os llamaré amigos, ya que todas las cosas que he oído del Padre os las he hecho saber’ (XV,15).

Tal es lo que está contenido en Piscis, pero es un camino largo y doloroso hasta allí. Los Peces han obrado sobre el cosmos desde el principio, y establecieron en las manifestaciones y reflejos del organismo humano el ‘lado a lado’ como visión evolutiva. Por ejemplo, en la cabeza humana (Fig. 12c) tenemos a los dos ‘peces’ de los ojos, de las orejas, etc. Si bien izquierda-derecha corresponden a una naturaleza diferente (la derecha es más activa la izquierda más pasiva-receptiva) no obstante colaboran. Pies y manos también difieren con respecto a izquierda-derecha, pero se encuentran ‘lado a lado’ y los utilizamos  de modo fraternalmente cooperativo. Todas estas partes del cuerpo, manos, pies, etc., son evidencia de la labor de Piscis. Con el fin de manejar estas fuerzas conscientemente cualquiera sea el ámbito, habremos de desarrollar una actitud fraternal frente a los demás, frente a los reinos naturales, las substancias de la Tierra, el cosmos, etc.

Admito que ésta ha sido una descripción muy esquemática del zodíaco y sus símbolos. No ha sido más que una indicación sobre la dirección en la cual habremos de movernos según el propósito de investigar la naturaleza de las constelaciones, y para hallar modos y medios que sirvan al manejo de sus impactos, en tanto son una manifestación de la naturaleza que nos rodea e inclusive dentro de nuestro propio organismo humano. Pero nunca debemos olvidar que nuestra vida anímica debe permanecer independiente  de las fuerzas del cosmos. Aquí debemos distinguir estrictamente que en lo que respecta a nuestro organismo corporal, participamos de las fuerzas que fluyen desde el zodíaco, modificadas por los planetas hasta que ‘romperse’ en los objetos y las cosas que hallamos en la Tierra. Esta reserva contiene el preciado fruto de toda una era de trabajo en favor de la libertad espiritual. No debemos perderla, de lo contrario perderemos también la integridad de nuestra individualidad.

Esto ha sido un intento de trabajar sobre los símbolos, sin aceptarlos de la manera tradicional sino intentando comprender su significado interior. Han llegado a nosotros por tradición y no nos podemos basar enteramente en ella. Quizás deberíamos inventar nuevos símbolos, al menos en parte. Espero que esto suceda en algún futuro. De hecho me he sentido en la obligación de  traducir los símbolos a un lenguaje más acorde a las concepciones modernas. Como sea, disponemos de una base sobre la cual sostenernos y trabajar de frente al futuro, en el cual esperamos ser capaces de comprender y emplear las fuerzas que fluyen desde las esferas planetarias hacia la Tierra.

En una época en donde se reconoce con creces solamente la realidad de lo terrestre, las fuerzas y substancias materiales, la integración activa del conocimiento espiritual sobre el cosmos y nuestra labor en la Tierra será de una importancia considerable. De otro modo, podemos caer en un abismo de catástrofes inimaginables. Desconociendo el manejo del trasfondo cósmico no podemos trabajar eficientemente  en este planeta, ya que nos veríamos inclinados a dejar de lado una mitad de la existencia y caeríamos presos  en concepciones turbias y vagas sobre la otra mitad.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

 

La Pascua

Publicaciones para una nueva cultura – Artículo por John Seeker (pseudónimo utilizado por Willi Sucher)

English version

El declive general en la vida cultural de la civilización humana ha visto madurar una inhabilidad casi completa por la comprensión y el festejo de las grandes festividades del año cristiano. Por lo tanto, pareciera ser necesario abrir nuevos portales hacia la comprensión sobre los hechos conectados a tales festividades.

Durante la Pascua, la humanidad cristiana conmemora la Muerte y la Resurrección del Cristo Jesús. Según la tradición, se celebra el domingo que sigue a la primera Luna llena de primavera.

Por medio de la cognición común y corriente, la humanidad moderna ya no es capaz de comprender estos dos hechos. En ningún lugar del mundo –el que percibimos gracias a los sentidos– podemos encontrar algo que sugiera la posibilidad de que el hombre resucite de la muerte, tal como se describe en los Evangelios. Paulatinamente, esto se fue tornando en una cuestión de fe. Hoy en día, la humanidad moderna demanda un conocimiento aceptable al intelecto y no meras creencias de las confesiones cristianas. Y así, en tanto el conocimiento no pueda penetrar hasta los hechos reales que están detrás del suceso histórico de Pascua, este festejo se verá menos comprendido y se lo tomara menos en serio.

Además, el hecho de que esta época pascual se estime partiendo de condiciones cósmicas tampoco logra ser comprendido por el pensamiento moderno. La gente se ha emancipado tanto de la naturaleza gracias a la tecnología, que no pareciera necesario tener que regular ningún festejo acorde a las condiciones pertinentes a los cielos estelares. Por ende, la tendencia actual pretende acabar con la tradicional movilidad del festejo pascual. El efecto moral que resulta de esta celebración a ser acordada según las condiciones cósmicas, sólo causa disturbios en el calcular del mundo de los negocios. De aquí que se haya propuesto fijarla a una cierta fecha, por ejemplo, tal como la celebración navideña está fijada al 25 de Diciembre.

Detrás de todo esto está el hecho de que la Pascua se ha convertido en objeto de mera tradición. Difícilmente se ve ligada a una experiencia interior, y tranquilamente se podría establecer como tiempo vacacional a disposición del recreo usual de la estación. Se ha tornado un desafío para el mundo moderno, junto con los demás festejos cristianos, y ante todo debemos decidir si queremos tener simplemente unas vacaciones públicas en lugar de Pascua, o si deseamos hacer de ésta una festividad de verdadera devoción y fortaleza interior religiosas.

Pero ¿cómo podemos hallar nuevamente en la festividad pascual una fuente de experiencia y de fortaleza interior?.

Podemos intentarlo por medio del punto de vista de las estaciones anuales. Esto ocurre durante la Primavera, después del equinoccio. Es la época del año en que quedan atrás las largas, oscuras y frías noches invernales, gracias al Sol que asciende. Los días se extienden, y el calor y la luz llenan  nuevamente la vida de la Tierra. La naturaleza despierta de su profundo sueño e incontables florecillas y hojas surgen del letargo desde las semillas y los brotes. El estéril paisaje invernal pronto se ve transformado en una bella carpeta de brillantes colores.

¿No es la Primavera una imagen verdadera del poder de resurrección inherente a la naturaleza?. Cada año, el calor y la luz resurgen de los signos de la muerte. El hielo y la nieve invernal se derriten; el suelo congelado se suaviza cubriéndose de abundantes manifestaciones de vida. Incluso el proceso de germinación nos provee de una verdadera imagen acerca de la muerte sucedida el Viernes Santo. Ya que millones y millones de semillas enterradas en la matriz terrestre han de morir para que sea posible el resurgir de la vida.

Por decirlo de algún modo, la naturaleza nos brinda ‘muletas’ sobre las cuales sostener una comprensión acerca del Viernes Santo y la Pascua. No fue una persona quien decidió sobre esta época del año la celebración de la Pascua, sino que los sucesos descritos en los Evangelios tuvieron lugar realmente en Primavera, hacia la época de la Pascua judía. Fueron los poderes del destino quienes se encargaron de generar esta coincidencia.

Ahora bien, debemos confesar que la imagen sobre la naturaleza en Primavera sólo nos presta ‘muletas’ para la comprensión de la Pascua. Esta solo nos ayuda a lo largo de cierta parte del camino hacia la comprehensión de esta festividad; pero después no basta. Ya que si bien percibimos a la imagen de la resurrección en la naturaleza, como seres pensantes sabemos muy bien que todo ese esplendor decae en Otoño, cuando las noches comienzan a alargarse otra vez, y la oscuridad y el frío hacen desaparecer a la hermosa carpeta de color y vida. Es así como las manifestaciones de la naturaleza no proveen realmente una imagen de la Resurrección tal como la que deseamos encontrar, en conexión con el Cristo. Esta semeja un eterno círculo de destrucción y re-creación. Sobre todo las personas con mentes orientadas a la ciencia moderna, saben muy bien que este círculo cesará su actividad en un futuro lejano. La gente sabe acerca de esto, e intenta incluso pre-calcular la época en la que este planeta sobre el cual vivimos ya no reciba ni luz ni calor desde el Sol decadente. Para entonces ya no existirá una vegetación sobre la Tierra; la muerte prevalecerá sobre la naturaleza. Por ende, también la Naturaleza nos deja sin respuesta a la pregunta que hemos de proponer cuando nos vemos confrontados al mensaje de la Pascua.

También nosotros estamos ligados al destino de la Naturaleza, puesto que nuestro cuerpo es parte de ella. Sabemos que algún día, nuestro cuerpo se desgastará; hemos de morir inevitablemente, y nada en el mundo de nuestras experiencias sensoriales sugiere la existencia de una parte imperecedera en nosotros, más allá de lo que desaparece con el transcurso de los sucesos naturales.

Fuere como fuere, la imagen de la Resurrección del Cristo persiste. ¿Puede la Humanidad moderna apreciarla como una verdad, más allá de los meros registros tradicionales?. Salvarnos del devenir incesante de la naturaleza depende de la respuesta a esta pregunta. Habremos de decir que si, que existe una respuesta y que puede ser experimentada por cada ser humano en forma personal.

La Resurrección de Cristo, por El Greco.

La vida del Cristo abarca el tiempo que va desde Navidad hasta Pascua. Nació durante la Noche Buena; muere en la cruz un Viernes Santo y resurge desde la tumba durante la Pascua. Entre estos dos sucesos fundamentales se extiende un tiempo de 33 años, treinta hasta el Bautismo en el Jordán y tres años de ministerio efectivo. El Amor divino nace la noche de Navidad; durante los sucesos pascuales –33 años más tarde– este impulso resucitó y halló una morada en la gente, por el bien de su realización.

Desde aquella época, este ritmo de 33 años, el ritmo establecido por el nacimiento de un impulso hasta su resurrección y realización, se encuentra arraigado profundamente en la historia y en las actividades de la humanidad. Esto ya no puede negarse, y reconocerlo puede abrir las puertas que permiten el acceso al gran mensaje de la Pascua dentro de cada ser humano individual, si éste predispone su voluntad a tal efecto (Rudolf Steiner, el gran maestro de la nueva revelación espiritual, fue el primero en enfatizar el hecho que subyace al ritmo de 33 años, en referencia a los sucesos históricos).

En 1113, el gran San Bernardo de Claivaux ingresa como monje en el monasterio de Citeaux. Siguió la estricta disciplina de la vida monástica con gran energía y un fervor religioso indesviable. Llevó a cabo las prácticas hasta el agotamiento físico total. La vida monástica medieval ya no es aplicable al hombre contemporáneo. Pero para los monjes de entonces significaba un desarrollo de fuerzas volitivas inusuales, muy superiores a las de la gente común y corriente. Para San Bernardo, el año 1113 fue la época en donde nacieron fuerzas volitivas tremendas, en relación a la vida religiosa. Significó realmente una época navideña para él. Treinta y tres años después, este impulso volitivo que había nacido en 1113 resucita, y se manifiesta poderosamente a sí mismo como impulso mundial histórico. Ya que en 1146, San Bernardo proclamó a la 2ª Cruzada por toda Europa y gracias a una elocuencia brillante, encendió el entusiasmo de miles de personas por esta idea.

El fracaso de la 2ª Cruzada merece otro estudio. Pero el ejemplo de San Bernardo expone cómo un impulso anímico tan fuerte puede permanecer en letargo dentro de una persona, hasta que llega el día en que surge poderosamente, superando todo obstáculo en su camino. Este impulso, nacido en lo más profundo de la intimidad de San Bernardo, requirió de treinta y tres años para poder resucitar dentro de la humanidad. Este tiempo corresponde al período de vida del Cristo que va desde Navidad hasta Pascua, y abre las puertas a la experiencia del poder de la Resurrección, de su inmortalidad, que fue otorgado al mundo por el Cristo Jesús.

Pero esta manifestación del desarrollo de un impulso anímico, desde su nacimiento hasta la resurrección no está confinada solamente a la vida humana terrestre. Su poder creativo se revela incluso más acentuadamente al dejar atrás las ataduras que sujetan a la vida al cuerpo mortal.

El príncipe Enrique de Portugal, usualmente llamado ‘el navegante’, aplicó todas sus capacidades casi exclusivamente en el esfuerzo de hallar un pasaje marítimo hacia la India y el Asia oriental. Realizó numerosos intentos con grandes sacrificios, que lo llevaron lejos por la costa oeste de África. Ahora bien, al fallecer el 13 de Noviembre de 1460, el objetivo final –el rodeo por la costa sur africana– todavía no había sido logrado. Podría decirse que al acaecer su muerte, su impulso (que hasta entonces había sido una cuestión personal) se torna en el interés de toda la humanidad civilizada. Nace, por así decirlo, dentro de la humanidad. Y 33 años tras la muerte de Enrique, en Marzo de 1943, Colón retorna desde el Oeste y le cuenta al mundo atónito que había hallado el pasaje hasta la India. No sabía que había descubierto un continente hasta ahora desconocido. Su idea se basaba en que si la Tierra fuese redonda, entonces cabría la posibilidad de establecer un pasaje hasta la India, tanto por el Este como el Oeste. El eligió el camino por el Oeste y descubrió América.

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Enrique el Navegante

 

En este caso, un impulso o una idea se apoderaron de un hombre. El no fue capaz de realizarlo por él mismo, y al morir lo dejó tras sí como una especie de testamento espiritual para la humanidad. Ya que 33 años después quedó celebrada su resurrección y su realización. No obstante, el resultado fue diferente al modo en que existía en las mentes humanas. En lugar de ser un pasaje hasta la India, resultó ser el descubrimiento de un nuevo continente. De este modo, impulsos e ideas revelan poseer propósitos diferentes a los deseos comunes de los humanos. Este hecho revela justamente la existencia real  e independiente, como lo son los objetos en el mundo material. Pero incluso los seres humanos individuales pueden ganar una existencia superior e inmortal, de volverse capaces de penetrar hasta su naturaleza esencial.

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El nacimiento de tales impulsos dentro del alma humana puede significar a veces una experiencia dolorosa, teniendo lugar en medio de la desesperación interior y la depresión.

El famoso pintor y escultor italiano Michelangelo (1475-1564) atravesó por una crisis de vida muy dificultosa. Fue un punto de inflexión para él (en 1505), y luego se vio inclinado a cultivar una actitud depresiva y de pesadez. También aquí podemos reconocer el ingreso de un impulso espiritual en el alma de Michelangelo. Puesto que 33 años más tarde, éste se revela y manifiesta majestuosamente a través de su pintura ‘El Juicio Final’ (1535 en adelante) en la Capilla Sixtina. Lo que se había mostrado como pesadez y depresión al nacer, alcanza su resurrección a través de la pintura como una Imaginación gigantesca del juicio del Cristo por sobre las almas.

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Ninguno de los impulsos espirituales que ingresan en el mundo a través de las almas humanas se pierde, aunque puede que se los rechace por un tiempo. Las personas que por destino están provistas de lo necesario para concebir tales ideas, posiblemente no se identifiquen siempre con estas ideas ni pretendan luchar por su realización; pero las ideas son seres inmortales, y reaparecerán desde otras almas buscando allí su resurrección.

Pero ¿qué sucede con aquellos impulsos que parecen ser destructivos en la historia humana?. Su existencia y su desarrollo concretan finalmente la manifestación y la realización del Bien. Estos también están involucrados dentro del mismo ritmo de 33 años.

La crucifixión del Cristo tuvo lugar, según las fuentes fidedignas, en el año 33 DC. Los Hechos apostólicos nos narran acerca de la persecución que sufrió la primera pequeña comunidad cristiana bajo los judíos. En esto consistió la gran tragedia del pueblo judío: negaron que el Cristo fuese el Mesías, por quien esperaban desde el inicio de su existencia como nación. En su lugar, nace un impulso de odio que también se desarrolló dentro de un período de 33 años. En la Primavera del año 66 DC comienza la denominada Guerra Judía, la cual duró siete años; y en medio se lleva a cabo la destrucción de Jerusalén y su templo.

En este caso, el impulso nacido el año 33 DC pareciera haber resucitado sólo en destrucción. Pero si se contempla más detenidamente, se puede reconocer una gran enseñanza. Ya que muchas de aquellas almas que estaban presas de la idea de un imperio judío mundial, en contradicción al impulso del Amor divino del Cristo, los hechos y los sucesos así como sus propias muertes les aleccionaron sobre lo equívoco de sus tendencias nacionalistas.

 Por lo tanto, la Resurrección no es un suceso que sucedió solamente una vez y que quedó inscrito en los Evangelios. Se la puede experimentar una y otra vez puramente por medio del desarrollo de los impulsos espirituales que ingresan en el alma humana. Por detrás de los múltiples impulsos unitarios, puede asumirse que aquí subyace un gran principio directivo. Puede denominársele como el principio de la evolución humana, en cuyo seno moran todos los impulsos e ideas. El principio de la evolución humana puede exaltarse muy por encima del impulso de una persona en singular. Pese a todo, sigue siendo el juez certero por sobre cada impulso espiritual unitario dentro de la humanidad, se trate de la idea de una cruzada, sea el espíritu todo abarcante de un descubrimiento o de la realización artística.

En realidad, esta entidad inmortal deviene en cada ser humano que esté predispuesto a llevar a cabo alguna tarea cultural, e incentiva su desarrollo de un modo u otro. Algún feligrés que otro puede extraviarse de la guía conductora del propósito humano original por un tiempo. Y a través del ritmo de 33 años, el poder de la Resurrección le llamará de regreso tarde o temprano. Y lo que a veces semeja ser una catástrofe en lugar de una resurrección, puede que sea una enseñanza necesaria para la evolución posterior. Consiguientemente, no puede resultar tan extraña la idea de que, habiendo atravesado por desarrollos de esta índole, el espíritu humano retorne a la Tierra con el propósito de purificarse a sí mismo y avanzar así en armonía con el Principio Guía Humano. Una persona puede haber dado a luz a cierto impulso, el cual quizás logró resucitar durante el transcurso de su vida o solamente tras haber fallecido. Quizás no pudo serle útil al propósito evolutivo de la humanidad. ¿No es posible entonces que una persona tal retorne en otro cuerpo, en pos de recibir nuevamente el impulso que le es idóneo para así seguir desarrollándolo, ahora bajo un mundo de condiciones diferentes?. ¿Y acaso los hombres no comparten todos el mismo destino: no poder realizar completamente aquello que se ve representado por sus más altos ideales?.

Pero podemos destacar un hecho: cuanto más alta es la cualidad moral del impulso que guía al ser humano, podría decirse que tanto más se lo malinterpreta y hasta llega a ser perseguido por sus contemporáneos. Aquí emerge la otra faceta de la Pascua: la resurrección no es posible sin un Viernes Santo. El mundo mortal detesta al mundo de las ideas cuando éstas se manifiestan a través del ser superior de las personas, porque finalmente supera lo que es mortal. Por ende, el mundo mortal se resiste frente al surgir de lo que le es adversario desde el ser interior de alguien. Y solamente si lo mortal cede lugar y renuncia a su deseo de permanencia, puede lo eterno en uno brillar sin oposición.

Nuestros más altos impulsos constituyen nuestro Yo Superior. No se concibe que las ideas y los impulsos de la evolución humana lleven una especie de vida impersonal y que de vez en cuando se instalen en el ser humano, por decirlo de algún modo.

Ninguna persona en la Tierra que no se refiriera a sí misma como un ‘Yo’ en el más elevado de los sentidos, será jamás capaz de evolucionar ni de realizar impulsos creativos. El ‘Yo’ de la persona y el Ser de la idea deben conformar una unidad, de otra manera no hay resurrección posible. La idea sólo es creativa cuando se convierte en la más alta realización del ‘Yo’. No es posible imaginar a las ideas que actúan en el mundo separadas de la persona egóica, más de lo que estas ideas puedan llegar a manifestarse  a través de un animal.

¿Cómo se verifica el principio conductor dentro de la evolución de la humanidad?. Si la idea en cuestión y el ‘Yo’ son indivisibles, ¿no habrá de ser un ‘Yo’ mucho más grande y universal a quien se le remita este cosmos de ideas creativas unificadas, cuyos impulsos individuales le son como los rayos al Sol?.

Yendo más lejos, si aquellos impulsos multifacéticos fueron incorporados dentro de la envoltura mortal de una persona egóica, ¿no hubiera sido posible para este gran ‘Yo’ universal del cosmos de las ideas creativas el incorporarse dentro del cuerpo mortal de un hombre?

Respondiendo con honestidad a todas estas preguntas, no debería ser demasiado difícil llegar a percibir al Cristo Jesús de los Evangelios en este Ser único. Puesto que Él muestra de sí –partiendo de todo el registro de los detalles– al arquetipo de todo lo que ha sido descrito como el poder de resurrección que conlleva el ser superior del hombre (ha de confesarse que los detalles conforman solamente una fracción y que han sufrido distorsiones varias).

Su vida quedó representada por el lapso de los 33 años, los cuales son el fundamento del ritmo Nacimiento/Resurrección dentro de los impulsos históricos. Si este cosmos de las ideas creativas, a modo de seres divinos, estaba realmente representado por Su presencia, el mundo mortal no pudo más que haber desarrollado el mayor odio y deseo de persecución concebibles. Y finalmente, sólo la muerte –la superación total de lo mortal– pudo haber abierto el portal, a través del cual la plenitud de semejante luz espiritual, logró resucitar gradualmente dentro de la humanidad.

El razonamiento mental puede decir que las palabras y los hechos de Aquel sobre el cual narran los Evangelios, no justifican el ver en El semejante grandeza universal como para considerarle el portador  del cosmos espiritual de las ideas. Sus palabras y hechos corresponden al de un simple hombre. Un juicio tal revelaría solamente que aún no se han comprendido –largo es el trecho que dista– las profundidades inconmensurables de los Evangelios. Sólo las eras futuras de la evolución humana se verán capacitadas para iluminar aquello que se halla oculto en estos documentos aparentemente poco pretensiosos, y favorecer así a la humanidad en su comprensión.

La celebración de la festividad de Pascuas debería unir ambos factos: la conmemoración del Viernes Santo original y las escenas pascuales, tal como fueran descritas en los Evangelios; y la creación de una consciencia sobre la realidad espiritual dentro de cada ser humano por medio de la cual las personas se hallan ligadas al Uno, que fue quien manifestó el poder de la Resurrección. La Pascua no será entonces una conmemoración y una tradición desvanecida, sino un momento en el cual se experimente al Espíritu Universal de la evolución humana que irradia sus rayos curativos de luz solar espiritual. De este modo, la Pascua ha de convertirse en una festividad que contemple el propósito de la existencia humana. Una contemplación tal nos conduce a considerar los ejemplos otorgados por aquellos miembros del género humano que se esforzaron por realizar los más altos impulsos evolutivos de la humanidad, pese a dificultades, oposiciones e incluso persecución. Finalmente, esto puede conducir a la vivencia de Aquel en quien se hallan presentes los arquetipos purificados de todos los ideales e impulsos evolutivos humanos, quien es la Resurrección y la Vida.

Tal experiencia nos demanda grandeza cósmica. Por supuesto que sólo podemos evolucionar gradualmente hasta semejante altura. Por lo tanto, la festividad de Pascua no puede estar determinada solo por factores terrestres sino que debe acordarse según las condiciones cósmicas, y las personas pueden volverse cada vez más conscientes sobre esta necesidad. Los primeros cristianos, que todavía conservaban la memoria personal de los verdaderos sucesos pascuales, sabían de la exigencia por esta grandeza cósmica. Ellos acordaron que se festejase el Domingo que sigue a la primera Luna llena de Primavera. Tenían dos razones para que así fuera, y de este modo se estableció la verdadera conmemoración de las primeras Pascuas, ya que los Evangelios relatan que la crucifixión del Cristo tuvo lugar un Viernes previo a la Pascua judía. Esta Pascua estaba fijada por la primera Luna llena pasado el 21 de Marzo, el equinoccio de Primavera. Consecuentemente, la mañana de Pascua, de la Resurrección ocurrió un Domingo luego de esta Luna llena de Primavera. Y al celebrarla acorde a esta tradición a lo largo de los siglos que siguieron, no se trató solamente de una verdadera conmemoración sino que también se elevó la festividad hasta las alturas y la grandeza del cosmos.

Solo si se pretende generar conscientemente un trasfondo cósmico tal en lo que concierne al festejo pascual, seremos capaces de celebrarlo como un evento que nos puede brindar fortaleza y dignidad interiores.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

REYES – Fraternidad

~ 04 de enero 1955

Incluido en el Curso de Cosmología I, publicado por el Centro de Investigación de Astrosofía.

English version

Existe una hermosa leyenda que es posible hallar en los escasos restos del Cristianismo gnóstico de la Humanidad cristiana. Habla de la venida de Cristo desde el cosmos. Al descender a través de las esferas, Cristo altera el orden del cosmos estelar para que los astrólogos no puedan hacer predicciones con respecto a su encarnación exacta. Esto también es cierto en relación con el nacimiento de Jesús. Las contradicciones son tan completas que es casi imposible desenredarlas. Esto tiene que ver con la cronología romana, que se cambió y se desordeno. Los portales se cerraron y sin embargo, en relación con el otro extremo —la Ascensión— tenemos al Gólgota, al Viernes Santo y a la Pascua, y eso es diferente. Allí, sobre la base del Misterio del Gólgota, uno puede alcanzar los aspectos más grandes del telón cósmico de Cristo. También ha habido intentos de llevar el desorden a este reino del Misterio del Gólgota. El 3 de abril del año 33 DC es la fecha fiable para el Viernes Santo. Sobre la base de esta fecha del 3 de abril, podemos tener las ideas más penetrantes e inspiradoras del fondo cosmológico del Ser de Cristo.

Mº Golgota 3

Hemos hablado de las tres grandes conjunciones. Se basaban en el día 3 de abril. En este aspecto del cielo tenemos que asumir el conjunto de estas tres Grandes Conjunciones. Hemos dicho que la primera tuvo lugar en el año 7 AC, en la constelación de Piscis. Es la corriente de los Pastores, conectada con el nacimiento de Jesús según el Evangelio de San Lucas. A continuación, tuvo lugar otra en el 14 DC, en la constelación de Sagitario, que está conectada con la corriente de los Reyes. Finalmente, se nos da una tercera conjunción en la constelación de Leo conectada con San Pablo. Estas Grandes Conjunciones aparecen en intervalos de 20 años. La conjunción de los Reyes, del año  14 DC fue precedida por una oposición en el mismo lugar, con Saturno en Sagitario y Júpiter en oposición en Géminis. Se llevó a cabo aproximadamente el 16 AC y también está conectada con esta corriente.

triangulo

Desde San Mateo se nos dice que los Reyes fueron guiados por una estrella. Estos Reyes eran los últimos representantes de la antigua sabiduría estelar. Por supuesto que la antigua sabiduría estelar era muy diferente de la sabiduría estelar actual. Sabemos por documentos antiguos que se sabía acerca de la venida del Mesías y también cuando iba a suceder el evento. Sabían que tenían que esperar a la Gran Conjunción. Lo leyeron en los acontecimientos cósmicos que tuvieron lugar en el mundo espiritual. Ellos podían leer lo que veían en el cielo. Tenemos la prueba por las tabletas encontradas en Mesopotamia, que ellos sabían que, por ejemplo, cuando Venus estaba en una posición determinada en el cielo algo especial estaba ocurriendo en el mundo espiritual y que los Seres Divinos estaban tomando algunas decisiones. Este era el tipo de sabiduría que poseían los Reyes Magos. Ellos fueron llamados Reyes porque sabían cuál era la intención del mundo divino. Este es realmente el significado de la capacidad real.

El niño que se describe en el Evangelio de San Mateo es diferente del descrito en el Evangelio de San Lucas,  sólo hay que comparar la historia de los dos evangelios, y podemos ver la diferencia. Rudolf Steiner habló sobre los dos niños en sus conferencias sobre los Evangelios,  en su libro titulado “La Guía Espiritual de la Humanidad” y también en “El quinto Evangelio”. San Mateo relata la línea (real) de Salomón y San Lucas relata la línea sacerdotal, la línea de Nathan (Pastores). Los Reyes Magos supieron que había encarnado el Gran Iniciado de la antigüedad. En la antigüedad fue llamado Zaratustra, el que inauguró la Antigua Época Persa. En la totalidad de la configuración del cielo leyeron que había llegado el momento de la encarnación del alma de Zaratustra.

Las dos corrientes: la del Jesús Zaratustra y el otro Jesús, que está más conectado con el Alma Cándida del principio de la Humanidad,  por un lado y por otro lado con el Buda, fueron representadas por los dos niños Jesús de los que se hace referencia en los dos Evangelios. Cuando Jesús tenía 12 años de edad se encontraron en el templo. Fue entonces, en el templo, cuando se llevó a cabo la unión entre estas dos corrientes. El niño Nathánico no tenía realmente un Yo encarnado en su cuerpo. La individualidad de Zaratustra se une con el niño nathánico, que no estaba completamente encarnado, pero poseía tremendas fuerzas del corazón. Así que la abrumadora sabiduría que le llega al niño Nathánico en el templo fue realmente el Yo de Zaratustra, por el lado corporal del niño Zaratustra que sacrificándose, murió. Las dos corrientes se unieron por tanto en un ser corporal. Esta unión se llevó a cabo alrededor del 12 DC. Durante los 18 años después de la unión, las dos corrientes se prepararon en el cuerpo de Jesús el Cristo.

Esta corriente de los Reyes también atravesó una evolución similar a la corriente de los Pastores, que describí anteriormente. La corriente de los Reyes, antes del nacimiento de Jesús, pasó por una terrible crisis conectada con la ruptura total de los Antiguos Misterios, la Antigua Ciencia de la Iniciación. Tenemos indicios de esta ruptura en la descripción en el Quinto Evangelio por el Dr. Steiner. Los demonios estaban tomando asiento en los altares de los misterios. Dado que la estrella triangular va girando, la última conjunción de las tres se produjo en Escorpión.

Es muy difícil seguir esta corriente de los Reyes. Se trata de una corriente de Iniciados, que había pasado por una profunda transformación. La corriente de los Reyes sólo puede esperar su rejuvenecimiento a través de su propia extinción—pasando por el Gólgota y su Resurrección—. Esta es una tarea muy difícil, por lo tanto, muy oculta por debajo de la superficie. Unos siglos después de Cristo, encontramos que este punto de la estrella triangular ha continuado moviéndose hacia Capricornio, Acuario, Piscis, y así sucesivamente.

Esta conjunción arribó en Virgo en nuestra época, en 1861 y nuevamente en 1921. ¿Qué pasó entonces? Bueno, por lo general esto es muy difícil de entender, sin embargo, se puede leer en la autobiografía de Rudolf Steiner y encontrar allí una especie de caracterización representativa de su vida. Él fue capaz de comprender las intenciones del mundo cósmico. Él era un hombre capaz de responder a lo que se iba a cumplir en la Tierra, de responder a lo que se quería, lo que se deseaba, se intencionaba en las alturas del cosmos espiritual, —hablarle a las estrellas pero sin considerarlas como simples puntos en el cielo para la toma de decisiones y resoluciones. En 1921 dio una serie de conferencias especiales sobre la Ciencia y la Astronomía. Brindó el así llamado “Curso de Astronomía”, por ejemplo, y todavía no hemos empezado a llegar al final de las tareas encomendadas allí. Los Reyes de la antigüedad han pasado por una transformación, y tenemos que hacer lo mismo. En el tiempo de los Santos Reyes, se miraba hacia el cielo, se calculaban en un cierto sentido —de una manera diferente a la de hoy en día—los acontecimientos que estaban por venir. Ahora los Reyes han cambiado.

Algunas personas todavía están mirando hacia el cielo. Esos son los astrónomos modernos. Ellos calculan, como también calculan las grandes máquinas. Tenemos que encontrar una nueva astronomía, una nueva astrología, nuevas formas de cálculo, crear una nueva sabiduría de las estrellas.

Estas grandes conferencias de astronomía tuvieron lugar en 1921. En la antigüedad, los Reyes eran los proveedores de los alimentos, por así decirlo. Por ejemplo, el rey Arturo tenía que cuidar del sustento de su gente. En aquellas épocas, la monarquía se desenvolvía en niveles aristocráticos, pero eso ya no puede continuar. Los Reyes tenían que ver con la economía, también tenían que mirar hacia las estrellas para la agricultura. A estas cualidades debemos añadir ahora una nueva sabiduría estelar, y esto significa reconocer los ritmos de la naturaleza y del cosmos. Entonces se podrá volver a ser un “Rey”. Podemos ver en todo esto que la corriente de los Reyes está activa bajo la superficie de la actual Humanidad. Pues hablar de la realeza, de la corriente regia, significa en realidad hablar sobre los Iniciados, la Ciencia de la Iniciación en la Humanidad. Hay muy pocos iniciados en nuestro tiempo. En la antigüedad no sólo existían los Reyes individuales, también había toda una corte a su alrededor. Esto ha cambiado en nuestro tiempo. Ha habido un cambio tremendo. El principio de la Iniciación debe convertirse en una cuestión de todo ser humano. En la antigüedad era una cuestión del santuario más íntimo y secreto. Puesto que vino Cristo, los Misterios ya no son secretos. Solo son secretos en la medida en que el individuo no tiene la capacidad de comprenderlos. Cristo abrió la iniciación para todos con la resurrección de Lázaro. Esa es la razón por la que se dijo: “Él está traicionando los misterios”. Cristo los abrió para todos los que puedan desarrollar estas capacidades.

La corriente de los Reyes llegó a su final a través de una crisis. Se puede ver lo difícil que es encontrar la secuencia de los Reyes en la historia. En el momento en que este punto de la estrella triangular pasó por Piscis, que fue en los siglos VIII, IX y hacia el final del siglo X. Durante esos siglos fue inaugurado el Santo Grial. Ese fue uno de los más poderosos peldaños de la evolución de la corriente de los Reyes.

En cuanto a los Pastores, tuvieron una especie de crisis en Tauro. Tauro equivale a Poder. La Gran Conjunción de los Reyes en Tauro se produjo durante la época de las cruzadas. Durante este tiempose llevó a cabo el contacto con el arabismo,  que fue una gran tentación. De hecho, cuando se produjeron los hechos con respecto a este punto de la estrella triangular, el gran Tomás de Aquino mantuvo el equilibrio contra el arabismo. Tomás de Aquino fue una de las grandes individualidades que lucharon contra el arabismo. Esta batalla está conectada con la Gran Conjunción en Tauro.

Estos importantes eventos tuvieron lugar a finales del siglo XIV hasta mediados del siglo XVI, cuando la Gran Conjunción ingresó en la constelación de Géminis. Una gran parte del antiguo misticismo decadente entró en Europa. Una fuerte división tuvo lugar cuando una nueva ciencia de la iniciación, sobre la base del Cristianismo del Grial, fue fundada a mediados del siglo XV. Ese fue el momento de la misteriosa personalidad de Christian Rosenkreutz. La Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz está conectada con la Gran Conjunción de Géminis como el centro de iniciación moderna. Durante esos años fue inaugurada la verdadera Iniciación Rosacruz.

La conjunción en Cáncer tuvo lugar en los siglos XVI y XVII. En Cáncer hubo  una alteración completa. El Rosacrucismo espiritual y el poder estatal se separaron completamente. Maquiavelo escribió “El Príncipe”, que estaba separado por completo de la iniciación real. Por todas partes había decadencia de lo real y de la iniciación. Debido a un extraño desarrollo en Inglaterra, la personalidad de James III—el Sabio Loco—llego a ser el último que tuvo la verdadera iniciación. También se puede investigar la guerra de los 30 años.

Después, la Gran Conjunción de los Reyes ingresó en Leo. Esto queda comprendido desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Las fuerzas solares no pudieron atravesarla. Durante esos años, se formaron un buen número de órdenes secretas, y allí también estaba presente una misteriosa gran personalidad, el conde de Saint Germain, que siempre intentó evitar el desastre de la Revolución Francesa. El aparecía de repente en ciertos lugares y desaparecía de nuevo. Ni siquiera sabemos con certeza quién era esta gran individualidad. Rudolf Steiner indicó  que él era Christian Rosenkreutz.

En la conjunción en Virgo, existe el gran peligro del dragón. A un lado de la Virgen se encuentra el dragón que amenaza a la mujer con el niño. En 1861 una gran individualidad entró en el mundo, Rudolf Steiner, quien habló de la magia de la libertad y del Arcángel Miguel, el gran guerrero del dragón. Dr. Steiner nació cuando la Gran Conjunción de los Reyes entró en Virgo. En realidad el fue el primero en traer el nuevo arte de la iniciación en un lenguaje apropiado para nuestra época. Señaló que esta ciencia de la iniciación es necesaria para la humanidad moderna más que otra cosa. Sólo la aceptación de esta ciencia moderna de la iniciación salvará a la humanidad de un desastre total. Rudolf Steiner, dijo que lo que escribió Oswald Spengler “La decadencia de Occidente”, sería una realidad a menos que la humanidad moderna acepte la ciencia de la iniciación. Podemos ver la importancia de esta corriente  en la Humanidad. Es concerniente aldesarrollo de cada ser humano.

En el futuro, cuando la conjunción ingrese en Escorpio, se producirá una gran crisis. Los pastores anhelan la libertad espiritual, los Reyes tienen que desarrollar la fraternidad. El peligro de la corriente de los Reyes es la arrogancia y el auto énfasis. Es un asunto mortal, serio, ver cómo las actitudes de los Reyes, que en realidad pertenecen a los antiguos tiempos pre-cristianos, sobrevive, por así decirlo, y posiblemente lleven a parte de la humanidad a un gran desastre. La fraternidad es la tarea, el gran problema de los Reyes. Esto sólo se puede lograrse por medio dela Ciencia Espiritual. En la economía hemos llegado a un punto donde es bastante obvio que el pensamiento abstracto no lleva a ninguna parte. La economía debe ser universal. Personalidades como Henry Ford, en cierto modo, trabajaron para la realeza del futuro. El pensamiento abstracto simplemente no lleva a ninguna parte en la política, en el arte de gobernar, en la economía, etc. El “rey” moderno debe tener en cuenta a la ciencia de la iniciación y al conocimiento del mundo espiritual. Sólo entonces podrán los Reyes dar cuenta de la esfera económica.

Esto es sólo un esbozo breve y con limitaciones. Uno de ellos es el tiempo. Espero poder mostrar que los Reyes no son sólo una bella historia, sino que pertenecen a nuestro tiempo,  pertenecen al camino de la humanidad hacia del futuro.

Traducido por Gracia Muñoz y revisado por Diego Milillo.

 

 

El horóscopo del deceso y la vida tras la muerte

Artículo de Willi Sucher, Julio de 1938

English version

 

 

En nuestros estudios precedentes hemos considerado al horóscopo del deceso como una especie de epítome de la vida terrena, el cual llega a su final al momento del fallecimiento. Es una imagen de lo que se ha obtenido como fruto de la vida y que ahora acompaña al individuo hasta el gran universo con el fin de seguir elaborándolo. Es como si la humanidad se viese a cargo de pintar una enorme cúpula. Queda así revelada la relación activa de los seres humanos con los seres estelares, por medio de los horóscopos del deceso de personajes e individuos históricos a través de extensos períodos de tiempo.

También será necesario que veamos este hecho a la luz de lo que experimenta el alma tras la muerte. Como ya fuera indicado, el horóscopo del fallecimiento apunta en dos direcciones, no sólo hacia la vida terrena que ha quedado atrás sino que también hacia el futuro, es decir, principalmente hacia la existencia post-mortem del alma en los mundos espirituales.

En relación al horóscopo natal, fue explicado cómo el alma humana desciende hasta su vida terrena a través de diferentes estadios, reconocidos por la Ciencia Espiritual. Generalizando, la individualidad humana atraviesa por tres estadios de desarrollo cuando prepara el camino hacia una nueva encarnación. Los hemos descrito como el pasaje por las esferas de Saturno, del Sol y de la Luna. Hemos mostrado como los pasajes por las esferas solar y lunar se ven reflejadas en el horóscopo o la constelación del pensamiento cósmico (la constelación por la cual a cada quién le corresponde una filosofía  o cosmovisión en particular) y en la constelación prenatal que se inicia hacia el momento de la concepción y que concluye con el nacimiento. De la misma manera, debería ser posible realizar un seguimiento del alma de un ser humano por su camino a través de los mundos espirituales tras el deceso.

Los hechos cósmicos conectados con la Luna han sido los que se convirtieron en nuestra línea guía, en pos de hallar las relaciones prenatales de alguien con el cosmos. Es de este modo como el horóscopo prenatal se vio determinado por la relación de la Luna con el Ascendente natal. La constelación del pensamiento cósmico, por la posición de la Luna natal en relación al nodo lunar. Efectivamente, a partir del momento en que ocurre el nacimiento, ciertas direcciones en el cosmos pueden ponerse en funcionamiento. En estas direcciones hemos visto una imagen del camino de ingreso del alma en la Tierra y de su paso a través de las esferas prenatales. La posición de la Luna natal es especialmente importante; la hemos descrito como indicadora de la dirección por la cual el alma ingresa a la esfera lunar desde la solar.

De este modo, deberíamos ser capaces de hallar una ‘dirección’ en el horóscopo del deceso, una realidad astronómica, una imagen del camino por el cual este alma humana se adentra en el cosmos. Ya hemos mencionado a la dirección hacia el Este luego de producirse la muerte, el modo en que el alma se dirige hacia el Este eterno. Como fuere, esta dirección sólo nos conduce desde la Tierra hacia la esfera lunar. Para alcanzar las esferas del Sol y de Saturno, el alma ha de recibir ahora otra ‘dirección cósmica’, tal como sucedió mientras tomaba el camino descendente antes de nacer. Pero aquí tenemos una diferencia importante: si bien ha sido la Luna quien impartió la dirección del ingreso del alma a través del nacimiento, al producirse el fallecimiento será el Sol quien determine la dirección de la partida hacia las esferas superiores. Esto arrojará luz por sobre muchas otras cosas.

Dondequiera que se halle el Sol al momento de fallecer un ser humano, ésa es la dirección cósmica, la dirección que indica el lugar de partida hacia las altas esferas del Sol y de Saturno. Si somos capaces de leer la escritura cósmica resultante, ganaremos algún tipo de idea acerca de la actitud con la cual inicia su partida el alma que desencarna.

Rafael por ejemplo, a quien ya mencionamos, falleció el 6 de Abril de 1520. En ese momento el Sol ingresaba en Aries. En consecuencia, ésta fue la dirección por la cual Rafael ingresó en los mundos espirituales. Aquí tenemos a una imagen que tiende a expresar cuál de todas las esferas espirituales cósmicas buscará su hogar luego de fallecer. Ahora bien, mismo el símbolo que representa a Aries (♈) indica un abrirse, un soplo ascendente de alabanza y alegría, una expansión. Ciertamente, Aries siempre está relacionado con el recibir algo, nuestra apertura frente a las fuerzas espirituales. Mismo desde este solo hecho, el Sol en Aries al morir Rafael, podemos desarrollar un sentir acerca de lo que sería el entorno espiritual de esta individualidad durante la vida post-mortem, más aún si tenemos en cuenta el modo en que vivió su vida terrena, ofreciendo todo su arte a las ideas creativas y los impulsos  de los mundos espirituales.

Lo mismo podemos encontrar también en el caso de otros seres humanos, sobre quienes podemos intentar sentir  cómo se desarrollan en la esfera de las ideas creativas luego de fallecer, plenos de vida real y situándose en el Espíritu.

Por ejemplo, el Sol se ubicaba en Aries cuando fallece Byron, el 19 de Abril de 1824. También fue el caso de Schiller, el 9 de Mayo de 1805. El Sol ingresaba a Tauro desde Aries, con lo cual la imagen cósmica se transforma un tanto. El mundo de Schiller es un mundo ideal, más fuerte y firme, más marcadamente delineado comparado con el de Byron, que poseía un toque más liviano y bellamente móvil.

Por lo tanto, mucho más puede descubrirse acerca de la vida post-mortem. De ahondar un poco más, podemos tomar consciencia acerca de cómo se revela aquí la actitud y el tono anímico fundamental o –digamos– el carácter básico del cuerpo astral de una individualidad tal, manifestada en el juicio cósmico. Ciertamente, esto no difiere de lo que contemplamos como pensamiento cósmico, sólo que en dirección opuesta. Vemos el juzgar del cosmos sobre la vida y la esencia que, ahora, el ser humano lleva consigo hacia el cosmos como los primeros  frutos  de su alma.

Si –por ejemplo– al momento en que muere Tolstoi, el 20 de Noviembre de 1910 (calendario gregoriano) el Sol ingresa en la constelación de Escorpio, debemos reconocer aquí a la imagen de la configuración interior del alma de Tolstoi, vista desde el juzgar del cosmos, la esfera cósmica en particular que delinea  a este alma en sí misma. Si luego contemplamos el aspecto a menudo dual y escindido del ser de Tolstoi, ya volcándose vigorosamente hacia el mundo de los sentidos, ya retrayéndose hacia la soledad del alma pero siempre inagotable y dinámico en su empeño, reconoceremos la afinidad interior de esta alma humana con Escorpio dentro de la existencia post-mortem.

Este aspecto, la ubicación del Sol en el Zodíaco cuando ocurre el deceso, es tan sólo uno entre los muchos que han de ser considerados como importantes. Ya hemos hablado acerca de cómo las experiencias propias conforman un gran cuadro de la vida terrena concluida, durante los primeros días tras haber fallecido, pudiendo contemplar los puntos esenciales de ese destino terrestre a modo de poderosa imagen. Este es el primer estadio del trayecto post-mortem; sólo dura unos pocos días, concretamente, hasta que el cuerpo etérico es disuelto en el cosmos.

El alma humana ha dejado entonces atrás a los cuerpos físico y etérico. El único velo que la individualidad espiritual interior conserva aún consigo es el astral –el cuerpo del alma. Ahora bien, en este cuerpo astral aún se hallan vivos todos los deseos, pasiones e inclinaciones de todo tipo y grado, los cuales han sido gestados por el alma durante su estadía en la vida terrena. Antes de poder elevarse hacia esferas más altas del mundo espiritual, esta aura anímica debe ser limpiada y purificada. Se debe atravesar un lapso de tiempo de purificación y purgamiento, algo que nos es relatado por todas las religiones basadas en una contemplación espiritual. Fue Dante quien otorgó forma poética a esto en su Divina Comedia.

Durante este lapso de tiempo, el así llamado fuego de la purificación, el alma humana atraviesa una vez más por todas la experiencias de la vida terrestre pasada, pero en forma inversa. Vivenciamos todo el bien que causamos en otros desde su verdadero aspecto moral. Percibimos el efecto real de nuestros actos en las almas de los demás seres. De la misma manera experimentamos los efectos de nuestro mal obrar, en las almas de quienes hemos perjudicado. Inclusive, la inversión llega más lejos, puesto que siendo en orden inverso la forma por la cual el alma experimenta todos los sucesos de su vida pasada bajo la luz de su aspecto moral, la visión se extiende desde los últimos acontecimientos previos a la muerte hasta el momento en que se produce el nacimiento. Además, como lo demuestra la Ciencia Espiritual, este lapso de purificación dura alrededor de un tercio de lo que duró la vida terrestre pasada. Por lo tanto, si un ser humano vivió hasta la edad de 60 años, el trayecto a través de esta esfera cósmica abarcará unos 20 años. Entonces, el alma se verá lo suficientemente purificada como para continuar su trayecto hacia regiones más elevadas del mundo espiritual.

Este lapso de tiempo en el que el alma se halla en la esfera de purificación,  se verá indicado de manera bastante real en el horóscopo del deceso. Como ejemplo tomaremos el horóscopo de la muerte de Beethoven, quien fallece en Viena el 26 de Marzo de 1827, pasadas las cinco de la tarde. El círculo interior de la figura 1 muestra las constelaciones para ese momento. Particularmente sorprendente es la posición de Saturno sobre el Meridiano. Como si la pesada mano de Saturno sobrecargase la escena. En efecto, la vida de Beethoven no fue muy feliz; se sintió profundamente solo y portaba una pesada carga del destino sobre sus hombros. Sus sufrimientos, sobre todo su soledad, provenía de su problema auditivo, el cual le condujo a una sordera total. Fue precisamente esta pérdida de audición la que estaba bajo la influencia de Saturno. Los primeros signos de enfermedad auditiva, que pese a todo esfuerzo no pudo detenérsele, aparecen en el año 1798. En aquel año, Saturno se ubicaba aproximadamente sobre el mismo sitio que en el de la constelación del deceso. Por lo tanto, debemos confrontarnos con un tránsito previo de Saturno a como fuera explicado en los artículos anteriores, y todo esto se aprecia en medida impresionante por la posición de Saturno sobre el Meridiano al morir.

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La sordera fue ciertamente un durísimo golpe del destino para Beethoven, puesto que le disminuyó considerablemente en el ejercicio de su profesión como músico, pero él luchó con gran fortaleza con el fin de atravesar tales dificultades. Bajo la tenacidad de la fuerza de su destino, logró elevarse a mayores alturas como compositor, uno cuyas obras se vieron consecuentemente destinadas a ejercer la más profunda influencia sobre la humanidad –mismo hasta el día de hoy. Esto aplica sobre todo para la Novena Sinfonía, la cual él describió como la obra más madura de su espíritu. La Novena Sinfonía fue compuesta durante la época en que Saturno se hallaba en Aries, es decir, en el mismo lugar en donde se ubicó Marte al fallecer. Consecuentemente, esto está relacionado con Marte en Aries.

Todo esto ha sido dicho para vitalizar el horóscopo y volverle más real. De todos modos, lo que nos concierne en este contexto es la posición del Sol, que al momento en que fallece Beethoven se ubicaba a 6° del signo de Aries o constelación de Piscis. Como se explicó más arriba, ésta sería la dirección cósmica por donde partió el alma de Beethoven, pero esto no es todo aún. Debemos tomar también en consideración la relación con la dirección cósmica  del nodo lunar, que al morir Beethoven se hallaba a 16° del signo de Escorpio. Esto corresponde al nodo ascendente; el nodo descendente –opuesto- se ubicaba en el signo de Tauro. Sabemos que los nodos lunares se mueven inversamente a través del Zodíaco. Dos años después de la muerte de Beethoven, el nodo descendente –en su movimiento inverso- arribó a los 6° del signo de Aries, es decir al sitio en los cielos en donde se ubicó el Sol del deceso. Pero debemos seguir al nodo durante toda su revolución completa (18 años y 7 meses). Esto nos lleva a Diciembre de 1847. Ese día, el nodo descendente se ubicó nuevamente sobre el sitio donde estuvo el Sol al ocurrir la muerte.

Hemos hallado ahora lo que buscábamos. En primer lugar, han pasado 20 años desde la muerte de Beethoven en 1827. Llegó a vivir hasta los 57 años, ya que había nacido en 1770. Recordemos que tras ocurrido el deceso, el alma atraviesa la esfera de la purificación, un recorrido que dura un tercio de la duración total de la vida terrena, con lo cual contamos con que esto haya tomado unos 19-20 años de la vida post-mortem de Beethoven. Por tanto, en los sucesos cósmicos reales hallamos ciertamente algo que responde al carácter interior de la experiencia de este alma humana, ya que 20 años luego de su fallecimiento, aproximadamente hacia finales del tiempo de la purificación, el nodo lunar retorna al sitio en donde se ubicó el Sol del deceso.

Surge la pregunta: ¿qué es lo que justifica que relacionemos  a la experiencia anímica post-mortem  –el pasar a través de la ‘esfera de purificación’– con estos sucesos cósmicos particulares?. Para brindar respuesta a tal pregunta, apelaremos nuevamente al significado de los nodos lunares que fue descrito en un artículo anterior (Fig.2).

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Los nodos son los puntos de intersección entre las órbitas solar y lunar. Estos son los puntos en donde entran en contacto las esferas lunar y solar –donde se estrechan las manos, digamos. Puesto que consideramos al trayecto u órbita del Sol y de la Luna como las demarcaciones externas de las esferas respectivas –los ecuadores varios, por decirlo así, de estas esferas celestes. La esfera lunar rota por dentro de la solar, con los cual los puntos de intersección van rotando, creándose un ritmo de 18 años y 7 meses hasta dar la vuelta completa. De este modo se deduce cómo se produce el retorno del nodo lunar a este punto esencial una y otra vez, el cual indica la dirección cósmica del punto de partida que tomó el alma al dejar la Tierra. Como hemos dicho, esto ocurrió para Beethoven en el año 1847, ya que entonces había retornado el nodo a los 6° de Aries, donde se ubicó el Sol del deceso.

Ahora nos será también posible expresar este hecho cósmico de manera más concreta. Ya que el alma pasa el tiempo de la purificación dentro de la esfera lunar. Es allí donde la naturaleza inferior ha de ser purificada y dejada de lado. Hasta que este estadio post-mortem no haya concluido (una vez más, como fuera establecido por la Ciencia Espiritual, conlleva un tercio de la vida terrena pasada), el alma no puede ingresar a la esfera superior, aquella del Sol. Este es el momento en que, por medio del nodo lunar, las esferas solar y lunar están en contacto precisamente en la dirección individual de la partida del alma.

Podría demostrarse la misma conexión dentro de muchos otros ejemplos. A menos que se hubiese producido alguna idiosincrasia orgánica, deberíamos ser siempre capaces de rastrear este tercio aproximado de la duración de la vida terrena en conexión al horóscopo del deceso, indicando la conexión espiritual que ha sido descrita.

La constelación de los planetas sobre el momento que hemos señalado, resulta pues significativa: el momento en que se deja la esfera lunar para ingresar en la solar. En el caso de Beethoven, Marte se ubica nuevamente sobre el mismo sitio en el año 1847 que al momento del fallecimiento, en la constelación de Aries. Podría decirse que Marte ha sido portado a un nivel superior, aportando significado al pasaje del alma desde la esfera lunar a la solar. Podemos sacar en conclusión de que éste es un punto de particular relevancia que el cosmos desea enfatizar especialmente. Como dicho anteriormente, este Marte en Aries corresponde  a la época en la vida de Beethoven durante el cual fue creada su gran obra maestra, la Novena Sinfonía. Ahora que el alma ha sido admitida en las esferas superiores, se ve iluminada una vez más por el juicio cósmico, es el horizonte espiritual, el trasfondo cósmico y creativo de su gran obra de arte loque se enciende aquí en la esfera de Aries – el Idealismo (como fuera explicado en un artículo previo). Como si en el Pensar del cosmos emergiese ahora el arquetipo espiritual. Incentivado desde la voluntad interior, es el mundo de las ideas y de los ideales lo que se ocultaba detrás de esta realidad, la mayor de las obras del genial compositor. La Novena Sinfonía recibe su significado cósmico sólo tras la muerte, madurando dentro del alma de Beethoven hasta alcanzar una estatura gigantesca. Durante su vida terrena, Beethoven vivenció un ideal -más bien todo un mundo de ideales humanos- y lo manifestó por medio de la enérgica realidad de su música. Ahora, a modo del más puro y esencial elemento de su ser, le es permitido brindarlo a los Dioses en los cielos. Puesto que al ingresar en la esfera del Sol, él retorna al seno de los Dioses; y con los frutos de su labor terrenal puede incluso enriquecer a la esfera cósmica y arquetípica de donde provino, la esfera del Idealismo en el pensar cósmico y divino.

Aquí tenemos al menos una pista, una indicación sobre las experiencias del alma humana durante la vida post-mortem.

Expresar estas cosas con palabras no es fácil en absoluto; ellas requieren más bien que se las vivencie en el silencio interior.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz

Horóscopos natales y de muerte

Artículo de Willi Sucher, Junio de 1938

English version

Al recordar cómo la gente del Medioevo contemplaba los cielos estelares, se genera la impresión de que los astros en aquella época aún hablaban en un lenguaje comprensible para los humanos. Sin embargo, el lenguaje de los astros se redujo lentamente hasta el silencio; mismo durante la Edad Media sucedía parcialmente así. La sublime sabiduría de los astros fue muriendo cada vez más en la mera tradición, la trasmisión de lo antiguo y hasta cierto punto, la añadidura de reglas nuevas. Hoy hemos alcanzado el punto de mayor silencio.

Por el otro lado, hemos podido ver cómo a través de las constelaciones del fallecimiento se ha podido explorar una nueva relación con  las estrellas. El ser humano porta consigo substancia espiritual fresca hacia el cosmos; en cierto sentido, el mundo estelar se rejuvenece. Multifacéticos, ricamente coloreados, completamente impregnados de la realidad terrestre, los destinos humanos se ven ahora inscritos en los cielos. Comenzamos entonces a hablarle a las estrellas –al menos eso intentamos– así como una vez lo hiciesen con nosotros. Este es el gran punto de inversión mundial a través del cual está pasando la humanidad, afectando a todos los aspectos de la vida humana. Debemos aprender a confrontarlo con claridad de consciencia.

El gran Hombre-Espíritu cósmico que se revela –en el espejo de las constelaciones del fallecimiento– cuando consideramos un período histórico completo, de la manera en que lo hicimos en el artículo previo, puesto que no queda allí en el cosmos exterior separado de nosotros aquí en la Tierra. Por el contrario, está íntimamente conectado. Además, gracias a los cambios de la humanidad en la Tierra, también se transforma el ser humano macrocósmico.

Esto sucede del siguiente modo: la substancia espiritual que fluye desde cada persona hacia el cosmos a través del horóscopo del fallecimiento, retorna una vez más a la humanidad en la Tierra a modo de cuestionamientos y problemáticas de la vida terrestre. Lo que períodos y generaciones previas portaron consigo hacia el cosmos exterior gracias a los horóscopos del fallecimiento, recobra vida ahora a través de los horóscopos natales en épocas posteriores. De por sí, una era sólo puede resolver las problemáticas de la vida terrena, consideradas como un todo, hasta un punto determinado. Las cosas no pueden finalizarse dentro de una sola vida terrestre. Cambios interminables y transmutaciones son el destino de la Tierra. Esto también se revela en la relación de uno mismo con los cielos. En los horóscopos natales de la humanidad que prosigue, vuelve a cobrar vida aquello que fue elaborado hasta cierto punto en épocas anteriores.

Un ejemplo histórico nos será de utilidad para ilustrar esto. Hallamos en la historia a la poderosa figura de Dante Aliguieri, quien causó gran impresión sobre la gente de la Edad Media con su poema La Divina Comedia. Consideraremos el horóscopo de su muerte (14 de Septiembre de 1321) para apreciar cómo se refleja el paso del destino.

La vida de Dante estuvo plena de drama; cortada al medio por cambios revolucionarios y sucesos. En el espacio oculto del tiempo, su vida puede compararse a una elipse con dos centros. Uno de ellos representa a su juventud, la cual describe en su poesía temprana Vita Nuova. De allí en adelante, así nos es narrado, su vida interior se vio centrada sobre aquel ser misterioso que él llama Beatrice. No fue posible establecer por medio de datos históricos quién fue esta doncella Beatrice, allí en Florencia donde vivía Dante. Algunos han llegado a creer que ella no existió en absoluto como ser terrenal, y si Beatrice sería más bien una figura alegórica que representa a algún tipo de experiencia interior.

Dante describe la abrumadora impresión que ella provocó en su vida interior. Cuando ella se le acercaba, él se veía movido por las más profundas emociones. Sobre todo, su temprana muerte se convirtió en un factor determinante en su desarrollo. Primeramente, le inspiró a narrar sus experiencias con ella en su Vita Nuova. Al final del poema él cuenta cómo el alma de la fallecida Beatrice apareció frente a él con maravillosa claridad y le prometió aparecérsele más seguido en el futuro. Aquí hemos sido llevados hasta el otro centro en la vida de Dante, el orígen y la creación de la Divina Comedia.

Entre ambos polos encontramos a la época en que trabajó para su ciudad natal y alcanzó un alto oficio. Pero las revoluciones políticas en Florencia alteraron el curso de su vida. Se vio obligado a partir, para nunca más volver. Pasó los últimos veinte años de su vida peregrinando sin cesar, de una ciudad o monasterio a la otra. Fue en esta época que la Divina Comedia alcanzó su dramática grandeza.

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Descubrimos la marca de estos dos polos en el horóscopo de la muerte de Dante (Fig.1), en la posición de Júpiter en Capricornio por un lado, y la de Marte en Leo por el otro, muy próximo a realizarse una oposición entre ambos. Los tránsitos previos de Saturno, descritos en el artículo anterior, sitúa a Júpiter en Capricornio como a la época en que se originó su Vita Nuova –el poema dedicado a Beatrice. Mientras que en cuadrante celeste opuesto –enfrentado a Júpiter– se halla inscrita la hora de nacimiento de la Divina Comedia, un Viernes Santo del año 1300. Ese día, Dante atravesó por una profunda experiencia interior. El nos narra sobre esto en el pasaje de apertura de la Divina Comedia, seguido inmediatamente por la asombrosa descripción de su viaje por el infierno, en donde presencia el dolor y la tortura de las almas condenadas al castigo eterno. Para empezar, Virgilio será su guía a través del reino de las sombras. Más tarde, tras haber hecho el largo peregrinaje a través de las esferas de la existencia post-mortem, le es permitido elevarse al cielo y es Beatriz quien aquí le sirve de guía. Vemos entonces cómo los núcleos de la vida de Dante citados anteriormente se pertenecen entre sí, y cómo ésto se refleja armoniosamente en las constelaciones al morir. Gracias a su amor por Beatriz, preservado en juvenil pureza, Dante es guiado desde las regiones del purgatorio y de la condena hacia la esfera de beatitud eterna.

Esta enorme y abarcante experiencia de Dante fue portada hacia el cosmos por Júpiter en Capricornio, pero no permaneció solamente allí. Fluyó nuevamente en la esfera terrestre con el fin de ser transmutada, y es maravilloso poder ver cómo emerge nuevamente en los horóscopos natales de aquellos nacidos más tarde, por ejemplo, en el de Michelangelo (6 de Marzo de 1475 – Fig. 2)

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En primer lugar, en el horóscopo natal de Michelangelo, Júpiter se ubica sobre el mismo lugar que al morir Dante, en la constelación de Capricornio. Este hecho pareciera ya sugerir una especie de reminiscencia cósmica, algo similar a un lazo oculto entre el poeta y el artista. Pero no solamente esto; se revelan conexiones más profundas cuando tomamos en consideración al horóscopo prenatal.

Marte, por ejemplo, se halla en Leo al comenzar la constelación prenatal y se ubica en el mismo sitio cósmico que al morir Dante. Luego transita hasta Capricornio, el lugar que ocupa Júpiter, en donde ambos planetas conjuncionan durante el noveno ciclo lunar prenatal. Además éste será más tarde el sitio del Ascendente natal. Ahora bien, como fuera indicado en artículos anteriores, los ciclos lunares prenatales han de ser referidos a los ritmos de las edades tempranas y al destino, y en este sentido hallamos a la conjunción prenatal entre Marte y Júpiter relacionada con el período de los años 1534-35 en la vida de Michelangelo. Esta es precisamente la época que arroja la mayor de las luces sobre la peculiar conexión entre Michelangelo y Dante. Ya que fue en estos años comenzó su labor sobre el gran fresco de la Capilla Sixtina, conocido como el Juicio Final. Si podemos recordar la imagen del drama arrobador de las almas ascendiendo al cielo, en contraste con aquellas que se precipitan a la condena, nos damos cuenta de que ha nacido completamente desde el mundo pensante de la Divina Comedia. Hermann Grimm, en su tan conocida Vida de Michelangelo, relata a pleno sobre esta conexión. Al contemplar el Juicio Final, le parece ver a Dante junto a Michelangelo mientras éste trabajaba, ‘insuflándole’ su espíritu. Para cualquiera que esté familiarizado con Dante, la obra de Michelangelo no puede presentarse de otro modo que no fuere como segunda inspiración de un mismo genio inspirador. La fluida corriente poética dentro de la cual vivía la fantasía del poeta, fue manifestada a modo de formas eternas por el pintor.

Vemos entonces cómo un cierto mundo de pensamientos, el empeño de toda una época por la esencia del ser espiritual de la humanidad, es portada a través de todo tipo de tempestades y obstáculos por un destino humano individual, fluye a través del horóscopo de su muerte hacia el cosmos. A continuación, nace nuevamente dentro de la vida terrena de una persona que pertenece a otra época y sufre una transmutación. Podemos sentir cómo una substancia espiritual tal, rebosante de vida espiritual de seres humanos individuales, crece aún más gracias a la transformación y, sin lugar a dudas, sobrepasando lejos a la limitación imaginativa de una época histórica particular, emergerá como la manifestación verdadera del mundo espiritual.

Sería muy valioso que veamos ahora cómo este impulso que habita en hombres tal como Dante y Michelangelo, el impulso de retomar la posta de la existencia post-mortem en toda su realidad, vive dentro de la humanidad.

En el caso de ambos, Júpiter en Capricornio fue la constelación importante y podemos rastrear su pista. En épocas más recientes vivió un hombre que en su vida y destino personal, experimentó la conexión entre vivos y muertos de un modo bastante nuevo. Nos referimos al poeta Novalis -seudónimo de Georg Friedrich von Hardenberg, nacido el 2 de Mayo de 1772. Una vez más, es el horóscopo prenatal quien más nos relata (Fig. 3). Durante el período prenatal, Júpiter atravesó Capricornio, mientras Marte inició su tránsito desde Leo. En líneas generales, se nos pide recordar nuevamente el horóscopo de la muerte de Dante. Ciertamente, existe una similitud impresionante entre los destinos de ambos hombres. Pareciera como si la tarea que Dante cargaba en su vida, con enorme grandeza pese a las limitaciones de la Edad Media, se convirtió en el motivo que subyacía a la vida terrena de Novalis, de un modo infinitamente más profundo y agraciado.

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Como mismo lo describe Dante, el amor celestial de Beatrice le instó a penetrar en las esferas de la existencia post-mortem. Fue Beatrice quien le guió hasta las más elevadas regiones. Un destino similar guió a Novalis.

Temprano en su vida, llegó a amar a una criatura. Ella fue un ser que causaba una impresión casi celestial a quienes la conocieron –Sophie von Kühn. Al joven poeta le pareció que ella fuese una aparición del mundo ideal de sus sueños poéticos. Siendo de naturaleza delicada y frágil, no pudo permanecer por mucho tiempo como para iluminarle el camino terrenal. Muere a los catorce años de edad, poco después de que Novalis la conociera, lo que le dejó en profunda desesperación. Tan grande fue su pena que deseó morir. Ciertamente, había decidido morir de inanición. Gradualmente, su pena abrumadora fue disolviéndose en un calmo matiz de resignación. Allí es donde se inicia para él un corto pero fertilísimo período de labor creativa, que culmina con su propia muerte temprana, el 25 de Marzo de 1801.

Lo primero que surge desde su desconsuelo fue el ciclo poético Himnos a la Noche. Comenzando con lamentos y el deseo de morir, el poema concluye a modo de apoteosis de la vida post-mortem, el único y verdadero reino de la existencia. Es como si el alma de Sophie, tras su muerte, le hubiese abierto un portal hacia el conocimiento, hacia la realidad del espíritu creativo. Una y otra vez, Novalis habló acerca del lazo absolutamente real que le unía a ella. Desde esta actitud, dio nacimiento a gran número de aforismos, pensamientos sobre todos los reinos de la existencia, la ciencia y la filosofía, probando que verdaderamente había alcanzado profundísima visión, incluso dentro de la esencia espiritual del mundo material que le rodeaba.

Su obra final fue la novela Enrique de Ofterdingen, sin poder concluírla antes de fallecer. De todos modos, en ella se encuentra un cuento de hadas y que es narrado por un personaje de nombre Klingsor, que equivale al mayor aporte por el cual se puede comprender al espíritu de Novalis. Las preciosas imágenes de este cuento proponen una perspectiva maravillosa sobre el futuro espiritual de la humanidad y de la Tierra. Así como Dante nos brinda una imagen asombrosa de la vida post-mortem, como Michelangelo retrató la pavorosa división de los caminos en su Juicio Final, también Novalis nos ofrece un cuadro abrumador a través de su cuento de hadas que, dentro de todo, es una imagen de la salvación.

Si reflexionamos acerca de la variabilidad con la que estos tres configuraron y trasmutaron a la misma constelación espiritual de Júpiter en Capricornio, dentro de las más amplias esferas históricas en las que vivieron, podemos atisbar cómo el gran Hombre-Espíritu es trasmutado una y otra vez y obtiene una delineación más y más clara a medida en que la humanidad avanza hacia el futuro.

Se genera ahora la pregunta: ¿cómo logra un impulso tal, portado como un Leiv motiv espiritual que atraviesa una vida en la Tierra, reaparecer bajo la luz cósmica en el horóscopo del deceso?. Alguien que mostró esta relación de un modo penetrante fue León Tolstoi, nacido el 9 de Septiembre de 1828 y falleció el 20 de Noviembre de 1910. Siéndonos más importante la constelación de la época prenatal para nuestro propósito, compararemos ésta con el horóscopo del deceso, abajo en la Fig. 4. Inmediatamente reconocemos la estrecha relación entre ambos cuadros en los cielos. Sobre todo, lo vemos al contemplar en dirección de Escorpio y de Libra.

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Recordando ahora lo dicho anteriormente acerca de la esencia del Zodíaco y su conexión con los horóscopos del deceso, recordando también cómo esta substancia espiritual desciende nuevamente y es rejuvenecida por medio de los destinos de otros individuos, diremos que el horóscopo prenatal de Tolstoi concentra a los planetas en Escorpio y en Libra, indicando cuán profundamente conectado estaba al empeño por el balance verdadero sobre el pasaje que va desde el mundo interior al exterior y además, cómo se ubicaba en el medio de un quiebre de las formas de vida obsoletas, teniendo que luchar en pos de las fuerzas de sostén del futuro.

Mucho ha sido publicado recientemente sobre la dramática vida de Tolstoi. Esto lo vemos indicado en alto grado dentro de su horóscopo prenatal. Por otro lado, el horóscopo de su muerte revela cómo logra asirse a estas tareas predestinadas durante su vida en la Tierra. Debemos considerar una vez más a los tránsitos previos de Saturno. Precisaremos considerar solamente a dos de los tránsitos, por ejemplo, y reconoceremos cuán elocuente es esta constelación.

En el año 1881, Saturno pasó por sobre la misma ubicación en el horóscopo del deceso; en 1865 pasó por el lugar en Libra sobre el cual se agrupan los planetas en el horóscopo del deceso. Luego de atravesar una juventud algo excéntrica, vemos que en el año 1865 contrae matrimonio y su vida se asienta y se ordena complacientemente. Desde esta esfera es que escribe su novela Guerra y Paz, la cual porta los aires de las amplias perspectivas y visiones del lenguaje ruso y del alma popular de este país. La calma interior, la tranquilidad casi física de esta obra es la expresión de uno de los aspectos del ser de Tolstoi.

Otro aspecto bastante distinto se manifiesta a través de las experiencias por las que atravesó en el año 1881. Fue una crisis interior abrumadora. Todo su pasado, los estándares religiosos y sociales que él había aceptado quedaron en ruinas. Emergió la actitud de Escorpio –la destrucción de lo obsoleto- mientras que al mismo tiempo, una nueva actitud surgía. Su camino se convirtió en una lucha por los nuevos conceptos religiosos y sociales de la humanidad. Este es un aspecto de su ser que se refleja en la posición de Saturno en Aries –el Aries que tanto tiene que ver con el verter impulsos frescos dentro de la evolución.

Podemos apreciar entonces cómo la problemática de Libra y de Escorpio que se indica en el horóscopo prenatal de Tolstoi y que corresponde a la gran crisis interior y la toma de decisiones en su vida, se ve finalmente trasmutada en un nuevo inicio –Saturno en Aries al fallecer.

Visto superficialmente, este inicio de la gran individualidad de Tolstoi se presenta sin dudas primitiva e ingenuamente, pero pese a ello semeja igualmente haber llegado más lejos del simple hecho de haber creado una bella literatura; desde el horóscopo de su muerte obtenemos la impresión de que los nuevos impulsos sociales propuestos por él, prosperarán y alcanzarán una manifestación en algún momento futuro.

Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.

El Zodiaco (continuación)

Artículo de Willi Sucher, Mayo de 1938

English versión

En el artículo del mes pasado, intentamos mostrar un momento de profundo significado en la evolución espiritual de la humanidad –el giro de los siglos XIII y XIV– que fue incorporado en la escritura de los astros. Esta época está grabada en los cielos estelares por medio de una gran cruz cósmica. Por un lado se produjo la retirada de la antigua sabiduría hacia el oscuro y oculto trasfondo de la historia exterior, mostrado en el trágico drama de la destrucción de los Caballeros Templarios y grabado en la constelación de Sagitario, y por el otro lado tenemos el florecimiento de la Escolástica medieval, relacionada a las constelaciones de Virgo y de Piscis. Finalmente, tenemos el surgimiento de la Mística en la figura del Maestro Eckhardt, cuyo destino está inscrito en Géminis.

La cruz cósmica –Sagitario/Géminis y Virgo/Piscis– representa en su aspecto histórico-mundial un momento decisivo en la evolución de la humanidad  como un todo. Las fuerzas de la consciencia que restan de antaño se extinguen y un nuevo inicio alborea en el horizonte. Ciertamente, es significativo ver cómo la evolución del mundo occidental, a partir de aquel entonces hasta el día presente, queda revelada a la luz del actuar del cosmos. Con una continuidad remarcable, esta evolución de la humanidad que va desde la Edad Media en adelante, está representada en el cosmos.

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Esta vez, partamos desde Aries. Podremos ver cómo las principales figuras de la evolución espiritual se relacionaron con el Zodiaco a través del horóscopo de sus muertes. Para comenzar, tenemos a San Bernardo de Clairvaux, quien falleció el 20 de Agosto de 1153. Marte se hallaba en la constelación de Aries. ¿Qué significa esta ubicación de Marte?. Los tránsitos pasados de Saturno, explicados en una entrega anterior, nos capacitarán para encontrar la respuesta. Es en la fundación y el desempeño del monasterio de Clairvaux en donde San Bernardo jugó un rol decisivo y es lo que se encuentra inscrito aquí por el planeta Marte. En Aries se halla inscrito un suceso que proviene de un impulso importantísimo, surgido de la ardiente experiencia mística de un hombre que sería el inspirador de la Segunda Cruzada. En estos eventos alborea el paso al cual estaría destinada la humanidad medieval, desde las últimas reliquias de la antigua sabiduría de los Misterios hasta el tipo de experiencia mística que alcanza su mayor expresión en el Maestro Eckhardt.

Esta nueva incisión en los esfuerzos espirituales de la humanidad tocó de cerca a los seres humanos de la edad Media una y otra vez, y desde diversos aspectos. Pasando ahora a la esfera de Tauro, encontramos a Raimundo Lullio, y Marte se ubicó en esta constelación al fallecer éste. El fue el conocido originador del ‘arte lulliano’, como se le llamaba algunas veces, que intenta desarrollar nuevos tipos de cuestionamientos y respuestas, a partir de combinaciones sutiles sobre conceptos filosóficos ya conocidos por la humanidad. Su modo de pensar influyó a muchos otros, inclusive en épocas posteriores –a Giordano Bruno, por ejemplo.

Raimundo Lullio nació en Mallorca. Paso su juventud dedicado exclusivamente a las impresiones de los sentidos. Repentinamente tiene una vivencia visionaria que cambia el curso de su vida. A partir de allí  se dedicó con toda su alma al estudio espiritual y a las grandes cuestiones religiosas de su época. Este fue un suceso decisivo en su vida, y fue inscrito en Tauro por Marte.

En Aries vimos reflejado un suceso humano surgiendo desde un impulso profundamente interior, una misión completamente absorbente. En Tauro tenemos a la imagen de una conversión, una transformación debido a una experiencia profunda en el espíritu. Una incisión poderosa proporciona con suficiencia un nuevo giro a la tendencia que preexiste en la vida. Esta cualidad de Tauro podrá encontrarse también en otros horóscopos de muerte.

Ahora llevemos al aspecto cósmico de la historia humana hasta la esfera de Géminis, en donde aparece una profunda hendidura entre el mundo interno y el externo. Ya nos hemos confrontado a este tipo de vivencias del alma en el Maestro Eckhardt. La Mística, con su profunda orientación hacia el interior se coloca en un conflicto con la Iglesia. Géminis, los hermanos gemelos que luchan entre sí en cada alma humana, se revela aquí; estereotipada en el empeño dentro del individuo mismo por la luz interior y, en la poderosa institución eclesiástica, deseando adherirse a la tradición del pasado.

Ahora, la evolución emprendió su curso de un modo tal que las antiguas facultades cognitivas fueron muriendo gradualmente hasta la característica experiencia mística del Medioevo. A través de sus mejores exponentes, la Escolástica mantuvo aún un balance por medio de una aguda disciplina del pensar. En el pensamiento, la vida interior consciente del ser humano buscó retener la conexión con el alto mundo de la Revelación Divina. Esta facultad se fue extinguiendo más y más.

Significativamente, vemos cómo sucede esto en alguien como Nicolás de Cusa, quien muere el 11 de Agosto de 1464. Nacido entre los siglos XIV y XV, fue educado en la disciplina del pensamiento escolástico; pero su experiencia interior lo llevó por otro camino. Mientras viajaba por mar, tuvo una experiencia mística que lo hizo sentirse como bañado por el océano eterno del Espíritu, de un modo tal que la experiencia no llegó ya a alcanzar el reino del pensamiento. ‘Docta ignorancia’ fue como él llamó a esta experiencia de lo divino; así lo describe pues en su libro ‘De Docta Ignorantia’. Al momento de fallecer, ocurre una conjunción entre Saturno y Júpiter en la constelación de Acuario. Aquí vemos su conexión con el Escolasticismo. Por el otro lado, Marte y Venus se encuentran en la región de Cáncer y Leo. Esta es la imagen cósmica de su paso más interior hacia la esfera de la docta ignorancia. Entre las dos constelaciones, su experiencia marítima quedó inscrita en Aries.

Por lo tanto, en la constelación de Cáncer vemos indicada la tendencia en el desarrollo espiritual del ser humano a retraerse dentro de la vida interior del alma. Esto se expresa aún más fuertemente en los horóscopos en Leo. Consiguientemente, en los horóscopos del deceso de un significativo número de místicos de la Edad Media tardía y en los albores de la época moderna, vemos ingresar a los planetas en la región de Leo. Uno de los que se destaca entre ellos es Johannes Tauler, discípulo del Maestro Eckhardt. Al fallecer en Junio de 1361, Saturno, Marte y Venus se hallaban en Leo. Una experiencia de carácter único quedó grabada en esta constelación. Nos referimos a la así llamada conversión del Amigo de Dios de Oberland, un hombre cuya influencia se extendía a lo largo y ancho de los alrededores de Basilea por aquel entonces. El Amigo de Dios es ciertamente una figura misteriosa en la Historia. No existe evidencia histórica concreta acerca de quién era o de dónde venía, solamente quedan las historias contadas por aquellos que le rodeaban que se refieren a él como un ser maravilloso que poseía una influencia espiritual profunda y extensa. Lo mismo sucede con la historia de la ‘conversión’ de Tauler. A través de su encuentro con el Amigo de Dios, atraviesa por profundas experiencias internas, y a partir de allí su influencia y su elocuencia se vieron realzadas de un modo maravilloso.

Mientras que la constelación de Leo está conectada con la búsqueda de la verdad espiritual en lo más hondo del alma humana, Virgo corresponde a la paz interior, el calmo equilibrio del alma dentro del ser espiritual de la naturaleza y de la vida humana. Esto ya fue indicado en relación al Escolasticismo en el artículo previo. Pasando desapercibidas por el mundo exterior, en silencio interno y la serenidad del alma, las experiencias cobran forma en la esfera de Virgo preparándose para manifestar cambios esenciales en el desarrollo de la consciencia. En la constelación de Virgo tenemos consecuentemente a alguien que muestra vigorosamente este rasgo: Paracelso, el famoso alquimista y médico, quien murió el 23 de Septiembre de 1541. Al fallecer, Júpiter se hallaba en Leo mientras que Marte y Saturno, junto con el Sol y los dos planetas interiores Mercurio y Venus, se ubicaban en Virgo. Saturno se hallaba más bien al límite entre Virgo y Libra. Todo esto corresponde al lugar peculiar que ocupa esta gran individualidad en la vida espiritual de su época. Ya que por un lado, Paracelso como alquimista vivía dentro de la corriente espiritual que buscaba penetrar hasta la comprensión de lo divino y lo espiritual atravesando un sendero místico más interior; pero por el otro lado ya era alguien que se había volcado conscientemente hacia el mundo exterior, buscando encontrar las verdaderas raíces de ser de la naturaleza. Esto lo vemos por el modo en que aporta una concepción nueva sobre la naturaleza humana y hasta cierto punto, una nueva ciencia médica. Paracelso es un representante muy vital de la transición que va desde la humanidad medieval –cuya experiencia sobre lo espiritual se iba desvaneciendo dentro del Misticismo– hasta la nueva tendencia del alma que dio nacimiento a la ciencia moderna. Dentro de esta corriente científica, la consciencia sobre la realidad del mundo espiritual se hallaba y está verdaderamente en peligro de ser sofocada por completo; como fuere, este desarrollo también estaba destinado a ser llevado a cabo y era por tanto inevitable; es una fase necesaria de nuestra evolución, puesto que nos situó sobre el camino que conduce a la libertad espiritual. Este giro en la evolución de la humanidad se ve expresado potencialmente en la constelación de Libra.

Hallamos a Saturno en Libra dentro de los horóscopos de la muerte de tres grandes hombres –inauguradores de la era científica: Copérnico, el fundador de una nueva Astronomía (fallece el 24 de Mayo de 1543); Tycho Brahe, el famoso astrónomo danés (fallece el 24 de Octubre de 1601); y Johannes Kepler, el gran astrónomo y matemático alemán (fallece el 15 de Noviembre de 1630).  La transición de la humanidad hacia la nueva visión sobre la naturaleza, se retrata de un modo impresionante a través de la relación de estos tres.

Copérnico estableció las bases de una nueva sistematización del mundo, exclusivamente por medio de la observación exterior y la experimentación matemática. Tycho Brahe incursionó una línea muy distinta. Como astrónomo, también él se dedicó encarecidamente a la observación del cielo estelar, pero en lo profundo de su alma prevalecía la memoria de una vida pasada en la Tierra, durante la cual había estado unido a la sabiduría de los antiguos Misterios de manera aún más íntima. De aquí que se rebelara contra la idea central del sistema copernicano, que consistía en situar al Sol en el centro de nuestro sistema solar. El desarrolló un sistema propio, por el cual intentó otorgarle el rol central a la Tierra una vez más.

Luego surge Kepler, quien trabaja junto a él como su asistente. Cuando Tycho presintió su final, rogó a Kepler que basase su trabajo futuro en su sistema, el tychoniano, y no en el copernicano. Pero Kepler no siguió tal consejo y basó su labor subsiguiente en la idea copernicana.

Vemos conectado a la constelación de Libra uno de los más grandes giros en la evolución espiritual. La cosmovisión de los antiguos, como por ejemplo el sistema ptolemaico, es sustituida por el punto de vista moderno de la investigación científica y el experimento. Ahora, los hombres se hallan dedicados al exámen de la naturaleza visible externa.

Arribamos ahora a la constelación de Escorpio. Allí tenemos a Marte, tanto en el horóscopo de muerte de Kepler como en el de Galileo (8 de Enero de 1642). En el Marte de Kepler se ve inscrito el giro hacia el sistema copernicano tras la muerte de Tycho Brahe; en el de Galileo señala el período de su vida en donde lo vemos llevar a cabo importantes investigaciones en Padua. Además, en la vida posterior de Galileo representa el momento en el que defendía valerosamente al sistema copernicano frente a la Inquisición. Consecuentemente, a Escorpio le corresponde la transformación profunda de la cosmovisión dentro de la humanidad. Kepler, Galileo y muchos otros confrontan a las viejas ideas con las bases de un método de investigación completamente nuevo. Escorpio está ligado a la destrucción de las tradiciones vetustas y a su vez, con la transmutación y el progreso.

El ciclo evolutivo nos conduce ahora hacia la esfera de Sagitario. Esta esfera  está conectada al surgimiento y la caída de las corrientes espirituales dentro de la evolución, como ya hemos visto a través de la destrucción de la Orden de los Caballeros Templarios. Existe una batalla por la continuidad espiritual en el progreso humano. El horóscopo de la muerte de Martín Lutero, por ejemplo (18 de febrero de 1546) se ve penetrado de manera decisiva por esta constelación. Saturno y Marte se hallan en Sagitario mientras que Júpiter ingresa a Capricornio desde allí. Saturno en Sagitario representa a la época en que Lutero clavó sus tesis en las puertas del palacio de Wittenberg, marcó la incisión en el camino que conduciría a la separación de la Iglesia romana. También en el horóscopo de la muerte de Leonardo da Vinci (2 de Mayo de 1519), Saturno estaba en Sagitario. Esta es una imagen de las dificultades que debieron atravesar los grandes maestros en pos de alcanzar nuevos puntos de vista sobre todo el terreno de las artes y la ciencia. Cierto es que sus fuerzas, al verse confrontados con lo viejo, no son aún lo suficientemente fuertes y muchos de sus intentos ven esquivar el éxito inmediato. Pero tanto en Leonardo como en Lutero, el empeño sincero por el progreso de la humanidad, por la realización de nuevas formas de vida, se manifiesta vigorosamente. Este es el temple de Sagitario.

La constelación siguiente, Capricornio, se ve plena de destinos humanos en donde lo esencial consiste en alcanzar una rápida realización de una tarea o misión. Podrían darse muchos ejemplos. Uno que expresó esto del más bello modo fue el gran pintor Rafael. A su muerte, un Viernes Santo de 1520, Saturno se hallaba en Capricornio. Esta posición de Saturno corresponde a los sucesos ocurridos en la juventud temprana de Rafael, al morir su madre para luego ser tomado como aprendiz en el taller de su padre. Fue un momento importante del destino cuando este ser amable y delicado se vio privado de la protección materna y se lo situó en una corriente que lo condujo con gran rapidez hacia las más grandes alturas de su creación. En los 30 años que siguieron, con un toque de increíble facilidad y liviandad, dio a luz a las verdades espirituales más profundas mediante su arte y las ofreció a la humanidad. Esta manera de llevar un impulso espiritual a  la concreción, casi sin resistencia, es el verdadero temple de Capricornio.

A través de la constelación de Acuario, las corrientes espirituales cósmicas se manifiestan a sí mismas en el fluir de la historia humana en la Tierra. Como representante de esta tipología podemos mencionar una vez más al cardenal Nicolás de Cusa, quien en el horóscopo de su muerte mostraba a Júpiter conjunto a Saturno en Acuario. Por sobre todo, esto estaba conectado con el curso que había tomado el Concilio de Basilea durante la década de 1430. Nicolás de Cusa tuvo mucho que ver con este Concilio. Quienes se habían reunido allí intentaban realmente de entablar términos sobre un evento el cual –en el terreno de lo espiritual– se mostraba ya como un hecho. Esto fue la creciente rebelión de la humanidad en contra de los viejos principios jerárquicos representados por la Iglesia romana. La tendencia y el propósito de la nueva era que alboreaba, consistía en congregar a toda la humanidad  por medio de un espíritu unificado, pese a la inmensidad de sus diferencias. El mismo Nicolás había atravesado por experiencias espirituales de las cuales había aprendido que las más diversas –inclusive las creencias religiosas no cristianas– podían llegar a entablar una comprensión pacífica entre sí. Que un sentimiento tal pudiera surgir en el alma humana, así como en el seno de la Reforma, provocó que se creasen poderosos movimientos opositores al principio autoritario de la Iglesia Católica. Todo esto se debió a que la transformación en una nueva era ya había tenido lugar en el mundo espiritual. Los seres humanos sobre la Tierra –como por ejemplo aquellos que tomaron parte del Concilio de Basilea– vivenciaron este hecho que se reflejaba en lo profundo de sus almas, e intentaron por todos los medios comprenderlo y asimilarlo. Esta vivencia humana fue inscrita en Acuario gracias a horóscopos del deceso como lo fue el caso de Nicolás de Cusa.

De allí nos vemos dirigidos hasta la constelación de Piscis, en donde se ven configuradas las grandes batallas libradas a causa de la cosmovisión y las formas de vida en la humanidad, tal como explicamos al tratar la Escolástica. Tales batallas pueden extenderse a lo largo de los siglos, pero aún así se focalizan sobre individualidades particulares y lograron inscribirse en esta constelación a través de sus horóscopos.

De este modo es como podemos reconocer el trayecto continuo de la humanidad occidental a través de la totalidad del Zodiaco. Alrededor de los siglos XII y XIII se produce una especie de nudo, un punto nodal en la evolución. Por un lado se iban extinguiendo las reliquias de las antiguas facultades cognitivas, todavía en conexión más directa con el mundo espiritual real, pero el Escolasticismo fue aún capaz de mantener un sutil lazo entre ambos gracias a heroicos esfuerzos del pensar. Esto se perdió en última instancia al concluir el Misticismo medieval, con su ansiar profundo por una experiencia de lo divino, ya no le era posible lograr que tal experiencia se vivenciara con la plena consciencia. Como consecuencia, la humanidad se volcó más y más a la observación y experimentación sobre la naturaleza externa. A su modo, esto fue el comienzo de una evolución que se extiende lejos hacia el futuro, una evolución que busca por un lado el liberarse de reglas y tradiciones antiguas, mientras que por el otro lado, la gente se esforzó desde lo profundo de su alma por alcanzar un nuevo conocimiento sobre las relaciones espirituales entre la Tierra y el cosmos, conocimiento que nacía desde la libertad. Puede admitirse que en nuestra época, este rasgo marcante de la evolución moderna se malentiende a menudo o incluso se lo niega. Pese a todo, a través de la oscura noche del vacío espiritual reinante, una nueva especie de ser humano está a la búsqueda de la luz. Los delineamientos de este ser humano futuro se hallan escritos en el cosmos del modo en que hemos intentado indicar, si bien resumidamente.

No debemos contemplar solamente las secciones parciales o las perspectivas azarosas de la historia exterior, su unilateralidad e imperfecciones, debemos intentar ver el todo. Esto se ve representado en la imagen cósmica, y lo maravilloso aquí es ver cómo las tendencias más opuestas se ubican –a pesar de todo- armoniosamente dentro del cosmos, en los lugares cósmicos que les corresponde según sus numerosas virtudes e inspiraciones. De este modo, ellas hallan su lugar en este empeño hacia el ser humano perfecto; un empeño escrito en el universo por medio de los horóscopos del deceso, trascendiendo al ser humano individual y convocándonos una y otra vez a elevarnos por encima de nuestra unilateralidad hacia el todo.

Este ser espiritual compuesto por doce partes puede vivenciarse en el Zodíaco, puesto que en el Zodíaco se halla la verdadera imagen arquetípica de la forma humana. Comenzamos por Aries que representa a la esfera directriz y que equivale a la cabeza del cuerpo terrestre; de allí irradia a través del cuerpo espiritual viviente, pasando por la introspección profunda y emergiendo nuevamente desde la esfera del movimiento y la actividad comparable a los miembros en el cuerpo terrestre. Así es como se ven conectadas las numerosas constelaciones del Zodíaco a  los esfuerzos espirituales de los seres humanos:

Aries: los impulsos espirituales son vertidos en la evolución.

Tauro: los impulsos intentan encarnar en realidades terrestres; se confrontan con resistencias pero son capaces de lograr transmutaciones.

Géminis: el hermano luminoso y el oscuro; el impulso espiritual lucha contra las dos aberraciones del alma humana: la liviandad del ser y el materialismo.

Cáncer: la introspección hacia el silencio interior.

Leo: la búsqueda por la fuente del Espíritu en las profundidades del propio ser.

Virgo: el Portal hacia el interior de todos los seres.

Libra: desde la vida interior, se genera nuevamente el giro hacia el exterior; de aquí la cuestión del balance –los momentos decisivos del Espíritu.

Escorpio: viejas conexiones son destruidas y han de ser creadas nuevas por medio de propósitos y buena voluntad.

Sagitario: la alternancia de grandes corrientes espirituales en la historia humana.

Capricornio: el lograr con éxito tareas del destino dentro de la esfera terrestre.

Acuario:  las corrientes de la vida espiritual en la Tierra, a modo de imágenes de corrientes cósmicas.

Piscis: la lucha de las corrientes espirituales en la humanidad  por el futuro del mundo.

Como podrá revelarse en el curso de trabajos futuros, el ser humano espiritual macrocósmico es una realidad en cada uno de sus detalles.

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Traducido por Diego Milillo y editado por Gracia Muñoz.