GA102c2. La influencia de los seres espirituales en el hombre

Rudolf Steiner — Berlín 27 de enero de 1908

English version

En la conferencia de hoy vamos a hacer un recorrido de largo alcance por el espacio cósmico. Esto nos revelara, a grandes rasgos, el curso interior de la evolución del mundo, y al mismo tiempo, su íntima relación con la evolución humana en la Tierra. Todo en el universo está interconectado. Para poder ser capaces de seguir estas complicadas conexiones, naturalmente, necesitamos un largo, largo tiempo, y sólo muy poco a poco el hombre podrá encontrar su camino, por así decirlo, en el complejo funcionamiento del cosmos.

En conferencias anteriores hemos hablado de como ciertos seres que tienen su residencia en otros cuerpos cósmicos ejercen una influencia sobre nuestra propia vida, cómo se relacionan con lo que llamamos la linfa, los líquidos digestivos y también a través de nuestras percepciones sensoriales. Esto nos ha dado una imagen de cómo se proyecta el espíritu a través del espacio cósmico. hoy lo vamos a estudiar desde un aspecto diferente, recordemos, para empezar, que nuestra Tierra, como el hombre mismo, ha pasado por diferentes etapas de evolución y pasará por otras en los tiempos por venir.

Miremos hacia atrás, a las tres etapas anteriores de la Tierra: a la etapa de la Antigua Luna (no debe confundirse con la Luna actual), y luego a la del “Antiguo Sol”, y  más atrás a la de “Antiguo Saturno”. Y mirando al porvenir vemos proféticamente que la Tierra se transformará en “Nuevo Júpiter”, una “Nueva Venus” y “Vulcano”.

Estas son las encarnaciones sucesivas de nuestro planeta Tierra. Si  meditamos en estas etapas de la evolución de nuestro planeta, veremos que lo que en La Ciencia Oculta  denominamos  un “Sol” —como nuestro Sol actual— es un cuerpo celeste alrededor del cual gira un número de planetas. Aparte de esto cuando, hablamos de un planeta llamado Antiguo Sol, diciendo que nuestra propia Tierra en un estado anterior de la evolución, fue “Sol”, implica en cierto sentido, que el Sol que está actualmente en el centro de nuestro sistema planetario, no siempre fue un Sol. Ha avanzado, por así decirlo, al rango y la dignidad de un Sol en el Cosmos. Se unió una vez con las sustancias y  fuerzas que forman nuestra Tierra y, a continuación, recogió, por así decirlo, lo mejor y fue capaz de alcanzar su más alto grado de desarrollo separándose de la Tierra, dejándonos con ciertas fuerzas que estaban destinadas a una evolución más lenta. El Sol se llevó consigo a algunos seres superiores y junto con estos seres superiores se estableció en el centro de nuestro sistema. Por lo tanto en las dos etapas anteriores, lo que está contenido en el Sol de hoy tuvo una existencia planetaria y posteriormente ha pasado por tal grado de evolución que su forma de existencia pertenece a las estrellas fijas. Esto nos muestra los grandes cambios en la evolución que tienen lugar en el universo. En primer lugar, el Sol no nace Sol. Una estrella fija no ha sido una estrella fija desde el principio, ha tenido que pasar a través de la escuela elemental de la existencia planetaria.

Ahora naturalmente pueden preguntarme: ¿Qué ocurre entonces cuando una estrella fija evoluciona a una etapa posterior? Tan cierto como la existencia del Sol —una existencia de estrella fija— ha surgido de una existencia planetaria, por lo que realmente su evolución procede de etapas posteriores de la vida en el cosmos. Por supuesto, comprenderemos esta evolución aún mejor si estudiamos la evolución posterior de nuestra Tierra.

Es cierto que por un determinado período de su evolución cósmica nuestra Tierra ha sido separada del Sol. El Sol y sus seres avanzaron por un camino evolutivo más rápido. Nuestra Tierra y los seres que a ella pertenecen tomaron un rumbo diferente. Pero estos seres, y la Tierra como un todo, un día progresaran hasta la etapa en que sea posible de nuevo la unión con el Sol, después de una existencia separada que les ha permitido completar y perfeccionar su fase actual de desarrollo. Nuestra Tierra volverá a unirse con el Sol. Durante la etapa de la existencia de la Tierra misma, la Tierra se reunirá con el sol, así como durante la misma fase de evolución se separó del sol. Y durante la etapa de Júpiter debe haber nuevamente una separación. Los seres de la Tierra deben ser nuevamente separados del sol durante la condición de Júpiter. Nuevamente habrá una reunión, y durante la condición de Venus, nuestra tierra se unirá permanentemente con el sol, habrá sido tomado asumida permanentemente por el sol. Y durante la condición de Vulcano, nuestra Tierra se convertirá en un Sol dentro del sol y habrá contribuido en algo a la evolución solar, habrá agregado algo que, a pesar de su rango superior, aquellos seres que siempre han permanecido en el sol, nunca hubieran podido lograr por ellos mismos. La existencia de la Tierra es necesaria para que los hombres puedan evolucionar de la manera que han evolucionado, con una conciencia que alterna entre la vigilia y el sueño. Esto está relacionado con la separación del Sol. Los Seres que viven siempre en el Sol no tienen días y noches. La conciencia de los sentidos que llamamos la conciencia clara del día y que en los tiempos venideros evolucionará hacia condiciones más elevadas, lleva consigo a la evolución solar los frutos de las experiencias conectadas con las cosas del espacio físico exterior. De esta manera, los seres de la Tierra le dan algo al sol, enriquecen al sol. Y de lo que se adquiere así en la tierra, aumentado por lo que se adquiere en el sol, nace la existencia de Vulcano. Esta existencia de Vulcano es en realidad una condición más alta que la de nuestra presente existencia solar. La tierra evoluciona, el sol evoluciona, hasta que pueden unirse para constituir la existencia de Vulcano.

Pueden preguntarme: cuando un planeta ha evolucionado de esta manera a una existencia solar, ¿en qué se convierte este sol en el curso de la evolución cósmica posterior? Cuando nuestra Tierra alcance la condición de Venus, se convertirá en sol y todos los seres de Venus serán seres del Sol, en realidad en una etapa más elevada que los seres del sol presente. ¿Cuál es, entonces, la etapa posterior de tal evolución planetaria?

Lo siguiente parecerá grotesco, incluso absurdo, para aquellos cuyos conceptos están enraizados en la astronomía moderna. Sin embargo, es una verdad de evolución cósmica que cuando un planeta como nuestra Tierra se eleva a la existencia del sol, cuando gradualmente se ha logrado la unión con el sol e incluso, la existencia el sol se trasciende, como una etapa todavía más elevada de la evolución algo que en cierto sentido pueden percibir en los cielos: surge lo que hoy llamamos un “Zodiaco”: es un nivel más elevado que el de una estrella fija. Así, cuando los seres ya no están restringidos a la forma de existencia que pertenece a una estrella fija sino que han expandido su evolución tan poderosamente que se extiende más allá de las estrellas fijas y las estrellas fijas yacen como cuerpos incrustados en ella, entonces se alcanza un nivel superior, el escenario de la existencia del zodiaco. Las fuerzas que trabajan desde un zodiaco hasta un sistema planetario evolucionaron, en épocas anteriores, en un sistema planetario y han avanzado al estado de un zodiaco.

Y ahora regresen sus mentes a la evolución del Antiguo Saturno, la primera encarnación de nuestra Tierra. Este Antiguo Saturno brilló una vez, por así decirlo, en el espacio cósmico, como el primer heraldo del amanecer de nuestra existencia planetaria. Saben, también, que en este Antiguo Saturno nació el primer inicio germinal de nuestro cuerpo físico. Incluso en su mayor densidad, este Saturno no era tan denso como nuestra Tierra física. Era una condición de rarefacción extrema. Lo que hoy está presente en todos los seres en forma de calor —conocido en ocultismo como “fuego”— era la materia de Saturno. Podemos imaginarnos a nosotros mismos que en torno a este alborear de Saturno,  la primera condición de nuestro sistema planetario, estaban las constelaciones del Zodiaco, pero no como están actualmente. Las estrellas individuales que componen las constelaciones zodiacales en torno al antiguo Saturno apenas se distinguían unas de otras. Brillaban sólo muy débilmente, como rayos de luz derramándose hacia Saturno. La mejor manera de representar esto es pensar en el antiguo Saturno rodeado de haces de luz, al igual que nuestra Tierra está rodeada por el Zodiaco. Y en el curso de la evolución misma de la Tierra estas masas de luz se convirtieron en los cúmulos de estrellas actuales comprendidas en el zodiaco. Así que el Zodiaco —por usar una expresión abstracta— se ha diferenciado de aquel océano primigenio de luz. ¿Y cómo se presenta este océano de  luz?

Surgió de un sistema planetario que precedió al nuestro. El propio Saturno fue precedido por evoluciones planetarias en una época que, hablando en el sentido de la astronomía oculta, de ninguna manera puede describirse como “tiempo”, como entendemos el tiempo, ya que su carácter era bastante diferente. Pero para la mente humana de hoy el concepto es tan fabuloso que no tenemos palabras para expresarlo. Hablando en analogía, sin embargo, podemos decir que las fuerzas que precedieron a nuestro sistema planetario en un ciclo anterior de existencia planetaria salieron de las corrientes de luz, y de una pequeña porción de materia que gradualmente se unió en el centro, de esta primera condición surgió el amanecer de la Tierra; esto fue el Antiguo Saturno y las fuerzas contenidas en el zodiaco irradiaban desde el Todo cósmico.

Algo bastante notable sale a la luz cuando se compara la existencia planetaria con la existencia del zodiaco. El ocultista hace uso de dos palabras para indicar la diferencia entre ellas. Él dice: Todo lo que está contenido en el Zodiaco se encuentra bajo el signo de la “Duración”, todo lo que está comprendido dentro de la existencia planetaria está bajo el signo del que se puede obtener una idea de lo que significa si no recordáramos siquiera el concepto “Tiempo”, ni los más lejanos confines de la mente pueden concebir los cambios que han tenido lugar en el zodiaco. Cada planeta puede haber sufrido un cambio considerable a través de largos períodos y difiere mucho en la evolución, las fuerzas que trabajan en el Zodiaco siguen siendo, en términos relativos, fijas y permanentes. Estos conceptos pueden, en cualquier caso, ser solo relativos. La única diferencia en estos cambios que podemos concebir es con respecto a la velocidad. Los cambios en el Zodiaco tienen lugar lentamente; los cambios en el mundo planetario e incluso en la existencia de una estrella fija tienen lugar rápidamente —es decir en comparación con lo que sucede en el Zodiaco—. La diferencia es siempre relativa, solo relativa. En lo que respecta al pensamiento humano, podemos decir que la existencia planetaria pertenece a la esfera de lo finito, mientras que la existencia zodiacal pertenece a la esfera de la Infinitud. Esto, como ya se dijo, debe tomarse en el sentido relativo, pero por el momento es lo suficientemente preciso.

Y ahora les pido que presten especial atención a lo siguiente: ¿Qué es lo que se ha logrado en una existencia planetaria para que se haya convertido en Sol, para que ascienda a la existencia “celestial”, transformándose en un zodiaco?. Y habiendo llegado a la existencia zodiacal, ¿qué hace? ¡se ofrece en sacrificio!. Por favor, tengan en cuenta esta palabra en particular. La primera condición del amanecer de la Tierra, el antiguo Saturno, surgió de una manera misteriosa, como resultado de un sacrificio por parte del Zodiaco. Las fuerzas que provocaron que las primeras enrarecidas masas de Saturno se juntaran eran las que fluían desde el zodiaco, produciendo en Saturno el primer inicio germinal del hombre físico. Esto continuó sin cesar.

. No hay que imaginar que sucede sólo una vez. Fundamentalmente hablando, lo que está sucediendo de forma continua es que dentro de lo que llamamos un sistema planetario  las fuerzas que se desarrollaron a una etapa superior después de haber pasado a través de un sistema planetario, se sacrifican. Podemos decir, en efecto: lo que está contenido primero en un sistema planetario evoluciona a la existencia de un “Sol”, y después a la existencia del zodiaco donde alcanza  el poder de ser él mismo creador y ofrecerse en sacrificio dentro de una existencia planetaria. Las fuerzas del zodiaco “llueven” de forma continua a la existencia planetaria y continuamente suben de nuevo, porque lo que en algún momento se convirtió en zodiaco gradualmente debe ascender de nuevo. La distribución de fuerzas en nuestra existencia de la Tierra puede ser concebida de la siguiente manera: las fuerzas laterales que descienden del Zodiaco y, por otro lado, las fuerzas que ascienden al Zodiaco. Tal es la interacción misteriosa entre el zodiaco y nuestra Tierra. Fuerzas que descienden y ascienden. Esta es la misteriosa “escalera celestial” en la que las fuerzas están descendiendo y ascendiendo. Estas fuerzas se indican de varias maneras en las diferentes escrituras,  también, en el Fausto de Goethe:

“Fuerzas celestiales que suben y bajan

intercambiando los recipientes de oro”.

En lo que respecta a nuestro entendimiento humano, estas fuerzas comenzaron a descender durante la existencia de Saturno de nuestra Tierra y cuando la propia existencia de la Tierra había alcanzado su punto medio, llego el momento donde gradualmente comenzaron nuevamente a ascender.  Ahora hemos pasado más allá del punto medio de nuestra evolución, que cayó en la mitad de la época atlante; y lo que los seres humanos han vivido desde entonces es una fase de existencia más allá del punto medio. En cierto sentido, por lo tanto, podemos decir que en este momento, están ascendiendo más fuerzas al Zodiaco que las que descienden de él.

Por tanto, cuando pensamos en el zodiaco en su totalidad, debemos imaginar que algunas de sus fuerzas están descendiendo y otras están ascendiendo. Pensamos en las fuerzas que están involucradas en la línea ascendente de la evolución, de manera colectiva, como Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, ya que en realidad pertenecen a estas constelaciones. Estas siete constelaciones comprenden las fuerzas ascendentes. Las fuerzas descendentes se componen, aproximadamente hablando, a las cinco constelaciones de Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Así, de las fuerzas que llueven desde el zodiaco y ascienden de nuevo: siete constelaciones son ascendentes y cinco constelaciones descendentes. Las fuerzas ascendentes corresponden también, en el hombre, a los miembros superiores de su ser, a sus atributos más nobles. Las fuerzas que están en la fase descendente de la evolución tienen primero que pasar por el hombre y alcanzar dentro de él la fase en la que también pueden convertirse en fuerzas ascendentes.

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De esta manera nos hacemos conscientes de que hay una interacción entre todo, en el espacio cósmico todo está interconectado, interrelacionado. Pero nunca hay que olvidar que estas operaciones y actividades, están funcionando constantemente, que están siempre presentes. En un momento dado de nuestra evolución por lo tanto, se puede hablar de fuerzas que van por delante del hombre y fuerzas que están llegando, son las fuerzas que están descendiendo y las fuerzas que ascienden. Para todas y cada una de estas fuerzas llega un momento, en que pasan de la condición descendente a fuerzas que se transforman en ascendentes. Todas las fuerzas que eventualmente se convierten en fuerzas ascendentes han sido en un primer momento fuerzas descendentes. Descienden, por así decir, en la medida del hombre. En el hombre, adquieren el poder de ascender.

En el punto medio de su evolución, cuando nuestra Tierra hubo pasado por las tres etapas planetarias de Saturno, el Sol, la Luna, y alcanzado la cuarta condición planetaria, teniendo delante de ella las etapas de Júpiter, Venus y Vulcano (así la Tierra, por lo tanto, está a mitad de camino en el lapso de su existencia) —ha pasado por tres “condiciones de vida” (también llamadas “rondas”). Ha pasado por tres de estas condiciones de vida y ahora está en la cuarta; ha pasado por tres “condiciones de forma”— el arupa, el rupa y el astral, que conducen a la existencia física. Por lo tanto, con respecto a las “condiciones de forma”, nuestra Tierra se encuentra en la fase intermedia de su evolución. Como Tierra física, en la cuarta forma-condición de la cuarta condición de vida de la cuarta existencia planetaria, ha tenido tres grandes razas: la primera, la raza polar; la segunda, la raza hiperbórea; la tercera, la raza lemuriana. La raza Atlante es la cuarta. En la raza Atlante, la humanidad estaba en el medio de esas fases de evolución de las que estamos hablando. Desde mediados de la época Atlante, la humanidad ha pasado más allá de este punto medio. Y desde mediados de la época de la Atlántida, han comenzado, para los hombres en general, las condiciones en que predominan las fuerzas ascendentes. Si estuviéramos hablando de la proporción de fuerzas que descienden y ascienden al Zodíaco antes de la mitad de la época Atlante, deberíamos decir: estaban en igual proporción. Deberíamos tener que hablar de manera diferente de las condiciones imperantes entonces, enumerando como las fuerzas ascendentes: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, contando a Libra con las otras fuerzas descendentes.

Pero algo más está conectado con todo esto. Debemos entender que al hablar de estos procesos cósmicos, no estamos hablando del cuerpo físico o etéreo, sino de los seres que habitan en los diferentes cuerpos celestes. Cuando hablamos de hombre en términos de Ciencia Espiritual, decimos que el hombre completo —y solo pensamos en el hombre en este sentido— es un ser de siete envolturas, que consiste en cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo astral, yo, yo espiritual, espíritu de vida y hombre espíritu. Su desarrollo aún no se ha completado, pero lo será cuando su ser séptuple se haya desarrollado completamente. Pero en el gran universo cósmico, existen seres distintos del hombre, seres de una naturaleza diferente. Hay, por ejemplo, seres en el cosmos de los que no podemos decir que, como el hombre, tienen el cuerpo físico como uno de sus miembros. Hay seres de quienes debemos hablar de manera diferente. Los miembros de los que se compone el hombre se pueden enumerar de la siguiente manera:

  1. Hombre-Espíritu
  2. Espíritu de Vida
  3. Yo espiritual
  4. Ego – Yo
  5. Cuerpo Astral
  6. Cuerpo Etéreo
  7. Cuerpo Físico

 

Ahora hay seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo etérico, y que también son siete, con un octavo miembro, por encima de hombre-espíritu. Empezamos a enumerar así: cuerpo etérico, cuerpo astral, y así sucesivamente, terminando con un miembro por encima de nuestro hombre-espíritu (Atma). Hay otros seres cuyo miembro más bajo es el cuerpo astral, por encima del espíritu del hombre que tienen un octavo y un noveno miembro todavía. Una vez más hay seres cuyo miembro más bajo es el ‘yo’, que por lo tanto no tiene un cuerpo físico, ni etérico, ni astral, en nuestro sentido, pero cuyo Yo se muestra al exterior, sin las corrientes de estas tres envolturas. Por consiguiente, son seres que envían sucesivamente su yo en todas las direcciones. Estos seres tienen un octavo, un noveno y un décimo miembro, se describe en el Apocalipsis como seres que están “llenos de ojos”. A continuación, hay seres cuyo yo espiritual (Manas) es el miembro más bajo. Todavía tienen un undécimo miembro. Y finalmente están los seres cuyo miembro más bajo es el espíritu de vida y que aún no han alcanzado un duodécimo miembro. Por lo tanto, hay que pensar en los seres que, así como el miembro más bajo del hombre es un cuerpo físico, ellos tienen el espíritu de vida (Budhi) como su miembro más bajo y por encima, un miembro más, designado por el número 12. Estos son los seres más sublimes, que trascienden con mucho todo lo que el hombre es capaz de concebir. ¿Cómo es posible formar cualquier tipo de idea de estos maravillosos y sublimes seres?.

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Cuando se trata de caracterizar el hombre, en un aspecto, es evidente que, con respecto al universo, es un ser que recibe. Las cosas y los seres del mundo están extendidas a su alrededor,  las percibe y se forma conceptos de ellas. Imagínense que el mundo que les rodea estuviese vacío, y oscuro. No podrían tener percepciones, ni habría nada de lo que se pudiera formar conceptos. Tendríamos que confiar en recibir desde el exterior el contenido del mundo interior. Es característico del hombre que él es un ser que recibe, que recibe el contenido de la vida de su alma, de su vida interior, desde fuera, las cosas deben existir en el mundo si su alma quiere tener un contenido. La naturaleza del cuerpo etérico del hombre es tal que no podría experimentar nada en sí mismo si no estuviera comprometido con todo el universo circundante por todas las experiencias, por todo lo que entra en él. Estos seres de los cuales acabo de hablar, que tienen el Espíritu de Vida como su miembro más bajo, se encuentran en una posición completamente diferente. Con respecto a su vida, estos seres no dependen de recibir nada de fuera, sino que son “donantes”, que ellos mismos son creativos.

Por lo que les he dicho a menudo, saben que el ‘yo’, el ego, trabaja en el cuerpo etérico y que ‘Budhi’ no es más que un cuerpo etérico transformado. Con respecto a la sustancia, por lo tanto, el espíritu de vida también es un cuerpo de éter El duodécimo miembro de estos seres sublimes es también un “cuerpo de éter”, pero uno que derrama vida, que trabaja en el mundo de tal manera que no recibe vida sino que la da, ofrece vida en sacrificio perpetuo.

Y ahora preguntémonos: ¿Podemos concebir un ser que de alguna manera esté conectado con nosotros y que irradie vida a nuestro universo? ¿Es posible concebir la vida que fluye perpetuamente al mundo, impregnando al mundo de vida?

Pensemos por un momento de lo que se dijo al comienzo de la conferencia, a saber, que hay fuerzas que ascienden y descienden, fuerzas que están ascendiendo en el zodiaco y las fuerzas que están descendiendo desde el Zodiaco. ¿Cómo ha llegado el hombre a una posición que hace posible que pueda transmitir algo desde dentro de él? ¿Qué ha pasado con el hombre que permite que algo pueda fluir de él? Ha llegado a esta posición porque su yo, después de una larga preparación y tiempo, se ha ido desplegando y desarrollando. Este Yo, este ego, ha estado en preparación durante largas, largas eras. Para decir la verdad, el objeto de toda la existencia en la condición de Saturno, la condición del Sol y la condición de la Luna fue el producir las envolturas en las que se iba a recibir el Yo, era preparar al Yo. En esas condiciones anteriores, otros seres crearon la morada para el Yo. Ahora, en la tierra, el lugar de la morada estaba en la etapa donde el yo podía enraizarse en el hombre y de allí en adelante comenzar a trabajar sobre las envolturas corporales externas desde adentro. El hecho de que el yo pueda trabajar desde adentro también ha producido un excedente, un excedente de fuerzas ascendentes; ya no hay un estado de paridad. Antes de que el yo fuera capaz de trabajar dentro del hombre, las fuerzas ascendentes evolucionaron gradualmente hasta que se alcanzo el punto medio, y cuando el yo realmente entró en el hombre las fuerzas ascendentes y descendentes habían llegado a una etapa en la que se encontraban en “equilibrio”. Con la entrada del yo, las fuerzas ascendentes y descendentes se encontraban en equilibrio y le corresponde al hombre llevar las escalas en la dirección correcta. Es por eso que los ocultistas han llamado a la constelación que se ha introducido en el momento en que el yo mismo comenzó a trabajar, la “Balanza” (Libra). Hasta el final de Virgo, se estuvo preparando para el obrar del yo en nuestra evolución planetaria, pero el yo no había comenzado a funcionar. Cuando se llegó a Libra, el yo comenzó a participar y este fue el momento más importante de su evolución.

Basta pensar lo que significa que el yo haya llegado a esta etapa de la evolución:

A partir de entonces fue posible para el yo participar en la elaboración de las fuerzas pertenecientes al Zodiaco, para alcanzar el zodíaco. Cuanto más se esfuerza el yo por lograr el punto más alto de su evolución, más se trabaja en el zodíaco. No hay nada que ocurra en el núcleo más interno del yo que no tenga sus consecuencias hasta el mismísimo Zodíaco. Y en la medida en que el hombre con su yo sienta las bases para su desarrollo en Atma, u hombre espíritu, desarrolla, etapa por etapa, las fuerzas que le permiten trabajar hacia arriba en la esfera de Libra, el Equilibrio, en el Zodíaco. Él alcanzará pleno poder sobre Libra en el Zodíaco cuando su yo se haya desarrollado a Atma, o espíritu-hombre. Entonces será un ser de quien algo fluye, que ha pasado de la esfera del Tiempo a la esfera de la Duración, de la Eternidad.

Tal es el camino del hombre. Pero hay otros seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre. Intentemos concebir a estos seres cuya esfera de operación más baja es la más alta del hombre (Libra en el zodíaco). Cuando relacionamos al hombre con el Zodíaco, él alcanza a Libra. El Ser cuya naturaleza más interna pertenece enteramente al Zodíaco, cuyas fuerzas pertenecen por completo al Zodíaco, que solo se manifiesta en la vida planetaria a través de su miembro más bajo, que corresponde a Libra (como el miembro más bajo del hombre corresponde a Piscis) —este es el Ser que difunde la vida a través de todo nuestro Universo:

 

 

  12º.   Aries  

 

 

Cordero Místico

  11º.   Tauro
  10º.   Géminis
   9º.   Cáncer
   8º.   Leo
7º. Hombre Espíritu  7º.   Virgo
6º. Espíritu de Vida  6º.   Libra
5º. Yo espiritual Escorpio  
4º. Yo Sagitario  
3º. Cuerpo astral Capricornio  
2º. Cuerpo etérico Acuario  
1º. Cuerpo físico Piscis  

 

Así como el hombre recibe vida en sí mismo, también lo hace este Ser que irradia vida a través de todo nuestro universo. Este es el Ser que tiene el poder de hacer el gran sacrificio y que está inscrito en el Zodíaco como el Ser que por el bien de nuestro mundo se ofrece en sacrificio. Así como el hombre se esfuerza hacia arriba en el zodíaco, también este ser nos envía su regalo de sacrificio desde Aries —que está relacionado con Él, como Libra está relacionado con el hombre. Y así como el hombre eleva su yo hacia Libra, así también este Ser irradia su propio Ser en sacrificio sobre nuestra esfera. Este Ser se llama el “Cordero Místico”, porque el Cordero y Aries son lo mismo; por lo tanto, la descripción ‘Cordero sacrificial’ o ‘Aries’ se le da a Cristo. Cristo pertenece al Cosmos como un todo. Su Yo, su Ego, alcanza a Aries y así se convierte en el “Gran Sacrificio”, está relacionado con toda la Humanidad y, en cierto sentido, los seres y fuerzas presentes en la Tierra son Sus creaciones. La configuración de las fuerzas es tal que podría convertirse en el Creador de estos seres en la constelación de Aries, o el Cordero. La designación “Cordero sacrificial” o “Cordero místico” proviene de los mismos cielos.

Este es uno de los aspectos que se nos revelan cuando, desde nuestra existencia circunscrita, miramos hacia los cielos y percibimos el interfuncionamiento de las fuerzas y los seres celestiales en el espacio cósmico. Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que las fuerzas que fluyen del cuerpo celestial al cuerpo celestial son similares a las fuerzas que fluyen de un alma humana a otra como el amor y el odio. Percibimos las fuerzas del alma que fluyen de estrella a estrella y aprendemos a reconocer el guión celestial que registra para nosotros lo que se produce y efectúa por esas fuerzas en el espacio cósmico.

Traducido por Gracia Muñoz en Enero de 2018.

 

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