GA201c6. El Hombre: Enigma del Universo

Rudolf Steiner — Dornach, 18 de abril de 1920

English version

 

Hemos visto que debemos buscar una armonía entre los procesos que tienen lugar en y con el Hombre, y los procesos que tienen lugar en el Universo exterior. Recordemos una vez más brevemente el punto al que nos condujo nuestro estudio de ayer. Dijimos que, para empezar, el hombre debía ser considerado desde cuatro puntos de vista. Primero, desde el punto de vista de las fuerzas que son responsables de su forma; en segundo lugar, de aquello que comprende todas las fuerzas que se expresan en la circulación de la sangre, la linfa, etc., en resumen las fuerzas del movimiento interno. (Ya saben que las fuerzas formativas están en gran medida en estado de reposo en el hombre adulto, mientras que el movimiento interior está en un flujo continuo). En tercer lugar, tenemos las fuerzas orgánicas y en el cuarto, el metabolismo actual.

Para empezar, debemos considerar todo lo que tiene conexión con las fuerzas formativas. Estas son las fuerzas que trabajan hacia afuera desde adentro hasta que alcanzan la periferia más externa, los límites de la circunferencia del hombre. Si formamos una silueta del hombre, vista por así decirlo por todos lados, debemos comprender y encerrar los extremos más externos de las actividades resultantes de estas fuerzas internas, que se construyen desde adentro hacia afuera.

Ahora bien, no debería ser difícil entender que estas fuerzas formativas deben estar conectadas con otras fuerzas, que, como ellas, pertenecen a la periferia del hombre y allí deben descubrirse. Estas últimas son las fuerzas que tienen su actividad en los sentidos. Los sentidos del hombre yacen, como saben, en la periferia. Por supuesto, están distribuidos y diferenciados, pero para entrar en contacto con las fuerzas que actúan en los sentidos deben buscarlas en la periferia, y esto nos justifica al decir que las fuerzas formativas deben tener una conexión con la actividad de los sentidos.

Tal vez comprendamos mejor este punto si recordamos las palabras que Goethe cita como pronunciadas por uno de los antiguos místicos.

"Si el ojo no fuera como el Sol en sí mismo,

¿Cómo podríamos ver el Sol? "

Ahora bien, no puede ser la actividad lumínica que nos rodea todo el tiempo lo que se entiende cuando se dice que el ojo es similar al sol o similar a la luz, ya que el ojo solo puede percibir esta actividad lumínica cuando está completamente formado. Por lo tanto, no puede ser esto lo que se quiere decir cuando hablamos de la construcción del ojo. Debemos imaginar esta actividad de luz como algo intrínsecamente diferente. Y es un hecho que llegamos a una cierta concepción de lo que subyace en este verso, si seguimos al hombre durante el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento. Porque durante este período sus experiencias consisten en parte —pero, por supuesto, solo en parte— en una percepción de la transformación gradual de las fuerzas de la vida física precedente en él a la nueva; y percibe cómo el hombre metabólico se transforma en el tiempo entre la muerte y un nuevo nacimiento en la forma de la cabeza. Estas experiencias no son menos ricas en contenido que aquellas experiencias que vivimos en esta vida, cuando vemos la aceleración gradual de las plantas en primavera y su decadencia en otoño, etc.

Todo este desarrollo que ocurre en el hombre en el tiempo entre la muerte y el renacimiento es una gran riqueza de eventos, una riqueza de acontecimientos reales que de ninguna manera son tan fáciles de entender como la mera idea abstracta de ellos. Todo lo que tiene lugar durante este tiempo para efectuar la transformación de las fuerzas de los miembros en las fuerzas de la cabeza para la nueva encarnación, es extraordinariamente múltiple. El hombre mismo participa en el proceso. Experimenta, por ejemplo, algo parecido con la construcción del ojo. Pero él no lo experimenta de la misma manera que lo hizo durante el largo período evolutivo, cuando pasó por las diversas etapas que precedieron a nuestra Tierra, a saber, las de la Antigua Luna, el Antiguo Sol y Antiguo Saturno. Las fuerzas del Universo Estelar actuaron sobre él de una manera diferente. Este Universo Estelar también tenía una forma diferente de la que tiene ahora.

Es de una gran importancia formarse ideas claras sobre estos asuntos. Si consideramos nuestras percepciones actuales de lo que nos rodea, ¿cuáles son?. Ellas son en realidad imágenes. Detrás de estas imágenes, por supuesto, se encuentra el mundo real; pero es el mundo que está detrás de estas imágenes, el que en realidad construyó al hombre antes de que hubiera evolucionado lo suficiente como para poder percibir estas imágenes. Hoy percibimos con nuestros ojos las imágenes del mundo circundante. Detrás de este maya está lo que ha edificado nuestros ojos. Esto nos lleva a la verdad: si las fuerzas que residían detrás de la imagen del Sol no hubieran construido el ojo, el ojo no podría percibir la imagen del Sol.

El dicho, como ven, tiene que ser modificado, porque si bien la percepción de la luz hoy nos da imágenes, sin embargo, lo que primero construyó los órganos en la periferia del hombre no fueron las imágenes, sino las realidades. De modo que cuando miramos a nuestro alrededor en este mundo, lo que percibimos son realmente las fuerzas que nos han fortalecido: nuestras propias fuerzas formativas. Ahora han sido atraídas hacia nosotros; lo que actuaba desde fuera hasta el período de la Tierra, ahora actúa desde dentro. Retendremos este pensamiento para nuestros estudios posteriores y ahora reuniremos la primera y la cuarta de estas fuerzas.

  1. Fuerzas Formativas.
  2. Fuerzas del movimiento interno.
  3. Fuerzas orgánicas.
  4. Fuerzas asimilativas o metabólicas.

 

Permítanme, por el momento, considerar estas últimas. El proceso del metabolismo ya se ha vuelto en algún grado irregular; pero hay causas naturales que aún llevan al Hombre a una cierta regularidad en este respecto; y todos ustedes saben del inconveniente si, por una razón u otra, algo falla en el proceso rítmico de asimilación. Pueden desviarse de él dentro de los límites, pero siempre se esfuerzan por regresar a un cierto ritmo; y ustedes saben que este ritmo es uno de los primeros elementos esenciales de la salud física. Es un ritmo que abarca el día y la noche. Dentro de las 24 horas, se completa el proceso rítmico del metabolismo. Veinticuatro horas después del desayuno, nuevamente tienen apetito para el desayuno. Todo lo que está conectado con la asimilación está conectado también con el curso del día. Ahora les pediría que comparen la solidez, la firmeza de la periferia corporal con la movilidad de las fuerzas de asimilación. Se puede decir que no ocurren alteraciones en la primera, mientras que se repita la asimilación cada 24 horas. Mucho se lleva a cabo dentro del organismo, pero su periferia permanece sin cambios. Ahora traten de descubrir, en el mundo exterior, algo que se corresponda con esta movilidad interna en relación con la firmeza, que encuentran en el Hombre. Miren el universo de las estrellas. Observen cómo las constelaciones se mueven tan poco como las partículas en la superficie de la periferia humana. Encontrarán que la constelación de Aries está siempre a una distancia fija de la constelación de Tauro, así como los ojos permanecen a la misma distancia el uno del otro. Pero aparentemente todo este cielo estelar se mueve; aparentemente gira alrededor de la Tierra. Bueno, con respecto a esto, los hombres hoy en día ya no son ignorantes, saben que el movimiento es meramente aparente, y atribuyen su apariencia a la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Muchos han sido los intentos de encontrar pruebas de esta rotación de la Tierra sobre su eje. En realidad, fue solo durante los años cincuenta del siglo pasado que el hombre comenzó a tener derecho a hablar de tal revolución, ya que fue solo entonces que los experimentos con el péndulo de Foucault mostraron este giro de la Tierra. No entraré más en esto hoy. Sin embargo, tenemos, de esta manera, una prueba válida de este proceso terrestre, que se repite cada 24 horas. Representa, en relación con las constelaciones fijas, una analogía del curso rítmico del metabolismo en el hombre en comparación con la naturaleza fija de su forma periférica; y aquí puede encontrar, si examinan a fondo todas las condiciones y relaciones, pruebas exactas del movimiento de la Tierra en los procesos del metabolismo en el hombre.

En estos tiempos nos encontramos con varias de las llamadas teorías de la relatividad que afirman que no podemos hablar realmente de movimiento absoluto. Si miro por la ventanilla de un vagón de tren y pienso que los objetos exteriores se mueven, cuando la realidad es que el tren y yo somos los que nos movemos. ¡Sin embargo, tampoco se puede probar estrictamente que el mundo exterior no se está moviendo en la dirección opuesta! Todo este tipo de charla, de hecho, no tiene mucho valor. Porque si un hombre camina hacia adelante y otro hombre permanece quieto en la distancia mientras se acerca a él, es relativamente irrelevante si dice: “Me acerco a él” o “él se acerca a mí”. Visto de esta manera, parece que no hay diferencia. Tales consideraciones como esta forman, como saben, los fundamentos de las teorías de la relatividad de Einstein.

Todo está muy bien, pero hay una manera en que uno puede probar estrictamente el movimiento, ya que la persona que permanece en reposo no experimentará fatiga, mientras que el que camina lo hará. Por medio de procesos internos, la realidad absoluta del movimiento puede ser probada; de hecho, no hay más pruebas que los procesos internos. Aplicando esto a la Tierra, también podemos hablar verdaderamente de movimiento absoluto, ya que a través de la Ciencia Espiritual aprendemos a darnos cuenta de que este movimiento es el equivalente del movimiento interno del metabolismo en comparación con la forma fija del hombre. No deberíamos hacer tanto hincapié en el hecho de que la Tierra al girar sobre su eje provoca un movimiento solar aparente en el espacio, sino que deberíamos relacionar este movimiento terrestre con todo el Universo Estrellado; no deberíamos hablar de días de sol, sino de días de estrellas, que no son sinónimos, ya que el día estelar es más corto que el día solar. Siempre es necesaria una corrección en las fórmulas que se relacionan con el día solar. Por lo tanto, podemos hablar realmente de este movimiento de la Tierra sobre su eje como algo que se deriva de la naturaleza del Hombre; porque como ya se señaló, la rotación considerada en su relación con el cielo de las estrellas fijas está conectada con el movimiento interno del metabolismo en el Hombre. En resumen, la relación del metabolismo en el Hombre con las fuerzas responsables de la forma del Hombre es la relación de la rotación de la Tierra con el Cielo de las Estrellas Fijas, que representa para nosotros el Zodiaco.

Cuando miramos el Zodíaco, vemos que es para nosotros el representante cósmico externo de nuestra propia forma externa. Cuando consideramos la Tierra, tenemos ante nosotros la representación de nuestra propias fuerzas asimilativas; y la relación del movimiento correspondiente en cada caso.

Ahora será un poco más difícil encontrar la relación entre (2) y (3), entre el Movimiento interno y las Fuerzas orgánicas. Sin embargo, podemos hacer que el asunto sea comprensible de la siguiente manera. Si consideran los movimientos dentro del organismo humano, concluirán fácilmente que son algo en el hombre que de ninguna manera está tan fijo como su periferia externa. Ellos están en movimiento. Pero algo más está conectado con este movimiento. Los movimientos incluyen el de la sangre así como el líquido nervioso, la linfa, etc. No necesitamos dar una lista detallada de ellos aquí, pero hay siete de estos movimientos internos. Conectados con estos movimientos están los órganos individuales. Las fuerzas del movimiento han producido, dentro de su curso, estos órganos; en estos últimos debemos reconocer los resultados de estos movimientos. A menudo he llamado la atención sobre la verdadera realidad del corazón humano. La visión materialista como he señalado, es de la opinión de que el corazón es una especie de bomba que obliga a la sangre a pasar por todo el cuerpo. Pero este no es el caso; por el contrario, la pulsación del corazón no es la causa sino el efecto de la circulación. En los movimientos o movimientos interiores vivientes se inserta el funcionamiento de los órganos.

Si tratamos de descubrir un equivalente cósmico para esto, lo encontraremos observando, por un lado, los movimientos de los planetas, especialmente si consideramos sus movimientos en relación con los movimientos de la Luna. Sabrán —habiendo tenido esta explicación en conferencias anteriores— la conexión entre los movimientos de la luna y los fenómenos de las mareas; y mucho más está conectado con este movimiento lunar. Si estudiáramos más profundamente los fenómenos de la naturaleza, deberíamos encontrar que no solo aparece la luz como resultado del amanecer, sino que también —y de hecho más material— los efectos en nuestro medio ambiente de la Tierra deben estar conectados con el movimiento planetario. Una vez que esto se base en un estudio real y genuino, nos daremos cuenta de la armonía existente entre muchos fenómenos en la Tierra y los movimientos de los planetas. Estudiaremos los efectos de la influencia planetaria sobre el aire, el agua y la tierra, de la misma manera que tenemos que estudiar —en el cuerpo humano— las influencias sobre sus respectivos órganos de las fuerzas del movimiento interno que existen en la circulación de la sangre y en otras circulaciones. De esta forma descubriremos una cierta acción recíproca entre las actividades orgánicas y las fuerzas del movimiento interno. Del mismo modo que ya hemos observado una correspondencia entre la Tierra y las estrellas fijas, ahora tendremos ante nosotros una correspondencia similar entre la tierra, el agua, el aire, el fuego (calor) y los planetas, entre los que contamos, por supuesto, al Sol.

Así llegamos a una cierta relación entre lo que ocurre en el organismo humano y lo que ocurre en el Macrocosmos. Por el momento, sin embargo, solo necesitamos preocuparnos de las fuerzas orgánicas. ¿Cómo se forman en el cuerpo humano? Están formadas de tal manera que a medida que seguimos la vida humana durante los períodos de este proceso de construcción de los órganos, podemos reconocer con bastante precisión que este proceso está relacionado con el transcurso del año así como el metabolismo está relacionado con el curso del día. Pues este curso se encuentra en una relación similar a las fuerzas del movimiento interior en el hombre como las variadas condiciones de la actividad del año —primavera, verano, otoño e invierno— hacen afectan a los planetas. Aquí nuevamente descubrimos algo en el Hombre que tiene su correspondencia en el Macrocosmos. No podemos estudiar estos asuntos de otra manera que comparando detalles entre sí. Todo lo que puedo hacer hoy es llamar su atención sobre ciertos hechos que tienen que ver con este tema, ya que si examinamos las conexiones en detalle nos tomaría demasiado tiempo; pero al estudiar ciertas relaciones en el Hombre durante el proceso real de construcción de los órganos, y ponerlos en conexión con las fuerzas del movimiento interior, pueden encontrar en todas partes analogías de lo que ocurre en los cambios trimestrales de las Estaciones, como se ve en sus relación con las fuerzas del movimiento planetario. Pero debemos evitar comenzar nuestro examen sobre la base de que el corazón es una bomba; por el contrario, el corazón debe ser visto como una creación de la circulación de la sangre. Debemos, por así decirlo, insertar el corazón en una circulación sanguínea viva. También se debe pensar que el movimiento del Sol está insertado de manera similar en los movimientos de los Planetas. Un examen imparcial de las condiciones intrahumanas nos lleva a hablar de una rotación de la Tierra sobre su eje que causa un movimiento aparente de los cielos estrellados, y que esto constituye el equivalente de los movimientos relacionados con el metabolismo en su relación con la forma externa humana. Pero no podemos hablar de un movimiento de la Tierra alrededor del Sol durante el año. No podemos hacer esto, si entendemos al hombre interior viviendo en estrecha relación con el Macrocosmos; porque no debemos concebir lo que se mueve hacia el corazón, de ninguna otra manera que como lo haríamos con los otros flujos del movimiento dentro del hombre. Por lo tanto, debemos reconocer que no nos estamos ocupando del movimiento eclíptico de la Tierra en el transcurso del año, sino más bien de un movimiento que corresponde al movimiento solar. Es decir, la Tierra y el Sol se mueven juntos en el transcurso del año; el uno no da vueltas alrededor del otro.

Esta última opinión es el resultado de juzgar por las apariencias; en realidad tenemos aquí el movimiento de ambos cuerpos en el espacio con una cierta conexión entre los dos. Esto es algo de la teoría de Copérnico que deberá corregirse sustancialmente. Pero aún hay otra manera en la que debemos concebir la relación del hombre con la naturaleza macrocósmica. ¿Cuál es realmente la naturaleza del proceso que observamos en el movimiento diario del metabolismo? Sólo parte de este proceso se lleva a cabo de tal manera que va acompañado de los fenómenos de nuestra consciencia, mientras que se logra otra parte cuando se cierra la consciencia, al separarse el yo y el cuerpo astral del cuerpo físico y etérico. Ahora debemos tener en cuenta especialmente lo siguiente. El hombre no experimenta de la misma manera lo que ocurre entre el despertar y el dormir, y lo que ocurre entre el dormir y el despertarse. Solo consideren la relación entre los dos momentos del tiempo: ir a dormir y despertar. Si hacen esto con una mente libre de prejuicios, llegarán a una visión inequívoca de este asunto. Cuando te vas a dormir, estás, por así decirlo, en el cero de tu ser; la condición del sueño no es meramente de descanso, es la condición antitética del estado de vigilia. Cuando estás despierto, estás, desde el punto de vista de tu vida, realmente en la misma relación contigo mismo y tu entorno que en el momento de irte a dormir. El uno es el equivalente del otro, la única diferencia es la de dirección. Despertar significa pasar del sueño al estado de vigilia; quedarse dormido es al revés. Además de la dirección, son absolutamente iguales. Por lo tanto, si pudiéramos indicar los movimientos del metabolismo con una línea, entonces no podria ser una línea recta o un círculo, ya que no contendría los puntos de despertar y de quedarse dormido. Debemos encontrar una línea que represente los movimientos del metabolismo, de modo de contenga estos puntos, y la única —busquen todo el tiempo que quieran— es la lemniscata. Aquí tienen el punto de despertarse en una dirección y el punto de quedarse dormidos en la otra dirección. Solo las direcciones están opuestas, siendo los dos movimientos iguales en cuanto a las condiciones de vida. Ahora podemos distinguir de una manera real el ciclo del día y el ciclo de la noche.

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¿A dónde conduce todo esto? Si hemos captado el hecho de que el movimiento del metabolismo diario corresponde al movimiento de la Tierra, ya no podemos, con la Tierra aquí (diagrama) atribuir a cualquier punto un movimiento circular. Por el contrario, debemos formarnos el concepto de que la Tierra, en realidad, avanza a lo largo de su camino de tal manera que produce una línea como la de la lemniscata. El movimiento no es una simple revolución, sino un movimiento más complicado; cada punto de la superficie terrestre describe una lemniscata, que también es la línea descrita por el proceso metabólico.

Por lo tanto, no podemos imaginar que el movimiento de la Tierra consista simplemente en que da la vuelta sobre su eje, porque en realidad es un movimiento complicado en el que cada punto sobre el que se encuentra describe en realidad lo que forma la base del movimiento de sus procesos metabólicos —una lemniscata. Es absolutamente necesario buscar en los movimientos del Universo externo el equivalente de los movimientos que tienen lugar dentro del Hombre. Porque solo mediante un estudio de los cambios dentro del Hombre físico podemos llegar a una comprensión de los movimientos planetarios exteriores al Hombre.

Cuando el hombre pone en movimiento sus extremidades y se cansa, ¡no podemos seguir discutiendo sobre si está en movimiento relativo o real! Está fuera de cuestión decir: tal vez el movimiento sea solo relativo, ¡tal vez el otro hombre al que se está acercando esta después de todo realmente acercándose a él! Las teorías de la relatividad ya no contienen agua, cuando el movimiento interno comprueba que el hombre se está moviendo. Y es imposible también probar los movimientos del interior de la Tierra, excepto por medio de los cambios internos que ocurren en el Hombre. Los movimientos del metabolismo, por ejemplo, son el verdadero reflejo de lo que la Tierra ejecuta como movimiento en el espacio. Y nuevamente, eso que hemos llamado las fuerzas de construcción de los órganos, activas en el transcurso del año, son el equivalente del movimiento anual de la Tierra y el Sol. Tendremos ocasión de hablar más específicamente de estas cosas más adelante; en este momento me gustaría llamar su atención una vez más al dibujo, donde he señalado que la Tierra se mueve detrás del Sol en una línea similar a una hélice, moviéndose la Tierra siempre con el Sol. Y luego, si miramos la línea desde arriba, obtenemos una proyección de la línea y la proyección muestra una lemniscata.

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Ahora todo esto dejará claro que ciertamente podemos hablar de un movimiento diario de la Tierra alrededor de su eje, pero de ningún modo de un movimiento anual de la Tierra alrededor del Sol. Porque la Tierra sigue al Sol, describiendo el mismo camino. Otros hechos muestran que no tenemos derecho a hablar de tal revolución. Para dar una instancia, el hecho de que se consideró necesario —he hablado de esto antes—  simplemente para suprimir una declaración de Copérnico. Si la Tierra girara alrededor del Sol, deberíamos esperar que su eje, que debido a su inercia permanece paralelo, apunte en la dirección de diferentes estrellas fijas durante esta revolución. ¡Pero no es así! Si la Tierra girara alrededor del Sol, el eje no podría indicar la dirección de la Estrella Polar, ya que el punto indicado tendría que girar alrededor de la Estrella Polar; sin embargo, no hace esto, el eje indica continuamente la Estrella Polar. Esa línea que debería ser evidente para nosotros y que correspondería al movimiento progresivo de la Tierra en su relación con el Sol, no se puede encontrar.

La Tierra sigue al Sol en un camino en espiral y en forma de hélice, taladrando su camino, como si dijéramos, al espacio cósmico. Ya he indicado, sin embargo, que hay otro movimiento que se manifiesta en los fenómenos de la precesión de los equinoccios: el movimiento del punto de salida del sol en el equinoccio de primavera a través del zodíaco, volviendo al mismo punto cada 25.920 años. Esto también es el equivalente de un cierto movimiento en el Hombre. ¿Qué podemos encontrar dentro del Hombre que le corresponda?

Pueden ser capaces de llegar a una conclusión sobre este punto a partir de lo que he dicho anteriormente. Tenemos que encontrar un movimiento equivalente a la relación del Sol con las Estrellas Fijas, porque el punto del amanecer progresa a través del Zodíaco completo —o estrellas fijas—en 25.920 años. El equivalente en el Hombre es la relación entre las fuerzas del movimiento interno y las fuerzas de la forma; esto también debe ser de larga duración. Las fuerzas del movimiento interno en el Hombre deben cambiar de alguna manera, para alterar su posición en relación con la periferia del Hombre.

Recordarán lo que dije sobre algo que ha sido observable desde el período de la antigua Grecia. Dije que los griegos usaban la misma palabra para “amarillo” y “verde”, pues realmente no veían el azul de la misma manera que nosotros, y como informaron los escritores romanos, solo realizaron y usaron cuatro colores en su arte, es decir, amarillo, rojo, blanco y negro. Vieron estos cuatro colores vivos. Para ellos el cielo no era azul como lo vemos; les parecía una especie de oscuridad. Ahora bien, esta es una afirmación que puede hacerse con toda certeza, y la Ciencia Espiritual lo confirma. Este cambio en el hombre ha tenido lugar desde la época de la antigua Grecia. Cuando reflexionan sobre el hecho de que la constitución del ojo humano ha experimentado tal grado de modificación desde el período de la Grecia antigua, entonces también pueden concebir otras alteraciones en el organismo humano, teniendo lugar en la periferia y ocupando períodos aún más largos de tiempo para su realización. Tales alteraciones en la periferia deben necesariamente tener una relación con las fuerzas del movimiento interno, ya que, por supuesto, no pueden ser producidas por la digestión o las funciones orgánicas. Estas modificaciones periféricas corresponden, de hecho, al curso del equinoccio de primavera en el Zodíaco, es decir a un período de 25.920 años. Durante este período, la raza humana sufre un cambio completo. No debemos cometer el error de pensar que, antes de ese tiempo, la humanidad apareció tal como ahora la vemos. La consideración de las circunstancias relacionadas con la existencia física hace que sea absurdo utilizar las cifras que nos da la geología moderna con el propósito de seguir la evolución humana en el tiempo, ya que podemos comprender esto solo en el período de 25.920 años, y parte de eso todavía está en el futuro.

Cuando el equinoccio de primavera haya vuelto al mismo lugar, las alteraciones que habrán tenido lugar en toda la raza humana serán tales que la forma humana será bastante diferente de lo que es ahora. Ya les he contado algo derivado de otras fuentes de conocimiento sobre el futuro de la raza humana y sobre su época. Y aquí vemos cómo la consideración de las condiciones físicas obliga al reconocimiento del mismo conocimiento.

Como resultado de lo anterior, llegamos a la conclusión de que lo que llamamos los “movimientos de los cuerpos celestes” no son tan simples como la astronomía actual nos haría creer, pero entramos aquí en condiciones extremadamente complicadas, condiciones que pueden ser estudiadas desde el punto de vista de la conexión del Hombre con el Macrocosmos. Ya he podido señalarles ciertos detalles de los movimientos de los cuerpos celestes, y en el transcurso del tiempo aprenderemos más y más sobre ellos de otras fuentes.

Ya podrán ver una cosa: que el hombre no depende por completo del Macrocosmos. Con lo que yace en lo profundo del subconsciente, con los procesos de asimilación, todavía está en cierto modo —pero solo en cierto modo— obligado a la rotación diaria de la Tierra. Sin embargo, él puede salir de esta conexión. ¿Cómo es esto? Es posible porque el hombre tal como está ahora, constituido de acuerdo con las fuerzas de la periferia y del movimiento interior, con las fuerzas de los órganos y del sistema metabólico, está completo y terminado en su dependencia de las fuerzas de afuera; y ahora él puede, con su organización completa y terminada, separarse de esta conexión. En el mismo sentido que tenemos al despertar y dormir una copia del día y de la noche, teniendo así en nosotros el ritmo interno del día y de la noche, pero sin necesidad de hacer que este ritmo interno se corresponda con el ritmo externo del día y la noche (es decir, no es necesario dormir por la noche, ni despertarse durante el día), así que de una manera similar el Hombre corta su conexión con el Macrocosmos en otros departamentos de su existencia. Sobre esto se funda la posibilidad del libre albedrío humano.

No es la formación presente del Hombre la que depende del Macrocosmos, sino su formación pasada. Las experiencias actuales del hombre son fundamentalmente una imagen o copia de su adaptación pasada al Macrocosmos, y en este sentido vivimos en las imágenes de nuestro pasado. Dentro de este estamos capacitados para desarrollar nuestra libertad, y de ello recibimos nuestras leyes morales, que son independientes de la necesidad que rige en nuestra naturaleza. Cuando comprendemos claramente cómo el Hombre y el Macrocosmos se relacionan entre sí, reconocemos la posibilidad del libre albedrío en el Hombre.

Finalmente, debemos pensar en lo siguiente. Está claro que en el hombre las fuerzas metabólicas todavía están, en cierto sentido, conectadas con el ritmo de su vida diaria. Las fuerzas de la forma se han solidificado. Ahora consideren al animal en lugar del hombre. Aquí encontraremos una dependencia mucho más completa del Macrocosmos. El hombre ha crecido fuera o más allá de esta dependencia. Por lo tanto, la sabiduría antigua hablaba del Zodíaco o Círculo de Animales, no del Círculo del Hombre, como correspondiente a las fuerzas de la formación. Las fuerzas de la forma se manifiestan en el reino animal en una gran variedad de formas, mientras que en el hombre se manifiestan esencialmente en una forma que cubre a toda la raza humana; pero son las fuerzas del reino animal, y a medida que evolucionamos más allá de ellas y nos convertimos en Hombres, debemos ir más allá del Zodíaco. Más allá del zodíaco se encuentra aquello sobre lo que nosotros, como seres humanos, dependemos en un sentido más elevado de lo que estamos en todo lo que existe dentro del zodíaco, es decir, dentro del círculo de las estrellas fijas. Más allá del zodíaco esta lo que corresponde a nuestro Yo.

Con el cuerpo astral —que el animal también posee— estamos encadenados a una dependencia del Macrocosmos, y la construcción del vehículo astral se lleva a cabo de acuerdo con la voluntad de las Estrellas. Pero con nuestro ‘Yo’ o Ego trascendemos este Zodíaco. Aquí tenemos el principio sobre el cual hemos ganado nuestra libertad. Dentro del Zodíaco no podemos pecar, como tampoco los animales; comenzamos a pecar tan pronto como llevamos a cabo nuestra acción más allá del Zodíaco. Esto sucede cuando hacemos aquello que nos libera de nuestra conexión con las fuerzas de formación universales, cuando entramos en relación con regiones exteriores al Zodíaco o región de estrellas fijas. Y este es el contenido esencial del yo humano.

Como ven, podemos medir el Universo en tanto que nos aparece como una cosa visible y temporal, podemos medir su extensión completa a través del espacio de las estrellas fijas más externas, y todo lo que tiene lugar a través del movimiento en el tiempo en este cielo estrellado, y podemos considerar todo esto en su relación con el Hombre; pero en el Hombre se está cumpliendo algo que sucede fuera de este espacio y fuera de este tiempo, fuera de todo lo que tiene lugar en lo astral. Más allá, no hay “necesidad de la Naturaleza”, sino algo que tiene un lugar que está íntimamente conectado con nuestra naturaleza moral y nuestras acciones morales. Dentro del Zodiaco no podemos evolucionar nuestra naturaleza moral; pero en la medida en que evolucionamos, lo registramos en el Macrocosmos más allá del Zodíaco. Todo lo que hacemos permanece y funciona en el mundo. Los procesos que tienen lugar dentro de nosotros, desde las fuerzas de la formación hasta las fuerzas del metabolismo, son el resultado del pasado. Pero el pasado no prejuzga todo el futuro, no tiene poder sobre ese futuro que deriva del propio Hombre en sus acciones morales.

Solo puedo guiarles en este estudio paso a paso. Tengan en cuenta lo que he dicho hoy y en mi próxima conferencia vamos a examinar el asunto desde otro punto de vista.

 

 

Traducido por Gracia Muñoz en Febrero de 2018.

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